Chile, terreno fértil

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Chile, terreno fértil

Por María Paz Maldonado / Ilustración Estudio Maestro

Desinformación, prejuicios, luchas políticas y miles de millones de dólares. Esos son algunos de los ingredientes que conforman la industria del cannabis en Chile. Un rubro creciente en sus dimensiones medicinales y recreacionales, que agudiza el debate sobre la necesidad de disminuir las cifras de consumo de menores, regularizar las contradicciones legales y romper con la falta de información que gira en torno a esta planta.

Más de treinta países del mundo, entre ellos Chile, han legalizado el consumo del cannabis con fines medicinales de alguna forma. De esos, Canadá lidera la cruzada cannábica, dando permisión legal al consumo medicinal y recreativo a partir de octubre del año pasado. Uruguay ya se había adelantado el 2013, sin embargo la decisión del gobierno del primer ministro Justin Trudeau causó bastante más impacto a nivel mundial al ser el primer país del G20 en legalizar el cannabis.

A Chile la decisión le afectó directamente. Tras la resolución, la industria canadiense puso sus ojos en Latinoamérica como escenario de producción, y Chile se convirtió en el destino predilecto para realizar investigación y desarrollo en la materia con fines medicinales, atraída principalmente por la estabilidad de las instituciones y economía nacionales.

La primera empresa en llegar fue Cannopy Growth a través de su filial Spectrum Cannabis Chile, con una inversión inicial de US$ 12 millones: “Dentro de Latinoamérica somos el país que da más tranquilidad para invertir; en Canadá ven que acá las autoridades son respetadas, que el ISP (Instituto de Salud Pública) como organismo es un referente en la región en el tema de medicamentos, y en investigación Chile es el país que tiene más estudios clínicos de fármacos per cápita en el continente. A nivel de inversión, no solo en esta industria, sino que en muchas otras, Chile ofrece garantías, estabilidad y seguridad, por eso resulta un país tan atractivo”, explica Felipe Varas, director de marketing y ventas de Spectrum Cannabis Chile, que durante los próximos años estará enfocada en la investigación y desarrollo de productos (cápsulas blandas y aceite), no en el cultivo.

A Cannopy Growth le siguieron Tilray y luego Khiron, que aterrizó en el país en enero en asociación con Dayacann, titular de la primera licencia de cultivo de cannabis medicinal en Chile, y con Fundación Daya, el principal promotor nacional del cannabis con fines terapéuticos. “Chile ya goza de un liderazgo mundial en la producción de cannabis con fines medicinales y la elaboración de medicamentos fabricados con cannabis para responder a las necesidades locales, así como para responder a la demanda internacional. También hay potencial para la investigación científica y clínica, y para el desarrollo tecnológico en torno a esta industria; de hecho siete universidades chilenas se encuentran realizando investigaciones básicas y aplicadas en torno al cannabis”, describe el director de desarrollo de Fundación Daya, Nicolás Dormal.

El negocio en sus fases de investigación y desarrollo va evidentemente en alza, el sector privado ya lo entendió así, y los expertos predicen que es cuestión de tiempo hasta que el sector público comience a destrabar las leyes que coartan el crecimiento de la industria. “Lo que pasó en Uruguay, en varios estados de Estados Unidos y el golpe de gracia que dio Canadá dan cuenta del claro avance de la industria. En algún minuto las regulaciones van a cambiar. La industria legal va a seguir desarrollándose, las ferias, las tiendas de cultivo (grow shops), las semillas, pero el tema no está ahí. Lo que está pasando en el mundo tiene que ver con el cultivo de cannabis para distintos usos, pero a grandes escalas. Más lento o más rápido, va a haber un cambio en la regulación, porque el modelo legislativo actual evidentemente fracasó”, comenta Claudio Venegas, sicólogo y director de la revista Cáñamo y de la feria Expoweed.

4/20

Reconocido popularmente como el Día Mundial de la Marihuana, el 20 de abril se ha convertido en una fecha ícono para debatir y reflexionar sobre el cannabis, y para que sus usuarios lo celebren. El origen de esta conmemoración es aun difuso, y las teorías se debaten entre un grupo de jóvenes californianos conocidos como Los Waldos, que acostumbran fumar marihuana después de clases, precisamente a las 4:20 p.m., lo que derivó en la transformación de la hora en una fecha; la otra historia en competencia es que en 1995, unos 200 fumadores se reunieron para fumar en público en Vancouver (Canadá) en señal de protesta por la penalización del cannabis. Sea cual sea su origen, lo cierto es que cada año el 20 de abril invita a celebrar el cannabis, y a continuar el debate en torno a sus políticas de consumo y cultivo.

