Carmen Castillo

Reportajes y Entrevistas

Carmen Castillo

Por ximena torres cautivo / fotografías juan pablo sierra / maquillaje yani urbina

Dejó tres carreras, a los 24 fue mamá soltera. En paralelo se declaró experta en marketing digital y redes sociales, consiguió 15 clientes, la nombraron representante para Latinoamérica de la app de citas Happn, empezó a automotivarse con frases de empoderamiento que son su marca de fábrica y creó con su mamá Mujeres que Brillan. Hoy @CarmenTuitera es un caso de estudio.

A los 15 años se compró un megáfono. Una verdadera metáfora del estilo que marca la existencia de Carmen Castillo (30), conocida como @carmentuitera. Mujer con temple y vocación de activista, lo que, como dice ella, la llevó a perder su juventud luchando por la causa de su padre, el contador y exejecutivo de Codelco Ricardo Castillo Yanes.

Carmen tenía 12 y vivía con su familia en Rancagua cuando, en 2001, su papá comenzó a denunciar por conductos oficiales supuestas irregularidades contables de la cuprífera estatal. Luego -acusa la familia- vendrían el hostigamiento laboral, el traslado desde El Teniente a la división Salvador, las presiones y el acoso, que culminaron en su despido, no sin antes haber protagonizado una huelga de hambre en 2008, un capítulo del programa En la Mira en 2009, y el lanzamiento de Golpeados por la corrupción, el libro negro de Codelco Chile, escrito por Carmen Vergara Kliebs, hoy exmujer de Ricardo Castillo, mamá y socia de @carmentuitera en su empresa Mujeres que Brillan y mamá también de Camila, la menor de sus dos hijas.
Carmen Vergara aparece en la portada de esa publicación autoeditada, rubia y sonriente bajo un paraguas azul, flanqueada por sus hijas adolescentes que sostienen sendas pancartas. En la de Camila se lee: “Dignidad laboral y humana para un trabajador que denunció actos de corrupción en Codelco” y en la de Carmen: “¿Quién responde por el acoso laboral y psicológico de mi papá?”.

Ahora, @carmentuitera, madre a su vez de dos hijos -la pequeña Jose, de 4, y Santi, de uno-, exitosa y popularísima en redes sociales -tiene 162 mil seguidores en Instagram y 55 mil en Twitter-, ha abrazado la causa del feminismo de quinta, sexta o séptima ola o una versión sui géneris, propia de ella. Así se ha liberado de la lucha de su progenitor, impulsando a las mujeres a brillar, a empoderarse, a punta de “mensajes chuchetas” que no la avergüenzan en lo más mínimo. Hoy vive de sus bolsos de tela, agendas, stickers, poleras con leyendas del tipo “Weona, tú podí” y de una línea de ropa para guaguas. Da charlas motivacionales gratuitas para mujeres que quieren emprender y que en el Mes de la Mujer la tienen recorriendo Chile como una rock star, tal como lo viene haciendo por años sucesivos como ‘rostro’ y directora de marketing para Latinoamérica de la app de citas que compite con Tinder, Happn, a través de la cual conoció a su pareja, el argentino Fede, papá biológico de Santi y, por cariño y convivencia, de la Jose.

“Pero ese es otro tema, ya te lo cuento”, dice ahora, luego de pedir un bombón glacé en el café que está bajo su oficina, en Providencia. Y declara: “Soy cuática e intensa, por eso me la jugué tanto y por eso no tuve juventud. Yo estaba en el Colegio de Coya, en El Teniente, rodeada de niñas cuyos padres estaban metidos en lo que denunciaba mi papá. No era fácil ser yo, por eso estoy orgullosa de mí misma. Mi hermana Camila es pura racionalidad, lo opuesto a mí, y no sufrió tanto. Yo me tomé el tema como algo propio. ¿Cómo es posible que se roben la plata de todos los chilenos?

