Conocí a mi pareja por internet

Reportajes y Entrevistas

Conocí a mi pareja por internet

Por Amelia Cerda / Ilustración Gertrudis Shaw

En 2001, a mis 30 años, partí a Venezuela porque había encontrado trabajo en una empresa norteamericana en el área de relaciones públicas. Yo soy publicista y estaba bastante aburrida de la rutina en Santiago. Cuando llevaba un mes allá, me llegó un correo a mi bandeja de entrada. Era un tal Ángel. Lo abrí y salía escrito: “Hola, tú también pediste tu carta astral en grupovenus.com. Me llegó un listado con 10 mujeres con las que tengo compatibilidad y contigo me aparece casi un 90%”. Al principio lo encontré un poco extraño, pero como estaba lejos, no me dio miedo seguirle la corriente, así que le contesté. Y ese fue el inicio de una relación de 8 meses a distancia, sin vernos ni conocernos en persona.

Pasamos horas y horas escribiéndonos. Ángel era bueno para eso. Escribe mucho y yo también. Hablábamos de la vida, de nuestros intereses, de música y política. Redactábamos un libro cada vez que nos contactábamos. Decenas de hojas diarias. Empezamos a tener mucha química y nos dejamos llevar. Los dos nos involucramos un montón. En esa época, no habían redes sociales, ni celulares con cámara, nada. Solo podíamos hablar a través del correo o teléfono, así que la única imagen que yo tenía de él, era la de una foto que me había enviado. La verdad es que no lo encontré tan guapo al principio, pero era un artista para escribir y me sedujo con sus palabras. Sus cartas eran una especie de poemas que me hacía sentir mariposas.

Así pasó el tiempo y nuestra relación fue creciendo. A mí me derivaron a México y seguimos manteniéndonos en contacto por correo, hasta que un día decidió llamarme. Me acuerdo perfecto de ese momento. Estaba en la oficina y sonó el teléfono. Contesté y no podía creer que él. Tiene una voz de locutor que es para derretirse. Y casi me morí. Me puse como tonta, y no fui capaz de articular una palabra. Fue todo muy heavy, porque una cosa era comunicarse por mail, sin una respuesta automática, y otra era conversar directamente. Me sentí como una cabra chica que estaba dando su primer beso. Desde ese momento, no paramos de hablar. Creo que con toda la plata que gastamos en llamadas internacionales podríamos habernos comprado una casa. Es que en esa época las llamadas a larga distancia costaban una fortuna.

Me acuerdo que en esa época me mandó un video de él en VHS. Creo que lo vi mínimo unas 500 veces. Se había filmado hablándome, mostrándome su casa, haciéndome parte de su vida. Fue impresionante ver por primera vez a la persona con la que llevaba hablando hace meses. Él era real y no solo una foto. Me terminé por aprender de memoria todo lo que decía. Quería saber cómo se movía, sus gestos, mirada.

Ángel tocó fibras en mí que ningún ser humano había logrado antes. Yo soy muy de guata e intuitiva, y sabía que tenía que arriesgarme. Ninguno de los dos cuestionamos las intenciones del otro. Hablábamos de estar enamorados, hasta las patas. Haberlo encontrado a él fue como un sueño y no quería desaprovechar esta oportunidad, así que decidí volver a Chile.

Regresé un 3 de diciembre y ese mismo día quedamos en juntarnos. Él es súper romántico, y planeó que nuestro encuentro fuese en el puente Pío Nono. Fue como una película. Por casualidad, cada uno llegó por el otro extremo y nos encontramos en el centro. Obviamente estaba muy nerviosa porque uno no sabe qué va a pensar del otro, pero lo vi y nos abrazábamos sin poder despegarnos. A los dos nos caían las lágrimas. No podíamos creer que nos podíamos tocar.

Estuvimos casi tres años viviendo juntos, pero no resultó. Fue súper doloroso para ambos. Yo creo que uno de nuestros errores fue haber idealizado tanto la relación. Nos separamos, pero durante 6 años tuvimos nuestros encuentros. En uno de esos, quedé embarazada, pero lo perdí. Esa pena hizo que nos volviéramos a unir como pareja y decidiéramos volver a intentarlo. Ahora tenemos un hijo maravilloso de 5 años. Siempre hemos pensado que todo lo que vivimos era necesario para estar juntos. Hoy día somos una familia infinitamente feliz.

Para que se diera nuestra relación influyó el hecho de haber estado lejos, porque la distancia sensibiliza mucho más a las personas. Uno necesita estar en contacto, poder desahogarse y compartir. No sé si le hubiese respondido el mail en otro contexto, pero le agradezco a la vida por habérmelo traído en el momento perfecto. Creo que si no hubiese sido por internet, nuestra historia jamás hubiese existido. Ángel y yo somos de mundos y realidades totalmente distintas, y no teníamos dónde toparnos. Pero la web no discrimina, y gracias a eso nuestras vidas se encontraron.

Amelia Cerda es publicista y tiene 48 años.

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