Reportajes y Entrevistas

Espía, vividor y enamorado

Por Claudia Donoso | Fotografía: Sebastián Utreras

Investigador privado con treinta años de espionaje en el cuerpo, Dante Yutronic conoce las pasiones humanas. A su despacho llegan cornudos desesperados y mujeres en busca de pruebas para desenmascarar a sus maridos. Su opinión es tajante: a los hombres chilenos les faltan cojones.

Es lo más parecido a James Bond que hay por estos lares. Canchero, seductor y confiado en el poder de su experiencia, Dante Yutronic se siente capaz de desenredar todo tipo de madejas y de calar misterios aparentemente insondables. A su oficina le puso La Casa del Espía. Allí ofrece sus servicios y recibe a una clientela variada, parte de la cual acude en busca de respuesta a interrogantes íntimas, entre ellas hombres y mujeres acosados por la desconfianza y los celos. Por lo mismo, Yutronic sabe de las diferencias que modulan el corazón y comportamiento masculinos y femeninos y, por lo mismo, asegura que su oficio de investigador privado también lo ha convirtido en sicólogo y sacerdote. Galante y de chisporroteantes ojos verdes, es abierto y comunicativo; no vacila en confesar su pasado de vividor y su gusto por los convertibles, los viajes y los casinos.

–¿Cuáles son los motivos que dan los hombres para ponerle el gorro a sus señoras?
–Siempre se quejan de lo mismo: monotonía sexual. Gracias a Dios llegaron hace algunos años los sex shops a Chile. De verdad merecen un aplauso porque han hecho cambiar favorablemente la intimidad de la pareja.

–¿Qué han aportado los sex shops?
–¡Coño!, imaginación. Por ejemplo, hoy día él puede llegar a la casa y decirle a su mujer: “Mira, te traje un juguetito”. Y si les da la gana, además, están los disfraces de enfermera, de policía; los látigos están en todos lados, o puedes ocupar las mismas anteojeras que te dan para dormir en el avión y ¡qué sé yo!, amarrar a tu chica a la cama con una corbata y pasarle un cubo de hielo por los pezones como en las películas. Eso es bueno, es bonito.

–Claro, pero eso no ha terminado con las posturas de gorro, ¿cuáles son los horarios de las infidelidades?
–Depende del sector socioeconómico. En el alto, la mujer es muy infiel en las mañanas: desde las seis y media, que es la hora en que supuestamente se va al gimnasio. O después de ir a dejar a los niños al colegio. De ahí pasa al yoga o a la aeróbica, después se encuentra con las amigas a tomarse un cafecito y la cosa es que llega de vuelta a la casa a la una, dos de la tarde. Ésas son las barbies de Chile: la dueña de casa muy bien mantenida, que esquía y veranea los dos meses en distintas partes y que se mantiene siempre perfecta.

–¿Y quiénes son los amantes matutinos de estas barbies?
–Generalmente los empresarios, esos que empiezan a circular a las 10 u 11 de la mañana en su Mercedes o en su BMW. Ahora, el horario corriente de los hombres infieles es matemático: hora de almuerzo y a la salida de la oficina, entre seis y ocho y media, a todo reventar, porque si llega después de las noticias se expone a la sospecha.

–¿Qué le pasa a un macho cuando descubre que su esposa se la está jugando?
–Grave, sobre todo cuando tiene más de 40 años y ha sido criado machistamente por su madre. No reconoce sus errores, le echa inmediatamente toda la culpa a la mujer y nunca ha pensado que el matrimonio es de a dos. En cambio, el hombre más joven puede llegar a comprender el motivo de la infidelidad porque en esa generación están más equiparados.

–Entiendo pero, ¿qué diferencia de comportamiento destacarías entre el hombre y la mujer infiel?
–Que el hombre es falso mientras que la mujer, cuando se involucra, lo hace con todo: con sentimiento, con pasión, no le importa un cojón estar casada. No: ella es transparente, mira a los ojos y dice “esta cuestión se acabó”.

–¿Quieres decir que la mujer es más valiente?
–Es que el hombre no tiene cojones. O sea, son de adorno porque, cuando lo pillan, ¿qué hace? se pone de rodillas a llorar y pide perdón y clemencia, ‘y te juro que nunca más, aquí están mi chequera, los autos, todo pero no me voy de la casa, te amo a ti, amo a mis hijos, son todo lo que tengo’ y con eso cree que la hizo tonta de nuevo y después vuelve a la misma historia. Si el dicho es muy cierto: el que nace chicharra muere cantando.

