Coaching para el examen de admisión

Reportajes y Entrevistas

Coaching para el examen de admisión

Por Greta di Girólamo / Fotografía: Alejandro Araya / Producción: Carla Fogliatti

Tan difícil es entrar a los colegios de excelencia, donde la demanda supera con creces la oferta de vacantes, que ha surgido un nuevo servicio: los planes de reforzamiento personalizados en lenguaje, motricidad y pensamiento lógico que hacen sicopedagogas y educadoras y pueden tomar un año entero o un par de meses de forma intensiva. Algo así como un preuniversitario para niños de 3 años.

Paula 1250. Sábado 5 de mayo de 2018.

La habitación es una sala de juegos donde hay una mesa con dos sillas pequeñas y un estante lleno de juegos. Sobre la mesa, tres láminas: una es de una niña regando un macetero, otra de la misma niña plantando una semilla en el macetero y una tercera, mirando la planta que crece. La educadora de párvulos Andrea Segura usó las láminas con un niño de 3 años a quien le pidió ordenarlas cronológicamente. También le pidió caminar sobre una línea recta tratando de no salirse, que contestara algunas preguntas sobre su familia y que organizara por color, tamaño y forma unos peces de plástico. Todo esto ocurrió en 45 minutos y fue como un juego. Pero en realidad era una evaluación que emula la prueba de admisión que hacen los colegios.

Kidslearning es una empresa educativa ubicada en Avenida Kennedy que Andrea Segura abrió en 2013, luego de trabajar 11 años en un jardín infantil. Fue ahí donde se dio cuenta de que los colegios estaban subiendo el nivel de exigencia de los exámenes de admisión y de que los jardines infantiles no tenían la capacidad de enseñarles a los niños de manera personalizada las áreas de conocimiento que exigían los colegios. Vio una necesidad.

“Si tengo cupo para 50 niños y tengo 300 postulantes, lo que hace el colegio es subir el nivel de exigencia y quedarse con los mejores niños. ¿Por qué un colegio tomaría a un niño que está bajo la media de la prueba si tiene 100 que están sobre ella?”, explica Andrea.

Las familias que más requieren los servicios de la empresa viven en las comunas de Las Condes, Vitacura, Lo Barnechea y La Reina. Cuando llenan la ficha para tomar el servicio de Kidslearning, deben indicar un máximo de cinco colegios, por orden de prioridad, al que postularán a su hijo o hija. La mayoría aspira a que ingresen a colegios como el San Ignacio El Bosque, Verbo Divino, Villa María, Santiago College, Nido de Águilas, Craighouse, Wenlock, San Francisco de Asís y San Nicolás de Myra.

Dos días hábiles después de la evaluación del niño, Andrea les entrega un detallado informe a los padres con el puntaje obtenido en cada área, un comentario sobre el comportamiento general de su hijo y una propuesta educativa con la cantidad de horas semanales necesarias para reforzar los puntos débiles. El tiempo de preparación es variable. Hay niños que han tenido reforzamiento durante 1 año dos veces por semana y otros un intensivo de cinco meses cuatro veces por semana. “El 98% de los niños que tenemos queda en los colegios que los papás quieren”, asegura Andrea. Para los exámenes de admisión de este año prepararon a 45 niños.

Camila (su nombre ha sido cambiado) tiene 4 años y acaba de entrar al prekínder del colegio The Grange, luego de pasar por la preparación con una educadora de Kidslearning. Su papá (quien pidió mantener su identidad en reserva), asegura que la niña no tiene ningún problema de aprendizaje, pero querían asegurar su ingreso a uno de los tres colegios a los que la postularon: Saint George’s, colegio Manquehue y The Grange.

“El colegio es esencial, te marca. Yo siento que tengo el sello de donde estudié (el Manquehue) y mis amigos hasta hoy son mis compañeros de colegio. Y está lo académico, que tiene que ver con las oportunidades del día de mañana”, explica el padre.

Pagó 18 mil pesos por sesión para que una educadora fuera seis veces al mes a su casa: jugaba con Camila y le enseñaba, por ejemplo, a tomar bien el lápiz, a hacer la figura humana y a dibujar a su familia de acuerdo a los tamaños de cada integrante. Al cabo de 10 meses de entrenamiento había invertido 1 millón 80 mil pesos en preparar a Camila para el examen de admisión.

La noche anterior a la evaluación en el Saint George’s, Camila tuvo fiebre. En la mañana, le dieron un paracetamol y la llevaron al examen. Cuando tuvo que rendir el examen en el Manquehue, la encargada de admisión les avisó a los padres que había 270 postulantes para 24 cupos. Les ofrecieron devolverles el dinero que pagaron por dar el derecho a dar la prueba si desistían de continuar. Dijeron que no.

“Es una locura. Un proceso híper estresante. Todos los papás están nerviosos, tienen la angustia a flor de piel”, relata el padre de Camila.