Hoy parece no haber sector donde no haya manos metidas. ¿Qué te parece lo del Ejército? -le digo, atizando a este personaje que me recuerda a Erin Brockovich, encarnada por Julia Roberts en la película homónima.
Te aseguro que lo que descubrió y denunció mi papá es mucho peor, pero lo que más pena da es que la corrupción es una cuestión transversal. No es de derecha ni de izquierda, no es de un bando; es de todos. Después de esa batalla que desgastó a mi familia he pasado los últimos diez años de mi vida reconstruyéndome. Buscando cómo empoderarme… y creo que lo he logrado.

Eso fue después de botar el megáfono, de superar dos depresiones, de muchas sesiones de psicólogo para poder dar vuelta la página, de dejar tres carreras universitarias inconclusas, de quedarse embarazada de un hombre mayor y algo tóxico que la abandonó cuando estaba de solo 4 meses y de ser madre soltera a los 24.

Adicta al desafío

“Estudié como 80 carreras: periodismo, derecho, historia… hasta que mi mamá me dijo ‘termina alguna huevá, Carmen, por favor’, y me metí a relaciones públicas en una universidad que hoy no existe porque quebró, pensando en ser erreerrepepé de una discoteque. Pero se me abrió el mundo, por eso lo de la carrera tradicional a toda costa no es algo que pretenda inculcarles a mis hijos.

Parece que hiciste sufrir a tu mamá.
La he cagado harto, pero no me arrepiento de nada. De hecho, soy buena amiga de los cagazos. Creo que de ellos se aprende todo; son una tremenda oportunidad.

Terminó su carrera técnica y entró a trabajar a una empresa, donde estuvo seis meses y se dio cuenta de que no quería trabajar para nadie más que para ella misma. Renunció. En paralelo supo que estaba embarazada.

¿Qué sentiste, qué pensaste? ¿Quién era el papá?
Un hombre algo mayor, de 36 años entonces. Creo que nunca lo amé. No quiero decir más de él, porque no quiero que la Jose lea cosas cuando sea grande. Hay personas que se meten en cosas turbias. Mi familia me decía sal de ahí, sal de esa relación tóxica. Nosotros te vamos a apoyar. Así lo hice y volví a mi esencia. Siempre quise tener a la Jose; no lo dudé. A las 15 semanas sabía que era mujer, a los 4 meses de embarazo, su papá desapareció, no la conoce. La Cami, mi hermana, estuvo conmigo en el parto, tomándome la mano, por eso dice que ella es la verdadera mamá de la Jose.

No fue fácil el proceso. Su mamá y su papá ya no estaban juntos, pero tenían en común la cesantía. “La Camila, que estudiaba ingeniería comercial, era nuestra luz, la esperanza económica de todos”, dice, soltando una carcajada y brillando, porque ahora Carmen ‘shines’. Tiene la mirada limpia, los ojos grandes, bien delineados en negro; la melena rubia escobillada y las manos con largas uñas postizas con estrellas y destellos dorados, cada una distinta a la otra. “Cuando renuncié al trabajo estuve muy ociosa. Me gusta el ocio, lo practico y lo disfruto, porque es muy creativo. Uno piensa, piensa y piensa. Y yo pensaba ¿qué chucha hago? Así se me ocurrió ofrecerle al dueño del negocio donde encargaba sushi manejarle sus redes sociales. Le dije que era experta en marketing digital, porque @carmentuitera ya tenía muchos seguidores. Le cobré 150 mil pesos al mes y me pidió que me bajara. Quedamos en 120 mil. Después hice lo mismo con la veterinaria de mi perro, me vendí como experta en redes sociales. Llegué a tener 15 clientes a los que les manejaba sus cuentas, solo con mis tacos de plataforma, mi guata y mi convicción”.

¿Por qué te pusiste Carmen Tuitera?
Por ocio. El ocio enseña mucho. Uno piensa mucho y hace poco, pero llega un momento en que una voz interior te ordena ‘ya pensaste, ahora haz, haz’, y todo se precipita.

