El director de Cholguán: Sebastián Lelio

Reportajes y Entrevistas

El director de Cholguán: Sebastián Lelio

Por ximena torres cautivo / fotografías nicolás Abalo

El ganador de un Oscar por Una Mujer Fantástica se crió en ese pueblo maderero de la región de Ñuble e iba a bailar al lado, a Trupán. Allí tuvo su propio Twin Peaks, antes de salir a devorarse el mundo con hambre de provinciano. Este marzo, en el Día de Internacional de la Mujer y de su cumpleaños 45, estrenará el remake de Gloria, con Julianne Moore de protagonista. Y a partir del 9 de enero la Cineteca Nacional presentará una retrospectiva con nueve películas suyas.

“El erotismo es siempre una falta de respeto. Es una disrupción del orden, tiene algo de prohibido, eso es lo que lo hace erótico”, dice el director de cine y ganador del Oscar por Una Mujer Fantástica, Sebastián Lelio (44).
Caemos en el tema, a propósito de las acusaciones de abuso sexual que han opacado el brillo de la industria cinematográfica mundial; las contra el otrora poderoso productor de cine Harvey Weinstein en Estados Unidos y las locales contra Nicolás López y Herval Abreu. “Es un fenómeno planetario, un remezón que está afectando la manera de cómo nos relacionamos. Creo que se está reescribiendo el contrato y que hay una sobrerreacción y un ajusticiamiento a veces preocupante”, dice, sin temor de enemistarse con las feministas, quizás girando a cuenta de su popularidad como cineasta promujer, sensible y capaz de reflejar la búsqueda del placer sexual de una sesentona solitaria, Gloria, y de una mujer que nació en un cuerpo equivocado, Marina, protagonista de Una Mujer Fantástica.
“Me siento mucho más identificado con el manifiesto de las actrices feministas francesas que con el Me Too de las gringas. Me parece que las posiciones extremas, que combaten hasta la galantería y los piropos, son una infantilización del erotismo. En la mayoría de los casos, la mujer es lo suficientemente inteligente para saber decir sí y no. Llenarnos de trabas, de reglas, de noes, es una manera de matar el erotismo y me parece terrible porque el erotismo nos hace humanos”, afirma, racionalmente apasionado.

Hoy todo puede ser usado en tu contra: un piropo, un chiste, una palabra incorrecta. ¿Cómo se crea, se hace arte, con tantas restricciones?
¿Cómo? Siendo adultos, el exceso de celo inevitablemente te convierte en un facho represor. Está colándose por todas las rendijas un tufillo protector de la moral y las buenas costumbres, incluso desde sectores considerados progres. Y no se puede hacer arte con guante blanco, trabajar creativamente con esas limitaciones, te lleva directo al despeñadero. Hoy, en nombre de la libertad y de la defensa de los derechos, se puede llegar a mutilar y restringir la libertad. Tratar de someter lo erótico a reglas, es un contrasentido porque lo erótico es disruptivo y atenta contra el orden. La libertad es libre, le duela a quien le duela.

Sebastián, quien huyó del gélido Berlín, donde vive desde 2013, cuando obtuvo excelentes críticas en la Berlinale por Gloria, está en Santiago concentrado en la edición de Gloria Bell, la versión en inglés de la película con que ganó el Oscar a la Mejor Película en Idioma Extranjero, protagonizada esta vez por la famosísima Julianne Moore en el rol que hizo Paulina García. El remake será estrenado en marzo en Estados Unidos y le demandará un intenso trabajo de promoción. Nada que ver con la plácida existencia de comienzos del verano en un Santiago con el que se está reencontrando, después de la vorágine que significó ser el segundo chileno en obtener un Oscar de la Academia (el primero fue el equipo creador del corto de animación Historia de un Oso).

Con Una Mujer Fantástica estuviste en el centro de un tema absolutamente contigente. ¿Fue activismo ex- profeso?
El éxito de Gloria me hizo sentir que había topado techo, que quizás no haría nada nunca con ese impacto y decidí insistir en esa puerta a los mundos femeninos que se abrió con ella. Una Mujer Fantástica fue pura intuición, nada de ideología, sobre un tema desafiante y removedor que estaba en el aire. La idea de la película llegó antes que Daniela Vega. Yo andaba buscando asesoría para hacerla, alguien que me sirviera de guía. Así la conocí y estuvimos hablando durante un año. Yo tenía claro que solo podía protagonizarla una persona trans, no alguien disfrazado de. Muchos elementos de la relación que generamos se colaron en el guión, aunque no hay nada documental en la película. Es de ficción. Puede verse como un melodrama, un thriller, un estudio de personaje, una historia de humillación y venganza. Es todo eso por sí sola y todo eso por separado. Mi causa no es la causa trans. Mi causa es el cine. Creo que el cine puede transformar al cine, no al mundo. Pero sí ayuda, contribuye a que el espectador vea cosas y, cuando uno ve las cosas, las cosas cambian.

