Columnistas en caos

Reportajes y Entrevistas

Columnistas en caos

Por Sabine Drysdale / Fotografía: Rodrigo Chodil / Producción: Myrna Cisneros y Paulina Wiegand / Agradecimientos: Hotel The Singular

Son plumas certeras, cuarentonas, ácidas, que escriben columnas de opinión que le toman el pulso a esa calle. No le temen al desorden ni al placer, tampoco creen que Chile sea un país en crisis. El poeta y editor Matías Rivas y el novelista Álvaro Bisama, conversan aquí sobre el Chile que ellos observan y que no aparece en los diarios.

Paula 1184. Sábado 10 de octubre de 2015.

¿Quieren una copa?

Viernes, ocho de la noche, bar del hotel The Singular, sentados frente a frente están Matías Rivas (43), poeta, editor de libros, ex crítico literario, dos hijos, una gata, chaqueta de cuero negra, y Álvaro Bisama (40), novelista, profesor de Literatura, ex crítico literario, sin hijos, dos gatos, chaleco de lana verde. Y ambos, conscientes del riesgo que revisten sus propias palabras, dicen que no y piden un café y luego una bebida edulcorada.

Ustedes que son intelectuales…
Bisama: ¿Intelectuales? (risas)

Artistas.
Bisama: Artistas.

Tienen la oreja parada todo el rato.
Bisama: Pero obvio.
Rivas: Estamos al cateo de la laucha.

Rivas y Bisama, desde sus mundos sociales opuestos, uno es hijo de la elite de Santiago, el otro de la clase media provinciana, pero unidos por la literatura y los tiempos, reflejan con sus plumas la vida moderna del chileno. Y el resultado son columnas publicadas en La Tercera –las de Rivas más literarias y personales, las de Bisama sobre televisión y cultura pop– que causan furor en las redes sociales y que revelan una sociedad más transgresora que esa para la que la clase dirigente pareciera gobernar. Ambos trabajan en la Universidad Diego Portales: Rivas es director de publicaciones de editorial UDP donde ha editado una prestigiosa colección de poesía chilena y otra sobre las vidas privadas de intelectuales. Y Bisama, quien está a punto de publicar su sexta novela, es director de la carrera de Literatura. Rivas no tiene WhatsApp ni Twitter y observa las redes sociales de reojo, mientras que Bisama es una activo twittero. Un par de mentes pensantes con los pies metidos en la calle.

¿Por qué escribir de televisión abierta?
Bisama: Es lo mejor escribir de un objeto despreciado. Es como estar mirando el desastre desde el precipicio y disfrutarlo. La industria de la tele, la cultura, es una pequeña miniatura. Si ves en un programa como LipSync a Pepe Auth en una moto haciendo una mímica de Ricky Martin, te explicas Caval, te explicas SQM. Te explicas la banalidad de un mundo político donde la ideología ya no importa.
Rivas: La cultura, la televisión, los libros, son un pequeño laboratorio donde uno puede proyectar ciertas ideas que tienen que ver con el país en general.

Bisama: La mejor entrevista de Tolerancia cero en los últimos dos años fue a un señor de la Fach que hablaba de ovnis. Ahí está el desquiciamiento: escuchar a Villegas hablando de los extraterrestres revela tanto las fisuras del programa, como el estado de la realidad.

Tú, Matías, ¿te acercas más a la sociedad desde la alta cultura?
Rivas: No, para nada. Me interesa lo pop. Además, que he hecho otra cosa, que es revelar más mi personalidad, escribir más del yo. Es una opción política hablar de ti, eso te da permiso para hablar de los otros sobre todo cuando no hablas muy bien de ti. Ese es un código literario que nunca hay que romper.
Bisama: Nada peor que quedar cool en la propia escritura.
Rivas: La literatura misma te enseña que eso no funciona. Es como un verso al revés.
Bisama: Cuando escribes una columna de opinión estás creando un diario de vida sin tener conciencia. Se revelan tus lecturas, fobias, odios, fetiches. No te puedes victimizar.

A propósito del fin de Sábados gigantes, Álvaro acabas de publicar una columna no muy condescendiente con Don Francisco.
Bisama: Es el enésimo réquiem que he escrito sobre Don Francisco. Es como un género en sí mismo.
Rivas: Uno que se crió viendo Sábados gigantes.
Bisama: Claro, y tomabas como normal a un tipo que torturaba emocionalmente a la gente que no tenía qué comer y que iba al programa a conseguir lucas.

