Dos generaciones: ochentero y dosmilero

Reportajes y Entrevistas

Dos generaciones: ochentero y dosmilero

Por Claudia Donoso / Fotografía: Alejandro Araya / Producción: Michelle Gravel

Óleo, tintas, acrílico, grafito, barnices. Y ADN. Samy y José Benmayor, pintores e interlocutores en el oficio, padre e hijo hablan de sus intersecciones y trasvasijes.

Acaban de retornar de su primer viaje conjunto como artistas. Estuvieron en ArteBa como invitados a esta feria de arte anual en Buenos Aires por la que circula una multitud numéricamente comparable a la de un Estadio Nacional repleto de hinchas en un partido que agite seriamente sus emociones.

Aparte de público general concurren curadores y coleccionistas que se pasean con el ojo alerta ante las obras de los artistas acarreados por los cientos de galerías invitadas. En el caso de Samy (54) y José Benmayor (22) fueron la Malborough y la Sala Tudor las responsables de este viaje coincidente. El padre ochentero formado en la época del fax y la pintura-pintura y el hijo que inicia su trayectoria con el cartoon network, el graffiti y el chat como parte de su instrumental.

En Santiago trabajan cada uno en su taller. El de Samy es enorme y de arquitectura despejada. Además tiene un huerto con repollos, zapallos y ajíes que el artista usa en los guisos que prepara. El taller de José, alias Grio, es laberíntico, destartalado y compartido con varios amigos, entre ellos Michael Edwards, alias Yaikel, e Ignacio Gatica, alias Blog. Los tres juntos preparan una colectiva para agosto en Galería Moto.

Lápices de regalo

José, ¿quién encuentras que pintaba mejor a la edad que tú tienes ahora?, ¿tú o tu papá?
Yo no estoy para nada convencido de ser bacán y me falta todo, pero mi viejo me ha mostrado cuestiones que pintaba cuando tenía mi edad y en verdad eran pésimas.
Samy:
José tiene una certeza mucho mayor que la que yo tenía a su edad y tiene gracia, lo que no es poco. Hay que ver cómo va a profundizar su lenguaje.

¿Por qué será, José, que tú eres más seguro?
Por los estímulos que he tenido. A mi viejo nadie lo llevó a los museos ni le metió las cuestiones que él me metió en la cabeza. Me mostró libros, me regaló lápices y blocs de dibujo para las pascuas y los cumpleaños, y hasta ahora. Lo mejor que me pueden regalar son materiales.

Samy, tus dos hijos salieron artistas…
Claro, nacieron contagiados. A la Matilde, además, le dio por ir a aprender flamenco a España
José: Ya no quiere ser pintora.
Samy:
Yo creo que va a seguir, pero también le gusta bailar. Llega en agosto.
José:
¡Ahhh! Anoche soñé que mi hermana llegaba a Santiago y al tiro me quitaba el auto. Me lo dejó cuando partió y en el sueño se subía mi papá y mi mamá, partía el auto con la Matilde manejando y me dejaban abajo.

José me contó que cuando eran chicos, los llevabas una vez al año a tu taller. Pero una sola vez al año y nada más. ¿Por qué?
Porque si iban a cada rato la cosa iba a perder poesía. También en la casa les escondía los materiales para hacerlos sufrir. Por un rato no más, claro.

 

Samy, ¿cómo ves las diferencias entre tu generación de los 80 y la de los dosmileros?
La net es definitiva. Imagínate que para saber lo que pasaba en otras partes del mundo nosotros teníamos que tener un amigo que hubiera ido a Nueva York y te prestara un Art in America o el Art Forum y eso, Claudia, tú lo sabes porque como yo, eres de la época de la polaroid y el radiocaset.
José:
Yo me acuerdo del ruido del fax.
Samy:
Para mí que internet lo inventó Borges en el cuento de El Aleph. El protagonista miraba por un lugar muy raro escondido debajo de una escalera y podía ver la peineta de la reina Ana, la ballena del Polo Norte y podía ver todo lo que pasaba en el mundo en todas las épocas.

Pero eso es medio pesadillesco también, como la sobre  abundante información a la que ustedes los digitales tienen acceso.
José:
Demás, pero yo siento que saber aprovecharla es lo más bacán de mi generación. Eso sí que a mí me pasa la paradoja de que un teléfono antiguo me resulta mucho más rico gráficamente que un celular, las formas son más divertidas para dibujar. Y el sonido digital es bacán pero el análogo suena más de verdad.

¿Por qué te parece más verdadero?
Tal vez porque el sonido digital sale de un chip programado, pero tampoco por eso es falso respecto del de una guitarra acústica…

Será que otra cosa es con guitarra.
Samy:
Claro, uno se demora en aprender a tocar bien, en cambio con el computador, haces buena música sin mucho esfuerzo si eres creativo. Yo lo encuentro alucinante.

