Debuta en la ficción

Reportajes y Entrevistas

Debuta en la ficción

Por Marcela Fuentealba / Fotografía: Alejandro Araya / Producción: Paulina Wiegand / Pelo y maquillaje: Rosario Valenzuela / Agradecimientos: Librería El Cid Campeador

La autora de las investigaciones periodísticas El Libro negro de la justicia chilena y Doña Lucía, publicará a fin de mes su primer libro de ficción: La señora (Ediciones B), una novela sobre las mujeres en el poder que empezó hace siete años. “Quise hablar de cómo las mujeres vivimos el espacio público y esa relación rara y viscosa de cuál es tu papel ”, dice.

Paula 1176. Sábado 20 de junio de 2015.

¿Cómo te sentiste escribiendo una novela?
En la ficción puede haber más verdad que en un reportaje, donde hay cosas que no puedes decir. Una investigación periodística, por exhaustiva que sea, no da cuenta de la realidad. Si tuviera que entrevistar a los personajes del libro, probablemente esconderían la verdad, dirían que han superado sus traumas por ejemplo. El poder es una representación, cada uno debe cumplir un papel y fuera de ahí no te puedes mover. La ficción me dio la libertad de explorar.

¿Qué fue lo que exploraste?
Por ejemplo, las mujeres del libro luchan con sus propios cuerpos. Esa obsesión por la juventud, que se supone circunscrita a las modelos, es un cadalso. ¡Lo primero que te dice una mujer es si estás flaca! Eso limita tus posibilidades reales de expresión en el ámbito público. Tienes que modificar tu estructura corporal. Conozco muchas periodistas y mujeres que pasaron veinte años preocupadas de su carrera. No tuvieron relaciones estables, ni hijos, no hicieron otras cosas, y cuando sienten que ya cumplieron, es tarde: son viejas, poco atractivas, no les queda mucho tiempo. Se les fue la vida. ¿En qué? La modernidad es muy veloz; hay que vivir con eso.

Las mujeres que retratas en este libro están incómodas con el poder.
Me inspiré en cómo lo enfrentan mujeres de izquierda que conozco: cargan con un montón de frustraciones, problemas no resueltos, acomodos parciales. No son hechos reales con nombres cambiados, más bien quise hablar de cómo las mujeres vivimos el espacio público, las cosas que no hablamos, esa relación rara, viscosa, poco definida, de cuál es tu papel. Las mismas mujeres y feministas lo edulcoran, lo convierten en un discurso fantasioso: que la mujer es mejor, que el mundo cambiaría. Me interesa ver cómo las contradicciones y los principios chocan con la realidad.

Alejandra Matus es profesora e investigadora en la Universidad Diego Portales y trabaja como periodista independiente. Acaba de publicar un perfil de la torturadora Ingrid Olderock en el libro Los malos (Ediciones UDP).

El poder sigue siendo un espacio masculino.
Sí, y los hombres también encuentran estructuras a las que llegan con la idea de hacer algo, pero entra una cosa y sale otra. Por haber reporteado y trabajado un año como jefa de prensa de Osvaldo Andrade, cuando fue ministro de Trabajo, vi de cerca lo cotidiano del poder: cómo intentas o fracasas con tus ideales y principios. Te acomodas o mueres, el sistema te expulsa. Ha sido muy extraño escribir una novela que describe cosas que ahora están sucediendo. Hasta el título –siempre fue La señora– aparece como nombre de la presidenta en unos mails. Puedes ver a Peñailillo reflejado en los personajes del libro: alguien leal que tiene que salir. La rueda del poder se mantiene inmutable, solo cambian los actores. Estas señoras de mi libro buscan de algún modo cumplir sus principios, expectativas, sueños. No los van a cumplir completamente: la realidad en la medida de lo posible.

¿Qué pasa con la prensa en el juego del poder? Tu novela muestra relaciones intensas.
Se suele decir que los periodistas siempre están en contra, pero también viven de la máquina, entran en juegos de lealtades para mantener el acceso a las fuentes. Y ahí las relaciones amorosas entre fuentes y periodistas no son excepcionales. Cuánto hay de atracción verdadera o de utilización mutua, es otra cosa. Lo que no se alcanza a ver en el libro es el poder actual de la prensa: con las instituciones así de desprestigiadas y tanto descontento, hoy un periodista tiene más poder que una persona en el gobierno.

Recuerdo un artículo que escribiste en Paula sobre tu madre. ¿Qué hay de ella en la novela?
Mi mamá quedó sola con tres hijos, comunista en el peor momento, tenía que sobrevivir, hacer tres jornadas diarias de profesora. Pero no es una mujer abnegada: es una mujer-mujer, quiso tener su espacio, sus ideales. Lo pasó pésimo, tuvo momentos felices, pero nunca abandonó ser ella. Esas son las mujeres con las que me relaciono: no están dispuesta al sacrificio, pero la maternidad es difícil, la pega es difícil, el trato con los hombres, relacionarse con tu cuerpo. A lo mejor nuestras hijas o nietas se sentirán cómodas, pero nosotras vivimos incómodas. Das un paso y retrocedes dos; eres liberada pero te enamoras de un machista y te cuesta romper, nada es como idealmente debiera ser.

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