En Chile, hubo un cambio legal en la materia: la aprobación de la ley de identidad de género. ¿Sientes que contribuiste a ello?
Una Mujer Fantástica contribuyó al cambio de la temperatura del debate que había previo a la aprobación de la ley. Fue un golpe de energía. Creo que nadie, por más dinosaurio que sea, quiere parecer dinosaurio, y, en ese sentido, morigeró los tonos del debate.

Julianne y yo

¿Es muy gringa, muy pálida, muy pecosa, Julianne Moore? -preguntamos con frivolidad de groupie (Lelio nos mira con cierta lástima comprensiva y responde)
Ella es la encarnación viviente de la excelencia. La admiro desde sus primeras películas: Safe, Short Cuts, Magnolia. Es menuda, bajita, como de mi porte.

¿Cómo se gestó Gloria Bell, la historia que repetirás en inglés y con ella?
Después de Gloria, empecé a recibir muchas ofertas para dirigir en inglés. Un par de compañías estadounidenses compraron los derechos de Gloria para hacer el remake, pero por distintas razones no lograron concretarlo. Mi agente en Londres y mi representante en Los Ángeles me recomendaron que la mejor manera de hacer una versión de la película en inglés era entusiasmando a una gran actriz. Yo dije: “Okey, bendiciones y hasta luego”. Luego supe que Julianne Moore la había visto, se había enamorado de la película y quería conocerme. Me citó en París. Fui convencido de que sería una reunión genérica, pero después de una hora de conversación, en que ella fue muy generosa conmigo, me dijo que la aterraba el rol y que solo lo haría si la dirigía yo. Todo mi cuerpo le respondió que yo solo podría repetirla con ella.

Lelio se lanzó a reescribir el guión en inglés, mientras en paralelo hacía Una Mujer Fantástica y lo reclutaban para dirigir Desobediencia, con otra súper estrella hollywoodense, Rachel Weisz, que se estrenó en Chile en mayo pasado.

¿Cómo resulta remedarse a uno mismo? ¿Hacer lo mismo en otro idioma?
Es como tocar una melodía con otra mano, pero es lo mismo porque cómo podrías cambiar el corazón de la canción.

Supongamos que los máster de Una MujerFantástica y de Gloria estuvieran en una misma bodega que se está incendiando y tú tienes la posibilidad de salvar solo uno. ¿Cuál sería tu elección?
¿Por qué tengo que jugar este juego? No sé, realmente -dice, perturbado. Al final, afirma, rotundo: -Prefiero morir quemado. Quemarme yo que elegir entre las dos.

Tampoco se la juega por ninguna de sus musas: Paulina García, Daniela Vega, Rachel Weisz, Julianne Moore. “Son mujeres distintas. La diferencia la determinan las horas de vuelo y un magnetismo inexplicable que hace que una actriz se convierta en estrella de cine. Esa capacidad de ser un espejo donde todos podemos reconocernos es lo que las vuelve mágicas”, dice, pero no hay que tener gran penetración psicológica para darse cuenta que Julianne Moore lo conmueve.

Bachelet bailando disco

¿Haría una película de Cholguán? No, no se imaginen que hablamos de un filme de madera aglomerada; cholguán quiere decir “lugar de cholgas” en mapudungún, pero la pregunta viene al caso, porque Lelio vivió su pubertad en Cholguán, pueblo maderero ubicado al sur y al interior de la Región de Ñuble. Su padrastro, al que llama “mi segundo padre”, debió trasladarse hasta allí por trabajo y la familia se instaló en esa naturaleza boscosa de los faldeos del volcán Antuco. “Pasé toda mi adolescencia en Cholguán, que está como a 10 minutos de Trupán, donde íbamos a carretear. Ese escenario es lo más parecido a Twin Peaks que hay en Chile, incluso creo haber bailado con la Laura Palmer local”, bromea.

Fue durante su infancia que tuvo su primera epifanía cinematográfica. “Nos llevaron a ver Carros de Fuego con mi curso, cuando vivía en Viña. Luego, en Cholguán, muchas veces prefería quedarme viendo La Misión en VHS que salir a carretear”.

