Divina, Melyna

Reportajes y Entrevistas

Divina, Melyna

Por ximena torres cautivo / fotografías alejandro araya

Si uno quisiera cargar las tintas de una biografía, no alcanzaría el nivel de acontecimientos, giros, tropiezos, logros, aprendizajes, golpes y méritos de la atractiva reportera estrella de Bajos de Mena TV. Su profesional entereza en medio de una balacera la ha llevado a los matinales, a conocer a Cecilia Morel y a dar entrevistas urbi et orbi, usando siempre su calificativo favorito: ¡divino!

“Yo asumí que soy mamá sola. No me tomé la molestia de amargarme porque mi marido no me pagaba la pensión alimenticia de mi hija. Mi filosofía es: o te sientas a llorar… o te paras, te sacudes la pena y sigues caminando”.

Melyna Montes (44) demostró en pantalla su filosofía. La vimos cuando cubría un show de talentos para el canal Bajos de Mena TV, en el Centro de Salud Familiar de ese populoso sector de Puente Alto, y se inició una balacera. Ella no dejó de transmitir, llamando a los papás a la calma y ayudando a los niños. Su relato se convirtió en viral. Y sus crespos decolorados, sus antejos de gata, sus piernas torneadas, su escote generoso, sus tacos aguja y su discurso fluido la convirtieron en trending topic y la llevaron de matinal en matinal, donde la acosaron con preguntas dirigidas a seguir estigmatizando Bajos de Mena como una zona de guerra donde nadie debería vivir. Y eso ella no lo acepta.

Melyna ama Bajos de Mena. Ahí encontró su lugar en el mundo, se hizo propietaria, crió a sus tres hijos, fundó M y M, su empresa, y se convirtió en la estrella que es hoy. “El estigma lo coloca uno mismo. Si uno tiene orgullo de lo que es y de donde viene, no hay estigma que valga”.

Nació en Parral, hija de un carpintero y de Charito, una comerciante, conocida por un expendio de bebidas alcohólicas que se llama igual que ella. “Mi santa madre sacó adelante a sus 7 hijos gracias a su ‘fábrica de curaos’. Mi papá nunca fue mucho aporte. El alcohol lo perdió”.

Alumna reguleque, vivían echándola de clases por conversadora. A los 17 quedó embarazada de un compañero del liceo Federico Heisse. “Ser mamá soltera era fatal: pueblo chico, infierno grande. Por el que dirán nos casamos, pero duramos poquito. Él empezó a tomar, igual que mi papá. Se pasaba el día donde mi suegra y en la noche llegaba a la casa de mi mamá, donde vivíamos, curado”.

Separada, con 22 años, su hija mayor de 4 y un embarazo en ciernes, se vino en bus a Santiago. Había conseguido telefónicamente una promesa de trabajo como nana en Las Condes. Venía con la plata justa, y al llegar desconocieron la oferta. “Esa noche y las siguientes mi hija y yo dormimos en la calle. En una plaza que hoy no podría ubicar; nunca he vuelto por ahí”. Un matrimonio que vendía Super 8 le pasó botellas de agua mineral para que los ayudara a vender. A pie fue bajando de Las Condes al centro. Los vendedores la acogieron en una pieza que arrendaban, y cuando llegó el momento de ir a parir cuidaron a Francisca, su hija, que hoy tiene 26, es técnico en educación diferencial, está casada y vive en el tercer piso del mismo block de la población Cerro Morado, donde habita Melyna. Es un departamento de 42 metros cuadrados estirados con ingenio.

“La señora de los Super 8 me contó que al sur de Santiago había un lugar donde la gente estaba abandonando sus departamentos; los blocks eran malos y se llovían. ‘Vamos y tomémonos uno’, me dijo. Y así lo hicimos”. Con un cartón como cama, su guagua de días y su hija ya de 5 años se instaló en un departamento húmedo de la población El Volcán, que le parecía un palacio.

Todos los días llegaban más y más personas en busca de un techo. Una noche “entraron unos choricuacos armados con pistola a echarme. ‘Saquemos a esta vieja’, decían. Yo estaba aterrada, pero no podía quedarme de nuevo en la calle con mis niños, así es que me arrodillé, les supliqué y les conté mi historia. Al rato volvieron. Me trajeron una cuna, un colchón y un sillón. Y al día siguiente, algo de plata”.

Los aguaceros del invierno de 1997 fueron históricos y los noticiarios mostraban cada noche una de las mayores vergüenzas de la Concertación: las recién entregadas poblaciones Copeva, que hacían agua por los cuatro costados. La imagen de las viviendas sociales envueltas en plástico para paliar los efectos de la lluvia sobre unas construcciones mal paridas no se olvidará.