Le pasó entonces: estaba embarazada, tenía 15 clientes y decenas de miles de seguidores, fama de influencer y la marca L’Oreal la reclutó como rostro (o pelo) para una campaña digital. “Dejé la cagada, porque dije en una entrevista que había que ser rubia para brillar y me reventaron en Twitter. Antes metía la pata más fácil; ahora pienso un poco más lo que digo, aunque mi único límite es no dañar a nadie. Cuando dije eso me di cuenta de que tenía la capacidad de administrarme a mí misma. Si con esta tremenda panza era capaz de hacer tanto, imagínate cuando naciera la Jose. Puedo, sí, puedo, me dije, porque soy adicta al desafío.

Una exclienta, que se había ido de Chile, la llamó desde Francia y le ofreció hacer el marketing digital para la app de citas Happn. “Yo era mala en inglés, no cachaba nada qué era el marketing digital, así es que fui donde mi mamá y le pedí consejo y me dijo: ‘Necesitái la plata; haz la huevá’. Mi mamá es sabia”.

Así terminó convertida en rostro y representante en Latinoamérica de la competencia de Tinder, comunicándose vía Skype con sus jefes franceses y usando Google Translator para darse a entender. “Con tanto quehacer empecé a escribir frases inspiradoras en mis redes sociales para automotivarme, y me di cuenta de que la gente, las mujeres, enganchaban. Me daba fuerza a mí misma y de paso motivaba al resto”. Todo durante su pre y posnatal, por lo que hoy siente a todos sus seguidores como parte de esa íntima espera y los quiere y valora muchísimo.

Para ilustrar el sentimiento, vale este post en su Instagram de cuando su hija tenía apenas unos meses: “No fue hace mucho cuando la Jose y yo dormíamos en una cama de una plaza. Su cuna no entraba en mi pieza y tuve que elegir entre el escritorio con la compu o ella. Yo a veces lloraba porque me daba rabia verme así y quería darle una vida linda a mi hija. Me propuse salir adelante, viajaba todos los días desde Rancagua a Santiago. Yo gestionaba los post de mis clientes, sacaba las fotos, a veces les metía paint y así, de a poco, fui creciendo. Hace 5 años creí que las redes sociales debían ser más que ocio, ser mi trabajo, y lo logré. Las redes me permitieron llegar a lugares que pensé que nunca llegaría. Me perdí algunas cosas como madre, y aunque me gustaría decir que me da pena, no me da. Estoy segura de que mi hija algún día verá que mamá no se rindió y que se puede, siempre se puede. Me costó, nos costó mucho. Nunca olvidaré esa cama de una plaza donde dormíamos y que me recordaba que no me podía rendir”.
El hashtag de la publicación es #weonatupodi, y se ha convertido en la esencia de su filosofía de vida y en una de sus máximas más exitosas. Es el título con que promueve sus charlas motivacionales, el mensaje que está en sus productos, la frase que repite mientras hablamos.

Todas a brillar

Otra frase reciente y aun más exitosa es “procura ser tu puta jefa este 2019”. Así la explica: “Muchas creen que se trata solo de ser jefa o puta (también), pero tiene dos sentidos más profundos: 1. Toda mujer exitosa es catalogada como puta, porque según los otros (hombres y mujeres) se tuvo que acostar con alguien para lograrlo, poniendo en duda sus méritos y capacidades. Incluso ellas mismas dudan. Ese poder tienen los malos bichos energéticos. 2. La frase intenta invitarte a ser dueña de ti. Que seas tu puta jefa en tus decisiones, tus sueños y tus putas ganas. Este 2019 esta frase es mi motor, ser mi puta jefa y no generar ningún vínculo de dependencia. Brilla, hermana, brilla, y vamos por este 2019, que es nuestro”.

Carmen le atribuye a su hija Jose (y a Santi, que llegó 4 años después); a su mamá y tocaya y a la app Happn sus logros. “La Jose me hizo menos egoísta, me impulsó, me dio un fin: dejarle algo bueno a ella, en todo sentido, no solo económico. Ese motor me hizo tener una maternidad sin culpa. Me perdí su primera caminata; la tuve que ver por Facetime, porque andaba de viaje. Mi mamá ha sido un gran apoyo y ahora es mi socia. También le agradezco a Happn, porque creyeron en mí. Creo que en eso ayudó mi honestidad. Soy como soy. Todo es auténtico”.

