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1 diciembre, 2017
orla

De tal palo…

Magdalena Piñera tiene fama de dura y de ser la hija que enfrenta al ex Presidente. “Yo no ando por la vida parándole los carros a nadie”, dice en esta entrevista, donde afirma que siempre supieron que irían a segunda vuelta y que confía en que la gente votará “por tiempos mejores”.

Por Sabine Drysdale / Fotografía Rodrigo Chodil


Paula 1240. Sábado 2 de diciembre de 2017. Especial Navidad.

Aparece en escena Magdalena Piñera Morel, grandes anteojos oscuros, sandalias, minifalda de jeans deshilachada, una blusa blanca por cuyo escote a veces se le asoma el encaje del sostén.

El escenario es una comodísima y alegremente decorada casa en una calle tranquila de Vitacura. El pasillo de la entrada es una gran estantería llena de libros, Nicanor Parra, JD Salinger, Dan Brown, Cervantes, Francisco Ortega, una mezcla de novelas, best sellers, y libros de historia antiguos, infantiles. Las paredes del comedor, del living, tienen de cielo a suelo, de lado a lado, cuadros, más que nada de arte contemporáneo, algunos Lira, algunas ilustraciones de Picasso. Las fotografías principales en sus respectivos marcos son una de sus padres, otra de Magdalena con el ex Presidente socialista Ricardo Lagos, y otra de Magdalena y su esposo Pablo Rossel con el ex Presidente demócrata de Estados Unidos Barack Obama.

Afuera, un patio duro con un quincho en obra bajo la sombra de un jacarandá. El jardín, que no es grande, es más que nada un rectángulo de pasto a muy mal traer por las pateaduras a una pelota de fútbol, lo que se adivina al divisar un arco en cada lado. Más allá, una piscina, vulgarmente conocida como “pelopincho”.

El portón de entrada es el clásico de fierro negro. No se divisan cámaras, ni hay cerco eléctrico, ni casetas de guardias ni nada que haga sospechar que ahí vive la hija mayor del ex Presidente, acaudalado empresario y hoy candidato a la presidencia por segunda vez, Sebastián Piñera, ni que la delincuencia esté desatada en este barrio como se ha dicho hasta el cansancio.

Magdalena Piñera, 42 años, profesora de Historia, socia en una empresa de medios digitales, jefa de gabinete de su padre en el primer mandato, y que no piensa volver a serlo si es que hay un segundo, está intranquila, tensa, camina de un lado a otro, se sienta en la mesa de vidrio del comedor, se para, cruza el pasillo de los libros y se maquilla los ojos frente al espejo que hay en el hall de entrada. Regresa al comedor y se apoya contra la mesa. Sin disimular su incomodidad con el lente, dice ya, que está lista para que el fotógrafo dispare. Se suelta el pelo. El fotógrafo le pide que se saque los anteojos. Ella le exige que le saque la foto de la cintura hacia arriba y que no se le vaya a ver el brazo gordo. Hay que aclarar que en ningún caso su brazo sería considerado gordo. Aclara también que está apurada. Que tiene que hacer el turno del colegio. Ha dicho que es una madre malabarista.

Tiro unos rompehielos. Uno sobre una preciosa passiflora blanca que crece en su pandereta, otro sobre los títulos que alcancé a divisar en su biblioteca, pero no obtengo respuesta ni atisbo de deshielo alguno.

Nos sentamos. Abre un computador y pasan varios minutos de incómodo silencio en que ella lee algún documento, hasta que ahora sí, me dice, y me mira a los ojos por primera vez.

-“¿Cómo es tu nombre?”, pregunta.

-Empezamos el tango.

La primera pregunta se refiere a cómo ella ha cambiado, a qué costos ha sufrido en todos estos años que lleva acompañando a su papá en su paso por el áspero mundo de la política. Magdalena se complica. “Te agradezco que me cambies la pregunta o me la hagas al final, es el calor, o la tontera o no soy tan inteligente como mi padre”, dice. Pasamos a la siguiente.

Pero entonces suena el timbre y entra su hijo León que llega del colegio. Son pasadas las cuatro de la tarde y hace un calor sofocante, pero León tiene puesto un polar. Le pide, irritada, que por favor se lo saque. Él la saluda cariñoso y le pide cosas, lo típico que les piden los niños de esa edad a las mamás. Al poco rato entra un torbellino. Su hija Esperanza, 10 años, coqueta, rápida y chascona, que le pregunta que qué está haciendo. “Me están entrevistando”, le dice Magdalena. “¡¿A  tiiiiiiiiiiii?!”, responde incrédula y le tira un par de chistes. “Mi amor, en verdad, sal. Espe de verdad sal que estoy agobiada, que tengo que hacer el turno, tengo que hacer miles de cosas más. Una más o te castigo. Ten límites”. Acude la empleada a socorrerla. Se van los niños a la cocina. “Nosotros somos de la generación que pasamos de tenerle miedo a los papás a tenerles miedo a los hijos”, dice justo cuando se cuela el ruido ensordecedor de la juguera a máxima potencia que la pone muy nerviosa. Se disculpa. Le pido, por favor, que se relaje, que no hay problema, que en todas las casas con niños pasa lo mismo.

