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9 abril, 2018
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Cosas de bazar

Llevan años en el mismo barrio. Han sobrevivido a la llegada de grandes supermercados, malls y del imparable comercio online. En sus estanterías y vitrinas reina el caos: autitos para niños al lado de encendedores, artículos de cocina comparten un rincón con los de baño y navajas para afeitar que conviven con La novicia rebelde en formato original. Pero estos dueños siempre encuentran lo que el cliente está buscando. Aquí, un recorrido por cinco bazares de Santiago y los tesoros que aún albergan.

Por Camila Sánchez y Karla Sánchez / Fotografías: Carolina Vargas y Rodrigo Chodil


Paula.cl

Bazar, librería y fotocopias

Entra un hombre con dos regalos, pidiendo un papel para envolverlos. No caben en uno solo. “¿Te hago un paquete, mejor?”, ofrece amablemente Paola Rotello, detrás del mesón. Ella lleva años trabajando en este bazar junto a su mamá, la nutricionista Elisa Macchiavello, quien lo fundó en 1979, sin tener idea de cómo administrar un negocio. Cuando niña, Paola solía venir directo al local después del colegio, aprovechando que su abuela, la madre de Elisa, vivía en el departamento de arriba. Empezó como una pequeña librería y de a poco se fue ampliando, a medida que los clientes pedían más cosas: galletas, bebidas, helados, juguetes, cosméticos, fotocopias, solo por nombrar algunas. En el barrio, madre e hija ya son conocidas. “Yo no lo he querido dejar porque, además de ser bueno, es terapia para mí”, asegura Elisa. “La gente te conoce de años, es otra cosa”. Su clientela –personas que viven en el barrio, trabajadores y familias de pacientes del Hospital Salvador y público de consultorios, laboratorios y oficinas que lo rodean– lo han descrito como un gran sacador de apuros: “He buscado un regalito por todas partes”, “ustedes me salvaron”, “es un oasis en el desierto” son frases que suelen escuchar y que esperan seguir escuchando por un largo tiempo. José Manuel Infante 1005. Abierto de 10 a 20 hrs, horario continuado.

Universo

Ricardo Vidal, de 59 años, lleva 20 de su vida como dueño de este bazar de rejas blancas que está ubicado en la esquina de Avenida Cardenal José María Caro con Estocolmo, en la zona norponiente de Santiago. Vive a un par de cuadras del local que durante el verano atiende solo, mientras que el resto del año recibe ayuda de distintas personas. La gente que llega lo llama por su nombre, y los días martes y sábado, cuando hay feria, la afluencia es mayor. Detrás de las vitrinas –algunas con stickers sobre la política de fiar del lugar– hay lápices de tinta, bolígrafos, blocks y diversos útiles escolares que, dice, son su especialidad. También se pueden encontrar productos de tostaduría, como semillas o frutos en envases de 20 g –linaza, chía y almendras–, hasta regalos de última hora como packs de colonias infantiles de Ben 10 y Peppa Pig, además de cremas corporales y para manos. Asegura que el negocio es lo único en lo que ha trabajado desde los 29 años, y que ha sobrevivido a pesar de tener un supermercado al frente. Avenida Cardenal José María Caro 1758, Conchalí. Abierto de 10 a 21 hrs.

Nuny

En plena Avenida Providencia, casi llegando a la esquina con General del Canto, se encuentra Nuny, un local que evita llamarse bazar. Más bien, son tres tiendas en una: paquetería –tijeras, lanas–, ropa interior –calcetines, enaguas y medias– y una amplia disquería, con películas y música de todos los tiempos. En el barrio tiene más de 50 años: pasó de estar frente al Drugstore a la ubicación que ocupa actualmente, hace ya casi 40. Sin embargo, no saben la fecha exacta en que nació la tienda, puesto que ha sido un negocio familiar que ha pasado por varias generaciones. Hoy está a cargo Juan Hiza y sus hijos: Rodrigo y Juan Pablo. Fueron estos últimos quienes trajeron el cine a las vitrinas, enfocados en clásicos como La novicia rebelde, El mago de Oz o Mary Poppins, y la música en discos y cassettes, los que se han convertido en los favoritos de los jóvenes, al considerarlos un objeto de culto. Dentro de sus clientes hay coleccionistas, cinéfilos y personas de la tercera edad, quienes llegan buscando desde el disco que escuchaban en su juventud hasta navajas para afeitar. “Si se da que la próxima generación familiar quiera seguir con este local e incluir otro ítem para vender, bien. Pero no me gustaría imponerlo”, dice Juan Pablo Hiza. “Quién sabe, quizás ahí nos convertiremos en cuatro tiendas en una”, concluye. Av Providencia 1433. Abierto de lunes a sábado de 10 a 20 hrs (sábados hasta las 15 hrs).

Ralun

Al interior de este minimarket ñuñoíno, donde las verduras y los quesos son los principales productos que se comercializan, hay un rincón con un bazar que lleva más de 30 años de funcionamiento. El lugar, de fachada blanca, con portones amarillos y que se encuentra rodeado de edificios en construcción, es administrado por Ellen Sanders, quien es dueña del local de abarrotes desde hace 24 años y que hace 10 decidió extender su tamaño comprando el bazar vecino. Olguita, de 88 años, es quien atiende este rincón desde antes que fuera adquirido y donde los cuadernos, gomas, témperas y diversos artículos escolares ocupan las vitrinas rodeadas de las verduras y frutas del almacén. “No quise cerrarlo para respetar el espacio. Los vecinos estaban acostumbrados a que el lugar los saque de apuros y por eso sigo con los artículos escolares, principalmente”, relata Sanders sobre su decisión de mantener el espacio, que asegura no quiere cerrar nunca. Simón Bolívar 2589, Ñuñoa. Abierto de 9 a 20 hrs.

Rokafer

Con la ayuda de su padre y de su hijo, en 2011, Carmen Jiménez apostó por la tradición y abrió un bazar dentro de un supermercado en Av Salvador. Ya conocía bien este tipo de tiendas, puesto que un año antes había trabajado en el bazar de una amiga. El año pasado tuvo que entregar su arriendo en el supermercado y, ante la petición de su fiel clientela, abrió un nuevo espacio unas cuadras más allá, en Santa Isabel. El bazar, que recuerda a los de antaño, reúne artículos de librería, de cordonería y para el hogar, además de bisutería y confitería. Ahí trabaja junto a su pareja y la hija de una amiga cercana. Ya son parte fundamental del barrio. “Ustedes nos salvan, porque tienen de todo”, les suelen decir. Y no es mentira: témpera, pegamento, ovillos de lana, coladores de té, palas para la basura, espátulas, helados de palo, bebidas y servicios de fotocopia, impresiones, anillado y copia de llaves son parte de su oferta, la que se va adaptando a los pedidos de los clientes. El plan de Carmen es quedarse en este sector y, si bien no sabe quién continuará atendiendo cuando ella ya no pueda –a pesar de estar jubilada, espera seguir trabajando hasta que sea posible–, por ahora disfruta viendo cómo sus dos pequeñas nietas gozan ayudándola con las ventas, cada vez que la van a visitar. Av Santa Isabel 624, a pasos de Av Salvador. Abierto de lunes a domingo, desde las 9 (domingos desde las 10) hasta las 22 hrs.

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