Cómo forjó su carácter
Naschla Aburman, estudiante de Arquitectura y Pedagogía General Básica, es la actual Presidenta de la Federación de Estudiantes de la Universidad Católica FEUC y la segunda mujer en la historia en obtener dicho cargo. 13-12-2013 (©Alvaro de la Fuente/Triple.cl)

Reportajes y Entrevistas

Cómo forjó su carácter

Por Stefanía Doebbel / Fotografía: Álvaro de la Fuente

La nueva presidenta de la FEUC es de Linares y estudió en un colegio particular subvencionado donde fue una alumna regular que quería estudiar arte en Santiago. No la apoyaron en sus anhelos, pero ella tomó una determinación: se quemó las pestañas haciendo ensayos para obtener el puntaje necesario para ingresar a la UC, donde estudia, con crédito, Arquitectura y Pedagogía. Su vida, llena de baches que ha tenido que sortear, ha estado marcada por las demandas estudiantiles que hoy le toca liderar como heredera del movimiento.

Paula 1138. Sábado 4 de enero de 2014.

–¿No te das cuenta que dibujando no vas a llegar a ninguna parte?

–¿Por qué no te vas mejor a Talca o a Concepción? Solo los primeros del curso se van a Santiago.

–Imposible, Naschla. No te va a dar el puntaje. Estudia otra cosa, en otra universidad.

Naschla Aburman (24) recuerda esas frases con exactitud. La primera ocurre en su colegio de monjas, en Linares, cuando una profesora de Filosofía la pilló dibujando en clases. La segunda es de su madre, en una de las tantas discusiones en que Naschla insistía en venir a estudiar a Santiago aunque todos le dijeran que no estaba “destinada” para eso; porque solo se justifica que los primeros del curso fueran a Santiago, porque no les  alcanzaba la plata, porque ¡cómo iba a ser posible que siendo de la primera generación de su familia en entrar a la universidad quisiera venir a estudiar Arte! La tercera es de su orientadora del pre- universitario que cursó en Santiago para rendir la PSU por segunda vez, quien, luego tras un giro en la historia, se convertiría en una de las personas que, según ella, le marcó la vida. Naschla habla de todo esto desde dentro, sin parar, hilando cada recuerdo con soltura, muy dueña de su memoria. Tiene la película de su vida muy clara. Al menos, hasta antes de convertirse en presidenta de la Federación de Estudiantes de la UC.

Esa decisión –como todas, dice– la tomó sin darle muchas vueltas, sin preguntarle a nadie, y sin hacer cálculos costo-beneficio. Eso no le funciona. Lo suyo viene de la guata, de lo que le haga sentido en cada momento. Por eso es que se vino de Linares a Santiago con el desacuerdo de toda su familia a cuestas, se cambió de Arte a Arquitectura luego del primer semestre y después siguió carreras paralelas con Pedagogía. Aceptó ser presidenta del Centro de Estudiantes de Arquitectura con esa carga académica encima y, ahora, dijo que sí al desafío de ser la segunda mujer en la historia en estar a la cabeza de la Feuc, en el año en el que el movimiento estudiantil tiene el desafío de empezar a concretar sus demandas.

“Lo que más me molestaba en el colegio era cuando me daba cuenta de que los profesores nos estaban achicando el mundo. Ellos deciden si taparte los ojos y solo mostrarte lo que supone que es posible según tus notas o tu plata, o abrírtelos y decirte: ¡de este tamaño es todo lo que está allá fuera y a lo que tú puedes llegar!”.

“Soy positiva y segura de las decisiones que tomo. No le tengo miedo a los cambios porque creo que uno tiene que estar en donde quiere estar y no donde te dicen que tienes que estar. No le temo al fracaso, no me muevo por buscar el éxito, sino por estar bien y aportar a las luchas que considero justas”, dice.

La lucha que hoy día la tiene sin dormir, entre asambleas, Confech, pautas de prensa y manifestaciones, la de la educación pública gratuita y de calidad, se engendró en ella antes de estar donde está. Estudió en un colegio particular subvencionado en Linares, el Liceo Nuestra Señora del Rosario, y desde esos años que se cuestionaba por qué los profesores enseñaban como enseñaban, por qué el trato era tan impersonal, por qué había tan pocas horas de clases de Arte y tantas de Matemática. Por qué algunos podían llegar a la universidad y otros no.