¿Te da envidia?
Bastante y me encantaría manejarme como ellos con la computadora. José me ayuda con la mejor voluntad del mundo, pero nada te quita lo lerdo. Es increíble porque los niños estos, chatean con cinco personas a la vez y al mismo tiempo están bajando una película y escuchando música.

Envase de cloro en la basura

José, ¿le muestras a artistas de ahora a tu papá?
Sí, de los más graffiteros, y le muestro músicos. Pero los de mi generación no somos tan virtuales; por lo menos a mí me motiva caleta ver los originales de Bacon o de Rembrandt en un museo o ver una película en blanco y negro.

¿Qué importancia ha tenido la experiencia del graffiti para ti?
Graffiti-graffiti ya no hago mucho, pero cuando me quedo parado con la pintura y no se me ocurre nada, pienso como graffitero y me desparalizo.

¿Y eres obsesivo?
Un poco, porque ando como tomando apuntes mentales hasta cuando estoy carreteando.

¿Cómo es eso?
No sé, veo una escena, típico en la noche, tarros de basura dados vuelta con un envase de cloro, un teclado de computador y unos perros husmeando y después llego al taller y lo meto en un cuadro.
Samy: Lo que ellos viven ahí en el taller es lo mejor que se puede tener; esa interacción entre un grupo de amigos trabajando vale un Perú.


Bien viejecita la expresión que usaste.
Tienes razón; a lo mejor se la escuché a Adolfo Couve, que fue profesor de todos nosotros en la Chile y a mis hijos les he transmitido las clases que hacía. No completas, pero con imitación de voz, era muy teatral. Inolvidablemente genial.

Y si tú no tuviste los estímulos artísticos que tuvo José, ¿por qué crees que quisiste ser pintor?
A lo mejor por las películas de vidas de pintores que vi. Cuando chico pasaba mucho solo, porque mi madre trabajaba y no tenía hermanos. Además, mis compañeros de colegio vivían en Ñuñoa y nosotros en el centro; para no aburrirme inventaba cosas, dibujaba harto. Y ahora hago lo mismo que a los cinco años: jugar, crearme problemas que no existen para solucionarlos, que es lo que pasa pintando.

¿Pasa qué?
Que rayas tu cancha con reglas que no le puedes explicar a nadie y que para uno tienen un sentido tremendo.

Tu padre murió cuando eras muy chico, ¿no?
Cuando tenía dos años, y como mi mamá no estaba mucho en la casa yo pasaba con mi abuela que vivía con nosotros en un departamento que me encantaba, porque quedaba en la zona de la Alameda donde se instalan los circos.

Buen estímulo visual.
Fantástico, y sueño mucho que me voy de vuelta al lugar de infancia y me voy para allá con camión de mudanza y todo. Llego, habito de nuevo ese departamento y es una felicidad enorme. Por lo demás, de grande fui a tocar el timbre; me las arreglé para que me dejaran entrar y en la pieza de mi abuelita había una secretaria escribiendo a máquina.

Y a ti José, ¿se te repite algún sueño?
Típico el de que se te caen los dientes. Últimamente también se me repiten unos sueños con abejas y con una plaga de moscas en mi taller. Asqueroso el sueño y me despertó. El de las abejas también era en mi taller y encontraba un panal.

Tendrás un panal en el taller que es tu cabeza.
Capaz. Fui a ver un diccionario de símbolos y saber qué representaban las moscas.

¿Tienes un diccionario de símbolos?
Sí, se lo pelé al anciano.

¿Al anciano?
Samy: Toda la vida me ha dicho anciano, tiene bastante sentido del humor y encuentra que yo estoy pa’ la cagá y que no entiendo nada. (Dirigiéndose a José) ¿Y averiguaste lo que significaban las moscas en el libro que me pelaste?
José: Lo que me acuerdo es que son lo primero que aparece cuando se dan condiciones mínimas para que haya vida.
Samy: ¡Ahhh! Otro sueño que sueño es el de una ciudad medio china llena de estatuas de leones y dragones que está al otro lado de la cordillera.

¿José, te pesa en algún sentido ser “hijo de”?
Te pueden desmerecer por eso, sobre todo si empiezas a vender, pero me da lo mismo. Lo que más me afecta es la cuestión mental de no parecerme a mi papá en la pintura.

¿Y cómo lo haces?
Si se me ocurre pintar una vaca lo reprimo, porque la vaca es de Samy y prefiero pintar un perro o un cocodrilo. Mi viejo piensa en los ritmos, en las fuerzas, yo soy dibujado y con colores planos. Si se ponen cuadros míos y de mi papá en China no van a encuentrar que soy su clon.

Samy, ¿qué encuentras que les falta hoy a los jóvenes que están en el arte?
No les falta nada. Crecer no más.

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