Tu feminismo, ¿cómo es?
Es un proceso de reconstrucción para entender cómo lograr la igualdad que necesitamos, yendo en contra de todo lo que se nos enseñó que significaba ser mujer: hablar suave, bajito, ser señorita, cumplir con expectativas de otros, casarnos, tener hijos. Aunque ha habido grandes avances, para mi abuela, por ejemplo, que yo fuera mamá soltera fue difícil. En otro plano están los abusos sistemáticos que normalizan el que las mujeres ganemos menos que los hombres por la misma pega, que paguemos más por la salud, que nos descalifiquen cuando andamos con la regla, que al salir a la calle aún haya miradas inquisidoras, censuradoras por cómo luces o te vistes.

¿Solidarizaste con el fracaso de la comediante feminista Jani Dueñas en Viña?
No tengo mayor opinión de ella. Su rutina fue fome. Reconozco que tuvo una fuerza increíble para seguir arriba del escenario, pero fue fome. No me gustan quienes se sienten superiores a los demás. Creo que hay que democratizarlo todo, empezando por el feminismo en Chile. Si no lo hacemos, caeremos en el estereotipo de ser mujer feminista. Una puede serlo criando niños en la casa y no sintiéndose identificada con la huelga del 8M o con las axilas peludas y adhiriendo a los movimientos feministas extremos. Se trata de sumar, no de restar. ¿Cuándo gana el machismo? Cuando peleamos entre nosotras, sin respetar nuestras diferencias. A mí me interesa que todas puedan brillar.

Tú brillas garabateando, ¿es necesario decir tanta huevá?
Me encanta, porque uno de los estereotipos de lo femenino es que tenemos que hablar correcto, sin garabatos. Yo mientras más los uso, más efecto produzco, por eso más lo hago; pero ojo, nunca en el contexto de ofender, sino como una forma de rebelión y de ser exitosa también, porque no hay que quedarse en lo que a uno le enseñaron.

Hablemos de Fede, de ti enamorada…
Ya. Santi, nuestro hijo, es un baby Happn. Conocí a Fede por la app, otra razón para estar agradecida. Esa tarde tenía como cinco conversaciones paralelas, pero él fue el primero que me pidió juntarnos. Quedamos en encontrarnos en Lyon con Providencia y al acercarme veo a un tipo guapísimo apoyado en una baranda moviendo un pie. Emitía una luz, brillaba. Lo amo: era él.

Fue amor a primera vista
Él es supercuerdo. En esa cita me miraba y yo notaba que se le estaba cayendo la baba por mí. Lo fasciné, pero no entendía por qué yo hablaba tanto. Cuando intentó darme un beso, le aclaré: ‘Tengo una hija y vivo con mi mamá’. Se la tiré nomás, sin anestesia. Yo estoy orgullosa de mi maternidad. Duramos 6 meses y terminamos. La verdad, la verdad es que yo no estaba lista.

Pasaron un año cada uno por su lado. Ella se enfocó en crecer. “Fue una decisión racional, algo escaso en mí: me voy a dedicar a mi hijo, a mi trabajo y a crecer”. Una vez que lo hizo, al cabo de un año, lo llamó, le espetó la frase “eres el amor de mi vida y yo soy el de la tuya”. No lo dejó hablar y, como suele decir, “pasó lo peor que pudo pasar; me dijo que sí”, e iniciaron su vida en común.

Así, volvió a ser mamá. “La maternidad no hay que imponerla. Creo que una mujer feliz hace hijos felices. Ese es un círculo virtuoso. Yo soy feliz con lo que hago y me levantó cada día llena de energía, y eso lo perciben mis hijos y me gusta compartirlo con el Fede”.
Hoy tiene un grupo que se llama Mujeres que Brillan, una agencia de comunicaciones -Brillemos-, hace asesorías y charlas a emprendedores y ha logrado su sueño de “vender puras cuestiones que brillen”. Cuenta que al comienzo “hablaba mucho de mí. De mis cagazos. Ahora transmito conceptos, como la democratización del feminismo. Y lo del brillo. Brilla, weona, brilla”.

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