Molestaba a los que no podían pronunciar Evercrisp.
Bisama: El humor de Don Francisco se basaba en Mandolino, un tipo que tenía un cinturón que era un cordel.
Rivas: Era un laboratorio del Chile sádico de esos momentos.
Bisama: Claro. Don Francisco era un Pinochet bonsái.
Rivas: Espérate, que hay algo muy interesante: El Chacal de la Trompeta. Ese personaje era un encapuchado, igual que el encapuchado del Estadio Nacional.

LA ELITE FASCISTA
¿Para qué escriben?
Bisama: Porque tengo ideas o imágenes que quiero resolver y eso lo resuelves en la escritura.

¿Una obsesión?
Bisama: Una obsesión: estás solo.
Rivas: Y él no se sicoanaliza todas las semanas.
Bisama: No. Escribo novelas, ¿para qué tengo que sicoanalizarme?
Rivas: Es un ejercicio mental maravilloso, que me hace muy bien. Trabajo con el inconsciente.
Bisama: Esa es la peor cuña de la historia del universo.
Rivas: (sonríe). Tengo que tenerlo refrescado permanentemente, bien alimentado.
Bisama: No lo podís vender así.

¿Qué opinan de la elite chilena?
Bisama: Tengo una relación rara con la elite porque pertenezco a una elite intelectual pero en el fondo fui a una universidad pública, mis viejos son profesores de liceo de un pueblo, de Villa Alemana, vengo de una clase media profesional. Me vine a Santiago en 2008. La fantasía de la elite chilena era algo que yo leía en las novelas, algo que nunca me importó.

“No tengo problema con reconocer que vengo de la clase alta. Mi problema más bien ha sido que cuando te sales de ese circuito, no quedas en ninguno hasta que uno se construye a sí mismo”, dice Matías Rivas.

¿Te parece ridícula?
Bisama: Hay días en que me parece ridícula, hay días en que me parece delirante, hay días en que me parece…
Rivas: Fascista.
Bisama: Fascista y me da risa esa sensación chilena de que tienes que cruzar una serie de aduanas, pedir una serie de vistos buenos. He tenido la suerte de saltármelos, pero a veces te los hacen sentir como cuando te preguntan ¿en qué colegio estudiaste? Pero no le otorgo ni una relevancia. Si te leíste a Orrego Luco y a José Donoso, entendiste todo. Ahí está el mapa de la elite chilena: los monstruos, los rituales.

¿Qué hay que leerse de José Donoso?
Rivas: El obsceno pájaro de la noche.
Bisama: Este domingo y Coronación, esas tres novelas.
Rivas: Y El jardín de al lado, que me gusta mucho.
Bisama: Esa es más literaria.
Rivas: Sí. Ahí veo a mi familia, veo a los mismos fantasmas que están rondando y entiendo que esa es la matriz para explicarse muchas cosas de este país. Son un hecho de la causa que me interesa analizar: son gente inculta, religiosa, una minoría que se hace valer mucho más de lo que es. Un uno por ciento demasiado grande.
Bisama: Tuve suerte, no vengo de una familia religiosa.
Rivas: No tengo problema con reconocer que vengo de la clase alta. Mi problema más bien ha sido que cuando te sales de ese circuito, no quedas en ningún circuito, hasta que uno se construye a sí mismo. Desertar de ese mundo implica trabajar y meterte en otro mundo.

¿Cuándo te diste cuenta de que tenías que desertar?
Rivas: Temprano, a los 16 años.

Álvaro, ¿tú tampoco eras un bicho común en Villa Alemana?
Bisama: A diferencia de Matías, yo tenía una esquizofrenia cultural. Vivía en Villa Alemana, todos mis amigos tenían una banda de rock, todos eran eruditos en reggae, punk y en metal y me fui a estudiar Castellano a la Universidad de Playa Ancha. Ahí, hicimos una cosa muy loca: saqueamos la biblioteca de la universidad y encontramos todos los libros de la narrativa social chilena: Méndez Carrasco, Gómez Morel. Me acuerdo de cosas lindas, como haber encontrado la edición de Paradiso de José Lezama Lima, y el último que lo había sacado había sido mi papá hace 20 años.

Fueron a colegios de hombres. ¿Cómo fue esa experiencia?
Bisama: Una mugre, ojalá le caiga una bomba y se acabe. Fui a un colegio católico medio progre pero con la cultura del éxito. Lo pasé mal. Tenía que escuchar a una cantidad de idiotas y veía cómo mis compañeros se volvían idiotas.
Todo ese mundo del colegio de hombres como rudo…
Bisama: Me aburre. Me revienta.
Rivas: El Verbo Divino donde estudié era militar y competitivo. Pero fui un tipo que se hizo cargo de todo: era súper deportista, mejor alumno. Lo que no me hizo pasar piola fue la cuestión política y cultural. Era raro, nomás. En ese tiempo, leer era de comunista.

