El defensor del sexo en la vejez

Reportajes y Entrevistas

El defensor del sexo en la vejez

Por Greta di Girolamo / Ilustración: Edith Isabel

Ser viejo no se trata sólo de sobrevivir agosto. Para el argentino Ricardo Iacub, doctor en sicología experto en vejez, el goce de los adultos mayores es fundamental. Y en eso la sexualidad es clave. Según el especialista, la sexualidad escapa de la zona genital y el paso de los años es una oportunidad para redescubrir el goce femenino. Además, recomienda encuentros de jubilados y la masturbación para despertar el deseo.

La presentación comienza con fotos de adultos mayores abrazados, sonriendo a la cámara, con ropas sueltas color pastel, a las que el público reacciona con suspiros de ternura. Eso hasta que llega la última imagen. Ahí se ve a dos mujeres viejas, con ropa oscura, dándose un beso. “Las primeras fotos, infantilizadas, son fáciles de digerir, mientras que no existe la capacidad de integrar las últimas de manera positiva. La reacción es como si eso fuera impactante, incluso asqueroso”, explica Ricardo Iacub, quien muestra esta secuencia cada vez que comienza una charla sobre sexualidad en la tercera edad.

Iacub es doctor en sicología y profesor de la Universidad de Buenos Aires y otras en América y Europa, como la Universidad de Oxford, la Universidad Autónoma de Barcelona y la Universidad Católica de Chile, entre otras. Durante 12 años fue asesor del Gobierno argentino en vejez, un tema que investiga, escribe y enseña hace 15 años, con foco especial en la sexualidad. Su bandera de lucha es que los ancianos son sujetos de derecho cuya vida no puede tratarse sólo de sobrevivir, sino también de gozar. Y en eso, tener una vida sexual activa es de vital importancia.

¿Qué sucede con la sexualidad a medida que el ser humano va envejeciendo?
Desde el punto de vista biológico, los 50 años son un momento de inflexión. Comienza la pérdida de capacidad sexual, como por ejemplo que un hombre tenga una erección o una mujer la irrigación suficiente para sostener una relación genital. También comienza la pérdida de interés en el sexo, que son las ganas de tener relaciones. Pero hasta los 74 años la capacidad sexual no cambia notoriamente. Hay que tener claro que la respuesta sexual no se limita por la edad, sino por factores específicos que pueden ser más habituales a medida que se envejece, como la diabetes, la artrosis, la falta de pareja, el consumo de remedios. Y para eso se pueden encontrar soluciones. No hay que normalizar las dificultades para sostener una relación sexual por el simple hecho de ser viejo.

¿Qué es lo que no varía con la edad?
El deseo. Por ejemplo, en los varones, la fantasías parecieran cambiar muy poco. En las mujeres sí aparece menos deseo, pero lo que se ve en las investigaciones es que disminuyen las ganas de tener relaciones genitales, mientras que sí tienen ganas de otras cosas, como acariciar, besar y abrazarse. Te dicen que no tienen interés sexual, pero en realidad es porque no entienden que la sexualidad también es todo eso.

¿Hay que terminar con el concepto actual de sexualidad?
Hay que redefinirlo, nos está quedando corto. Asociar sexualidad con genitalidad es una mirada rígida que deja muy fuera a las mujeres. A mí me gusta hablar de erotismo que, como dice Octavio Paz, es la capacidad de diseñar condiciones de deseo y de goce de las maneras más originales que el sujeto puede concebir. Son amplias a lo largo de toda la vida y en la vejez toman mayor acento. Las mujeres revalorizan otras partes del cuerpo y otros sentidos, que toman más fuerza: el perfume, el sentirse cerca, los contactos táctiles.

Hay estadísticas que indican que las mujeres, y no solo en la tercera edad, no gozan tanto de la penetración o de la sexualidad genital. ¿La vejez podría ser una oportunidad para redescubrir la sexualidad femenina?
Absolutamente. En muchas investigaciones mujeres de edad afirman que disfrutan más de la sexualidad que cuando eran jóvenes, por ejemplo, porque tuvieron parejas que fueron eyaculadores precoces y no tenían la capacidad para pedirles que las esperaran porque cualquier tipo de disfrute personal podía ser mal visto. La mujer estaba para satisfacer a un hombre. Una paciente me decía que cuando empezó a tener relaciones sexuales jadeaba mucho y su marido le preguntó si había sido una “mujer de la vida”, como se les llamaba a las prostitutas, simplemente porque ella se animaba a expresar el placer que sentía. Las adultas mayores de hoy tuvieron limitaciones sexuales por una variante fuertemente cultural, condiciones sociales morales vinculadas a un rol clásico de lo femenino. El sexo oral estaba muy mal visto, incluso ciertas posiciones, y ni te digo el sexo anal, que era algo que se hacía con una prostituta, pero jamás con la esposa. Cuando quedan viudas, hay muchísimas mujeres que conocen nuevas parejas y se animan a hacer cosas que nunca hicieron. Mujeres que pueden resignificar de una manera muy interesante su posición de género.

