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28 diciembre, 2016
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Cathy Barriga: “La gente vio en mí una esperanza”

“Las mujeres me han hecho llevar esa bandera en alto, la bandera de la mamá soltera, de mamá empresaria, de mujer emprendedora, porque yo tengo una historia de mucho esfuerzo”, dice la nueva edil de la segunda comuna más grande de la Región Metropolitana. “Que yo sea la primera mujer alcaldesa de Maipú tiene mucho significado”.

Por Lorena Penjean / Fotografía: Rodrigo Chodil / Producción: Paulina Wiegand / Maquillaje: John Pérez / Pelo: Bernardita Silva / Agradecimientos: Montemarano y Paula Cahen D´Anvers.


Paula 1216. Sábado 31 de diciembre de 2016.

Teatro Municipal de Maipú. Martes 6 de diciembre. Toma de juramento de la Alcaldesa Cathy Barriga.
Más de 200 selfies son las que alcanza a contar esta reportera antes que la multitud, cómo decirlo, absorba, así como arena movediza, a la nueva autoridad. Antes, la alcaldesa tironeada, besuqueada y asediada por la prensa, pide un minuto. Un séquito de asistentes y encargados de seguridad la escoltan hacia una puerta lateral. Una niña queda llorando porque quería una foto. Una mujer le explica: “La tía tiene un bebé y le tiene que dar papa, por eso está ocupadita”.

Es cierto y la gente lo sabe. Cathy no se separa de Romeo y hasta hizo la campaña en el que bautizó como el mamamóvil, un carro de arrastre donde hacía un alto para ir a alimentarlo y verlo. Ahora instaló a su hijo en una de sus oficinas como alcaldesa. No piensa sacrificar su cuidados ni dejar de verlo crecer a costa de la alcaldía. Hará las dos cosas, pues eso es con lo que la premió Dios, como señala, desde que ese día que se encomendó a su voluntad en el Templo Votivo de Maipú. Ella conversó con Dios y le planteó su dualidad: ser madre o alcaldesa. Y le dijo que fuera lo que fuera. Y fueron las dos cosas.

Estábamos en la ceremonia. Mucha tele, mucha foto, mucha gente y un calor sofocante. Todos los periodistas que la entrevistan saben que deben ponerse a su derecha, que ese es el perfil que le gusta en pantalla. En algún momento de la ceremonia ella anunció una auditoría al municipio y muchos periodistas quieren entrevistarla por eso. Pero ella se niega si ese es el foco: no quiere que se pierda de vista lo importante.

Cathy ha dicho que no pertenece a ningún partido pero salió electa por un cupo UDI. En la ceremonia Patricio Melero aprovecha de dar entrevistas y cuando ella está en un punto de prensa aparece su suegro, también electo alcalde por Las Condes, a saludarla y desearle lo mejor. Días después, con el incendio de la Villa Japón, él será uno de los primeros en ir en su ayuda llevando regalos, colchones y enceres. Aún no se han podido reunir a tomar un café pero según lo conversado, piensan hacer un acuerdo de cooperación entre ambas comunas.

Cathy anda con un traje sastre blanco (color que para ella simboliza la paz) muy lindo y elegante que poco a poco se va ensuciando de tanto toqueteo. Son abrazos largos, caricias en la cara, palmadas en los hombros, manos en la cintura. Ella asiente. Ella, Cathy Barriga, dice que el cariño de la gente es su mayor tesoro y que se debe a él.

Finalmente sale de la habitación. Varias emprendedoras de su agrupación Fuerza de Mujer la esperan con regalos, los que ella suele promover por Instagram. Un guardaespaldas (que es su chofer por la alcaldía, aclara ella) la escolta hacia la Avenida Pajaritos donde sobre una alfombra roja y cercado por vallas papales, Cathy acompañada de su esposo y vecinos y las niñas de la danza tribal de la ceremonia (que hacen gritos como de pájaros de la selva) y unas niñas de poleras amarillas (color de la campaña), lanzan los globos pidiendo buenos deseos para la comuna. Atrás la observa su papá quien comenta con otro señor: “La gente siempre la ha querido igual, desde Mekano”. “Mírale la cara, pobre, está cansada de tanto trajín y más encima con la guagua”, murmulla una señora CathyLover.