-¡Oh, estoy agotada!

Me imagino, no ha sido fácil.
Un fin de año de locos.

Un fin de año que pasó de la euforia pre primera vuelta  presidencial cuando las encuestas aseguraban que Sebastián Piñera obtenía un holgado primer lugar con más de 40 puntos, a la tensa calma del resultado real: un primer lugar con 36 puntos y una izquierda, aunque fragmentada, que podría volverse competitiva si se disciplina y vota en masa por el candidato de la Nueva Mayoría, Alejandro Guillier.

Entiendo tu agotamiento. Hace poco dijiste en una entrevista que dabas por sentado que tu papá iba a ser el nuevo Presidente de Chile, pero ha cambiado el escenario.
¿Dónde dije eso?

Estuve revisando entrevistas.
¿Cuál es la pregunta?

Cambió el escenario, ¿cómo lo ves tú?
¿Con respecto a la elección del domingo pasado o a que estoy cansada?

Supongo que hay una mezcla de los dos, ¿o no?
No, por eso hazme una pregunta.

Te gustan las preguntas directas.
Ya bueno: el fin de año para todo el mundo es agotador, yo tengo cuatro niños, un  trabajo, se vienen las celebraciones con las amigas, que el regalo a la profesora, hay que apoyar a los niños para que estudien para sus pruebas finales, que la Navidad, que juntarse con la familia. Además, la sociedad nos exige a las mujeres incorporarnos a la vida pública, que lo hemos hecho cada vez mejor, pero los hombres se han ido quedando un poco atrás en involucrarse en la vida privada.

¿Te cuesta que tu marido te apoye?
No, no, no, no, no. En general.

Pero a todo eso súmale que acabas de pasar por una elección difícil.
Fue una elección donde Sebastián Piñera sacó la primera mayoría con casi 15 puntos de diferencia con el segundo lugar.

¿Transpiraste frío con los resultados?
Siempre supimos que íbamos a ir a una segunda vuelta. Quizás las encuestas decían que íbamos a sacar entre 40 y 42 puntos y sacamos un par de puntos menos. En términos de análisis político, en la diferencia entre el primer y segundo lugar nosotros esperábamos 10 puntos y sacamos 15 y eso nos da una ventaja súper importante con respecto a esta segunda vuelta. Yo creo que el 17 de diciembre la gente va a elegir tiempos mejores para el país.

¿Crees que si ganara Guillier, Chile se va a venezuelizar?
Una de las cosas que más amo es mi país y me pone orgullosa que a partir del año 90 hemos construido un país súper fuerte, serio, con instituciones sólidas, donde no creo que una persona u otra pueda destruir al país.

Hablando de sensibilidades, esta elección también puede haber demostrado que el programa de Bachelet, que ha sido tan criticado por la derecha, quizás no lo era tanto por la gente.
Ahí tengo que discrepar contigo. Si tú me dices que la elección fue un apoyo al programa de Michelle Bachelet, te quiero decir que su candidato Alejandro Guillier sacó un 22%. Es matemática. Me parece que aquí lo que hubo es que Beatriz Sánchez sacó mucha votación para lo que se esperaba, y eso habla de que hay un sentir importante de chilenos que quieren cambios más grandes. Lo que no entiendo de tu pregunta es que me dices que la gente que votó por Beatriz Sánchez es gente que apoya el programa de Michelle Bachelet, ¿eso es lo que me estás diciendo?

Te digo que, y esto lo puedes leer en los diarios, en la redes sociales, hablando con gente, que se supone había una desaprobación muy grande del programa de Bachelet y al parecer la gente no estaba tan descontenta. De hecho, hoy mismo, si mal no leí en el diario La Segunda, tu papá se comprometió con Manuel José Ossandón a avanzar con la gratuidad que tanto ha criticado.
Se queda en silencio.

¿No lo leíste?
No. Espera, es que me mezclas muchos temas. Si lo que ocurrió el domingo fue un apoyo importante a Michelle Bachelet, yo discrepo. Lo que hubo fue un candidato que ganó por amplia ventaja que se llama Sebastián Piñera. Y, por otra parte, hubo otra candidata que estuvo a punto de pasar a segunda vuelta que representa al Frente Amplio que es Beatriz Sánchez, que no representa al gobierno de Michelle Bachelet y tampoco a la Nueva Mayoría.

¿Y qué representa Beatriz Sánchez?
Reformas distintas a las que yo creo. Me parece bien que ellos hayan puesto sobre el tapete eso de los derechos. Eso habla de un país que está mucho más maduro, que le ha dado acceso a la gente a educación, a salud, entonces el problema hoy día no es de acceso sino de calidad. Sin embargo, dentro de lo entretenido que se pone el debate de este último año, creo que el Frente Amplio tiene líderes jóvenes pero ideas añejas.