¿Cómo pueden acceder los adultos mayores a encuentros sexuales?
Todos los encuentros de adultos mayores son muy positivos para generar estas posibilidades, como los viajes de jubilados y el baile. También recomiendo mucho a las mujeres la masturbación -siempre con lubricante, porque con la edad la lubricación natural disminuye- por una cuestión básica: cuando un hombre queda viudo, es mucho más fácil que vaya donde una prostituta, por ejemplo, pero todavía no tenemos mujeres que vayan donde un prostituto. Además, ellas viven cerca de siete años más que los hombres y, como generalmente estaban casadas con hombres mayores, quedan viudas muchísimos años. La masturbación es una práctica que puede conectarlas con su deseo. Toda actividad sexual es saludable, no solo tener relaciones. El proceso que se genera no tiene que ver tanto con que haya o no penetración, sino orgasmo.

¿Cuál es la importancia del erotismo en la tercera edad?
Nuestra cultura construyó al viejo como un sujeto que debe ser sobreprotegido por una debilidad física que lo inhibe a nivel de su propia autonomía y sus propios deseos. Se piensa la vejez desde el plano de la necesidad física, donde lo importante no es el goce, sino el cuidado y la protección para que un organismo se mantenga con vida. Cuando pensamos en un viejo, pensamos si está sano o enfermo, no si lo está pasando bien. Y esa es una mirada terrible con la que hay que romper. Traer el erotismo es reivindicar a este sujeto de derecho que quizás tiene más que nadie el derecho a gozar, justamente porque no le queda tanto tiempo. Cuando pensamos en un adulto mayor con un fuerte erotismo, nos salimos de un lugar de sobreprotección y lo comenzamos a ver como un adulto. También hay investigaciones que indican que tener una vida sexual plena tiene beneficios para la salud, además de que la persona se puede sentir más amada, más deseada, más importante. Todo esto redunda en mejores condiciones de vida.

Según cifras del Senama, un tercio de los chilenos y chilenas de tercera edad tienen una vida sexual activa. ¿Cómo es esta cifra en relación a estándares internacionales?
Es baja. Se condeciría con gente mayor de 80 años en Estados Unidos. Esto tiene que ver con cómo se conceptualiza la sexualidad. La mayoría de la gente siempre piensa en las relaciones genitales, por eso hay que preguntar mucho más claramente. Hay mujeres viudas que creen que no tienen vida sexual activa, pero se rozan cuando se bañan y les gusta. ¿Y qué es esa fascinación de las mujeres mayores con Onur, el de la novela turca? Eso también es sexualidad.

¿Existen muchos mitos, vergüenza, prejuicios en esta generación de adultos mayores?
Muchísimos. Primero, hay una división de género muy precisa. Las mujeres sienten que tienen que ser de un hombre toda la vida. Es algo que la sociedad presupone, por eso los hijos varones suelen ser muy represores con sus madres. Este mito, aunque parezca pasado de moda, es el principal factor por el cual las mujeres dejan de tener relaciones sexuales cuando enviudan. También ocurre que tienen miedo a quedar como “busconas” y sienten que sus cuerpos no van a ser deseables, porque esta sociedad es muy cruel con la estética y supone que sólo las personas jóvenes despiertan deseo. En los varones está el prejuicio de la eficacia absoluta, porque nos educaron de una manera en la cual cualquier limitación en la potencia nos deja casi desmasculinizados. Esto lleva a muchos hombres a consumir altas dosis de viagra o a abandonar la sexualidad por el temor a quedar mal frente a una mujer.

¿Cómo crees que se podría terminar con estos mitos?
La modificación de estereotipos ayudaría a que la gente tenga más relaciones, pero también hay que pensar una campaña de educación para el conjunto social, no solo para la tercera edad, porque la influencia que tienen los hijos sobre sus padres, especialmente sobre sus madres, es tremenda. Esta es una educación que va a llevar mucho tiempo y que no entra solo por el aprendizaje formal. Tiene más que ver con elementos implícitos, visuales. Tenemos que empezar a acostumbrarnos a que en la novela haya una señora de 80 años que se enamora. Yo recomiendo ver películas y series como Las chicas de la lencería, Nube 9, Grace and Frankie, El Regalo. Debemos ver a los viejos no como gente excepcional, sino de una manera más normalizada. Esto es fundamental para pensar que la vejez no es un tramo que nos divide, sino que somos más o menos los mismos con algunos años más. 

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