En ese contexto, Melysa debutó en la tele. Canal 13 hizo un reportaje sobre lo que pasaba en El Volcán. Y ella, sin rulos decolorados ni tacos, con 23 años, apareció como símbolo de la precariedad de ese sector de los extramuros capitalinos. “En Parral, mi mamá, que no tenía idea de dónde estaba yo, prendió la tele y escuchó: ‘Mujer no tiene un lugar digno donde vivir’ y vio mi cara. Mi hermano mayor, que estaba empinándose una bebida, se trapicó y cayó a la posta. Casi se muere”.

“Un par de veces salí a cogotear”

La reportera de Canal 13 que la entrevistó le llevó ropa para su guagua, pero el regalo más valioso fue conocer a Víctor, papá de Paulina Nin de Cardona, que entonces era una estrella de televisión, y la contactó para que lo cuidara. “Don Víctor ha sido el mejor patrón. Lo cuido desde entonces con intervalos; él viaja y ha vivido etapas fuera de Chile. Ahora lo voy a buscar los viernes y lo devuelvo los lunes a su casa. Le gusta pasar el fin de semana conmigo. Antes vivía en Providencia, ahora en avenida Grecia. Tiene más de 90 años y está lúcido; hace un programa de tangos en la radio”.

Ese trabajo, que combinó con otros, le permitió ir mejorando el departamento tomado. Aunque no era dirigente vecinal, seguía de cerca las acciones del Serviu para intentar arreglar lo que había nacido fallado. Le dijeron que tendría casa si ahorraba para el subsidio y que todo iba a mejorar. Muchos de sus vecinos no creyeron en las promesas y optaron por irse; otros, como ella, perseveraron, pero Melyna fue la única que se negó a dejar el departamento que habitaba cuando las autoridades decidieron demoler los blocks del sector. Cuando lo hicieron, vivió durante meses rodeada de escombros y fierros retorcidos, como única sobreviviente de un bombardeo.

Finalmente aceptó irse. “La vamos a sacar por expropiación, me amenazaban, pero conseguí una permuta. Yo inventé la permuta habitacional”. Y así vivió; no alcanzaba a instalarse en un block, cuando aparecían las retroexcavadoras y la volvían a trasladar. La historia se repitió 6 veces. “Pero de Bajos de Mena yo no me voy. Aquí la gente es buena. Y era económico. En esos años hasta pasaba el lechero”, dice, para explicar su persistencia. Además, Juan Contreras, el papá de su guagua, se había venido de Parral a vivir con ella. Ya no estaba sola.

El auspicio de un negocio de fotocopias le permite a Bajos de Mena TeVé tener todo tipo de impresos: afiches, flyers, magnéticos para el refrigerador.

Después de ahorrar para la vivienda recibió 13 millones del Serviu. Hoy es dueña del departamento en que vive. Está en un block que exhibe en uno de sus costados señales de demolición. “Nos van a trasladar a unas casas ‘la raja’. Divinas, de 62 metros cuadrados, con antejardín y entrada de autos. En ese conjunto todo ha sido pensado con la participación de los vecinos. Hemos opinado sobre la necesidad de áreas verdes, rampas para minusválidos, conexión a internet. Van a ser las primeras viviendas sociales con conectividad digital”, dice, embalada, con conocimiento, mejor que cualquier autoridad. “En este block somos excelentes vecinos, estamos pendientes los unos de los otros, por eso queremos que nos pongan en la misma cuadra; somos comunidad”.

Pero volvamos al pasado. Melyna, con departamento propio, se sentía feliz. Tenía trabajo y su relación con Juan funcionaba de maravillas, tanto que tuvo una niñita. Un día que había salido con sus tres hijos, al volver, todo se vino abajo. “Los dos mayores pasaron a ver a mi hermano, su tío adorado, que vivía en el primer piso. Entonces estábamos en el tercero. Yo subí con mi guagüita y al entrar al departamento vi a Juan, mi hombre, acostado con mi mejor amiga. Sentí que mi corazón se rompía. Quedé en shock. A los pocos días se suicidó mi hermano”.

Llevó a sus hijos a Parral, a la casa de su mamá, y volvió sola a Santiago. De Juan nunca más se supo. “Caí en las drogas. Anduve botada. Probé de todo: pasta base, anfetaminas, coca, marihuana, lo que cayera. Lo único que quería era destruirme. Vi tanto en la calle, hasta asesinatos. Nunca, eso sí, me prostituí ni vendí droga. Sí, un par de veces salí a cogotear. Es un episodio que no me gusta recordar, pero que no debo olvidar por más vergüenza que sienta”.

