Conversaciones improbables: Mi otro yo

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Conversaciones improbables: Mi otro yo

Por JUAN JOSÉ RICHARDS / FOTO: MILA BELÉN

Las dos se llaman Carmen García. Una tiene 36 años, es escritora y creadora de la Fundación Plagio y confiesa que le cuestan los cambios: “Mi vida es súper estable”, dice. La otra tiene 76 años y se define como arrojada, durante su juventud se fue a vivir a California, estudió en UCLA, trabajó como traductora hasta que a los 60 decidió dar un vuelco en su vida para dedicarse a las telas para vestidos de novias. ¿Qué las une? ¿Qué las separa? Tienen más afinidades que diferencias, y conversando descubrieron que un vestido dorado cruzó sus vidas hace años.

Las dos son mujeres cultas, resueltas, se consideran feministas y se llaman igual, pero no se conocían hasta que las reunimos para esta entrevista. Carmen García Palma (36) es escritora, credora de la Fundación Plagio y le abre la puerta de su oficina a Carmen García Aguilera (76), traductora y actualmente dedicada al negocio de las telas para vestidos de novias. Ambas llevan el pelo corto y collares, pero ninguna ocupa aros. Se saludan con un beso y se sientan frente a frente. Cruzan las piernas y se miran en silencio por un momento.

Le pido a Carmen (76) que nos cuente un poco de ella. “Desde hace 16 años tengo un showroom con muestras de telas para novias y también para madrinas. Lo que se puede ver ahí es el resultado de lo que elijo durante los viajes que hago dos veces al año a ferias internacionales”, dice sonriendo. “Yo me quise casar de dorado”, le cuenta de entrada Carmen (36). “Me acuerdo que para mi matrimonio, Sebastián del Real, el diseñador del vestido, quiso que compráramos buenas telas y fuimos a ver a un local en Vitacura donde elegimos una bordada y dorada”. La otra Carmen interviene: “Ah, pero mira, yo tuve una tienda en Vitacura y después frente a Lo Castillo”. Se miran. “¿En la calle Eduardo Marquina?”, pregunta Carmen (36). “¡Ahí mismo!”, responde Carmen (76). “¡No lo puedo creer!”, dicen las dos al mismo tiempo.

“Todavía tengo ese vestido que me hice con tu tela”, dice Carmen (36). “¡Qué increíble! Estoy hace tantos años en esto que he conocido a miles de niñitas que se van a casar”, agrega Carmen (76). “Yo fui una de ellas”, dice la primera Carmen. “Llegan muchas novias todos los años y mucho es por los diseñadores o por boca a boca. Recién el año pasado me hice una cuenta en Instagram para promocionar mi trabajo”, dice Carmen (76) y juntos revisamos su cuenta donde hay fotos de sus telas y detalles de bordados. Tiene la cuenta abierta y 1.272 followers. Carmen (36) tiene la cuenta cerrada, ocupa un seudónimo y tiene 1.002 seguidores. Las dos Carmenes García no tienen ningún seguidor en común.

Carmen García Palma fundó Fundación Plagio el 2001 como una revista universitaria, y desde entonces la organización fue creciendo, profesionalizando e internacionalizando. “Inventamos Santiago en 100 palabras, que es un fenómeno de participación ciudadana. Es muy lindo lo que esta invitación tan sencilla provoca, porque mucha gente se siente naturalmente llamada a participar”, le cuenta a la otra Carmen. “¿Es una invitación a reflexionar sobre donde uno vive?”, pregunta Carmen (76). “Tal cual y lo hacemos en Santiago, en Budapest, en Bogotá”.

Carmen (76) cuenta que trabajó como traductora español-inglés-francés. “Estudié interprete para la corte estatal y agencias privadas en UCLA. Empecé traduciendo de todo tipo de textos y terminé trabajando en un estudio de abogados en Beverly Hills”. Le gusta leer, en especial las novelas del español Carlos Ruiz Zafón. Carmen (36), por su parte, está leyendo a la argentina María Gainza y, como autora, ha publicado tres libros; dos poemarios y una novela.

¿Carmen (76), cuanto tenías 36 te imaginabas que ibas a llegar acá a los 76?

Carmen (76): La verdad es que no. Mi trabajo de traductora era muy solitario y metódico. Siempre pensé que iba a seguir en lo mismo, pero hace 16 años, cuando una hermana volvió a Chile, tuvo la idea de hacerse su propia ropa pero no encontró buenas telas. Yo tenía 60 años, y me propuso tener una tienda entre las dos. A mí la verdad es que esa propuesta me cambió la vida.

Carmen (36): ¡Qué curioso que algo laboral te cambie la vida a esa edad!

Carmen (76): Absolutamente. Yo no me veía vendiendo, porque me daba vergüenza, pero me lancé. La verdad es que en ese momento las traducciones empezaban a estar más lentas, ya estaba un poco aburrida de estar tan sola y… me encantan los trapos.

¿Te consideras una mujer valiente?

