El doctor budista

Reportajes y Entrevistas

El doctor budista

Por Bárbara Riedemann / Fotografía: Alejandro Araya / Producción: Camila Letelier

Es dermatólogo especialista en medicina estética y pionero en Chile en la utilización de células madre para el rejuvenecimiento de la piel. Tras 27 años de carrera, asegura que la longevidad y belleza tienen que ver con la calidad de vida, donde solo 25% está dado por la genética y 75% por los hábitos de las personas. Algo que ha aprendido tras más de treinta años de práctica del budismo.

Paula 1159. Sábado 25 de octubre de 2014.

Primera escena. Son las 6:15 de la mañana y Víctor Hugo (56) se levanta en plena oscuridad. Aún somnoliento, se dirige a una salita de su casa y se sienta en el piso con las piernas cruzadas, justo frente a un pequeño altar de madera donde hay unas figuras de budas pequeñitos y unos tiestos con agua. Prende un incienso, junta las palmas de las manos y cierra los ojos. En pleno silencio entra en un estado profundo de concentración y medita durante 45 minutos. Una disciplina que practica todos los días desde hace más de treinta años cuando se inició en el budismo.

Segunda escena. A las 8 de la mañana, Víctor Hugo está sudando en el gimnasio arriba de una bicicleta de spinning bombardeado por un estridente playlist que repasa los últimos hits para mover el cuerpo. Otras veces también lo hace corriendo en una trotadora o nadando, rutina que finaliza con un circuito de pesas.

Tercera escena. Pasadas las 10 de la mañana se pone una bata blanca y unos lentes de plástico. En un pabellón toma un aparato y lo pone en la cara de una mujer que está recostada en una camilla. Presiona un botón y ¡bum!, sale un destello de luz. En el bolsillo de su delantal se lee: “Dr. Víctor H. Correa M., dermatólogo”.

Víctor Hugo Correa Miranda –osornino, casado y padre de tres hijas– es director médico de Vitaclinic, la clínica de medicina estética que fundó hace 27 años. Dermatólogo de la Universidad de Chile, fue uno de los primeros médicos chilenos en tomarse en serio la medicina estética, especializándose en procedimientos para atenuar la celulitis, borrar tatuajes, hacer microimplantes de pelo, rejuvenecer manos y borrar arrugas y ojeras. Hace tres años, además, fue pionero en incorporar células madre en tratamientos de rejuvenecimiento. Tan convencido está de su efectividad que asegura: “El bisturí va en retirada”.

“El budismo tiene como eje central el conocerse y aceptarse a sí mismo y buscar la felicidad de los demás. Trabajar con la vanidad tiene un impacto emocional tremendo en las personas. Si ayudar a alguien a mejorar su apariencia lo hace feliz, entonces estoy en el camino correcto”.

¿Cómo aúna el área de la estética con el budismo, siendo que son prácticamente opuestas?
A simple vista, pareciera ser que la estética es un área banal y superflua, pero ambos mundos están estrechamente relacionados, porque están unidos por algo mayor: el sentirse bien y eso implica estar cómodo con cómo te ves y cómo te sientes, son dos aspectos que van de la mano.

Ya, ¿pero cómo converge las dos cosas?
Por ejemplo, he ido a congresos sobre física del láser y mezclo todos los conceptos budistas con los de la física, en base a que todo tiene una causa y un origen. La ley de la termodinámica explica por qué la materia siempre tiende a un estado de estabilidad energética; sin embargo, todo lo que crece va en contra de esa ley porque se rige por la entropía: el ser humano, al crecer, va en contra de la ley de gravedad. Entonces, uno empieza a envejecer, se arruga, se marchita porque va llegando a niveles energéticos menores, hasta que se convierte en polvo. Y esto va de la mano con lo que plantea el budismo: todo tiene un origen y un final, y luego se convierte en otra cosa. Todo está en constante transformación.

