El amor de Filip

Reportajes y Entrevistas

El amor de Filip

Por Ximena Riquelme / Fotografía: Alejandro Araya

Después de un año y medio de pololeo, hace poco más de dos meses, el golfista Filip Timmerman (27) y la tenista paralímpica, María Paz Díaz (29) se fueron a vivir juntos. Aquí, él cuenta cómo ha sido su relación con Marita, quien hace 11 años en una esquina en Constitución recibió un disparo que dañó su médula espinal y le impidió volver a caminar. “Te pasaste. Yo no podría”, le han dicho sus amigos, a lo que él responde: “Es una persona común y corriente que anda con su silla de ruedas y puede llegar a todas partes”.

Paula.cl

Jueves 11 de agosto de 2016. En uno de los pasillos del mall Costanera Center María Paz Díaz, tenista paralímpica, espera al golfista Filip Timmerman. No tienen amigos en común; crecieron en lugares distintos, él en Santiago, ella en Constitución; ella vive sola en el centro, él, con sus papás en Los Trapenses, Lo Barnechea. Único punto en común: ambos son deportistas. Es la primera vez que se van a ver. Coincidieron en Instagram, red social donde ya llevan varias conversaciones después de que él dio el primer paso y empezó a seguirla.

¿Fue un joteo virtual?
Más o menos (se ríe). De mi parte. Empecé a comentar sus fotos. No me pescaba. Después le mandé un primer mensaje por interno que decía algo así como: “Hola, qué bonita tu foto. Ojalá algún día podamos conocernos”. Ella solo me respondía “Muchas gracias”. Pasó harto tiempo, insistí y tampoco pasó nada. Hasta que de repente me comentó algo de vuelta. Ahí ella cachó que yo era golfista. Me dijo “qué buena”. Empezamos a hablar. Y le dije que nos juntáramos a tomar algo.

–Ese día nunca se me pasó por la cabeza complicarme por la silla de ruedas–, dice a un año y medio del primer encuentro. “Sí pensé en el auto, en cómo lo íbamos a hacer, pero también supuse que ella me iba a guiar”, explica. Y así fue, después de decidir que mejor se irían a un bar de Manuel Montt, bajaron al estacionamiento del mall. “Ella se subió sola a mi auto, miró para atrás y me dijo: ‘si quieres desarmar la silla, sacas las dos ruedas y la metes en la parte de atrás. O en una de esas cabe entera y no la tienes que desarmar’. Entró sin necesidad de sacarle las ruedas. Fueron dos segundos y partimos”, recuerda.

Medio bicho raro, según él mismo reconoce, Filip lleva toda una vida dedicada al golf. Ahora está en medio de una etapa de decisiones: “Voy a ver por qué camino me voy. Si compito y además entreno a otros jugadores o si me dedico todo el tiempo a enseñar”. Por el momento está de base en la Hacienda Santa Martina y en marzo empieza a hacer clases en los clubes de Polo San Cristóbal y Lomas de La Dehesa. Comenzó a los 5 años y ya en primero medio decidió irse de su colegio, el Nido de Águilas, porque, dice, no lo apoyaron en el deporte. Terminó cuarto medio en el Athletic Study Center, por donde también pasaron los tenistas Marcelo Ríos y Nicolás Massú, y la golfista Nicole Perrot, entre una larga lista de deportistas con horarios inabordables para el sistema de educación tradicional. Mientras sus amigos daban la PSU en 2008, él se fue becado por el golf a estudiar marketing y administración deportiva en Lynn University en Boca Ratón, Florida, EE.UU. Tenía 18. Durante 4 años vivió solo.

Por esa misma época, María Paz Díaz, en pleno proceso de rehablitación, también decidía dejar Constitución y venirse a vivir sola a Santiago. “Ella necesitaba a su mamá para todo. Un día se aburrió, pescó sus cosas y se vino. Era chica”, dice Filip.

¿Estás orgulloso de ella?
Sí. Por todo lo que ha hecho. Por lo fuerte que es. Por cómo se ha logrado sacar partido estando en silla de ruedas. Muy orgulloso.

¿Nadie te dijo “no te metas ahí”?
Un amigo me dijo que lo viera bien, pero en buena onda. Los otros me dijeron que era valiente. Mucha gente, amigos, hasta el día de hoy me dicen: “Te pasaste. Yo no podría”.

¿Y tú te encuentras valiente?
No. La Marita es una persona común y corriente que anda con su silla de ruedas y puede llegar a todas partes. No tiene ningún otro problema. Ese día que la conocí me dijo: “Todos nos van a mirar, porque a mí todos me miran, a la niñita que va en silla de ruedas. Así que no te sientas cohibido si vamos a un restorán o hasta en la calle. Yo le dije, “Bueno. Será”.

