Descifrando la mente masculina

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Descifrando la mente masculina

Por Alejandra Olguín / ilustración Edith Isabel

Cada cierto tiempo aparecen titulares proclamando que se ha encontrado una nueva diferencia entre los cerebros de hombre y mujeres, argumentando el por qué los hombres serían más infieles, mejores en habilidades motrices o tendrían mejor inteligencia espacial. Pareciera que ser XY o XX tiene una carga conductual. Pero ¿Existen realmente comportamientos biológicamente determinados en los hombres?

Que los hombres son de Marte y las mujeres son de Venus es una creencia arraigada en la cultura popular desde el homónimo bestseller noventero. Bajo la hipótesis de que ambos sexos son fundamentalmente distintos en su manera de desenvolverse ante el mundo y, más profundamente, en sus motivaciones y psicología -provenientes incluso de planetas diferentes-, John Gray escribió el libro a modo de manual para todos quienes quisieran embarcarse en una relación heterosexual.

Resulta tan erróneo esperar que un hombre esté siempre en contacto con sus sentimientos afectuosos como esperar que los sentimientos de una mujer sean siempre racionales y lógicos”, se lee en libro.

Pero el neurosexismo, o la búsqueda de rasgos biológicos y genéticos que demuestren diferencias sustanciales entre hombres y mujeres, data de mucho antes. Ya en 1888, según escribe la autora Angela Saini en Inferior, se hablaba de que el cerebro femenino era, en promedio, 142 gramos más ligero que el masculino y, por ende, ellas serían menos inteligentes que ellos. Luego de muchos años, quedó establecido que el tamaño del cerebro se vincula exclusivamente a la masa corporal, pero, aun así, sigue habiendo numerosos estudios y científicos dedicados a comprobar un determinismo biológico a la hora de analizar las conductas de hombres y mujeres.

“Así como el cuerpo es sexuado, también lo es el cerebro”, dice la psiquiatra del Hospital Clínico de la Universidad de Chile, Juana Villarroel. “Desde el período prenatal, los cerebros de fetos masculinos y femeninos están bajo la influencia de hormonas, las que promueven el establecimiento de diferencias cerebrales anatómicas y funcionales. Algunas se expresan en conductas específicas desde el nacimiento, por ejemplo, las recién nacidas tienden a mirar casi exclusivamente a la cara de las personas, mientras que los recién nacidos miran también a objetos”, agrega la doctora.

Una de las teorías de dimorfismo sexual (diferencia entre cerebros de hombres y mujeres) más replicada es la que apuntan a la conexión entre el hemisferio derecho y el izquierdo: “Se plantea que, al haber mayor conexión entre hemisferios en las mujeres, se favorece la integración de algunas percepciones. El hemisferio derecho procesa información emocional y el hemisferio izquierdo procesa el lenguaje, por lo que las mujeres supuestamente tendrían mayor capacidad de discriminar las diferentes entonaciones emocionales”, explica la psiquiatra. Esto les permitiría detectar las congruencias o incongruencias entre lenguaje emocional y lenguaje hablado y serían mejores en descubrir mentiras.

Este estudio, publicado en 2014 por el profesor de psicología de la Universidad de Pennsylvania, Ruben Gurr, propone que los hombres presentarían una conexión más débil entre el hemisferio derecho emocional y el hemisferio izquierdo racional, y por eso ellos tendrían mayor capacidad de ejecutar tareas sin distraerse por estímulos emocionales. Sin embargo, la Dra. Villarroel aclara que no existe consenso sobre la teoría del cableado distinto entre cerebros femenino y masculino.

“Nuestros cuerpos son efectivamente distinto y eso no es ninguna sorpresa. Existen diferencias anatómicas y el cerebro también las tiene”, director del Departamento de Neurociencia de la Facultad de Medicina, Pedro Maldonado. Pero la pregunta del millón es qué significan esas diferencias. “La gente tiende a suponer que ‘distinto’ implica necesariamente una valoración de mejor o peor y eso es la fuente de la mayoría de los mitos”, asegura el experto. Y recalca la palabra mitos, ya que no existe ningún estudio concluyente ni lo suficientemente grande que haya dado luz sobre, por ejemplo, si las mujeres son mejores o no en hacer tareas múltiples, o los hombres mejores en construir o manipular objetos.