–¿Qué tipo de cosas pasan cuando le entregas a una mujer fotos y videos que confirman sus sospechas de que su marido es un patas negras?
–En un 90 por ciento de los casos le da una patada en el poto al tipo, porque es la vencida: antes de eso aguantó, se humilló y fue basureada un millón de veces, hasta que decide que se acabó. Muchas veces es la hija o los hijos los que azuzan a la madre para que investigue y se sienta segura al tomar la determinación de separarse.

–Peludo el tema, porque tú eres testigo de todo lo que eso significa emocionalmente…
–Por eso te digo que no es llegar y ser investigador privado: hay que ser un poco sicólogo, hacer las veces de sacerdote, saber comprender y dar una palabra de aliento. Además, un porcentaje importante de las infidelidades de los hombres son con su mismo sexo: o sea, las mujeres se desayunan con que el padre de sus hijos es gay.
–¿De verdad es frecuente?
–Mucho más de lo que te puedas imaginar. Ahí la mujer entiende por qué le hacían el amor una vez al año. Se acaba la farsa y el tipo por fin asume de lleno su homosexualidad.

Ególatras

–¿Es distinta la reacción de una mujer y de un hombre frente a la confirmación de que lleva puestos un par de cuernos?
–De todas maneras. Los hombres son mamones. El hombre no tiene la fortaleza para salir adelante, se vuelve al trago, lo echan de la pega, anda llorando todo el día por lo que sucedió y lo siente fundamentalmente como un golpe al ego. La mujer llora lo que tiene que llorar, asume el duelo como un duelo, y el duelo dura lo que tiene que durar, porque al día siguiente los niños tienen que ir al colegio, hay que pagar la luz y hay que comer.

–¿Por qué dices que al macho se le resiente sobre todo el ego?
–Porque siente que la mujer es de su propiedad, lo que no significa necesariamente que la ame. Es por posesión, por una cosa absolutamente primitiva.¿Y cuál es la manera más segura de enamorar a un hombre? Subiéndole el ego, tan simple como decirle, “¡coño!, mi amor, eres maravilloso, eres un Tarzán en la cama y que bruta tu ex mujer que no te entendía”. Ya con eso, el tipo te está haciendo el cheque para lo que tú quieras.

–¿Hay temporadas altas de infidelidad?
–Sí. ¡Ahora, ahora, ahora! Cuando empiezan a florecer los duraznos, los cerezos en flor, cuando la primavera está ad portas, cuando los rayos del solcito empiezan a calentar un poco el ambiente, la infidelidad empieza a madurar.

–¿Y existen los hombres ciento por ciento fieles?
–A lo único que los hombres son ciento por ciento fieles es a su club deportivo: el tipo es de la Chile o del Colo-Colo. Cuando tiene plata va a palco, si queda en la ruina se consigue una moneda para el estadio y sigue siendo de la Chile.

–Por lo visto, no tienes la mejor opinión sobre el género masculino.
–Conste que estamos hablando generalidades y hay matices pero, para mi gusto, la mujer la lleva. Una mujer sin el hombre, trabaja, vende pan amasado, empanadas, huevos duros, lo que sea, y sale adelante con sus hijos. Una puta, por muy puta que sea, jamás va a querer que su hija sea puta. O sea: la mujer siempre sale adelante, a como dé lugar. En cambio tú los ves los pubs llenos de viejos chupando en el bar, mirando lolitas de 25 con cara de degenerados.
–O sea que son pocos los hombres hechos y derechos.
–Son pocos los hombres maduros aunque, como te decía, la nueva generación viene mucho mejor.

Arcoiris de rosas

–¿Tú tienes capacidad de amar?
–Bueno, yo lo vine a conocer ahora último, hará diez años. Antes de eso mi mundo eran los aviones, las mujeres, las motos, los convertibles.

–Eras un vividor…
–Right: invitado por todos los casinos del mundo, incluso en un casino de este país, en el norte, le pusieron mi nombre a una de las salas principales. También fui portada del Play-boy portugués en mis épocas mozas.