Siempre supiste que serías cineasta.
No. Crecí moviéndome de ciudad en ciudad, en entornos no demasiado intelectuales y mis intereses se disparaban: fotografía, literatura, música, actuación. Cuando me fui de intercambio a Estados Unidos, al equivalente a Cholguán de Estados Unidos, a otro pueblo que era la encarnación de Twin Peaks, pero muy blanco, muy agrícola y muy ignorante, muy Trump, empecé a ver cine.
Cuando volvió a Chile, entró a Periodismo en la Universidad Andrés Bello. Ahí se hizo amigo del hoy conductor de TV Sergio Lagos. “Teníamos en común que éramos provincianos. Y, cuando uno llega de la provincia, uno viene con un hambre feroz. Uno quiere devorarse el mundo”.

¿Crees que internet, la globalización han terminado con ese tipo de provincianos?
Sí, el mundo es distinto. El lado rebelde y expansivo de Chile tiene hoy muchos más espacios para expresarse, aunque la educación rígida de colegio hace que el lado retrógado se fortalezca y la guerra santa en que nos pasamos en este país se vuelva más intensa. No vayas a creer que me fui de Chile porque odie Chile.
Lelio hizo Gloria cuando tenía 37. Y estrenará Gloria Bell a los 45, el 8 de marzo, justo para su cumpleaños, que coincide con la celebración del Día Internacional de la Mujer. Todo un símbolo.

¿Eres como much@s afirman: un director promujer?
Estuve revisando mis películas a propósito de una retrospectiva que hará ahora la Cineteca Nacional. Al hacerlo, descubro muchos afluentes que terminan en ese destilado que es Gloria. Es una mezcla de mi solución para hacer cine y de mi vida. Mis primeras tres películas son mi segunda escuela de cine, muy de guerrilla. En 2001, estrené y gané el Independent Jury Award, en el Festival de Cine de Locarno, 43 años despúes de que Raúl Ruiz obtuviera allí el premio principal por Tres Tristes Tigres. Pensé: “Ahora qué va a pasar. Nadie me va a llamar. No va a pasar nada”. Ahí me decidí a hacer una película con temas propios.

Y recordó a su mamá y a sus amigas, con las que le encantaba compartir conversación y pisco sour. “Una película puede estar a medio metro de uno sin que lo sepas. Mis amigos no podían creer que quisiera filmar una historia sobre la generación de nuestras madres y que, además, lo considerara pop. Para mí había algo muy emocionante en la idea de armar un Frankenstein con todas esas mujeres y sus historias.

¿No se sintieron traicionadas en su intimidad al verse en la película?
No, porque no las estaba espiando. Me caían bien ellas. La observación y construcción de un personaje es un caballo de Troya. Te hace reír y puede ser muy despiadada; hay examen y exaltación, no espionaje

Siempre encontré que Gloria tiene algo de Michelle Bachelet.
No lo sé, tendría que verla bailando disco. Gloria mordió, encarnó algo que estaba y no estaba del todo en el ambiente hace 5 años. La idea de la mujer al centro, que hoy es evidente, se intuía. La película se anticipó un poco y la fueron a ver madres, hijas y nietas juntas y todas se sintieron reconocidas. Tengo fotos de esas familias, que me las mandaban, desde la misma sala de cine.

¿Cómo son los hombres de Gloria?
Para nada gloriosos. La película pispa que los hombres son menos, que la masculinidad está desconcertada. Hay un momento en el clímax en que él dice que no puede aceptar el honor que le ofrecen porque no tiene suficiente entendimiento.

¿Entra la paternidad en tus planes?
No, por ahora tengo dos sobrinas. No sé si quiera un niño propio.

Tampoco sabe dónde vivirá. Escogió Berlín hace 5 años, “por el espacio físico y mental que ofrece la ciudad”. Y cita la famosa frase de Lautréamont en que define la belleza “como el encuentro fortuito de una máquina de coser y un paraguas sobre una mesa de disección”, y que explica en imágenes el surrealismo. Esa libertad creativa es la que encontró en Berlín, donde siente que cumplió un ciclo y ahora busca su destino.

Chile, ¿imposible?
No, por ahora. Ahora necesito mucho espacio para crear y crearme y necesito dar con el lugar que mejor resuene conmigo. Uno diseña la vida que elige; es muy peligroso vivir por default, porque te enseñaron que la vida era de una manera y así había que vivirla. Una Mujer Fantástica demuestra desobediencia y esa libertad de ser. Para habitar hoy el mundo hay que tomar decisiones conscientes; resolver si eres religioso o ateo, aclarar tu domicilio político, pagar tus impuestos informado… En fin, tener la libertad de adherir a ciertos principios y darles una patada en la raja a otros.

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