No habría diferencias sustanciales en nuestro cerebro en comparación con los de hace 10 mil años, según el Dr. Maldonado, porque la velocidad con la que cambia nuestro cuerpo es extremadamente lenta. Sin embargo, el cerebro es plástico: se adapta a cualquier cosa y se moldea en función de eso. “Que usamos el 10% de nuestro cerebro es un mito. Lo usamos todo, pero potenciamos los circuitos o conexiones entre las áreas que más desarrollamos y se desgastan aquellas que no utilizamos”, dice el neurocientífico.

“El real descubrimiento es que el cerebro y su anatomía no está separada del ambiente”, propone la bioquímica y vicepresidenta red de investigadoras, Vannia Figueroa, “por lo que la interacción que establecemos con lo que nos rodea -ya sea a partir de la crianza o la sociedad en sí- genera cambios en este órgano”. Dependiendo de qué tan beneficiosos o nefastos sean los efectos del medio ambiente, se van modelando las conexiones cerebrales, tanto a nivel celular como conductual.

Entonces, los cerebros son distintos, sí, pero la pregunta sería: ¿el huevo o la gallina? ¿Nacen los hombres con un “chip” determinado, con un pre-seteado de “actitudes masculinas” o su cerebro se va moldeando de acuerdo a los roles y expectativas que impone la sociedad? Los expertos concluyen que los aspectos culturales tienen un efecto más potente que la biología y que, con entrenamiento, cualquier cerebro podría adoptar “actitudes de un género u otro”, es decir, hombres pueden ser tanto o más  comprensivos y sentimentales que las mujeres, o enfocarse en más de una cosa a la vez. No hay cerebros que prefieran el color azul y otros rosado, como tampoco unos que sean más empáticos que otros por el hecho de tener cromosomas XX o XY, sino que se trata de cerebros que absorben las ideas del entorno. Son las ideas y no los genes los determinantes.

De hecho, uno de los últimos y más relevantes estudios al respecto, dirigido por la neurocientífica israelí Daphna Joel, concluyó que los cerebros serían un mosaico de “partes masculinas” y “partes femeninas”, donde en algunas personas se expresan con mayor o menor fuerza, pero que no permitiría categorizarlos en dos clases distintas de cerebros.

Y sobre la infidelidad

¿Los hombres son más infieles que las mujeres? Tendemos a decir que sí y, acto seguido, a justificarlo diciendo que “son así”, que funcionan distinto. Que está en su naturaleza. Sin embargo, hay factores sociales a considerar. “De forma natural, hay propensión hacia la promiscuidad en hombres y mujeres, pero históricamente se ha suprimido el deseo sexual femenino, ya sea tratándolas de histéricas o incluso mutilando sus genitales”, dice el Dr. Pedro Maldonado.

En ese contexto, no es que los hombres sean más infieles por naturaleza, sino que, simplemente, como sociedad estamos acostumbrados a castigar desigualmente una infidelidad femenina versus una masculina. “Escasos estudios en mamíferos han encontrado genes de fidelidad.  Los mamíferos que tienen estos genes se quedan en el nido toda la vida. Es importante señalar que estos estudios no encuentran diferencias ente sexos, tanto macho como hembra puede tener genes de fidelidad y no son de ninguna manera extrapolables a los humanos”, enfatiza la psiquiatra Juana Villarroel.

La ciencia no es neutral, porque los experimentadores y científicos no pueden serlo. Como todo, depende del contexto histórico y tiene sesgos: políticos, raciales. Y, sobre todo, de género. Desde el hecho de que los ratones en los que se experimenta sean machos porque se cree que los ciclos hormonales de las hembras interfieren con los estudios, hasta buscar diferencias biológicas para justificar  los espacios que cada género ocupa en la sociedad.”Hay personas que utilizan la ciencia para, de alguna manera, detener el avance en igualdad de derechos argumentando que los cerebros son distintos, y que, por ende, los roles deberían ser distintos”, explica el psiquiatra de la Universidad Católica, Pablo Toro, y recalca la importancia de no quedarse con los titulares de los estudios que prometen haber encontrado diferencias sustanciales en los cerebros, ya que están basados en muestras muy pequeñas. Más allá de eso, propone analizar cuáles son las razones sociales y culturales detrás de las distinciones entre la mente masculina y femenina. Porque, después de todo, no somos de distintos planetas.

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