Cooperativa de fotógrafas: Lenta exposición

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Cooperativa de fotógrafas: Lenta exposición

Por EMILIA DUCLOS / FOTOS: COOPERATIVA DE FOTÓGRAFAS

Un grupo de jóvenes fotógrafas chilenas se organizó en una Cooperartiva y decidieron, desde ahí, cuestionar las instancias tradicionales en que históricamente han participado. La agrupación surgió por falta de espacios y representación. Pero hoy sus integrantes no buscan ser descubiertas, sino autorrepresentarse y trabajar en conjunto.

Amarrada en la camilla del quirófano, con una luz escalofriante y rodeada de matronas. La guagua saliendo de su cuerpo a tajo abierto. Destruida después del parto, con una compresa en el vientre y una cicatriz vertical que atraviesa su cuerpo mutilado por la cesárea. Amamantando a su hijo, succionando con el sacador de leche la otra pechuga. La fotógrafa Paula López Droguett (30) dice que ninguna de estas fotos que se hizo a sí misma, las colgaría en su living. La serie Maternidad está hecha desde la incomodidad. “Quería dar a conocer esa violencia que vivimos las mujeres. Aquí yo quedo en pelotas completamente. Esta obra es un catalizador para sacar lo que me agobia, para sacar afuera”, dice.

Para la última versión del FIFV (Festival Internacional de Fotografía en Valparaíso), Paula fue una de las cinco mujeres fotógrafas invitadas a exponer, de un total de nueve artistas en los que figuran Julia Toro, Mauricio Valenzuela, Manuel Castillo, Paula López, Mónica Allende, Arno Brignon (Francia) Sergio Domínguez y Laura Henno (Francia). Que la balanza este año se incline al género femenino no es casual. Durante la edición pasada, un grupo de fotógrafos y fotógrafas publicaron en las redes sociales un análisis estadístico de la participación de mujeres en las últimas versiones del festival.

El resultado removió al rubro: desde 2010 a 2016, de los 32 artistas invitados, solo seis eran mujeres; de las 16 exposiciones individuales y curatorías, solo había una participante femenina, y en el equipo organizador, ninguna. “Este año hay más de presencia pero justo pasa cuando el feminismo está en boga, ¿por qué ahora sí existimos?”, se preguntan las integrantes de la Cooperativa de Fotógrafas, que surgió justamente a raíz de esta problemática.

Foto: Leonora Vicuña

“¡Sí claro, ya lo sabemos! ¡Somos tu ejército de reserva, la base de la pirámide que trabaja y que no se ve! El único espacio legítimo que se nos da dentro de la fotografía hoy, es el espacio de tallerista, brigadista, subalterna”, decía el comunicado de la trinchera anónima argentina FFF (Frente de Fotógrafas Feministas) que Celeste Rojas (31) leyó en uno de los diálogos organizados por el FIFV el año pasado.

Celeste, radicada en Buenos Aires, presentaba en esta versión su trabajo ganador del Premio Rojas de Negri Una sombra oscilante, proyecto de exploración y restauración de más de 100 negativos y diapositivas que su padre fotógrafo, militante del MIR durante la dictadura, tenía olvidados en bolsas de basura polvorientas. “Con aprobación del público, leí el texto y los números que estaban circulando por las redes sociales. Me parecía importante discutir este tema dentro del festival y supe después que tuvo muchas repercusiones, incluso en los organizadores del festival. Se tomó muy personal”, cuenta.

La mirada femenina

“La fotografía es preminentemente masculina y lo ha sido desde sus inicios. Es considerada un oficio de peligro, de riesgo, que implica cargar materiales pesados, que implica ser viajero, moverse, arriesgarse. Y antes las mujeres estaban en la casa, criando, no salían”, asegura la fotógrafa Leonora Vicuña (65). Basta ver que en Magnum, la agencia de fotografía más importante del mundo en donde el fotógrafo nacional Sergio Larraín agarró fama internacional, el 90% de sus integrantes son hombres.

Cuando Leonora fundó junto a varios fotógrafos la agencia chilena AFI en 1981, solo participaban Paz Errázuriz, Inés Paulino y Kena Lorenzini, entre una treintena de hombres. “Existe una solidaridad muy grande entre mujeres fotógrafas porque siempre se las ha dejado fuera en la competencia y no todas logran defender el valor de sus imágenes como lo ha hecho Paz Errázuriz”, dice Leonora. Por esos años, mientras la AFI retrataba la represión y el campo de batalla en plena dictadura, la fotógrafa se dedicaba a un trabajo más testimonial e íntimo, con su lente disparando en bares, ferias y callejones. Fue ella quien en 1979 invitó a la artista visual y fotógrafa Julia Toro, con quien tenía afinidad artística, a participar de una muestra colectiva en el Intituto Británico.