Ustedes se visten siempre más o menos igual.
Rivas: Una polera, una chaqueta que no cambia nunca para no pensar en la ropa. El concepto de uniforme ciudadano.
Bisama: Solo uso poleras negras, zapatillas, chaleco y se acabó.

¿Y por qué solo poleras negras?
Bisama: Porque siempre he sido gordo, pero ahora estoy más gordo.

¿Te cuidas?
Bisama: Sí, no como azúcar y trato de no hacer desarreglos. Lo que pasa es que hace un tiempo tenía un ritmo de trabajo muy bruto: escribía en un diario de Valparaíso, estudiaba un magíster y hacía clases. Vivía arriba de buses y lo único que consumía eran chelas y comida basura. A veces hago una dieta y dejo de tomar y comer y bajo de peso.

“Tenía una esquizofrenia cultural. Vivía en Villa Alemana, todos mis amigos tenían una banda de rock, todos eran eruditos en reggae, punk y en metal y me fui a estudiar castellano a la Universidad de Playa Ancha”, cuenta Álvaro Bisama.

¿Cómo se sobrevive en un mundo con culto al fitness?
Bisama: Mis amigos gordos se están operando.

¿Vas para el bypass?
Bisama: No, ¡estás loca!
Rivas: ¿Por qué quieres aterrorizarlo?

Digo que el mundo de hoy es puro fitness.
Rivas: Lo que estás diciendo es que es incorrecto ser gordo. Nosotros vivimos fuera de esos cánones. Eso será para trabajar en un banco, para ser secretaria de gerente. Por eso uno se dedica a esto, para no caer en esas locuras, en la perversión que hay detrás del vegetarianismo, del veganismo.

¿Te enojaste por lo de gordo?
Bisama: No.
Rivas: Esa es la corrección de revista Paula. Preocupados de que no hayan gordos. No hay gordos en Paula.
Bisama: Soy el primer gordo en revista Paula. (carcajadas)

Matías, dijiste que fuiste deportista. ¿Y ahora?
Rivas: Hago gimnasia de pensar. Para los otros deportes no tengo mucho tiempo, no tengo ganas, no tengo espíritu, no tengo edad.
Bisama: (carcajadas).


“Las redes sociales son un espejo de quienes las ocupan. Para algunos es una ventana, para otros es un retén móvil de Carabineros. Porque algunos, en el fondo, lo que quieren, es ser policía de los otros”, afirma Álvaro Bisama.

POLÍTICOS DESACOPLADOS
¿Ustedes son Bacheletistas?
Bisama: No sé, hay días que sí y días que no. Bachelet era un signo abierto y todos podíamos leernos ahí. Era capaz de representar muchas cosas a la vez, contradictorias, como venir de una familia militar y haber sido víctima de los derechos humanos. Hablar de la familia, pero estar separada. Ella encarna una serie de paradojas y su primer gobierno se basó en la interpretación de estas paradojas. Mi rollo con el último año ha sido que esas paradojas dejaron de funcionar. Lamentablemente, no puedes volver de Caval. Le pegó justamente en esos espacios de intimidad donde uno podía aliarse con ella. Le pegó en el hijo. Fue ella la que pagó el costo.

¿Dejaste de quererla?
Bisama: No, pero me pregunto si esa capacidad de contención sigue siendo la misma de antes.
Rivas: Le pongo un poco más de perspectiva. Me parece que le va a ir mucho mejor y va a subir en las encuestas. Tengo fe en ella, pese a Caval. Al final, Bachelet va a encarnar a la primera mujer que fue dos veces presidenta e hizo cambios culturales fundamentales. Los chilenos han cambiado profundamente. Gracias a ella la gente se tomó en serio esto de empoderarse y nos vamos a tener que acostumbrar a tener gobiernos con baja aprobación porque la gente tiene muy poca tolerancia a la autoridad.

¿Por qué un poeta tiene que opinar de política?
Rivas: ¿No has visto la foto de Nicanor Parra leyendo el diario La Segunda, sacada por Sergio Larraín?
Bisama: Si los poetas, si los escritores no hablan de eso, ¿de qué van a hablar?
Rivas: Además, puedes cambiar de opinión, darte vuelta, especular, hablar con cierta irresponsabilidad.

