El club de los corazones rotos

Reportajes y Entrevistas

El club de los corazones rotos

Por VICTORIA MISITO / ILUSTRACIÓN: EDITH ISABEL

Diez personas entre las que se contaban víctimas de infidelidades, solteros que quieren enamorarse, maridos traicionados y quienes nunca han sufrido por amor se juntaron a conversar y a desahogar sus experiencias de pareja más desgarradoras. Entre el amplio espectro de desilusiones que supone el desamor, estos extraños descubrieron que tenían mucho más en común de lo que creían antes de conocerse. Aquí una crónica de lo difícil que puede ser la aceptación del dolor y lo llevadero que puede ser compartirlo.

Son las ocho de la tarde y, de a poco, los asientos de una pequeña sala ubicada en un restorán del Barrio Italia se van ocupando. Algunos de los asistentes se conocen. Otros se ven ahí por primera vez. El grupo completo está compuesto por siete hombres y tres mujeres, quienes se juntaron a compartir sus experiencias amorosas más desgarradoras. No es una instancia para conocer pareja, mucho menos una terapia. El motivo de la reunión es simplemente el desahogo. Uno de los asistentes bromea con que son una secta, otro con que este encuentro parece una especie de Alcohólicos Anónimos de otro tipo de adicción. “Lidiadores de fantasmas”, es la definición que más los convence.

Paulina Ferreira es la responsable de esta reunión. Hace dos años que se animó a hacer este tipo de actividad –a la que llama ‘tertulia’– luego de ver que en su proyecto de citas rápidas, Mesa Ciega, sus clientes se quedaban con ganas de compartir más y vivir otras experiencias. Todas las semanas manda una invitación gratuita para conversar sobre distintas aristas del amor. Los martes es el día que se concreta, y esta vez el tema fueron los corazones rotos. Ella está en la entrada recibiendo a cada uno de los asistentes. Su rol, además de convocar y organizar, es el de guiar. La mayoría la conoce y la tratan de ‘Poly’. A las 20:30 las puertas se cierran, el ventilador se enciende y comienza la dinámica. Se les pide a todos apagar sus celulares y guardarlos. No puede haber distracciones. Y para entrar en confianza y soltar el cuerpo, golpean rápidamente el suelo con sus pies. El encuentro empieza con los participantes presentándose según el orden en el que están sentados, partiendo por la derecha. Dicen sus nombres, edad y estado civil: Mario, 42 años, divorciado hace cinco años; Elena, 52, divorciada hace ocho años; Alejandro, 47, divorciado hace 3 años; Claudio, 36, soltero; Nelson, 54, divorciado hace 4 años; Sandra, 40, soltera; Marcela, 42, soltera; Andrés, 44, soltero; Juan Carlos, 48, divorciado; Francisco, 54, soltero. “Listo, ¿quién se anima a contar su historia?”.

Elena (52) es la primera mujer en hablar. “Saquen sus pañuelos, que lo que viene es bastante desgarrador”, advierte. Está separada y tiene tres hijos. Su matrimonio duró 17 años. Estaba viviendo en Estados Unidos cuando encontró, mientras reservaba en el computador de su marido una hora para el doctor, una declaración de amor. La empezó a leer y sintió cómo sus lágrimas corrían por su rostro. Él estaba enamorado de otra. Cuenta que la leyó como mínimo 50 veces. Estaba escrita en inglés y tenía la ilusión de no entender bien lo que decía. Desafortunadamente, el mensaje era claro: tenía una amante que había conocido en un viaje por trabajo. Elena habló con él y le dio un año de prueba, uno que recuerda como un infierno. Como ya no confiaba, investigó en todas sus cosas y encontró varias infidelidades más. Contó 12 mujeres en total. Él tenía una vida paralela y ella nunca se había dado cuenta. Destrozada, volvió a Chile juntos a sus hijos, pero sin el hombre que amaba. Después de eso, no quiso tener más una relación. Se volcó 100% a su familia y bloqueó todos sus sentimientos. Ahora, que han pasado más de diez años, dice que recién se siente preparada para volver a amar.