¿Y todos los miraron?
Sí. Hay gente a la que le da lo mismo, pero hay niñitos o personas más copuchentas que quedan mirando y comentan. Al principio yo me daba cuenta, ahora no estoy ni ahí. De repente la Marita me dice: “Esos dos no pararon de mirar”. Y me fijo, y claro.

¿Y la gente que más te importa? A tus papás, por ejemplo, ¿cómo les contaste?
Mi mamá me preguntaba si estaba con alguien porque me veía que salía mucho. Le dije que sí y le mostré fotos. Y ahí soltó un: “Ah, mira, y anda con silla de ruedas”. Le expliqué que hacía todo sola, que vivía sola. “Ah, qué bueno”, me dijo. No fue tema para ella. Después le conté a mi papá, que en un momento me dijo: “Velo bien. Piensa en tu futuro, pero ojalá que la conozcamos”. Un par de semanas después de eso ella fue a mi casa.

Laura Martin (sicóloga) y Chris Timmerman (exportador de fruta), ambos con hijos de matrimonios anteriores, tuvieron a Filip post 40. En la casa familiar de Los Trapenses, el concho se quedó viviendo de hijo único muy chico, cuando sus tres hermanos (hijos de su mamá) se fueron de la casa a hacer sus vidas propias. “Mi mamá es súper relajada, simpática, seca para hablar, entonces enganchó con la Marita. Altiro se pusieron a conversar. Con mi papá también hubo buena onda”, dice Filip.

Sin límites
“Me ha pasado hartas veces que me estaciono en lugares preferenciales, me bajo yo primero y alguien para, mira el lugar, el cartel y me hace gestos. Cuando ven que saco la silla del auto ahí recién siguen caminando. Cuando me enojo, les digo: ‘¿Me ayudas a sacar la silla, por fa?’. La Marita sí que se enoja. Siempre me dice ‘ese gallo nos está mirando, nos está mirando’. Yo le digo: ‘¿para qué vas a pelear?’. Después de que ven la silla los mira con cara de ‘¿viste?’.

–A veces, cuando salimos a comer a ella le da lata que para llegar a una mesa haya 10 peldaños para subir. Ahí, o buscamos otro lugar o pedimos ayuda. Si no, la subo yo en brazos– explica Filip.

¿Te la puedes?
Sí, no pesa nada. Es flaca.

Para muchas otras cosas no se complican. “Hay unas dunas al lado de Constitución, donde te metes en auto desde la carretera. Un amigo de la Marita tiene un jeep y una vez nos metimos con él para adentro. Tomamos a la Marita en la silla entre cuatro, la elevamos en la arena, y la llevamos hasta la punta de una duna para tomarle una foto. Ella es la reina”, dice Filip.

¿Sientes que hay alguna limitación?
No, nada. Si tenemos que ir a subir un cerro entre los dos es más complicado, aunque igual se puede. Siempre vamos con más amigos, así que la tomamos al apa o la subimos con la silla y ella va igual. No se complica para nada. Se ha tirado dos veces en paracaídas. Ha buceado.

En las dunas cerca de Constitución.

El año pasado María Paz recibió una invitación para participar en Miss wheelchair 2017, que se hizo en octubre. Para ir como candidata de este concurso de belleza para mujeres en silla de ruedas necesitaba costearse los pasajes a Polonia, donde era el encuentro. “Al principio no sabía si ir. Yo le dije “anda”. Me respondió “¿Cómo que anda?. Vamos”. Ella se consiguió los pasajes y partieron.

También fue Francisco, el mejor amigo de María Paz, quien grabó un video de todo el concurso. “Menos mal que fue él, porque el 90% del tiempo nosotros nos quedábamos sentados en el sillón haciendo nada. Esperando. Aburridos. De hecho dos días le dijimos: ‘¿Vas a ensayar baile? Entonces nosotros nos vamos a ir a recorrer la ciudad, chao’. Ella se quedaba sola”, recuerda.

¿Pensaste que iba a ganar?
Sí. De hecho, ganó una que no era fea, pero no brillaba tanto como la Marita. Cuando nombraron el tercer lugar, que era una polaca que había ganado el año pasado el miss Polonia, dijimos: ‘Si la mayor competidora salió tercera, la Marita salió primera o segunda’. Después nombraron a la segunda, de Sudáfrica, que no tenía ni un brillo. Ahí dijimos: ‘Ya, ganó la Marita’. En el escenario todas las otras le decían que iba a ganar. Pero salió primera la candidata de Bielorrusia. Todos quedamos pensando: “va, qué raro”. Después sacamos conclusiones. Si hubiera ganado habría que haber hecho el concurso siguiente aquí en Chile. Y debe haber sido más complicado.

¿Se bajoneó por no ganar?
Se picó un poco. Pero igual se fue contenta con los otros dos premios, que fueron miss Life Style y miss Activity. Pero ella quería ir allá a ganar. Tiene mentalidad competitiva de deportista. Todos queremos ir a ganar.

