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14 diciembre, 2017
orla

Carola Ruiz quiere enterrar a la modelo

Sabe que su vida puede parecer contradictoria. Creció en la Villa Frei y desfiló para Valentino. Le carga la injusticia social pero maneja una 4x4. Y, a sus 40, muchas veces quiere matar a la modelo. Pero, otras, necesita revivirla..


Por Francisca Urroz / Fotografía: Rodrigo Chodil / Producción: Álvaro Renner / Maquillaje y pelo: Raúl Flores.

Paula 1241. Sábado 16 de diciembre de 2017.

“Soy una mujer con muchas capacidades y este es un país de muchos prejuicios”; en más de una ocasión no he podido ser partícipe de proyectos en los cuales me hubiera importado incursionar por el hecho de ser modelo”. Eso escribió Carola Ruiz el mes pasado en su Facebook. Tiene 40, dejó las pasarelas y ahora se dedica a las comunicaciones: asesora a marcas ligadas a la moda y a la belleza.

Enciende un cigarro. Está vestida con un short de jeans, una polera negra y zapatillas. “A diferencia de muchas modelos, yo quise trabajar en esto: lo busqué. De chica soñaba con ser una rockstar”, dice. A los 11 años se coló en el casting de unas primas y quedó. A los 14 firmó su primer contrato como modelo con revista Paula. A los 15 partió sola a vivir a Tokio. Y a los 18 ganó la versión chilena del Elite Model Look. A ese ritmo, le costó terminar el colegio: pasó por siete, entre particulares y subvencionados. “Me echaban por mala conducta. Quería ganar plata, no estudiar”. Terminó dando exámenes libres en el colegio San Pablo de Apoquindo, que ya no existe.

A los 20 partió a Miami y se radicó en Los Angeles. Viajó por todo el mundo, desfiló para Valentino, Roberto Cavalli y Narciso Rodríguez. A los 28 estudió Teatro en la academia de Harry Mastrogeorge e Historia del Arte en el Santa Monica College Foundation, en Los Angeles, California. Hace casi siete años volvió a Chile y desde entonces intenta desmarcarse de la imagen de modelo.

¿Eres sofisticada y elegante, como la gente te imagina?
Sí, soy exquisita en muchas cosas. Me he aburguesado, pero vengo de la clásica familia de clase media
de los 80. Crecí en la Villa Frei, en Ñuñoa. Iba sola a los castings en micro porque mi mamá trabajaba.

¿El modelaje te ayudó a escalar socialmente?
Sí, me permitió viajar, rodearme de gente que no hubiera conocido y son los contactos que hoy me permiten trabajar.

¿Cómo es tu relación con el lujo?, ¿eres muy consumista?
Jamás me compraría una cartera cara. Cuando tengo algo “bueno”, es porque me lo prestan las marcas y después lo devuelvo. Ahí está la dicotomía, no es tan glamoroso todo. No me gusta privarme, pero no estoy ni ahí con ponerle la cara a nadie. Prefiero vivir con lo justo, pero llevar la vida que quiero: sin horarios y sin jefes.

Si pudieras darte un consejo a ti misma, a los 15 años cuando te fuiste sola a Japón, ¿cuál sería?
Administra mejor tus bienes. Capitalicé poco. Me dediqué a pasarlo bien, pero me alcanzó para pagar parte de mi departamento en Providencia. Es chiquitito, pero este año termino de pagarlo.

¿Te abrió muchas puertas ser bonita?
Es triste decirlo, pero sí. Me doy cuenta. En Chile, somos terriblemente superficiales: como te ven, te tratan. Pero curiosamente, la moda no discrimina: no importa de dónde vienes.

¿Y en qué situaciones te ha penado tu belleza?
A veces quiero matar a la modelo y otras la quiero revivir. Cuando me dicen que no en un trabajo porque tengo el perfil de modelo, la quiero enterrar. Eso aburre. No me rebelé, porque igual soy esclava de mi imagen, vendo con mi apariencia. Por eso, trato de tener una vida alternativa, lo más relajada posible. Mis amigos no son del medio.

¿No tienes amigas modelos?
No, ninguna. Conocidas, buena onda, pero no amigas.

¿El mundo del modelaje ya no te gusta?
Me van a matar, pero lo encuentro extremadamente aburrido. Me marcó mucho de dónde vengo, mi familia es muy politizada, de izquierda, con tíos en el exilio. Y el mundo de la moda me sobrepasaba, porque muchas veces tenía que hacerme la huevona con la estupidez para caer en gracia. Lo pasé súper bien, pero estudié Historia del Arte y Teatro porque necesitaba desconectarme de esa frivolidad.

¿Pero te gustaría trabajar en algo ligado al arte?
No, me mal acostumbré, porque necesito las lucas.

A raíz de los casos de abuso que han surgido, ¿tuviste alguna mala experiencia siendo modelo?
Pasé por situaciones que en su momento me las callé. Cuando tenía 17, en África, un fotógrafo se sacó la ropa, se tiró a la piscina y después se sentó, desnudo, entre una modelo y yo. Las dos asustadas nos paramos y nos fuimos a la pieza. Y a los 20, en Nueva York, un fotógrafo intentó propasarse. No pasó nada, porque supe zafar con humor, pero lo denuncié a la agencia e hicieron oídos sordos.

Tú dices que por haber sido modelo supuestamente se espera que seas silenciosa como en una foto. ¿Qué te gustaría decir?
Me gustaría vivir en un país con menos desigualdad. Creo que unos pocos tienen mucho, la torta está mal repartida. El racismo que hay con los pueblos originarios y con los migrantes me da pena. Me carga la gente que dice cosas como: “son todos ladrones”.

Y tú, ¿qué haces al respecto?
Soy consciente que mi postura es pasiva. Lamentablemente, estoy inmersa en un sistema que
funciona así.

¿Qué cosas de un hombre te atraen?
El intelecto y la valentía. Mis pololos han sido todos feos, el físico no es un requisito. Me gustan los líderes. Me excita el hombre con cuento, con poder.

¿Qué hombres públicos hoy te parecen interesantes?
Ricardo Lagos y hoy en día Giorgio Jackson, lo encuentro inteligente, valiente.

¿Saldrías con él?
Voté por él, ¿por qué no?

¿Se puede ser del Frente Amplio e ir a eventos de marcas de lujo?
Los prejuicios no me importan. Muchos pueden decir: “¿Qué se cree esta ex modelo?”. No he estado combatiendo en la calle, pero vengo de una familia muy política. La mitad de mi vida ocurre en una burbuja, pero no toda mi vida es así. Puede que para muchos sea contradictorio que ande en una 4×4,
pero no puedo renegar de mis orígenes familiares, ni laborales. Soy lo que soy, y al que le guste, bien.

¿Hijos?
Por ahora, los descarté. Mi gata Penélope es por estos días mi hija y mi amante, suple todas mis carencias.

¿Te sientes a veces un bicho raro por tener 40 y ser soltera y sin hijos?
A veces, sí. Encajo en un mundo más pendejo, mis amigos son más jóvenes. No tienen hijos, no están casados. ¿Seré inmadura? Si ellos crecen y se casan, seré la abuela del rock.

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