Semanas más tarde supieron que Camila había quedado seleccionada en los tres colegios. La pareja lo pensó harto antes de decidir en cuál matricularla. Dicen que optaron por The Grange por el nivel del inglés.

La decepción de Romina

La ingeniera comercial Romina Rodríguez no calculó que Manuel (su nombre ha sido cambiado), su hijo mayor, podría reprobar el examen de admisión de los colegios a los que lo postuló: The Kent School, Calasanz, The English Institute y el Colegio Alemán Sankt Thomas Morus. Recuerda que llegó confiada una mañana de 2012, a las 7:30, a entregar los documentos que exigía el Colegio Alemán para iniciar el proceso de admisión. Le llamó la atención la cantidad de padres tratando de hacer el mismo trámite: solo recibirían los antecedentes hasta el número 100. Ella tenía el número 70.

Una semana después llevó a Manuel a rendir el examen en ese colegio. Cuando llegó su turno, lo  miró a los ojos y le dijo: “Mi amor, responda las preguntas que le hagan, dibuje lo que le pidan y pórtese bien. Nos vemos en un ratito”. Una educadora tomó la mano de su hijo y lo llevó a una sala de la cual salió una hora más tarde.

Repitió el proceso en los otros colegios. No tenía idea qué medían en los exámenes de admisión, pero estaba confiada. “Cuando recibí el llamado de los colegios, que sin mayor explicación, me avisaron que no había quedado, lloré. Fue muy doloroso. Pensé: ‘¿Qué le pasa a mi hijo?, ¿tendrá algún problema y no me he dado cuenta?’”, cuenta Romina.

Su marido la ayudó a mantener la calma y juntos se pusieron a buscar colegios que tuvieran abierto su proceso de admisión durante el segundo semestre. Esta vez tomó la decisión de preparar a su hijo y contrató a la sicopedagoga María Jesús Castro, quien tenía experiencia entrenando a niños. “Esa misma semana fue por primera vez a mi casa y me tranquilizó: me dijo que Manuel no tenía ningún problema, que avanzaría rápido”, cuenta Romina.

La sicopedagoga estuvo dos meses haciéndole clases al niño. Pasaba con él dos horas a la semana y dejaba tareas para que Romina y su marido estimularan a su hijo. La principal dificultad de Manuel era con el lenguaje: le costaba explicar una situación siguiendo los hechos de forma cronológica y no pronunciaba correctamente la erre. “Algo muy frecuente; muchos niños pueden demorarse hasta los 4 o 5 años en decir el fonema erre”, precisa la especialista.

Para mejorar la pronunciación de su alumno, escucharon juntos canciones que estimulan la dicción de la erre con palabras como “rojo” o “ratón”. Con un palito de helado untado en manjar, María Jesús le indicaba a Manuel en qué parte de su boca debía hacer presión con la lengua para que saliera el ruido de un motor. “A pesar de que el examen de admisión es un proceso súper estresante, siempre trato de meter el juego, porque crea en los niños un aprendizaje mucho más significativo, que perdura en el tiempo”, explica la sicopedagoga, que cobra 30 mil pesos por cada sesión de una hora.

En el segundo semestre de 2014 Romina lo postuló al colegio de La Salle y al Instituto Alonso de Ercilla. Fue seleccionado en ambos y sus padres lo matricularon en el La Salle, donde hoy cursa enseñanza básica.

Al principio Romina no estaba convencida, pero la tranquilizó saber que su hijo al menos tenía colegio. “Quería un colegio que todos conocieran, que saliera en los ránkings. Tuve que resignarme a que mi hijo no iba a salir hablando inglés, a que sus contactos no iban a ser hijos de gerentes o de gente importante. Son cosas que uno tiene metidas en la cabeza, porque al final lo que importa es que mi hijo sea feliz”, dice Romina.

Tiempo después, cuando sus hermanos menores tuvieron que rendir el examen de admisión, Romina no lo dudó: los preparó con la misma especialista para rendir el examen, que aprobaron a la primera.

“Manuel es un niño normal, yo lo sigo encontrando muy inteligente. Quizás cuando dio los primeros exámenes el resto de los niños eran más extrovertidos y él no estaba ni ahí con nadie. ¡Pero estamos hablando de niñitos de 3 años! Lo que pasa es que son muy pocas vacantes, entonces a la más mínima diferencia, un niño queda afuera”, dice Romina. Y añade: “Este es un buen servicio, hay que tomarlo, porque, te guste o no, estos exámenes son parte del sistema y cada día son más exigentes”.

 

Estrés ABC1

La sicopedagoga Sandra Campanella y la terapeuta ocupacional Eloísa de Billerbeck están sentadas sobre una colchoneta azul, en una sala donde hay pelotas y columpios. Hace cinco años montaron en Vitacura un centro de desarrollo infantil llamado GoingUp donde apoyan, junto a un equipo multidisciplinario, a niños con dificultades en algún área de su desarrollo.