En diciembre María Paz fue la modelo que entregó los reconocimientos a los artistas en la última versión de la Teletón, lugar donde ella se rehabilitó.

El sofá
Entre las 9 y las 21 horas del día en que se hace esta entrevista puede llegar a su departamento el sofá nuevo que Filip encargó por internet. Prefiere estar en un café a cuadras de su departamento cercano a Avenida Las Condes, así puede alcanzar a llegar en caso de que lo llamen. Fue de las pocas cosas que compraron, junto con unas sillas, para armar el departamento que desde hace poco más de dos meses comparten. “La Marita tenía de todo. Hace poco se había comprado una cama, teníamos el refri, tele. De a poco lo vamos armando”.

¿Cómo surgió lo de irse a vivir juntos?
Yo me quería ir a vivir solo hace rato. Una posibilidad era irme a su departamento al centro, pero hace tiempo que ella quería irse de ahí. Le dije: “yo me quiero ir a vivir solo y tú te quieres cambiar, así que vámonos juntos”.

Para dividirse el clóset, ella dijo: “los cajones de abajo son míos; los de arriba, tuyos”. En la cocina, ella alcanza bien los platos que están arriba. No tienen nada adaptado para la silla de ruedas. “Le aviso si voy a guardar algo en el mueble de más arriba. Si voy a salir me pide que, por ejemplo, le baje la olla si es que va a cocinar más tarde. Nos fuimos a un departamento chico igual. De un dormitorio y un baño. Ella quería tener baño sola, pero no se pudo. Así que el mango de la ducha se lo tengo que dejar abajo siempre porque no lo alcanza.

¿Y se lo has dejado arriba alguna vez?
Claro, ahí me manda una foto, y le pido que me espere a que llegue y se lo bajo (se ríe). Es que ella de verdad no se complica. Es tan independiente y hace todo tan sola. Si necesita algo, me lo pide nomás.

¿Te proyectas con ella?
Sí. Este es el primer paso de todo. Encuentro súper bueno irse a vivir con la persona antes de casarse o lo que sea. Pero sí, yo me proyecto casándome con ella, teniendo hijos. Ella puede tener hijos, quiere tener hijos también.

Dos cumpleaños
–Una vez soñé que la Marita caminaba, que le hacían una operación, que se paraba un día al lado de la cama y me decía ‘Hola’–, recuerda emocionado Filip.

¿Lindo sueño?
Sí.

¿Le contaste?
Sí, le conté.

¿Y qué te dijo?
Me dijo: “Pucha, sí, en una de esas, algún día con la tecnología…”. Pero no es tema para ella. No está buscando eso.

El 9 de febrero de 2007, María Paz Díaz, en ese entonces de 18 años, venía en un auto de vuelta de un carrete, en Constitución, cuando un sujeto, sin explicación, disparó hacia el interior del vehículo. Esa única bala impactó en su cuerpo, dejándola con daño en el colon y en la médula espinal. Nunca más se volvió a parar.

El accidente fue bien…
Fue bien mala cueva.

Esa esquina, esa hora, ese momento…
Sí.

¿Esta persona que disparó existe, anda por la calle?
Existe, campante y libre. O sea, estuvo preso poco tiempo por eso. Según lo que me ha contado la Marita, él era un gendarme. Y se fue a entregar, por lo que se redujo su sentencia.

¿Hizo algo más además de disparar?
No. Nada más. Estaba curado, drogado. Cruzó la esquina y el que iba manejando el auto le tocó la bocina porque pensó que era algún conocido, y él miró, sacó la pistola, disparó al auto y le llegó el balazo a la Marita.

¿Lo has googleado, sabes quién es?
No, no tengo idea. La Marita dice que ella tiene dos cumpleaños. El 1 de enero, cuando nació. Y su renacer, el 9 de febrero, el día del accidente. Hace como 7 años estaba celebrando ese segundo cumpleaños en Constitución. Compraba cosas en un negocio con sus amigos y se encontró con este tipo. Los amigos le dijeron que se fuera, que qué le iba a decir, pero ella lo esperó fuera del local y le dijo algo así como “Gracias”, para que él tuviera el tema bien metido en la cabeza.

¿Y si tú lo tuvieras al frente?
No sé qué le diría. No sé. Puta, huevón irresponsable. No sé si le pegaría porque ya pasó. No saco nada, pero mal lo que hizo. No puede andar con una pistola disparando. Menos si anda curado. Me genera rabia. Sí. Eso.

¿Está dentro de tus sueños que ella camine alguna vez?
Me encantaría que pudiera caminar, obvio. Yo creo que a ella también, pero le da las gracias a estar en silla de ruedas, porque no tendría todo lo que tiene ni sería todo lo que es si anduviera caminando. Me dice que si no hubiese tenido el accidente estaría metida en un campo cosechando cosas en Constitución. Le da las gracias a lo que pasó. Entre comillas.

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