“Lo que más me molestaba era cuando me daba cuenta de que los profesores nos estaban achicando el mundo. Ellos deciden si taparte los ojos y solo mostrarte lo que es posible según tus notas o tu plata, o abrírtelos y decirte: ¡de este tamaño es todo lo que está allá fuera y a lo que tú puedes llegar!”, dice.

Esa lucha, dice, forma parte de algo más grande. Algo así como un sentido de justicia motor, que tal vez tiene que ver con sus raíces. Su nombre, de origen palestino, significa “ojos del alma” y se lo dio su abuela paterna Myriam, nacida en Belén. Sus abuelos se encargaron de llenar su infancia con hojitas de parra y conversaciones sobre esa lucha por los derechos palestinos, esa lucha paralela y más grande de la que ella se siente parte. “El reconocimiento de nuestros derechos como pueblo es  algo que a mí siempre me ha hecho sentido. Tanto como pelear por la educación en Chile o porque le den a una mujer embarazada el asiento en el Metro. Todas las luchas parten de lo mismo. Se trata de alzar la voz por quienes no lo hacen”, dice.

Naschla creció en una familia de “clase media en serio”, de padres separados y tres hermanas, en una casa chica, con patio chico, en la Villa Francisco Mesa Seco a la entrada de Linares. De ahí recuerda, sobre todo, las onces de verano, las tardes pintando y la “libertad de vivir con puras mujeres”. Dice que lo que más la distingue son esos años de formación en Linares. “A pesar de que no me gustaba, mi colegio me ayudó a tener otra perspectiva. Nosotros nos juntábamos a hacer un trabajo en grupo e íbamos a la casa de un compañero que tenía un papá doctor, otra vez a la casa de uno con papá profesor y otras veces a la de una compañera cuya mamá era asesora del hogar. Pero eso nunca fue un tema. Porque te encontrabas con todos en el supermercado, porque compartíamos el mismo espacio común. No existía la segregación que hay en Santiago. Cambia demasiado formarte en una ciudad chica, donde todos se conocen”, dice.

Cuando llegó a Santiago, en 2007, todo eso se quebró. Estaba sola. Una tía la recibió pero nadie en su familia creía que su decisión tenía sentido. Naschla, sin embargo, se volvió loca con la ciudad, con el teatro, la cultura. Se inscribió en el preuniversitario Pedro de Valdivia de Providencia y ahí le pareció que todo era mucho mejor que en Linares. Las clases, la forma de enseñar, los profesores. Pero pronto eso tuvo su precio: aunque estudiaba todos los días, no le iba bien en los ensayos. Sintió que no estaba a la altura de la gente de Santiago. Esa frustración, sumada a una crisis vocacional que no la dejaba decidir entre Arte y Arquitectura, la llevó a tomar sesiones con la orientadora del preuniversitario, Pilar Gálvez, con quien estuvo todo el año preparándose para tener la posibilidad de postular a las dos carreras. Pero, a fines de septiembre, cuando quedaban dos meses para la prueba, le entregaron el resultado del penúltimo ensayo y el escenario se le fue a negro: estaba sacando 500 puntos.

–¿Cuál es la posibilidad que de aquí a diciembre yo suba a los 200 puntos más que necesito?

–Imposible. En este plazo el promedio sube unos 20, 50 puntos. Estudia otra cosa, en otra universidad.

“La orientadora miraba gráficos y me decía que lo máximo que alguien había subido en ese lapso eran 170 puntos, que lo mío no era alcanzable. Y ahí dije ‘¡cómo puede ser posible que me digas que no puedo hacer algo por mirar una estadística. ¡Yo soy una persona distinta! ¡Quiero hacerlo y lo voy a hacer’!”.

Entonces pasó algo fundamental: la orientadora le creyó. Le hizo un horario cargadísimo, con metas definidas por semana, con un ensayo diario hasta tres días antes de la prueba. Naschla lo hizo al pie de la letra. Y lo logró. Sacó los 700 puntos que necesitaba y entró a Arte en la UC. “Fue heavy; con ella me di cuenta que si uno quiere, puede. Y que si tienes al lado a alguien que te dé la confianza y las herramientas, es más fácil”, dice.