A los 38 años y recién separada de su primer marido a causa de su fulminante amor con el fotógrafo Jaime Goycolea, Julia se sentía fuera del circuito de la fotografía. “Me descubrieron y me empezaron a invitar a muestras. Aunque como venía de la pintura, consideraban que no era fotógrafa propiamente tal. Además no hacía foco, no manejaba tan bien la técnica”, afirma hoy con 85 años. Desde que tomó una cámara por primera vez en un viaje al Valle del Elqui, nunca más se la sacó del cuello: su hijo yendo al colegio, su hija cocinando, una pareja de amigos desnudos en una tina, una comida familiar, una camisa colgando. Todo su mundo era digno de capturarse en un rectángulo. Hoy, tras 50 años de trayectoria, está siento rescatada. Este año su obra se exhibió en el Festival de Landskrona en Suecia, uno de los más importantes a nivel mundial.

Foto: Paula López Droguett

A Julia y Leonora les tocó enfrentarse a una época muy distinta a la que viven las fotógrafas hoy. Actualmente es más fácil y barato comprar una cámara, publicitar sus trabajo a través de las redes sociales y acceder a formación libremente. Hoy la fotografía está vinculada al consumo y como dice la teórica Susan Sontag, “inspira lujuria y difumina su valor como pieza de arte”. Sabiendo esto muchas fotógrafas jóvenes entienden la asociación como una forma de defender su trabajo y diferenciarse. Por eso ha cambiado la forma en que perciben su éxito y su participación en el medio. Ya no esperan que otros las descubran para ser exhibidas, sino que gestionan ellas mismas sus lugares de visibilidad.

“Me parece más interesante no ser parte de lógicas que están obsoletas y hechas por varones”, afirma Celeste Rojas. “Se nos pregunta cuál es la mirada femenina. Hay una categorización constante y siempre en el rubro de las artes a las mujeres se nos está dictando el cómo, cuándo, dónde. Mejor autorrepresentémonos”.

El primer año de la Cooperativa

La Cooperativa de Fotógrafas comenzó en mayo del año pasado tras la tercera versión del Encuentro de Mujeres Fotógrafas FOCOM, organizado por el colectivo de fotógrafas Las niñas. Después de una asamblea abierta, armaron un grupo de Facebook y de ahí surgió una pequeña agrupación de jóvenes que se propusieron trabajar colectivamente en una cooperativa. Entre ellas, Paz Olivares Droguett, Bernardita Bennett, Gabriela Rivera, Catalina Juger, entre otras.

Para el último certámen de Fotoprensa, consolidaron su acción colectiva a través del envío masivo de fotos. “Este espacio no nos pertenece, nunca nos ha pertenecido, así que mandemos fotos, mandemos varias. Yo mandé cualquiera, el hecho era marcar presencia”, cuenta Paula Droguett. Hoy, después de un año de su fundación, la Cooperativa funciona sin jerarquías, a través de comités de trabajo. Todo se somete a votación –incluso la participación en este artículo– y responden en bloque, con minuciosa precisión para no resaltar a unas sobre otras.

Actualizan su sitio web, organizan reuniones mensuales en donde se aconsejan, conversan sobre prácticas laborales, gestión cultural y salarios, organizan su agenda de difusión –principalmente a través de Instagram– y planifican sus próximas actividades. Entre ellas una convocatoria abierta para mujeres fotógrafas de todo Chile en la que participaron más de 70 fotógrafas. También están diseñando un archivo virtual de fotógrafas chilenas fallecidas y enterradas en la memoria cultural.

Maternidad, cuerpos, problemáticas relacionadas al género, intimidad y vida cotidiana son temas que se repiten en la Cooperativa. Retratar la realidad que las rodea desde una óptica feminista, es el común denominador en varias, y cada una lo hace desde sus propias experiencias. “Tratamos de retratar las luchas que estamos viviendo las mujeres en este último tiempo. Luchas que vivimos desde adentro”, dice el Granada Colectivo, parte de la Cooperativa.

Foto: Colectivo Granada

Foto: Paula López Droguett

Foto: Celeste Rojas

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