“El piropo es el alimento de la mujer”

¿Cómo dejaste las drogas?
A pura fuerza de voluntad. Un día desperté y vi que no tenía nada. Había vendido hasta las camas de los niños para conseguir droga. Pensé en ellos, ¿qué estoy haciendo? Tenía solo un colchón y un montón de armas, entonces me gustaban mucho. Había empezado ese programa Devuelve tu Arma y las llevé todas a la comisaría. Luego fui donde una vecina, le pasé la llave de mi departamento y le pedí que cerrara por fuera y no me dejara salir. Durante semanas viví entre sombras, sudé, tuve visiones, me revolqué, quise tirarme por la ventana, pero acá todo es enrejado. Por las mañanas la vecina me dejaba leche y pan. Un día tuve ánimo de limpiar, de ordenar. Estaba sana.

Víctor Nin de Cardona había vuelto del extranjero y la necesitaba. Trabajó como nunca. Fue al sur a buscar a sus hijos. Tenía la casa flamante, con “todo nuevo”. La vida volvió a iniciarse. Hace seis años tuvo una nueva conversión, un simbólico cambio de look. “Decidí no ser más lisa, ahora todas quieres ser ultramegalisas, yo busco diferenciarme”. Se decoloró, se volvió rubia y crespa.

Poco después aparecieron en la población unos jóvenes realizadores audiovisuales. Eran de MAFI (Mapa Fílmico de Chile), iniciativa cultural que había ganado un fondo para crear canales de televisión comunales. “Los trajo la Intendencia y se reunieron con todos en la cancha. Yo venía del trabajo, me asomé y eché unas tallas. A los chiquillos les gustó mi personalidad. Fui a algunas clases: plano medio y plano completo”.

Jimmy Ureta, director tecnológico de Bajos de Mena TeVé, dice: “La Mely cree en sí misma. Ahí está la clave de lo que pasa con ella, más allá del video de la balacera, que la llevó a matinales, a conocer a la Primera Dama y a que Chilevisión y tú la estén entrevistando. Yo no dedicaría parte de mi vida a esto si ella no estuviera. Ahora mismo tiene a su cargo a una guagua de 15 días. La cuida porque su madre drogadicta no puede. Es bondadosa de verdad, quiere ayudar”.

Así lucían los blocks de El Volcán cuando Mely se negó a dejar su departamento. Y fue tema de una exposición. Su hijo Juan, baterista, ensayaba entre los escombros.

Desde hace un año y medio Mely, Jimmy, Guillermo y una chica que consigue los auspicios (los apoyan tres negocios: uno de fotocopias, una distribuidora de gas y una mueblería) operan el canal, que funciona por internet, “con un enfoque comunal potente”. Tratan de hacer una nota diaria. A Melyna le gusta mostrar a los vecinos organizados, como un grupo de la villa Caleuche que se ha preparado para afrontar incendios. “Acá los espacios son reducidos, las estructuras frágiles, las personas pierden todo en un segundo. No se quema un departamento; arde el block completo”. Los fines de semana cubren cuanto bingo haya. Los 4 trabajan gratis, por eso Melyna se esmera en su propio emprendimiento.

Cuando su hija mayor se casó quiso arrendar la vajilla, pero le pareció tan caro que prefirió comprar cien platos, tazas, copas y cubiertos. Así nació M y M, su empresa de banquetería. Este año fue la encargada de la celebración de cumpleaños del alcalde Germán Codina y no hay fin de semana en que no se haga cargo de un matrimonio o fiesta en Bajos de Mena.

Mely es grito y plata en la calle. La gente la saluda, los carabineros la ayudan en sus coberturas, los choferes del Transantiago la piropean, y ella se siente feliz. “El piropo es el alimento de la mujer. Cuando un hombre se da vuelta a mirarme, me encanta. Yo soy coqueta, pero ya no me imagino en pareja. Lo que me pasó fue muy fuerte. Dejé de tener amigas mujeres; solo hombres, como mis leones de Bajos de Mena TeVé, que me acompañan y cuidan”.

Insulinodependiente, se trata en el mismo Cesfam donde la pilló la balacera. Vive luchando contra los kilos de más. Alimentarse sano es caro, dice, y por eso hay tanta obesidad en los sectores vulnerables. “Me encanta la ropa linda y me da rabia que nunca sea para las gordas. Yo arreglo todo. Compro fome y lo vuelvo entretenido. Siempre digo: yo tengo quien me vista, lo que necesito es alguien que me desvista”, chacotea. Y luego añade: “Me gustan los escotes, las minis, los tacos, las tachas y el bling. Me encantaría pararme en la Quinta Vergara y ganarme una gaviota para demostrar que una mujer gorda de un barrio periférico puede ser estrella. Me irrita que la televisión muestre puras flacas. Es tonto, porque no representan a nadie y terminan generándole pura frustración a las personas normales”.

 

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