¿Cómo pasó de la dermatología a la medicina estética?
En los 80 la dermatología y la medicina estética eran incompatibles. De hecho, este último concepto ni siquiera se había instalado entre los colegas. Afecciones como el envejecimiento de la piel por daño solar quedaban en una especie de limbo y eran catalogadas como trastornos estéticos. Para esos pacientes la única solución era acudir a una cosmetóloga. Hablar de la celulitis en un congreso de dermatología era tabú. Te tildaban de mercantil, de querer abordar áreas que no eran de interés médico. Pero entre 80 y 90% de las mujeres tienen celulitis y esto afecta muchos aspectos de sus vidas. Lo mismo ocurría con la calvicie. ¡Las personas le iban a preguntar al peluquero qué hacer! En Chile, a 80% de los hombres se les cae el pelo y, en esos tiempos, los dermatólogos preguntábamos: “Y su padre, ¿es pelado?”. Si decían que sí, hasta ahí llegaba el tema, no había nada que hacer y la parte estética no tenía ninguna relevancia. Entonces, me interesó el rol de la dermatología en el área estética y, luego, integrar el concepto de antiaging a mi profesión, que va mucho más allá de la salud y belleza de la piel.

¿En qué se sustenta el antiaging?
Es un nuevo enfoque de ejercer la medicina actual, que por lo general apunta a una medicina curativa, a diagnosticar y tratar la enfermedad. La medicina antiaging, en cambio, entiende al ser humano de forma holística y no trata al paciente buscando la enfermedad, sino que se fundamenta en cinco pilares: ejercicio, alimentación, manejo del estrés, modulación hormonal y suplementación nutricional. Esta medicina reconoce que el envejecimiento es innegable, entonces apunta a prevenir enfermedades en lugar de tratarlas, y a mejorar la calidad de vida. Por ejemplo, una mujer con menopausia lo pasa mal: le duelen los huesos, tiene bochornos, se deprime. Entonces, ahí la terapia hormonal es clave, no para extender su vida, sino para mejorar su calidad.

¿Cuál de todos esos pilares es el más determinante?
La alimentación es fundamental: nosotros somos como un Ferrari al que acostumbramos echarle parafina para funcionar. Entonces, independiente de la maquinaria, si le echas un combustible malo, tarde o temprano se va a echar a perder. La longevidad y la calidad de vida están determinadas en 25% por la historia genética y 75% por los hábitos de cada persona. Por eso es importante comer lo menos procesado posible, no fumar y hacer ejercicio. Parecen temas repetidos, pero es lo único que funciona.

¿Qué le piden sus pacientes?
Hoy, más que nunca, se ha insertado el concepto de belleza desde el punto de vista de calidad de la piel. Ya no es estirarse a como dé lugar, sino que ahora el concepto es tener una piel hidratada, pareja y sin manchas; y recuperar volúmenes y formas. Que pómulos, mejillas, mentón, frente y labios estén firmes y contorneados, pero que se vean armónicos. Nadie quiere que sus amigas le digan “te estiraste”, como ocurría hace 20 años con el lifting que dejaba a todas pareciendo primas. Por otro lado, los hombres también se han sumado a esta tendencia. El lifting estaba pensado para la mujer, que podía esconder las cicatrices en el pelo, pero el hombre –que por lo general tiene grandes entradas– no podía someterse a ello. Ahora mujeres y hombres consultan casi por igual, gracias a la tecnología mínimamente invasiva.

¿Cuál es el futuro de la medicina estética?
Se ha introducido el concepto de medicina regenerativa, todo un movimiento de sanación utilizando el material biológico del mismo paciente. Por ejemplo, ya estamos implantando células madre en pechos y glúteos, obteniendo un efecto muy natural y armónico. Incluso se mezcla con plasma rico en plaquetas para potenciar sus efectos. Todo apunta a lo natural, no a las prótesis, no al bisturí. Lo menos invasivo posible.

¿Y el bótox?
Cumple otro rol que las células madre y sigue siendo muy útil, como cuando la persona es híper expresiva y se quiere paralizar el músculo, por ejemplo. No todos pueden acceder a estos tratamientos. Lamentablemente estos tratamientos son selectivos porque los equipos son muy costosos, pero apuntamos a que la medicina regenerativa esté al alcance de todos en el mediano plazo, ojalá en hospitales.

HOMBRE MEDITATIVO
El doctor Correa se interesó en el budismo cuando era un escolar. Estudiaba en el colegio San Mateo, perteneciente a la congregación jesuita en Osorno, y se cuestionaba la existencia de Dios, del hombre y la evolución. “Me hacía la clásica pregunta: ¿de dónde venimos y para dónde vamos?”, cuenta. El camino a esa respuesta apareció a los 12 años cuando un amigo le prestó un libro sobre budismo. Desde entonces, Correa se introdujo en esta doctrina, tanto, que hoy es miembro del centro de estudios y meditación budista Chamspaling, que organiza seminarios y retiros y que, además, invita a monjes de la India y que él mismo se encarga de hospedar en su casa junto a su familia, todos simpatizantes del budismo.

