Delfina Guzmán: Una vejez sin arrepentimientos

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Delfina Guzmán: Una vejez sin arrepentimientos

Por Juan José Richards / Fotografía: Paloma Palomino

Para la actriz, la vejez es una contradicción entre la experiencia acumulada y el deterioro que sufre el cuerpo. “Ahora hasta para levantarme tengo que pedirle permiso a la silla”, dice. Pero ella no le pide permiso a nadie. A veces sus declaraciones le han traído problemas, pero asegura que es “hablantina” y que no va a cambiar. A sus 90 años, cree en la eutanasia, en que el aborto es un tema que cada mujer debe elegir libremente y que la televisión nacional ya no es lo mismo que antes.

Esta va a ser una entrevista sobre la vejez.
Chucha, partimos regio.

¿Qué es lo primero que se te viene a la cabeza con esa palabra?
Soy una mujer religiosa, me emociona estar viva y estar en esta Tierra. Pero déjame decirte que el Señor Dios de los Cielos se equivocó en una cosa cuando hizo esta maravilla que somos los seres humanos: nos dio un cerebro que funciona a un tiempo y un cuerpo que funciona a otro. Yo de la cabeza estoy bien, pero del cuerpo…

¿En qué lo notas?
En la dependencia. Toda mi vida me levanté a las siete de la mañana. Partía para allá, corría para acá. Crié cuatro niños con ensayos, con giras, con grabaciones. Tuve una vida muy activa, pero ahora incluso para pararme necesito pedirle permiso a la silla. Eso es agotador.

¿Te ha costado la vejez?
Es que es una tremenda contradicción. Por un lado está lo que acumulas en tu cerebro, la experiencia, lo que has aprendido a vivir, y por otro lado el cuerpo que empieza a deteriorarse. Ojalá que mi cuerpo siguiera tan ágil como mi mente. Pero hay veces en que me duelen los brazos, no me siento bien en las mañanas, camino como las huéas.

¿A nivel de vanidad ha sido duro envejecer?
Hace poco me llamó la Chamila Rodríguez, una chiquilla que encontró El tango del viudo, una película perdida de Raúl Ruiz, filmada en 1967. Los protagonistas somos yo y Lucho Alarcón. Te confieso que apenas me acordaba de haber grabado eso, pero lo bonito fue que vimos las imágenes y me reconocí. La que soy ahora no es tan distinta a la que fui hace cincuenta años atrás.

¿Cuándo joven hubo alguna actriz que tú admiraras?
No, fíjate. Qué atroz. Qué farsantona decirlo, pero no.

¿Envejecer nunca fue un tema a nivel profesional?
He tenido una cueva más grande que la de Alí Babá con los cuarenta ladrones adentro. Nunca me ha faltado trabajo, al contrario.

¿Nunca te sentiste desplazada por las actrices más jóvenes?
Para nada. La Coca Guazzini, la Claudia Di Girólamo, la Pali García no sólo son amigas mías, han sido parte de mi vida, son parte de mi tribu. De las más jóvenes, a la Elisa Zulueta la adoro. Son mujeres que sienten la misma relación que yo con lo que somos y con lo que hacemos. Todas nos hemos tomado muy en serio nuestra profesión. Por eso quizás me daría rabia una cabrería chica que se pasara una hora arreglándose delante del espejo y que después no se supiera sus parlamentos. Pero mis amigas no son así.

¿Hay algo que te da miedo de la vejez?
La muerte, quizás, pero yo creo en la eutanasia. Uno tiene el derecho de tomar esa decisión. Entre estar metida en un hospital rodeada de gente metiéndome inyecciones y tratando de mantenerme viva, prefiero la pastilla.

¿Esto lo has conversado con tus hijos?
No. Es algo personal.

Delfina tiene cuatro hijos, trece nueras, doce nietos y ocho bisnietos. “Un familión enorme”, como explica ella. “Para mí la tribu es algo muy potente. Cuando mi bisnieto mayor cumplió 21 años le regalé un paquete de condones y le dije cuidadito con hacerme tatarabuela”, cuenta riéndose. “Creo que no hay nada mejor que ser mujer, las mejores cosas que me han pasado en la vida han sido porque soy mujer. Ser mamá es la experiencia más poderosa que puede tener un ser humano”.

¿Qué postura tienes sobre el aborto?
Es un tema que no voy a conversar contigo, porque eres hombre. Y los hombres no tienen nada que decir ni opinar en esto. Es un tema de las mujeres de principio a fin. ¿Qué tienen qué hablar y opinar los hombres de lo que uno tiene dentro del vientre? Nada. El aborto es un tema que define cada mujer libremente y se acabó el cuento.