Ahí, ganó la mitad de la batalla. Entonces se le vino encima la postulación a becas y créditos. Arancel, materiales, alimentación, residencia. “Ese fue un proceso terrible. Compites a ver quién es más pobre: si tu papá se quedó sin pega, ganaste; si tienes un televisor más, perdiste. Es denigrante. Pero esa experiencia fortaleció la convicción que me mueve ahora. No solo lucho por nuestros derechos, porque creo en ellos, sino porque viví en carne propia cómo es no tenerlos”, dice.

Hizo clases como voluntaria en un colegio de La Pintana. Los niños le preguntaban para qué estudiar si vendiendo droga conseguían plata altiro. “Pensé: tengo que dedicarme a esto. Aquí está el problema”. Por eso estudia Pedagogía.

Naschla obtuvo todas las becas menos la de residencia, lo que no era menor. Eran 120 mil pesos que no tenía. Entonces, desesperada, fue una tarde a la residencia María Inmaculada, a tres cuadras del Metro Moneda, donde alojaba una compañera de Linares. Quería hablar con la directora, con sor Trinidad.

–¿Y usted quién es?

–Usted no me conoce, soy amiga de una niña que vive acá. Yo… a mí no me dieron la beca de residencia, estudio Arte en la Católica, no soy de Santiago y no tengo dónde quedarme.

–Ya. Véngase mañana. Su pieza es la 12.

Naschla se emociona recordándolo. Esas personas, como esa monja, como esa orientadora, que confían a ciegas, dice, son de las que ella se ha agarrado en la vida.

“Naschla tiene un liderazgo colectivo, que abraza, que pone   al otro en el centro de la comunidad; es una persona de una  lucidez tremenda, que se expresa en su creatividad y en una honestidad que incomoda. Además, mira las cosas críticamente, con mucha profundidad, eso la hace tener una fuerza transformadora que destaca”, dice Diego Vela, su antecesor en la Feuc, quien le ha hecho un proceso de “inducción” desde que ganó por sexta vez la Nueva Acción Universitaria (NAU) en la UC.

Pero Diego la conocía de antes. Desde que entró a la UC, Naschla fue haciéndose su espacio. Estuvo un semestre en Arte, y por interno se cambió a Arquitectura. Ahí, poco a poco su interés estético por la carrera fue mutando a uno más social y el urbanismo, el espacio público, los problemas de segregación, empezaron a obsesionarla. Se hizo delegada de generación, salió a marchar cuando todos marchaban.

Entonces, en Lo Contador, su campus, encontró un cartel promocionando hacer clases voluntarias para el preuniversitario de Crece Chile. Se inscribió. Un día a la semana empezó a dar clases de Lenguaje en La Pintana. Los niños le preguntaban para qué iban a esforzarse estudiando. Naschla se esmeraba en motivarlos, en mostrarles el mundo como a ella le hubiera gustado que lo hicieran sus profesores de Linares. Se preocupaba de ser cercana, de decirles que sí se podía. Pero no funcionaba.

–Pero mire tía, ¿usted me está diciendo que estudie para la PSU, que pida un crédito, que en vez de salir del colegio y trabajar para ayudar a mi mamá me endeude caleta, que siga estudiando sin ver ni un peso, que luego empiece a pagar el crédito, y ahí, en 10 años más, empiece a tener mi plata?

Silencio.

–Me dice eso cuando ahora yo puedo salir con mi hermano, vender un poco de droga, y me compro zapatillas como estas.

“No supe qué decir. Solo pensé: no puedo seguir estudiando Arquitectura. Tengo que dedicarme a esto. Aquí está el problema”.

Sin preguntarle a nadie, sin darle vueltas, como siempre, Naschla fue a la Casa Central un día de fines del primer semestre de 2011, a renunciar, así, sin más, a los 4 años de Arquitectura que había cursado. Quería entrar a Pedagogía y empezar de cero. Pero el hombre que atendió su requerimiento le dio una alternativa menos radical: hacer carreras paralelas. De ahí en adelante su ritmo no paró de acelerar. A las dos carreras le sumó un proyecto para armar una lista de Centro de Alumnos de Arquitectura. Reunión de lista. Taller. Primeras clases en Pedagogía. Pruebas. Lo Contador. San Joaquín. Exámenes. Atropello.

Todo se detuvo.