¿Son incultos los políticos en Chile?
Rivas: O sea, la elite chilena es la más inculta y pobre a nivel intelectual de Sudamérica. Consume mucho más bienes de lujo que cultura.

¿Cuál es la receta para ser influyente en este medio?
Rivas: Ha ido cambiando. Hay gente que tiene fama de influyente que ha ido perdiendo influencia porque añoran un orden que no existe. Gente que no tiene un habla común con la gente de la calle. Hoy puede ser mucho más influyente un twit de Nicolás Copano.
Bisama: Copano está preocupado del pulso de la calle.
Rivas: Hay gente que no entiende, por ejemplo, lo que pasa en la calle, pero no en la calle de las protestas, sino que en la vereda. Lo que la gente consume, lo que le gusta, lo que le produce risa, lo que circula por internet.

¿Los políticos están disociados de la vida pedestre?
Rivas: Desacoplados; usaría esa palabra.

¿Y tipos como Boric?
Bisama: Boric es metalero, sabe de metal y él con la cultura tiene una relación de goce. Puedo tener muchas aprensiones, porque es hincha de la Católica y eso es impresentable en términos futbolísticos, pero Boric me parece que establece una relación de goce con el consumo, con sus aficiones y eso lo vuelve más real.

“O sea, la elite chilena es la más inculta y pobre a nivel intelectual de Sudamérica. Consume mucho más bienes de lujo que cultura”, dice Matías Rivas.

¿Los viejos políticos son más arrogantes?
Rivas: Los únicos arrogantes son un grupúsculo, como decía Pinochet, que tienen cabida en ciertos medios de comunicación, pero en general la gente no le hace mucho caso a la arrogancia. La gente es inteligente. Basta andar en la calle para darse cuenta que nadie cree que estemos viviendo una situación de crisis como se dice cada vez que prendes la radio Bío-Bío. La radio Bío-Bío te hace un relato, y mientras miras por la ventana de la micro ves que no pasa nada.
Bisama: Estás hablando de un país donde hubo un terremoto y al día siguiente ni se cortó la luz. Esta esquizofrenia donde parece que hay caos, pero todo sigue.
Rivas: Hay gente que le tiene miedo a Twitter. Si tú eras una autoridad hace 10 años era imposible que te llegaran insultos permanentes de gente a la que no puedes llamar al orden.
Bisama: El troll de Twitter es muy interesante. Son fantasías, relatos del yo. Las redes sociales son un espejo de quienes las ocupan. Para algunos es una ventana, para otros es un retén móvil de Carabineros. Porque algunos, en el fondo, lo que quieren, es ser policía de los otros.
Rivas: En el colegio, el sapo, el delator, era un personaje tremendo. Hoy ser delator es ser periodista ciudadano.
Bisama: Mega tenía una aplicación para iPhone, que se llamaba Mega Testigos. Mandabas lo que grababas en la calle.
Rivas: Como un policía. Como Emilio Sutherland. Existe lo que se llaman pulsiones de muerte de la sociedad. El control es eso. Hay palabras que han ido desapareciendo del lenguaje público, pero que sí ocupan las personas a diario: el placer. Nadie habla de eso, pero la gente sí se da placeres. Va a comer, está preocupada del sexo, de los cigarros, de qué tragos toman.
Bisama: El arribismo ha reemplazado al goce.
Bueno, ustedes se pidieron un café en vez de un whisky.
Rivas: No sentimos placer necesariamente tomando whisky.
Bisama: Yo me voy a tomar un whisky, pero más rato.

¿Consumen porno?
Rivas: No ver porno hoy día es no estar conectado.

¿Qué tiene de interesante?
Bisama: Es la industria del cuerpo.
Rivas: Es el capitalismo del cuerpo, una pila de cosas.

¿Lo ven como algo teórico?
Rivas: No, lo veo porque me gusta y me gusta pensar sobre las cosas que veo. Pero tampoco me gusta tanto.
Bisama: Cuando tocaron Los Jaivas en el Parque Forestal y se robaron dos obras de Damien Hirst de la colección de Juanito Yarur que se estaba exponiendo en el MAC, me pareció total.

¿Por qué total?
Bisama: Porque era un delirio. Tocaron Los Jaivas, quedó el desmadre y luego alguien se mete al MAC: la locura. Eso es lo que me gusta: la posibilidad de que todo lo normal se rompa y quede la escoba. La posibilidad de que la vida chilena ceda al delirio, al desastre siempre está ahí.

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