Ahora entrará por primera vez al municipio y en el camino se saca una selfie con un grupo de personas. La carcasa de su teléfono ahora es dorada y no rosada como cuando la entrevistamos la última vez, cuando era Core.

“Tengo una historia que adoro y de la que estoy orgullosa. Yo sé de qué me hablan cuando me hablan las mamás solteras, sé de episodios de violencia, de pensión alimenticia, de esperas en consultorios… Yo he vivido esas situaciones, a mí no me las han contado. Yo no estoy promoviendo ningún tipo de prototipo”.

En nombre de Dios
Se abre la sesión número 1046 del concejo municipal de Maipú. Son pasadas las nueve de la mañana y la mesa, presidida por la alcaldesa y en la que se puede ver a Erto Pantoja y Horacio Saavedra como alguno de los concejales, empieza su trabajo.

Uno de los primeros temas que plantea en tabla la alcaldesa es su pesar por las graves filtraciones que la piscina municipal tiene y que ella lamenta profundamente. Acto seguido anuncia sumarios y propone subsanar el problema con la instalación de un parque acuático en algún lugar de la comuna. Luego anuncia las actividades de Navidad: una intervención urbana del edificio consistorial para transformarlo en una galleta de jengibre (eso entendió esta reportera y luego pudo corroborar que se trataba de una intervención urbana pastelera que transformó el edificio en una especie de pastel), un pesebre mágico con una sorpresa y música con Rigeo. También la presentación de Cascanueces. La tabla sigue con la aprobación de los recursos de los concejales y la organización de comisiones. La alcaldesa se desenvuelve con seguridad y nunca pierde la atención. A los costados dos cámaras grabando todo. Hay una al final también. Mucho fotógrafo y también alguien con una tablet al parecer haciendo un streaming. De que hay conciencia de las comunicaciones, no hay ni qué decirlo.

Ocupadita
Cuesta encontrar un espacio en la agenda de la alcaldesa. Pero nos lo concede. Dos secretarias ofrecen agua. Me siento al lado del ventilador y el árbol de pascua. Son las 3:30 y nada. La alcaldesa ha estado “ocupadita” y me piden por favor que la esperemos. Cuento las plantas. Veo cuatro distintas pero que para mí se llaman todas ficus. Cuento las vigas del techo y los tubos fluorescentes. Descubro dos extintores y detrás de una silla una bolsa de basura donde se asoma un disfraz de viejo pascuero. Un guardia de pelo cano se menea con un vaivén en cada pierna sin moverse de su puesto. Por ahí alguien conversa que una casa tiene termitas. Son las cuatro de la tarde.

¿Qué vio la gente en ti para escogerte alcaldesa?
Una esperanza, los vecinos me pedían por favor que fuera su alcaldesa. Me sentía de verdad con una responsabilidad muy grande a la hora de decidirlo, y veía en ellos tanta esperanza que no tenía dudas que, si ellos me lo proponían, iba a salir.

Cuando se negocia un cupo con un partido, en este caso la UDI, ¿te piden algo a cambio?
Yo soy independiente. A mí nunca nadie me ha obligado a ser militante de un partido. Y claro, fui por el cupo de Chile Vamos.

¿Eso te significa alguna carga, algún peso político?
No necesariamente, incluso cada vez menos. Había como gente bien roja como un señor que me dijo: “Cathy, yo quiero que sea la alcaldesa, pero sabe que pienso en el momento de ir a votar y, como va por la UDI, me pica el cuerpo” (risas).