Carmen (76): Sí, realmente. ¿Y sabes qué? No sólo por ese cambio que hice a los 60 años. Creo que siempre lo he sido. En 1965, cuando tenía 20 años, me fui a California y viví una época de cambios importantes en el mundo, una época de la que me sentí bien parte.

¿Y tú, Carmen (36)?

Carmen (36): No necesariamente. He tratado de fluir con lo que me parece más honesto. Si algo me hace sentido, no me parece un riesgo. Hace poco me estaba auto observando, haciendo esas reflexiones de fin de año, y me di cuenta que no soy muy buena para los cambios, mi vida es súper estable. Estoy súper casada hace un buen tiempo, con la misma pega hace años.

Cuando les pregunto si se consideran feministas, las dos dicen al mismo tiempo que sí.

Carmen (36): Creo que incluso nosotras las mujeres hemos tenido que hacer un trabajo de darnos cuenta qué tan normalizadas estaban conductas que no corresponden”.

Carmen (76): El otro día me sorprendí pensando que si iba a andar en metro, me tenía que vestir de cierta forma, más rectada y ¿por qué?”.

Carmen (36): Yo también lo pienso así, me pasa a diario.

El nombre completo de Carmen García Palma (36) es Carmen del Pilar. “Me lo pusieron en homenaje a la hermana de mi madre que murió trágicamente ahogada a los 15 años. Entonces nunca me identifiqué con esa otra Carmen”, cuenta. El nombre completo de Carmen García Aguilera (76) es Carmen Trinidad Cristina. Es la primera Carmen de su familia, que son de Concepción.

Les comento que es curioso que las dos sean Carmenes de pelo corto.

Carmen (76): De chica yo tenía el pelo muy largo, mi mamá me lo peinaba con dos trenzas y a los catorce años decidí cortármelo corto-corto. Fui a una peluquería penquista y pedí que me lo dejara estilo garçon.

Carmen (36): ¿Y cómo fue la reacción del resto?

Carmen (76): De bastante shock (cuenta entre risas la otra).

Carmen (36): Es que como chilenos somos malos para enfrentar el conflicto. Y a veces expresar algo, una realidad, se lee como conflicto.

Carmen (76): Creo que además como sociedad nos cuesta mucho conversar las cosas. Cuando estamos frente a otro, nos atropellamos para hablar y eso no está bien. Tenemos que aprender a escucharnos, a saber por qué hacemos tal o cuál cosa.

¿En lo personal cómo hacen ustedes para trabajar eso?

Carmen (36): He ido a terapia, he aprendido a sacar las cosas para afuera y a no evitar el conflicto.

Carmen (76): Me parece clave abrir la mente, y para eso la terapia puede ser útil. Me hice mi primera terapia en Estados Unidos cuando me di cuenta que mis hijos eran más americanos que chilenos y quise trabajar mi relación con ellos. Tuve la fortuna de dar con una muy buena terapeuta, que es casi tan importante como querer terapearse.

¿Y qué aprendieron en terapia?

Carmen (36):  A empatizar. Es raro darse el espacio para ponerse en el lugar del otro, y sin eso es muy difícil hacer vínculos.

Carmen (76) asiente. Le pregunta a Carmen (36) si su trabajo no es un poco el reflejo de lo que acaba de decir.

Carmen (36): Puede ser. A través de retazos de mirada de un lugar, en Santiago en 100 Palabras buscamos generar un diálogo entre ciudadanos.

Carmen (76): El diálogo es clave. Como mamá no he tenido ningún tabú para hablar con mis hijos, los escucho con mucho respeto, ellos me escuchan a mí con respeto y tenemos una relación bien abierta, adulta.

¿Qué les ha parecido hasta ahora “la otra” Carmen?

Carmen (76): En una mirada rápida uno puede hacerse una idea de quién es el otro, pero muchas veces se puede caer en un prejuicio. A mí, al conversar con ella, me da la impresión de que es una mujer inteligente, abierta al diálogo y encantadora.

Carmen (36): A mí me encantó su energía. Se nota que está enteramente aquí, en este lugar.

Carmen (76): Es que, ¿sabes qué? Compartimos esa pasión por el trabajo, por lo que hacemos. A mí mucha gente me pregunta cómo sigo con las telas si ya debiera estar descansando. Y yo digo, ¿descansando? ¡Pero si a mí me encanta lo que hago! Para mí mi trabajo es un contacto cara a cara con gente más joven, con otras cabezas, otras formas de ver la vida.

Carmen (36): Yo necesito este trabajo en la fundación porque es una instancia de conexión. Así como para ti Carmen, la traducción era muy solitaria, para mí la escritura es lo mismo y aquí conecto con otros. Me imagino que tu trabajo con las telas es un trabajo muy de los sentidos: de sentir, de ver. Quiero decir que es presencial, hay que estar ahí con la otra persona.

Carmen (76): Cierto. Y es un trabajo que se hace a través del diálogo. Creo que como mujeres debiéramos trabajar en conversar más. Enfrentarnos a otras ideas. Siento que lo más interesante aparece cuando se contraponen dos cosas. Saber lo que piensa la otra, el otro, los otros. Y hacerse la pregunta por lo que piensa una misma.

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