Chicos superpoderosos

Reportajes y Entrevistas

Chicos superpoderosos

Por Alejandra Olguín / Fotografías Mila Belén

Desde febrero, miles de estudiantes de enseñanza media faltan a clases todos los viernes para protestar contra el cambio climático. El movimiento que comenzó Greta Thunberg, una sueca de 16 años, recorrió el mundo y encontró en Chile a una joven de Peñaflor y dos de La Pintana, comuna calificada con el peor índice de calidad de vida urbana, pero también de las más ecológicas. ¿Quiénes son, cómo se organizan y qué demandan los estudiantes chilenos que el pasado 15 de marzo convocaron su primera marcha masiva?

Hace un mes, Anaís Barbosa (16), Rocío Bazaes (17) y Josué Aguilera (18) no se conocían. No pensaban que iban a liderar un movimiento ni tampoco que pasarían sus viernes en la tarde protestando afuera de La Moneda o del Ministerio del Medio Ambiente. Y menos que iban a organizar una marcha multitudinaria en la Alameda, que convocó a cerca de cinco mil personas. Sin saberlo, lo que comenzó como una simple idea, terminó llevándolos a convertirse en los voceros y caras visibles en Chile del movimiento contra el cambio climático, sumándose a los adherentes que día a día aumentan en todo el mundo.

Fue durante las vacaciones de verano que Rocío le puso like en Instagram a un video donde se instaba a los estudiantes a faltar a clases el día 15 de marzo y protestar de alguna forma para llamar la atención de los políticos de sus países.  En el mismo video, Rocío vio que Anaís había comentado: “¿Chile?” y pensó “¿Por qué no?”. Respondió el comentario y minutos después tenían un grupo de WhatsApp que incluía a Josué, ex compañero de Rocío.

 

“Las redes sociales hoy en día son la forma en que los movimientos sociales se expanden, por su bajo costo de uso y su alto alcance”, dice el director del laboratorio de estudios sobre comunicación digital de la Universidad Adolfo Ibañez, Arturo Arriagada. Sin embargo, afirma que no se trata de una solución mágica, donde todos estén expuestos por igual a la información de, en este caso, el cambio climático. “Facebook e Instagram, por ejemplo, son espacios de reunión para gente que ya tenía un interés marcado. Lo que permiten estas plataformas es reforzarlo”.

Para Anais, Facebook fue desde siempre un espacio ligado a su interés por el medioambiente. La joven de Peñaflor creó una página donde publicaba datos sobre el consumo de plástico cuando estaba en sexto básico. “Lo hacía sin pensar en un público específico”, cuenta. Fue a través de la misma red social que convocó a sus compañeras de colegio que estuviesen interesadas en asistir a la marcha, pero sólo a sus cercanas: “No quise hacerlo público porque la directora no hubiese aprobado que me retirara de clases para ir a una manifestación”. Su mamá también cree que en el colegio probablemente no habrían apoyado a Anais. Pero ella sí lo hace, y la acompaña a las manifestaciones, entrevistas y reuniones porque, a pesar de estar en cuarto medio, tiene solo 16 años. “Es muy chica, pero está bien que haga todo esto. Si no lo hacen ellos, ¿quién?”, dice Margarita Veloso.

A Josué, en cambio, lo que le gustaba desde chico era ver las estrellas. Hizo un curso de astronomía en el que le enseñaron a identificarlas. “Ahora sólo puedo hacerlo cuando salgo de Santiago, porque con la contaminación ya no se ve nada”. Sabía que tenía que hacer algo para detener la contaminación, “pero no se me ocurría qué” cuenta el estudiante, quien quiere entrar a Derecho el próximo año.

Rocío, por su parte, dice que, si bien no tenía un afán marcado por “lo ecológico”, en su casa reciclan vidrios, papeles y cartones desde que tiene memoria. Al igual que Josué, vive en La Pintana, la comuna con mayor porcentaje de pobreza multidimensional de la Región Metropolitana pero, a su vez, de las más ecológicas. Lo que partió como una forma de reducir gastos municipales, hoy se ha transformado en un programa que promueve la lombricultura, la separación de residuos y el uso de camiones propulsados por biodiesel. “Pero son soluciones locales, falta el compromiso real de los líderes en temas mayores como reforestación masiva y limitar la industria ganadera”, dice Rocío.

 

El movimiento global

La indignación juvenil en contra de los políticos y su inacción frente al cambio climático nació mucho antes que el grupo de WhatsApp de los tres estudiantes chilenos. Fue a más de 13 mil kilómetros de Santiago, en manos de una niña sueca de 16 años con síndrome de Asperger: Greta Thunberg. Esta nueva suerte de encarnación de la lucha medioambiental, acumula más de 18 mil menciones en Google y muchos aseguran que, probablemente, recibirá el Nobel de la Paz, convirtiéndose en la mujer más joven en obtener este reconocimiento.