¿No representas los valores de la UDI?
No se trata de eso. Ya lo hablamos la vez pasada con el tema del aborto en las tres causales y mi postura es clara: es imposible no empatizar con las mujeres. Yo soy bien república independiente en hartos sentidos, y en el político también. Estoy agradecida por el cupo, pero siempre hago lo que pienso y digo lo que hago. No les debo favores políticos a nadie, yo me saqué la mugre en familia, con gente, con vecinos. Ese tema es odioso porque vi muchas críticas que me hacían netamente por ser, supuestamente, la candidata UDI. Qué pena que te hagan bullying así.

Y por el rosado, el taller de princesas y porque dijiste que mientras dabas entrevistas nadie en tu casa tomaba desayuno…
Me han ofendido tanto, incluso con el tema de “Ni una menos”, ¿pero sabes? En el fondo, a mí no me afecta. La gente común y corriente, tiene súper claro quién soy, y lo que he hecho.

¿Cuál es tu visión del rol de la mujer en la sociedad?
Que yo sea la primera mujer alcaldesa de Maipú tiene mucho significado, y te puedo decir que la gente ha notado la diferencia en estos 10 días, partiendo por el trato. La sensibilidad nos hace muy diferente de los hombres. Ser sensible tiene que ver con la inteligencia emocional más desarrollada, con una mano distinta. Yo no me considero menos mujer por arreglarme, por pintarme los labios, por usar un tacón. Yo soy súper feminista, pero no de las feministas que se dejan bigotes y quieren parecerse a un hombre para ser empoderadas y creo que represento a muchas mujeres.

Dejando el rosado de lado, las críticas iban porque con cosas como el taller de princesas promueves un estereotipo femenino que replica el modelo patriarcal, ¿o no?
No. Ahí hay una historia muy lamentable. Yo siempre he hecho actividades en las que me disfrazo de princesa o de distintas cosas para hacer estos bailes entretenidos con la instructora de zumba. Lo hice siempre. Ese fue un bullying político porque lo tomó The Clinic que dijo que yo tenía una escuela de princesas, cuando no era así.

¿No había taller de princesas?
No, yo invité a un taller, a bailar, a jugar… Entonces, se tomó este punto de vista y el Sename sacó el taller de anti-princesas. ¿Qué significa un taller de “desprincesamiento”? Es como decir “no jueguen con princesas” ¡y no! Yo digo que los niños jueguen con lo que quieran. Pero se han ensañado conmigo y ni seguir hablando del rosado, porque yo que sepa, ya no tengo ni los colaless rosados ya (risas).

¿Sientes que enarbolas la bandera de las mujeres?
Sí, porque a mí las mismas mujeres me han hecho llevar esa bandera en alto, la bandera de la mamá soltera, de mamá empresaria, de mujer emprendedora, porque yo tengo una historia de mucho esfuerzo. A mí una vez, alguien criticó diciendo “qué inmadura esta niñita”, ¿inmadura?: trabajo desde los 15 años, sacando adelante a mis hijos, estudiando Sicología, sacando mis proyectos uno tras otro, uno tras otro. Yo no me he saltado ningún peldaño, yo trabajé en eventos como cualquier niña que quiere juntar plata para pagar la universidad, repartí volantes, fui promotora en supermercados así de pie con la bandejita. De verdad, yo tengo una historia que adoro y de la que estoy orgullosa. Yo sé de qué me hablan cuando me hablan las mamás solteras, sé de episodios de violencia, de pensión alimenticia, de esperas en consultorios… Yo he vivido esas situaciones, a mí no me las han contado. Yo no estoy promoviendo ningún tipo de prototipo.

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Cathy anda con un traje sastre blanco (color que para ella simboliza la paz). Ella, dice que el cariño de la gente es su mayor tesoro y que se debe a él. “Con mi equipo vamos a tener que trabajar en cómo organizar eso y cómo trabajar las energías también, a nivel más personal, porque uno recibe historias terribles y a mí me afectan. Yo recibo mucho amor, pero también entrego, y en esa entrega, y en esa recepción de tanto dolor, se da una tensión evidente”.