–Pero no habrás cambiado totalmente…
–Mantengo algunos de esos juguetitos, pero la vida pasada pasó ya hace mucho tiempo. Hoy el mundo mío es mi familia, mi señora, mi hija, mi chanchita que tiene ya tres años, juntamos todos los hijos, los suyos y los míos. Siete en total.

–Algo me contaron de que te enamoraste de tu segunda y actual mujer cuando ella llegó a tu oficina a pedir asesoría profesional por un problema de infidelidad…
–Sí, ella llegó a la oficina como clienta. Me acuerdo que entré, la vi y me enamoré de ella. La miraba y pensaba “qué ganas de darle un beso, de hacerle el amor”, y te confieso que me sentía un chancho, porque ella estaba con ocho meses y medio de embarazo.

–Muy singular tu caso, porque muchos hombres sienten rechazo por las embarazadas.
–Sí, y a mí me pasaba, me producían un rechazo tremendo. Pero a ella, que estaba a dos semanas de tener la guagua, yo la miraba y la deseaba. Y me imagino que ella debe haber sentido lo mismo porque, cuando se despidió, me dio uno de esos besos cuneteados.

–Ahá. ¿Y qué pasó después?
–Yo me decía ¡cresta!, porque adentro tenía el ángel bueno y el ángel malo. El bueno me decía: “oye, no seas bruto, la comadre está esperando guagua, saca eso de tu mente”. Y el ángel malo me decía: “dale, dale, dale”. Total que antes de que se fuera le dije: “tú eres mía y quiero saber dónde vas a tener la guagua”.

–¿Y qué te contestó ella?
–“¡Pero tú estás loco!, ¿qué te has creído?”. Y se fue. Obviamente que yo me averigüé al tiro en todas las clínicas, y le mandé el ramo de flores más grande hecho en Chile que tú te puedas imaginar: de la mitad del porte de esta pieza.

–¿De qué flores?
–Rosas. Rosas. Un arco iris de rosas. Y, coño, ella tuvo su guagua y le llegaron las flores, y cuando llega su marido ella le da las gracias y él le dice “pero si yo no te las mandé”. Claro porque, como buen canchero, no firmé la tarjeta con mi nombre. Firmé el ramo como “Tu hombre”.

–Hasta que te la conquistaste…
–Bueno, tú sabes que la curiosidad mató al gato, y la mujer también es curiosa. Ella quedó enganchada y lo logré.

–¿Y qué piensas que tiene que hacer un hombre para que una pareja resulte?
–Saber respetar. Fundamentalmente el respeto lo hace todo porque, cuando hay respeto, hay comunicación. Si no hay comunicación, no hay diálogo, y si no hay diálogo no hay vida en común. Y no dejar de ser romántico. El hombre tiene que fijarse si su mujer cambió de peinado, aprender a disfrutar el olor del incienso y saber encender una vela.

–Pero, ¿crees que un hombre enamorado y casado puede tener una aventura sexual sin consecuencias si es que se la ofrecen en bandeja?
–Si bien es cierto que hay un dicho que dice “cuando las tiene uno las coge”, no es así tampoco. El hombre que es íntegro no hace eso. La calentura es controlable.

–¿Hay algún investigador privado del cine o de la literatura con el que te sientas identificado?
–Si bien es cierto que James Bond sigue siendo uno de los grandes en el mundo del espionaje, yo creo que soy mejor, en el sentido de que soy real. En lo de Bond hay muchas armas de por medio pero, en la vida real, es todo inteligencia y el que usa la inteligencia no ocupa el arma. De hecho le tengo pánico a las armas y estoy considerado como uno de los tres espías particulares mejores del mundo.

–Tu oficina se llama La Casa del Espía. ¿Por qué?
–Porque ése es mi negocio: el espionaje. Como independiente trabajo para el que pague.

–O sea, eres un mercenario.
–No, porque tu fidelidad es para quien requiere tus servicios. Cuando la Gladys Marín me contrató en su época, fui fiel a la Gladys Marín, pero si cinco minutos antes hubiera llegado mi capitán general, hubiera sido fiel a mi capitán general. La ética es respetar a tus clientes y no traficar con información. Por algo yo he perdurado a través del tiempo, mi amor.

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