¿Crees que tu papá tenga alguna posibilidad de levantar votos de ahí?
Sí, ¿por qué no? Tenemos mucho más ideas que fomentan la libertad, la igualdad, la solidaridad y que puedan ser atractivas para mucha gente que votó en primera vuelta por Beatriz Sánchez.

Pero toda esta derecha liberal que iba a refundar tu papá como que se desdibujó. ¿Qué pasó con el hombre que habló de los cómplices pasivos de la dictadura?
Mira, hoy Chile Vamos es una coalición súper diversa, tolerante y menos prejuiciada que otros grupos de izquierda que se sienten dueños de la tolerancia, de la diversidad, pero alguien que opine distinto…

¿A José Antonio Kast lo encuentras tolerante?
Por ejemplo estoy hablando de lo que le pasó a Érika Olivera, que dice que va a votar por Sebastián Piñera y le viene capotera en redes sociales.

¿Te sientes cómoda en Chile Vamos?
Yo no soy parte de Chile Vamos.

¿Tú estarías a la izquierda de tu papá?
Creo que hoy eso de tratar de llevar la política al eje derecha-izquierda, el Sí y el No, está súper pasado de moda. Dentro de eso compartimos muchas ideas políticas y tenemos otras ideas en que somos diferentes.

¿En qué son diferentes?
Yo creo que es importante avanzar en el matrimonio igualitario. Creo que si una pareja homosexual quiere construir una familia, casarse, está en todo su derecho.

Tu papá está en contra, ¿crees que pueda cambiar de opinión?
Los países van evolucionando, madurando, y así como en 2009 fue Sebastián Piñera el que puso el acuerdo de vida en pareja sobre la mesa, vaya a saber uno qué tema va a aparecer el próximo año en el debate público.

Pareciera que el Piñera de 2009 era mucho más liberal que el de hoy.
No, no, no.

¿No?
Me han hecho mucho esa pregunta de que si Piñera se derechizó, pero a estas alturas me parece majadera porque no creo que se haya derechizado. Me parece súper majadero porque no sé en qué crees tú que se haya derechizado.

En estos temas valóricos, la derecha liberal finalmente la acaparó Evópoli.
Te vuelvo a repetir, es un eslogan, los eslóganes están a la orden del día.

Me han dicho que tú eres de las pocas personas que le dice que no a tu papá. ¿Es  cierto?
El mito de que mi papá no escucha ya es divertido. Él conversa con mucha gente, tiene una forma de ser súper horizontal. Y esa forma no es solo de trato, sino que también de escuchar y de hablar.

¿Tú le paras los carros?
Yo no ando por la vida parándole los carros a nadie.

Hay varias acusaciones que caen sobre tu papá: el caso de la quiebra del Banco de Talca, el uso de información privilegiada en la venta de acciones de Lan, tener parte de su dinero en paraísos fiscales para no pagar impuestos más caros en Chile, haber ocupado empresas zombies para pagar menos impuestos.
Yo lo único que te puedo decir con respecto a este tema relacionado a su vida empresarial, es que no hay nadie en este país que haya sido más investigado que Sebastián Piñera y, sin embargo, no le han encontrado NADA. Porque él no ha hecho NADA ilegal.

En el caso del uso de información privilegiada, él pagó la multa y no se defendió.
Te vuelvo a repetir: no hay nadie que haya sido más investigado que Sebastián Piñera y, sin embargo, a él no le han encontrado nada porque no le van a encontrar nada porque, todo lo que ha hecho, lo ha hecho en el marco de la ley.

En la interna de la familia, ¿cómo discuten estos temas, que no dejan de ser fuertes?
¿Qué es lo que es fuerte? Es que sabes, me preguntas muchas cosas con un prejuicio en la pregunta.

Debe ser fuerte leer todas estas cosas sobre tu papá.
Yo he vivido con un padre que es público desde que tengo uso de razón. Es lo que me tocó vivir, así como abro el diario y en los últimos 30 años de mi vida, muchas veces aparece.

Y cuando abres el diario y lees todas estas cosas, ¿qué te pasa?
Yo estoy súper orgullosa de lo que ha hecho mi padre, soy súper orgullosa de su carrera académica, de empresario, de político, creo que es un hombre que siempre ha pensado en lo mejor para su país, y que le ha ido bien, ha tenido mucha suerte, pero también sé que si le ha ido bien es porque es un hombre de esfuerzo, de trabajo. Yo voy a su casa los domingos y lo veo cómo está sentado estudiando, leyendo, subrayando con sus lápices.

¿Alguna crítica para tu papá, o tienes complejo de Electra?
No. Las críticas se hacen en privado. Además, imagínate las críticas que una hija le puede hacer a su padre, ¿ah? Yo las recibo de mis niños.

-¡Los niños!

Mira horrorizada la hora en el celular y grita:

-“¡Concha de su madre!, el turno”. Y se para y casi sin despedirse, al menos de beso, como dicta la convención, corre al auto y parte a sus malabares.

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