Pero hace cuatro años empezaron a llegar padres que traían a niños sin ninguna dificultad en su nivel de desarrollo. “Son papás que están muy estresados porque sus hijos queden en los colegios. Este es un estrés ABC1, porque en esta zona el colegio tiene mucha relación con el estatus. Es un tema más social que académico”, dice Campanella.

¿Qué se supone que debe saber un niño a los 3 años? Aunque todos los exámenes de admisión son distintos y dependen del perfil de alumno que busque cada colegio, las áreas generales de exigencia son las mismas y se basan en las mallas curriculares del Ministerio de Educación, que indican las habilidades que debe tener un niño al salir del jardín infantil.

Las Bases Curriculares de la Educación Parvularia más recientes se publicaron este año, (la versión anterior databa de 2001) e indican tres ámbitos de aprendizaje. El primero es el Desarrollo Personal y Social, que incluye el desarrollo de la identidad, autonomía y autorregulación. También se espera que el niño desarrolle la motricidad gruesa para desplazarse de forma independiente y que reconozca sus derechos y los del resto para relacionarse de manera armónica. El segundo ámbito es de Interacción y Comprensión del Entorno, que se refiere a la capacidad de establecer diferencias, semejanzas y relaciones de causalidad, que son la base del método científico. Se espera un desarrollo básico del pensamiento lógico matemático, que tiene que ver con clasificar según criterios como forma, tamaño y color y también usar conceptos de ubicación como dentro, fuera, adelante y atrás. El tercer ámbito es la Comunicación Integral, donde se espera que el niño logre expresar sus vivencias, sentimientos y opiniones a través del lenguaje verbal y que sepa representar su mundo a través del lenguaje artístico; por ejemplo al dibujar la figura humana con ciertos detalles y ubicación espacial, lo que permite medir su motricidad fina.

“El ministerio fija los mínimos contenidos que un establecimiento del país debe abordar en (la educación) parvularia, básica y media. Pero cada establecimiento tiene la libertad de exigir más a los niños”, explica el superintendente de Educación, Sebastián Izquierdo.

Las especialistas de GoingUp creen que ahí está el problema, porque esa libertad ha permitido la escolarización de la educación parvularia y ha significado que la exigencia de los exámenes haya ido en aumento. En algunos casos a tal punto, que les exigen a los niños habilidades que no son propias de su etapa de desarrollo. “¡En algunos colegios les piden saber escribir su nombre a niños de 3 años!”, alega Sandra Campanella, quien también dirige el jardín infantil bilingüe Runningbrook.

“Hemos recibido niños que han postulado a cinco colegios y no quedaron en ninguno, entonces los papás se empiezan a cuestionar qué problema tiene su hijo. Lo llevan al neurólogo, al siquiatra, al fonoaudiólogo y a la terapeuta ocupacional y no le encuentran nada. Así es como llegan acá, donde corroboramos que son niños sin ningún problema”, relata Eloísa de Billerberck.

Cuando GoingUp recibe a una familia que quiere preparar a su hijo para el examen, ofrecen un servicio de tres sesiones, cada una por un costo de 36 mil pesos, en que un especialista evalúa al niño y luego entrega un informe a los papás. Si el resultado arroja que el desarrollo del niño va de acuerdo a su edad, las socias –aseguran– deciden no intervenir y no toman el caso.

Las especialistas señalan que muchas veces el rechazo de un colegio a un niño se debe a pequeños detalles observados durante el examen: “que se pone más ansioso, le dio pena separarse de la mamá o que le cuesta pronunciar bien una letra. Si hay dos niños y uno de ellos agarra mejor el lápiz porque, por ejemplo, ese día estaba más entusiasmado, el otro queda fuera. Se aseguran de no elegir a los niños más problemáticos y de ir seleccionando a los más perfectos según el criterio de cada colegio: los que aprenden rápido. Así aseguran el éxito, entre comillas”, dice Eloísa de Billerberck.

14 Denuncias

La Ley de Inclusión Escolar, promulgada en 2015, prohíbe a los colegios subvencionados y municipales seleccionar a sus alumnos a base de antecedentes personales y familiares y pone fin a las pruebas de admisión. Sin embargo, los colegios particulares siguen teniendo libertad para hacerlo. Siempre y cuando –según explicita el artículo 13 de la ley–, los procesos de admisión sean transparentes y los criterios de selección no discriminen de forma arbitraria.

Por incumplimiento de esta normativa en procesos de admisión a prekínder de colegios particulares, entre 2016 y 2017 la Superintendencia de Educación recibió 14 denuncias que, si llegan a puerto, suponen una multa de hasta 50 UTM al colegio.

“Existen algunas situaciones que tienen que ver con discriminaciones arbitrarias en este proceso, entre ellas la solicitud de antecedentes socioeconómicos de los padres del estudiante, como liquidación de remuneraciones o la cartola de AFP. Otras exigencias que no cumplen con la normativa son la solicitud de antecedentes médicos, el estado civil de los padres y documentos relacionados con la adscripción a un determinado credo religioso, con el propósito de generar diferencias arbitrarias”, explica el superintendente Sebastián Izquierdo.

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