Política Ficción
A la sesión de fotos Cathy llega atrasada. Cómo no, es alcaldesa y está ocupadita. Llega con dos de sus más cercanas colaboradoras, su chofer/guardaespaldas, su hijo menor Romeo y Vicente, el mayor, quien acaba de egresar del colegio y espera estudiar Ingeniería en la Universidad Adolfo Ibáñez. Vicente viene a registrar la sesión, así como acompañó a su mamá durante toda la campaña. Ahí, entre todos pasean al niño que, para decir verdad, es bien lindo y muy bien portado.
Cathy se maquilla y pide que le expliquen con detalle cuál será el look, cuál es la idea. Luego conversa con el equipo. Es sociable, lo sabemos, genuinamente sociable. Vienen las fotos. Pide verlas y tener cierto control. No quiere mostrarse distinta. No quiere que le pidan que sea seria porque ella es alegre. Lo dice tan amorosa como taxativamente. Después de estas fotos recién podemos conversar.

¿A quién se le ocurren las actividades de casa de jengibre, los globos de los sueños, las danzas tribales?
A mí. Y el tema de la danza de las mujeres fue muy lindo porque yo quise que estuvieran ellas porque son así como las viste, señoras, jovencitas, unas curvilíneas otras gorditas, habían morenas, habían más claras… Todas entregaban una energía positiva de mujer, por eso es danza del vientre tribal. Y así es todo, como que me voy enamorado de cosas que veo.

Ese día fue una locura. La otra vez me contaste que en una actividad te sacaste dos mil fotos… ¿No te agobias?
Lo que pasa es que la gente es muy cariñosa y, como conoce mi historia, me abrazan y a veces hasta se ponen a llorar. Es una emoción tan bonita también, tan sincera, que hasta me hace llorar con ellos. Yo lo recibo con mucho respeto y cariño, pero claro, siento que hay un tema con las energías. Y me hice dos mil fotos porque soy súper respetuosa con la gente. Había gente que hizo la fila durante mucho rato y no me puedo ir y dejarla así, pero no me puedo desdoblar. Con mi equipo vamos a tener que trabajar en cómo organizar eso y cómo trabajar las energías también, a nivel más personal, porque uno recibe historias terribles y me afectan. Recibo mucho amor, pero también entrego, y en esa entrega, y en esa recepción de tanto dolor, se da una tensión evidente.

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“Mis colegas Core, que eran socialistas, me decían ‘usted compañera debiera ser de las nuestras’. Yo de verdad soy un popurrí de cosas, tomo lo mejor de cada uno de los elementos. Pero sí, me siento más representada y estoy como en el centro, centro-derecha”.

¿Cuáles serán tus primeras medidas como alcaldesa?
Quiero que los vecinos de Maipú se sientan orgullosos de sus consultorios. Tuve la experiencia cuando fui mamá soltera y estaba en la universidad, de atenderme en un consultorio y yo daba una dirección de Las Condes para atenderme allá porque encontraba que era mejor. Lo que quiero es dignidad en salud, en los consultorios. También está el plan “médico a domicilio”, que es para los niños de 1 a 5, y para los adultos mayores. También vamos a tener más ambulancias. Avanzaremos también en seguridad con guardias en los parques. A la gente le preocupa la delincuencia.

¿Y propondrás gas pimienta y máquinas con electroshock?
No, es que ese es otro alcalde (risas). No, no estoy de acuerdo, no expondría a los funcionarios a una situación así.

En el mapa político, así como está, ¿en qué lugar te ubicas tú?
Soy independiente con un poquito… A ver… Mis colegas Core, que eran socialistas, me decían “usted compañera debiera ser de las nuestras”. De verdad soy un popurrí de cosas, tomo lo mejor de cada uno de los elementos. Pero sí, me siento más representada y estoy como en el centro, centro-derecha.