La protesta de Greta partió de forma silenciosa en agosto del año pasado, después del verano más caluroso en la historia de Suecia y de incontrolables incendios forestales. Pintó un cartel con la frase “huelga escolar por el clima” y se sentó afuera del parlamento en Estocolmo. Llegaron los periodistas y Greta se hizo escuchar: dejaba de ir al colegio para exigir que Suecia cumpliera con el Acuerdo de París, que compromete a los países a reducir las emisiones de gases contaminantes y limitar el calentamiento global a 2ºC. Los discursos de la activista se volvieron más duros luego de que el Grupo Intergubernamental de Expertos sobre Cambio Climático (IPCC), informara que las actuales sequías, incendios forestales, inundaciones y disminución de arrecifes de coral serán peor de lo previsto, con tan sólo un alza en 1,5ºC.

Greta ha dado discursos en la Conferencia sobre el Cambio Climático de la ONU (COP24) y el Foro Económico Mundial, en donde, sin titubear, les dijo a los grandes líderes mundiales frases como: “No son lo suficientemente maduros para decir las cosas como son, incluso esa carga se la dejan a los niños” y “Actúen como lo harían en una crisis. Quiero que lo hagan como si nuestra casa se estuviera incendiando. Porque lo está”.

Marcha contra el cambio climático en Santiago, 15 de marzo

Greta volvió al colegio, pero mantuvo sus huelgas los días viernes, lo que inspiró el movimiento “Fridays for Future” (FFF), que tuvo eco en Bélgica, Estados Unidos, Alemania, Francia, Australia y, recientemente, nuestro país. ¿Pero cómo es que el movimiento que nace en Escandinavia, en una nación con un PIB per cápita 3,4 veces mayor al nuestro, encuentra resonancia en jóvenes de las comunas con menor calidad de Vida Urbana de Chile?

“Es muy inspirador ver a una niña capaz de mover a tanta gente y de decirnos que no tenemos por qué esperar que los adultos hagan algo, que somos nosotros los que debemos llamarlos a la acción”, dice Rocío sobre la joven sueca. “Un ejemplo a seguir”, añade Anais.

Si bien los tres son los voceros y líderes, en el comité del movimiento son once los jóvenes que se reúnen, dividen las tareas y se contactan con FFF Europa, quienes les envían los logos y protocolos para aplicar en la marcha. Además, han recibido asesoramiento de entidades como WWF -quienes les enseñaron a enfrentar a la prensa- y Greenpeace.

“El cambio climático no tiene clases sociales. Esto va más allá de dejar de botar basura o plantar más árboles. Hay que cambiar el sistema y transformarlo en sustentable, depender de energías limpias, porque el petróleo y el carbón en algún momento se van a acabar y lo único que va a generar es más pobreza”, dice Josué. Según un informe de la ACNUR, el cambio climático es un factor de desplazamiento, impulsado especialmente por los desastres naturales que afectan a las poblaciones más vulnerables. “Por ahora las personas con más recursos se salvan, pero dentro de unos años nos va a afectar a todos por igual”, afirman los jóvenes.

“Es por eso que urge que Chile firme el acuerdo de Escazú, para darle derechos, protección e información en materia de justicia medioambiental a las comunidades más afectadas por la contaminación de las empresas”, dice Josué, aludiendo a la demanda principal de la marcha del pasado 15 de marzo en Santiago. El tratado medioambiental para América Latina y el Caribe ya lleva un año en vigencia y, aunque Chile fue uno de los principales impulsores, el gobierno se negó a firmar. “Que los jóvenes se estén haciendo cargo es una bendición”, dice el físico y Coordinador de Contenido de FFF, el Dr. Daniel Narrias. “La tecnología y capacidad para detener esta crisis están, lo que falta es la voluntad política”, cuenta, y agrega que las acciones adoptadas por Chile para cumplir con el Acuerdo de París califican como “altamente insuficientes”, y que si todos los países siguieran esta línea, la temperatura llegaría a subir entre 3º y 4º, lo que “sería catastrófico”.

Durante la manifestación del 15M, había vegetarianos -como Josué-, veganos -como Rocío y Anaís-, animalistas y ambientalistas. Los tres voceros, ahora amigos que se juntan todos los días, sostenían el lienzo principal que encabezaba la marcha, seguida de personas en bicicleta, estudiantes haciendo performances con máscaras de animales que simulaban ahogarse en plástico y otros recogiendo colillas y basura. “Jamás pensamos que iba a asistir tanta gente. Ahora sabemos que somos muchos los jóvenes que queremos un cambio”, dice Anais, quien quiere organizar charlas informativas en Peñaflor para concientizar a sus vecinos.

“La COP25 va ser en diciembre en Chile, así que planeamos en ese entonces ya haber formado una mesa de trabajo nacional para presentar proyectos y demandas específicas”, anticipa Rocío, refiriéndose a la Conferencia sobre el Cambio Climático de la ONU que la ministra Schmidt calificó como el evento “más grande organizado por Chile desde el Mundial del 62”. Mientras conversan, a Josué le suena el celular. Contesta y hace señas a Rocío y Anaís, quienes interrumpen lo que estaban diciendo. Josué tapa el micrófono del teléfono con la mano y susurra “¡Es de la tele!”. Vuelve a la llamada y con voz seria responde: “Pero vamos los tres. Si no, no vamos”.

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