Míster Chile

Reportajes y Entrevistas

Míster Chile

Por Lorena Penjean / Fotografía: Sebastián Utreras / Producción: Antonia Bravo.

Alumno de Ingeniería Comercial, Robinson Tajmuch, Míster Chile, acaba de obtener el segundo lugar en el concurso internacional Mister Universe 2009, en Punta Cana. Desfiló en zunga, traje típico y formal y tuvo que responder ante el jurado qué cambiaría de Chile.

Cuando Robinson (24) recibió la invitación para participar en el Mister Universe 2009, lo primero que pasó por su cabeza fueron las clases en la universidad. Robinson cursa cuarto año de Ingeniería Comercial en la Universidad Andrés Bello y no quería repetir el desmadre de haber reprobado varios ramos en primero, cuando comenzó a incursionar en el modelaje.  Tenía sólo 19 años y las lucas lo tentaron. Dos millones de pesos por un día de trabajo no estaban mal.

–Me eché ramos, mi viejo se enojó y me llegó el medio reto. O sea, el modelaje le carga. Cree que es un ambiente lleno de homosexuales. La primera vez que regresé de una sesión de fotos maquillado me dijo: “Entras así de nuevo en esta casa y te desheredo”.

Pero el concurso fue más fuerte. A sus profesores les dijo que se iba a un viaje de negocios. Robinson le dio un beso a su polola, una modelo brasileña, y partió a República Dominicana con sus productos de belleza en la maleta. En Punta Cana Robinson se encontró con otros 25 participantes de todo el mundo. A diferencia del resto de los místeres, el chileno se enfrentaba por primera vez a un concurso de belleza. Los demás participantes venían de agencias especializadas en estas lides, a cargo de respetados missiólogos (a saber: expertos en misses), quienes les enseñaron cómo vestirse y qué responder, las reglas básicas de los concursos de belleza.

–Los otros místeres se las sabían por libro. Veían una cámara y se tiraban un piquero.
En el concurso, muy a su pesar, le depilaron hasta las axilas y, acto seguido, le enchufaron una zunga dorada una talla menos que la suya. Robinson pensaba en cómo lo iban a molestar sus amigos en Chile.

¿Qué ocurrió la noche final?

Salimos al escenario con traje formal, zunga y traje típico. Yo me puse el de huaso. El representante de Costa Rica salió todo emplumado, muy brillante, y le comentó a Felipe, mi mánager: “Qué suerte el traje típico de Chile. Robinson se ve tan elegante y masculino. ¡Y mírame a mí!”. También hicimos un sketch en el que bailamos un reggaetón de Daddy Yankee que se llama Posa. El público estaba vuelto loco.

¿Cómo es la entrevista personal?

Te llevan a una habitación donde te hacen una serie de preguntas. Igual daba nervios. Me preguntaron qué cambiaría de Chile. Y yo contesté que en la actualidad, por todo el cuento de la crisis económica, Chile era un país en el que la pobreza se ve muy afectada, entonces le daría más ayuda a ellos, a los necesitados… Me fui por ese cuento, bla bla bla y me las saqué bien. Tengo la suerte de ser rápido de mente y de hablar bien y fluido. También me preguntaron cómo le explicaría a una persona ciega qué es la belleza.

¿Qué respondiste?

Que, al ser ciega, una persona desarrolla más otros sentidos, como la audición, el olfato y el tacto. Entonces, trataría de describirle la belleza con un rico aroma, con música, para generar un ambiente que le permitiera percibirla aún sin verla. En estos concursos no hay que responder lo que uno piensa, sino lo que el jurado quiere escuchar.

¿Por qué ganó míster Estados Unidos? ¿Era más regio que tú?
No, lo que pasó es que estábamos en un resort y en las presentaciones finales el público era mayoritariamente gringo. Chile no tenía tanta llegada. El jurado quería dejar contento al público. Fue un tema de marketing.

Esa noche te hicieron más preguntas, esta vez con público…
Sí, sólo a los cinco finalistas y eran preguntas que ya nos habían hecho llegar esa mañana. Las había leído y las había contestado en un papel. Me sabía las respuestas de memoria. Había preguntas mejores que otras. Una muy buena era qué opinaba uno sobre el matrimonio gay. Quería que me tocara, porque la mitad del jurado era gay y yo sabía perfectamente qué contestar. Pero tuve mala suerte. El gringo y yo éramos los dos últimos en la ronda de preguntas y quedaban dos sobres, uno de ellos con la pregunta que te digo. Entonces el gringo me dijo: “Elige tú”. ¡Y justo escogí la otra! A él le tocó la pregunta del matrimonio gay y claro, se lució diciendo que uno es nadie para juzgar el amor entre dos personas y bla, bla, bla. ¡Todo el mundo lo amó!

¿Les dieron flores?
En los concursos de hombres no se entregan flores ni corona. Sólo una banda que se pone como una bufanda y un trofeo de cristal.

¿Qué premio te dieron por el segundo lugar?
Eso me enfureció. El primer lugar se lo llevó todo: diez mil dólares en ropa, diez mil dólares en efectivo, dos pasajes y estadía pagada en cualquier hotel de la Cadena Barceló, contratos para trabajar en los Fashion Weeks de Miami y en Europa, más dos premios sorpresa de auspiciadores de jeans y trajes de baños.

¿Y tú?
Cero.

¡Mentira!
Imagínate mi rabia: falté un mes a la universidad para que no me dieran nada. Bueno, fue una bonita experiencia, gané contactos y ahora estoy negociando para irme a Nueva York a trabajar con Elite o Ford. También recibí una invitación para modelar en el Fashion Week de Ecuador.

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