La derecha, con Piñera y Ossandón han ligado el tema de los inmigrantes al de la delincuencia. ¿Qué te pasa con eso?
A mí me encantan los inmigrantes. Somos un país muy cosmopolita y de verdad siento que es un orgullo poder recibir gente y compartir, y somos súper buenos anfitriones, solidarios…

¿Tú crees?
Claro, por eso se vienen. Somos un país que en el fondo siempre ha recibido gente… o sea, hay un tema por regular pero de ahí a decir otra cosa, no. Se les ha asociado a la delincuencia pero también las estadísticas no se condicen…

¿No te parece un discurso muy fuerte?
Es muy agresivo igual. Es como cuando injustamente uno ve en la pobreza, que es lo que pasa mucho en los campamentos, y se estigmatiza que por ser pobre se es delincuente.

Ya, ficción, ¿Lagos o Guillier?
Ay, las cosas que preguntas… Guillier por ser una nueva opción, claro.

¿Ossandón o Piñera?
Piñera.

¿Piñera o Guillier?
Piñera, obviamente porque conozco su trabajo, más que por tema político, porque encuentro que es trabajólico y las personas que son trabajadoras le hacen bien al país.

El otro día veía que en la tele alguien comentó por ti “¡¿por qué es tan feliz?!”.
¿Por qué critican al que es feliz y no al que es tan mala onda? Porque el mala onda la lleva, porque es pillo. La nobleza y la alegría para mí van de la mano junto con la humildad. Disfruto día a día. A estas alturas las críticas no me duelen, tengo penas como todo el mundo pero me gusta entregar lo mejor de mí y no me gusta andar llorando.

¿Qué saca lo peor de ti?
La injusticia. Desde chica, cuando he sentido injusticia, me paro en la hilacha, me meto, levanto la voz, golpeo la mesa. Pero en el cotidiano es como “no te enojes que te pones fea”.

¿Verdad?
Mira, una amiga me llamó para contarme que su marido le había puesto el gorro. Le dije “no llores, anda a secarte esas lágrimas porque vas a quedar entera arrugada”.

¿Te consideras conservadora o liberal?
Ni lo uno ni lo otro.

¿Sino que todo lo contrario?
No (risas). Ni lo uno, ni lo otro. Término medio. Las cosas han ido cambiando harto, y uno ha ido cambiando con ello. Yo creo que es parte de la evolución.

¿Te sientes empoderada?
Me siento con muchas responsabilidades, pero… A ver, cómo lo explico. Porque ¿tú me ves cambiada?

No. Más ocupadita eso sí, como dice tu equipo…
Pero sigo siendo la misma, que voy para allá, que ando cargando al guatón, que tengo reuniones, que reviso documentos…

¿Y empoderada?
Empoderada, ¿cómo definimos empoderado? Es que el poder no es mi tema. Hace tener una relación más que vertical, horizontal. Y eso nunca lo he cambiado. Veo a todas las personas igual. Tú me ves, yo ando con mi equipo que está el conductor que toma a mi bebé… Yo no tengo problema con eso, yo soy súper justa. Y ese criterio lo he tenido de chica.

Pide un deseo.
No sé, me siento inmensamente feliz, siento que la vida me ha dado más de lo que yo esperaba. Tengo mi familia y estamos sanos. Y nada, no le pido nada más a la vida. Quiero que a Maipú le vaya bien, que renazca pero no estoy pensando en deseos personales. Me siento feliz como estoy.

¿No tienes miedo de fallar?
Es que no me he puesto en el escenario. Estoy tranquila con el equipo que tengo y no temo enfrentarme a los desafíos. Pero siempre me pongo en los mejores escenarios. Uno tiene que llamar lo bueno. Siempre van a haber problemas, te lo digo yo que siempre me levanté igual ante toda adversidad. El mundo no se acaba, siempre, siempre, siempre sale el sol. Y para mí esa cuestión es ley.

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