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30 junio, 2017
orla

Editores criando

La escritora Claudia Apablaza y el traductor Jorge Núñez son partners en la vida íntima y en lo profesional. Comparten el cuidado de su hija Eloísa, mientras trabajan en Los Libros de la Mujer Rota, la microeditorial que funciona en su casa y que está apostando, con muy buen ojo, por nuevas voces locales y por traducir a jóvenes autores extranjeros.

Por Carola Solari / Fotografía: Rodrigo Chodil


Paula 1229. Sábado 1 de julio de 2017.

Claudia y Jorge se conocieron en 2014 en un festival de poesía. Ella, escritora, autora del Diario de las especies y Goo y el amor, quería armar una microeditorial y tenía ganas de ser madre pronto. Él, 11 años menor, entonces estudiante de Ciencias Políticas y con muy buen dominio de inglés, rondaba el circuito literario: había participado de algunos talleres. Además, quería ser padre joven. Se enamoraron, se casaron, se embarazaron y gestaron juntos la editorial con la que soñaba ella. La llamaron Los Libros de la Mujer Rota, en honor a Simone de Beauvoir.

Los libros fueron naciendo a la par que ellos consolidaban su nido: en la pieza de atrás del departamento antiguo en el que viven, en un primer piso en Ñuñoa, montaron la oficina, donde están sus computadores, un gran estante con libros, un sillón y, desde que nació su hija Eloísa, también hay juguetes y una pequeña silla para sentarla a comer.

“Al principio yo quería que Jorge participara de la editorial, pero pensaba que por estar casados podría ser un conflicto. Además, Jorge estaba estudiando Ciencias Políticas y me parecía bien que se desarrollara en eso”, dice Claudia, mientras alimenta con una papilla a Eloísa, de 11 meses. “Pero las cosas se fueron dando y Jorge solo tomó la decisión de integrarse. Dejó de estudiar Ciencias Políticas y empezó a hacer traducciones para la editorial”. Jorge agrega: “La política siempre me ha interesado. Pero estaba la editorial y sentía que Claudia se estaba llevando el peso laboral y no me parecía bien. Además, tenía ciertos proyectos que quería realizar con la editorial. Me pregunté: ¿para dónde me voy? Y ganó la editorial”.

El primer libro de la editorial fue el de Hilda Mundy, Pirotecnia, escritora feminista boliviana. El segundo, Discursos desde la juventud contemporánea, de Álvaro Bley, joven escritor chileno que Claudia conoció en los talleres de Balmaceda Arte Joven. El tercero, de Tao Lin, un escritor norteamericano, del que Jorge tradujo el ensayo Nadie sabe que estamos aquí.

“Siempre hago esa separación mental: cuando hablo con Claudia editora podemos tener grandes discusiones. Pero cuando hablo con Claudia mi esposa es distinto”, dice Jorge, pese a que aquí la vida privada y profesional se cruzan. A veces Jorge juega con Eloísa y Claudia lee un manuscrito. Otras, él ve las redes sociales de la editorial y ella hace dormir a la niña.

“Tenemos ideas similares. Nos gusta descubrir autores y hacemos el ejercicio de no publicar a gente que ha sido publicada, lo que no corre para las traducciones, aunque de alguna manera es traer a autores que aquí no se conocen”, explica Jorge. En dos años han publicado 12 libros y es interesante cómo han pesquisado a algunos autores. Arelis Uribe, por ejemplo, la autora hit de la editorial  que con su libro de cuentos Quiltra ha vendido 2 mil ejemplares, llegó por una de las convocatorias abiertas que hacen 1 vez al año. “Arelis había mandado su manuscrito a varias editoriales y no le contestaron. Nosotros sí leemos todo lo que llega”, asegura Claudia.

Las traducciones, entre las que se cuentan Noah Cicero y Megan Boyle, también han sido un acierto. Y para comprar los pasajes de esos autores y traerlos al lanzamiento en Chile, han hecho crowdfunding: aportes en plata a cambio de libros.

“Tener una editorial es difícil. En lo económico, en el esfuerzo. Creo que nos ha resultado porque nos hemos dedicado a tiempo completo. Nuestra vida gira en torno a esto y a nuestra hija”, dice Claudia. Ellos se encargan prácticamente de todo, incluso de repartir los libros en una mochila a las librerías. “La parte más complicada es cobrarles a las librerías”, asegura Jorge y apunta a Claudia que es quien se encarga de las platas. “No sé cómo lo hace, pero es seca en eso”, dice él. Claudia se ríe y explica: “soy buena para las matemáticas. En la editorial veo la contabilidad y las facturas. Para mí es como jardinear, me saca el rollo. A veces digo: ‘hoy no quiero editar a nadie, voy a hacer guías de despacho’”.

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