En Pocuro con Antonio Varas, a Naschla la atropellaron en bicicleta un día antes de entrar a clases del segundo semestre de 2011. Iba cruzando en verde y un auto se pasó la roja. Frenó, pero no lo suficiente. Salió volando por arriba del auto, cayó en la otra vereda y aterrizó con la cara. Se fracturó la mandíbula, y se quedó sin poder hablar, comer y reír por tres meses. En octubre volvió a clases y tuvo que ponerse al día con las dos carreras y sacar adelante la lista del Centro de Alumnos de Arquitectura. De esa lista fue presidenta hasta asumir como líder de la Feuc.

“Es una mujer fuerte, perseverante; ese periodo fue increíble. Sacó adelante la lista, los ramos de las dos carreras, la rehabilitación del accidente. La Naschla tiene una capacidad increíble para sobreponerse a los obstáculos y empapar al resto con sus ganas de hacer transformaciones positivas”, dice Paula Urrutia, quien trabajó con Naschla como vicepresidenta del Centro de Alumnos de Arquitectura (Cearq).

Mario Ubilla, decano de la Facultad de Arquitectura, coincide: “La gestión de Naschla fue innovadora, inclusiva. Ella tiene una visión de amplio espectro, mucha asertividad en sus convicciones y una profunda sensibilidad social. Tiene un liderazgo muy convocante que logró la participación efectiva del estudiantado y su inclusión en las decisiones de la facultad”.

Mientras estuvo en ese cargo Naschla logró, entre otras cosas, que se incluyera un representante de los estudiantes dentro del jurado que evalúa el proyecto para la construcción del nuevo edificio de Arquitectura, que se creara una beca para apoyar a los estudiantes que no podían financiar viajes _académicos fuera de Chile, que los consejos de federación se realizaran equitativamente en Lo Contador, Campus Oriente y Villarrica. No solo en San Joaquín, como ocurría en la práctica.

“Me di cuenta que así como ser de región era un aporte para mi visión de la educación, ser de Lo Contador era un aporte para la Feuc. Pertenecer a una minoría te hace tener una visión distinta que es necesaria en la toma de decisiones de la universidad, y del país”.

El viernes 22 de noviembre, Naschla se convirtió en la sexta presidenta consecutiva de la Feuc de la Nueva Acción Universitaria. Estuvo a punto de no hacerlo. El NAU obtuvo la peor votación de su historia ganando en segunda vuelta por 133 votos contra el Movimiento Gremial, presidido por el estudiante de Ingeniería Civil, Andrés Justiniano. Para él, competir con Naschla fue distinto a lo que esperaba: “Tiene un liderazgo muy diferente al que estábamos acostumbrados. El NAU siempre había tirado líderes que llamaban la atención a la primera. Ella es más sencilla pero a la vez más dura, de carácter fuerte, sin embargo, me parece que es menos convocante. Dudo que sea la que tome el timón y lleve la voz el próximo año”, dice.

Naschla no era la opción más obvia para el NAU. Su participación en el movimiento había sido mayormente desde el Cearq (Centro de Estudiantes de Arquitectura) y muchas veces fue bastante dura con la Federación. Pero eso fue lo que más prendió su candidatura. Luego de que propusieran su nombre en la asamblea de elección de lista del NAU, no hubo mucho tiempo para dar vuelta atrás. ¿Estás o no disponible? Naschla pasó adelante junto a los otros candidatos y le tocó improvisar un discurso. Las palabras así, de la guata, son las que mejor le salen.

Fue crítica. Dijo que el NAU tenía que estar dispuesto a renovarse, que había que preocuparse más por incluir a las carreras chicas, que su ejemplo a seguir era Fernando Castillo Velasco.

Un par de semanas después, en el cambio de mando de la Feuc, durante su primer discurso como presidenta, volvió a mencionar al recién fallecido ex rector, el primer y único en la historia de la UC en ser elegido democráticamente por la comunidad universitaria. “Como dijo Fernando Castillo Velasco ‘lo mejor va a salir de todos’. Eso también aplica a la universidad cuando hablamos de un plan de desarrollo en conjunto, o de una elección democrática del rector”. Pausa. Naschla buscó entre el público la mirada del rector actual, Ignacio Sánchez. Se oyeron un par de risas nerviosas.

“Si tuviera que decir una sola cosa sobre la educación, diría que tiene que ser lo que nos une. Podemos ser distintos en todos los aspectos, pero la educación tiene que ser una herramienta de cohesión social, el punto de encuentro, un reflejo de la diversidad que hay en Chile. Me gustaría que se hable de vocación y de cariño; esas palabras están vetadas en la discusión sobre la educación. Que responda a un derecho y no a un bien de consumo. Que el foco esté en la calidad para que la educación sea transformadora, liberadora, capaz de formar personas, personas generosas, que en vez de reproducir, creen; que en vez de acatar silenciosamente, critiquen; que se interesen por el otro, que no tengan miedo”, dice.