La infidelidad es uno de los temas que más se repite en el grupo. Los que la han vivido, cuatro exactamente, la comprenden y hacen que Elena se sienta cómoda después de abrirse. Juan Carlos (48) carga una historia similar. Supo de la traición de su mujer a través de Messenger, ya que había dejado su cuenta activada en el computador de él. No quiso dejarla, fue a terapia y la perdonó. Cuatro años después, volvió a estar con otro hombre. “Mi error fue aferrarme a una ilusión. Lo nuestro había muerto hace mucho tiempo y yo no lo quise ver. No quería perder todo lo que habíamos construido. Mi corazón estaba trizado, pero a la tercera traición, se quebró”. Cuenta que después de eso se atrevió a terminar y cayó en una profunda depresión. Perdió su trabajo, le vinieron reiteradas crisis de pánico y empezó a tomar pastillas. Paralelamente fue a terapia para trabajar su autoestima y aprender a amarse a sí mismo.

En dos de los testimonios, la infidelidad surgió en una etapa post crianza, cuando sus hijos dejaron de depender de ellos y tuvieron que volver a enfrentarse como pareja. El problema fue que ninguno supo cómo hacerlo. “La vida se va cambiando pañales y jugando con los niños, pero cuando ellos ya no te necesitan todo el tiempo, solo queda reencontrarse con el otro y si esa persona nueva no te gusta, la relación puede fracasar”, agrega Juan Carlos. “Yo tengo una teoría. Siento que la pareja con la que uno lo pasa bien, no es con la que forma familia. He visto que la mayoría se está separando porque colapsó con ese tipo de sistema y encontró la felicidad con otra persona. Pareciera que post divorcio, uno empieza a disfrutar de verdad”, explican desde un lado de la sala. El comentario genera risas, pero también conclusiones: los hijos, de alguna u otra forma, marcan un antes y después en las relaciones.

“Dicen que en una ruptura el hombre sufre más que las mujeres”, cuenta Alejandro, quien también quedó destrozado luego de su separación. En su caso no hubo infidelidad, pero sí desamor. Después de tener seis hijos, la relación cambió y su mujer decidió dejarlo. De un día para otro se vio solo en un departamento. Leyó bastante sobre las rupturas y asegura tener sacada sus conclusiones: la mujer hace el duelo dentro del matrimonio y el hombre no puede tolerar el quiebre de su rutina. Desde el lado opuesto de la sala, lo interrumpen: “yo no creo que ellos sufran más, lo que pasa es que pierden más”. Marcela (42) es la autora de esta frase. Se ve segura, directa y con personalidad. Advierte al resto sobre su carácter: “Soy como un erizo, me tocas y te pincho”. Ha tenido siete parejas importantes en su vida, pero reconoce haberse enamorado solamente de uno, justo el que no la amó de vuelta. Sintió que él fue el único que supo cómo lidiar con ella, que la tranquilizaba. La relación no fluyó y le pusieron fin. Sin embargo, no lo olvida. Lo describe como la ‘molestia’ que siempre va a estar en su cabeza. “¿Y siguen en contacto?”, le pregunta Paulina. “Él está casado, tiene hijos, pero me sigue buscando. Tenemos un vínculo súper fuerte”, contesta. Los demás intentan mirarse entre ellos, esperando a que cuente si alguna vez volvió a estar con él, pero ella, apenas se da cuenta que dejó un espacio para la duda, lo niega.

Sentada en una esquina de la sala, Sandra (40) escucha atentamente las historias del resto. Está vestida de oficina y en el lado derecho de su camisa lleva el logo de la empresa en la que trabaja. Cuando le toca su turno, se avergüenza. “Yo no he sufrido por amor”, adelanta. Todos quedan sorprendidos. Su problema es otro: le han pedido matrimonio tres veces, pero cada vez que acepta, se lleva una gran desilusión. “En mi última relación me quedé hasta con el vestido de novia comprado. Yo soy súper relajada, me gusta mucho trabajar y tener mi espacio. Creo que la independencia es súper necesaria, pero mi ex no lo entendió. Como no lo necesitaba todo el tiempo, se puso muy inseguro y controlador. Sentí que si me casaba iba a vivir en una cárcel”. Su historia genera un gran debate dentro del grupo. Algunos reconocen que serían iguales al ex de Sandra si estuviesen en una nueva relación. Alejandro lo concluye: “él, al igual que nosotros, debe tener sus propios fantasmas. Acá solo escuchamos una parte de la historia, pero nuestros ex también deben lidiar con un pasado. Por eso no tratemos de buscar culpables, sino que simplemente aceptémonos como unas víctimas más del amor”.

Coordenadas: todos los martes a las 20:00 en Condell 621, Providencia.

Inscripciones en info@mesaciega.cl

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