Todo por el crecimiento

Algunos peldaños más abajo de la alta esfera empresarial, los microempresarios también se han convertido en pujantes actores de la industria, dando cuenta de un activo mercado nacional. “La industria de la marihuana en Chile dio un salto importante con la primera Expoweed en 2011, que este año va por su octava versión, y que se ha convertido en la feria (de este tipo) más grande de Latinoamérica. Ya había más tiendas de cultivo que se estaban profesionalizando, y con el equipo de Cáñamo sentíamos que era el momento de empezar a normalizar un mercado que evidentemente estaba ahí. Chile tiene una tremenda tradición cañamera desde los 50, incluso desde la Colonia. La cultura cannábica siempre existió, nosotros no inventamos nada, pero ahora todo se está visibilizando más”, explica Claudio.

Esta teoría la reafirma Carol Cubillos, emprendedora cannábica y representante de la marca española Growbarato, quien además conduce el programa sobre cannabis medicinal y emprendimiento Locos por la weed en Radio Lab: “El emprendimiento cannábico en Chile por años no ha tenido cabida, no hay financiación, fondos concursables, investigación, nada, precisamente por la falta de apoyo para su uso medicinal, y sobre todo recreacional. Sin embargo, en los últimos dos años hay un nicho que se está abriendo, y que gracias a los vacíos legales que abundan en la industria -como, por ejemplo, que esté permitida la venta de la semilla- permite que marcas locales fabriquen y comercialicen sus propios nutrientes, sustratos, humus, compost, etc. Hay una industria en torno al cultivo que va en alza, en Chile y en todo el mundo, y que no va a desaparecer”.

Prevención y educación

En todas las escalas de la industria los involucrados coinciden en que la investigación y la educación son los factores clave para el éxito de la producción de cannabis, y disminuir los riesgos que implica su consumo. Desde la prevención, educar a los consumidores adultos, hasta millonarias inversiones en capacitaciones a profesores y médicos, y estudios clínicos, la industria exige establecer cimientos basados en el conocimiento, y en romper el ciclo de desinformación que gira en torno al cannabis.
Lo principal, según lo ha enfatizado el Senda (Servicio Nacional para la Prevención y Rehabilitación del Consumo de Drogas y Alcohol), es prevenir el consumo de menores, respaldado por las alarmantes cifras que registran como institución, y que han revelado que un 65% de los menores que se tratan en el organismo son por consumo de cannabis, y que uno de cada tres jóvenes entre 8° básico y 4° medio ha sido consumidor. Su director, Carlos Charme, además, ha manifestado públicamente su oposición a la promoción del cannabis con fines terapéuticos, argumentando su falta de evidencia y que entrega un mensaje confuso a los jóvenes.

Hacia la exportación

Pero en su dimensión medicinal la industria apunta hacia la expansión. “Chile quiere dejar de ser exportador de materias primas y evolucionar en la cadena, y justamente en esta industria que es nueva y que tiene un gran impacto global queremos poner al país como líder en el desarrollo e investigación de productos”, agrega Felipe Varas.

De Fundación Daya reafirman el potencial que tiene Chile como exportador de cannabis medicinal, gatillado sobre todo por la creciente demanda de países desarrollados, concretamente desde Europa, Australia y algunos países latinoamericanos. A su juicio, esta industria permitiría revitalizar la decaída industria agrícola, generando empleos, y además respondiendo a las necesidades de pacientes chilenos, con costos significativamente inferiores a los medicamentos hechos con cannabis importados.

En este plano, la necesidad de romper con las trabas legales se vuelve fundamental, según comenta Claudio Venegas: “Este es un tremendo mercado porque hay demanda en todos los planos y niveles, y Chile podría ser una potencia en cualquiera de ellos. Estamos atrasados, pero si no queremos que esto quede a merced de otros, hay que iniciar una discusión seria pronto, porque cuando lleguen más empresas de afuera con miles de millones y destraben las cosas, va a ser más difícil. Si regulamos podríamos generar una industria donde los recursos queden acá, donde los beneficiados seamos los chilenos. Estamos hablando de un mercado de 500 millones de dólares en Chile, que si se regula responsablemente es ganancia segura para todos: ganan la empresa, el usuario, el Estado, la salud pública, todos”. Sin duda un mercado creciente que pone a Chile en el frente de una prometedora pero controversial industria.

¿Qué establece la Ley 20.000?

Con algunas contradicciones y vacíos legales, la controversial ley de drogas 20.000 establece que es legal consumir cannabis, incluso para la recreación, pero que su tenencia, comercialización y transporte es penado, salvo para quienes la usan de forma medicinal y cuenten con la prescripción médica correspondiente. Frente a esta ley, promulgada en 2015, es que surge el proyecto de ley Cultiva Seguro, que podría permitir a los usuarios autocultivar cannabis con fines terapéuticos para complementar sus tratamientos.

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