Naschla dice que no está nerviosa por el año que viene, que uno de sus mayores “defectos” es ser positiva y que eso la lleva a tener total confianza en que la fuerza del movimiento estudiantil no se va agotar, en que van a cambiar el sistema educacional chileno.

Su lucha es porque su vida no sea una excepción a la regla. Porque nadie tenga que escuchar que no va a llegar a ninguna parte dibujando, que no se justifica que se vaya a estudiar a Santiago, o que es imposible que logre lo que quiere.


“Todas las luchas parten de lo mismo. Se trata de alzar la voz por quienes no lo hacen. Tanto como pelear por la educación en Chile me hace sentido pelear porque le den a una mujer embarazada el asiento en el Metro”, dice.

 LO QUE PIENSA NASCHLA

Fuiste elegida presidenta de la FEUC por la lista del NAU cuyos líderes han sido más cercanos a los partidos de la Nueva Mayoría. ¿Cómo te defines políticamente?
Pertenezco al NAU que es un movimiento universitario de centro izquierda, pluralista, que acoge un espectro muy amplio de posturas en esa línea, pero no somos la Nueva Mayoría y estamos lejos de serlo.

¿Votaste en la última elección presidencial? ¿Por quién?
Voté en la primera y segunda vuelta. También llamé a votar porque creo que es un derecho y hay que ejercerlo, aunque eso no significa que estoy de acuerdo con que solo nos consulten cada cuatro años en las urnas. Solo puedo decir que marqué AC, el resto lo mantengo en reserva.

¿Qué opinión tienes de la abstención electoral?, ¿te preocupa?
Hubo una gran cantidad de chilenos que se quedaron en su casa y eso tiene que interpelar a nuestros representantes. Algunos por desidia, otros porque no creen en una institucionalidad política que fue hecha para mantener el estatus quo e impedir los cambios. La falta de políticas públicas en torno a la participación ciudadana o educación cívica refleja la poca importancia que tiene esto también para nuestra clase política.

¿Qué esperas que ocurra en materia de educación universitaria en el gobierno de Michelle Bachelet?
Espero que la reforma educacional anunciada signifique realmente un cambio estructural que reemplace el actual modelo basado en el negocio por uno en que la educación sea un derecho social. Espero, también, que se ponga fin al lucro en todo el sistema educacional, no solo en las universidades y que esta reforma se haga con la participación de los actores sociales de la educación, aquellos que denunciaron los problemas y que los sufren; es decir, los estudiantes, los profesores, los padres y apoderados, las familias chilenas, y no sea elaborada por un grupo de expertos con muchos títulos, pero sin experiencia en el día a día de la educación.

¿Qué cosa tendría que pasar para que los estudiantes volvieran a salir  a la calle?
Estamos en estado de alerta y vamos a movilizarnos porque tenemos dudas fundadas de que se vayan a cumplir las promesas. Hasta ahora tenemos solo grandes titulares y poco detalle de la reforma que se quiere hacer. En la Nueva Mayoría también hay sectores que son parte del negocio de la educación, y eso, por supuesto, puede incidir en los aspectos que se prioricen. Tampoco depende solo de las intenciones, hay una institucionalidad política que opera para que no se hagan cambios profundos, con sistema binominal, altos quórum y un Tribunal Constitucional al cual recurrirá la derecha. Por eso, tenemos que ejercer presión a través de la movilización. Será así mientras esta sea la única herramienta que tenemos como ciudadanos para ser parte de la discusión.

Durante las marchas ocurren desmanes, muchos cometidos por encapuchados. ¿Cómo crees que se podría controlar esto?
Cuando se habla de los encapuchados se pone el foco fuera de la educación. A algunos les interesa esto, entonces ponen atención en un grupo pequeño que hace estas cosas en una manifestación de cien mil personas. Pero esto no es algo que pasa solo en las marchas, también sucede en el fútbol y otros eventos masivos. Nosotros tomamos muchas medidas para organizar las movilizaciones, pero existe otro ámbito de medidas que no está a nuestro alcance, y que debieran atender a resolver el problema de fondo, que trasciende a las marchas.

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