Aunque no habla tibetano, Correa pronuncia como un nativo palabras como drikung kagyu, que es la orden budista a la que pertenece. Con esa orden “que es la que viste gorros rojos, y no amarillos como los del Dalai Lama”, diferencia, ha viajado al norte de India para aprender más sobre budismo. “Es como ir al Vaticano”, dice. En 1992, cuando estaba en la ciudad de Dehradun, al norte de la India, se sintió conmovido por las condiciones climáticas y de pobreza en que allá viven los monjes y le comentó a uno que quería apadrinar a un niño de por vida. “Cuando me lo presentaron, tenía 7 años y corrió a mis brazos. Hoy lo considero mi hijo”, dice sobre Rangool Yeshe –nombre que vuelve a pronunciar con perfecto acento–, que hoy tiene 27 años y es monje de la orden. En febrero Víctor Hugo partirá con toda su familia a India, a un monasterio ubicado en los pies del Himalaya, donde hoy viven su hijo putativo y también su maestro de vida.

“La medicina antiaging entiende al ser humano de forma holística y se fundamenta en cinco pilares: ejercicio, alimentación, manejo del estrés, modulación hormonal y suplementación nutricional. De ellos, la alimentación es fundamental porque si le echas un combustible malo a un Ferrari, tarde o temprano se va a echar a perder”.

¿De qué manera la práctica del budismo se ha infiltrado en su quehacer de médico enfocado en la medicina estética?
El budismo tiene como eje central el conocerse a sí mismo y aceptarse con sus cosas buenas y malas y buscar la felicidad de los demás. Trabajar con la vanidad tiene un impacto emocional tremendo en las personas. Y si ayudar a alguien a mejorar su apariencia lo hace feliz, entonces estoy en el camino correcto. Otro factor importante del budismo es tener conciencia de que todo lo que nos pasa es consecuencia de nuestros actos anteriores; es decir, uno es responsable de su destino y eso incluye a la salud. Por eso los hábitos de vida son tan importantes y soy enfático en promoverlos en mis pacientes. Si antes hacer ejercicio estaba ligado a sacar músculos, hoy es componente esencial de la salud. Creo que el culto por la belleza hoy es más maduro. Que el yoga o la meditación hoy estén tan en boga, refleja que las personas están más conscientes, quieren manejar el estrés –que está comprobado que envejece– y toman las riendas de su salud. Ya no esperan que el médico les solucione todo.

Se tiende a asociar al budismo con una vida más austera y sencilla, ¿cómo conjuga esto con una profesión que es más lucrativa?
La abundancia y el dinero dependen de cómo los vivas y si chocan o no con tus principios. Es decir, si vives para juntar dinero y tratas de sacarle dinero a todo, evidentemente hay un choque. Para mí no es un tema, no me incomoda tener dinero. No es necesario vivir debajo de un puente para hacer las cosas bien. Por ejemplo, si naciste en una familia con dinero y haces las cosas bien, sin dañar a los demás, creo que no tienes que sentirte mal por eso.

¿Por qué cree que estamos mirando tanto a Oriente en temas de salud y bienestar?
Por esa mirada holística que tiene Oriente de ver a la persona como un ser integral y no como una enfermedad aislada. Esto bien se puede ver en la medicina antiaging, que de a poco se ha introducido en el quehacer de algunos médicos. Aunque en Chile falta muchísimo para que toda la comunidad médica integre esta mirada.

¿A qué atribuye el temor que tenemos a envejecer?
A que le tenemos miedo a la muerte, porque no la entendemos. Y eso se disfraza con arrugas, con manchas, con enfermedades y estamos siempre buscando la forma de hacerle el quite a esos procesos biológicos irreversibles. En la medida en que le pierdes el miedo a la muerte y la encaras y te vuelves amigo de ella, creo que no estaríamos tan desesperados por esta búsqueda de la eterna juventud.

Y usted, ¿se hizo amigo de la muerte?
Es un tema que aún no tengo resuelto.

¿Qué tan vanidoso es?
Lo justo para sentirme bien conmigo mismo. Yo creo en la salud y la belleza en equilibrio. Practica spinning en lugar de yoga y además hace pesas. La idea es hacer actividad física. Y yo me siento cómodo con esos deportes. Mi satisfacción es, además, salud.

¿Y se ha aplicado alguno de sus tratamientos?
Tengo 56 años y me he aplicado 2 veces bótox, algo muy sutil.

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