¿Es cierto que las pasiones se moderan con la edad?
El sexo dices tú.

El sexo, el romance, el amor…
El otro día estuvo aquí mi segundo marido, Gustavo Meza. Es el papá de mis hijos chicos y ahora está casado con la gran actriz Elsa Poblete. Vinieron juntos a presentarme un proyecto para que la Elsa y yo trabajemos en una obra escrita por él, idea que me encantó. Pero bueno, lo que te quiero decir es que ¡Gustavo estaba tan precioso! Le dije a la Elsa: ¡Qué regio está este gallo! Y a él: ¡A ver párate, tonto, sácate la chaqueta, déjame ver cómo andas vestido! Me dio un gusto verlo tan bien. El amor no es algo que se acaba, sino que se transforma. Y eso puede ser fascinante.

Delfina es de respuestas rápidas, ingeniosas, no duda. Dice que las convicciones, como el alimento, es algo que se va acumulando y moldeando el cuerpo y el espíritu. “Te das cuenta cuando las experiencias maduran y de pronto empiezas a tomar partido por las causas que te importan. Por ejemplo, yo ahora me considero feminista, pero me di cuenta que siempre lo he sido. Tempranamente me interesó, como mujer, ubicar a las mujeres donde deben estar, especialmente en la clase social de mierda que me tocó nacer, que es la clase alta”.

¿Eres impulsiva?
Sí, soy una mujer que actúa por impulsos. Muchas veces no he pensado nada las cosas. Llego y las hago. También hay veces en que no las he pensado y voy y las digo. Creo en el impulso y creo en la divagación.

¿Y pensaste antes de decir que Daniela Vega era mala actriz?
La verdad es que vi la polémica que se armó y te quiero aclarar que no tengo ningún problema con la transexualidad. Sólo que en el caso de ella me parece que no es una buena actriz. La chica es bien inteligente, interesante, me gusta. Pero la actuación es un oficio y que ella sea “la gran actriz de Chile”… s’il vous plaît.

No te arrepientes.
A veces pienso que quizás hablo un poco de más, pero yo soy así, hablantina. Una entrevista es una conversación honesta en la que hay una persona tratando de entender a la otra y la otra tratando de explicarse lo mejor posible. Yo responde desde esa honestidad.

¿Y qué opinaste, por ejemplo, de los dichos del ex ministro de Cultura, Mauricio Rojas?
Un pelota.

¿Y del Museo de la Memoria?
Importantísimo.

Dice que cuando sale a la calle tiene que ponerse anteojos porque le cuesta avanzar sin que le pidan un autógrafo o una selfie. Recuerda con cariño la “época de oro” de TVN, cuando hacían teleseries dirigidas por Vicente Sabatini que grababan en distintos puntos de Chile: la Patagonia, el desierto de Atacama, Isla de Pascua. “Sigo viendo televisión nacional porque una es tonta y ama lo que amó, pero ya no es lo mismo”. Reconoce que está enganchada con The Crown y que al lado de esa serie, las producciones nacionales no tienen comparación. También es una lectora voraz. Ahora está leyendo una serie de estudios sobre el Alzheimer. “Estoy fascinada con la lectura científica. Toda mi vida creí que no estaba capacitada para leer ciencia, pero ahora de vieja he ido entendiendo más, haciendo nuevas conexiones”.

¿El Alzheimer es algo que te da miedo?
Bueno mijito, es algo que voy descubriendo todos los días. Si me haces nombrar a todos mis hijos por orden… no sé si pueda, jajaja. Fuera de broma, estoy bastante lúcida. Es la cuestión de la dependencia la que me da más rabia. No poder dar tres pasos sin caerme.

¿Y cómo manejas la rabia?
Aguantando no más. Sentándome y aceptando. Y diciéndome mí misma: tienes 90 años.

¿Hay culpas en la vejez?
Siempre, pero las contextualizas. Ahora entendí que las cosas que uno hace no siempre dependen de tu voluntad. Hay veces en que el entorno influye mucho y eso, en su momento, no lo visualizas. La edad te da esa perspectiva.

¿Te arrepientes de algo?
De muchas cosas. Pero hay cosas de las que no me arrepiento, como haber elegido esta profesión. Ser actriz es algo que me define. Y así va a ser hasta el último día, cuando me tome esa pildorita que te dije.

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