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21 octubre, 2015
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El doctor sueño

Fundador del Instituto del Sueño, el neurólogo Walter Avdaloff ha estudiado a fondo el sueño nacional. Y entre sus conclusiones está que los ascensos laborales se asocian a un buen descanso nocturno, que los insomnes envejecen entre tres y cinco veces más rápido y que la falta de sexo está repercutiendo en que el 40 por ciento de los chilenos tenga algún trastorno a la hora de dormir.

Por Pilar Navarrete / Fotografía: Alejandro Araya / Producción: Álvaro Renner / Ilustración: Gabriel Ebensperger


Paula 1185. Especial Belleza, sábado 24 de octubre de 2015.

Cada vez que un nuevo paciente llega a la consulta de Walter Avdaloff (65), NEURÓLOGO y fundador del Instituto del Sueño –uno de los primeros centros especializados en trastornoss del sueño que abrió en Chile en 1991–, le realiza un exhaustivo interrogatorio: qué come y en qué horario, cuántas horas trabaja, cuánto tiempo gasta en desplazarse, a qué destina su tiempo libre, cuántas veces a la semana hace deporte, cuántas veces tiene relaciones sexuales, si tiene el televisor en su dormitorio y qué hace antes de meterse a la cama. Y, por supuesto, cuántas horas duerme y cómo describe su calidad de sueño. La información que ha juntado en 25 años de práctica clínica con ese cuestionario –por el que han pasado empresarios, ejecutivas, dueñas de casa, taxistas y hasta maestros de la construcción que se quedan dormidos en los andamios– le ha permitido sacar varias conclusiones: la primera, que el 40 por ciento de los chilenos sufre de algún trastorno del sueño.

“En Chile somos campeones en trastornos del sueño, pero muy pocos son conscientes de ello”, asegura este médico cirujano de la Universidad Católica, con posgrado en siquiatría en la Universidad de Chile, doctorado como neurólogo en la Universidad Libre de Berlín y formador de nuevas generaciones de médicos de la Universidad de Santiago y de la Universidad de Chile –donde hizo clases por años–, quienes trabajan en los centros del sueño que desde hace algunos años han abierto varias clínicas. “Los trastornos del sueño se han convertido en un problema de salud pública que pasa completamente inadvertido en el país”, enfatiza. Reflejo de ello es que la mayoría de sus pacientes llegan a su consulta cinco (o más) años después de haber presentado los primeros síntomas. “Parten consultado a un médico general, siguen con un siquiatra o un neurólogo, pero como no logran grandes soluciones, sus familiares terminan buscando a un especialista experto en trastornos del sueño. Ese recorrido, de consulta en consulta, ocurre porque no existe conciencia de que esto es una enfermedad. Para muchos, dormir es algo sin importancia que sucede en la noche y ojalá que demande lo menos tiempo posible para tener más tiempo para trabajar”.

“Los trastornos del sueño se han convertido en un problema de salud pública iadvertido. Para muchos dormir es algo sin importancia que ojalá demande lo menos tiempo posible para tener más tiempo para trabajar”.

SEXO PARA DORMIR
Aunque se viene estudiando científicamente desde 1920, solo en la década de los 90 el sueño se convirtió en una especialidad clínica. El auge fue una respuesta a los trastornos que, sobre todo en Estados Unidos, empezaron a manifestarse en las grandes ciudades. Eso llevó a que surgieran clínicas y médicos especializados y a que los méritos del buen dormir –y los graves riesgos de si eso no sucedía– se popularizaran.

Décadas antes de ese boom, la ciencia había logrado confirmar que durante las siete u ocho horas en que dormimos el cerebro no está inactivo –por siglos se creyó que era un estadio intermedio entre la vigilia y la muerte–, sino que, al contrario, en él se desencadenan una serie de eventos vitales para el organismo, divididos en fases. Por eso, explica Avdaloff, hoy se sabe que en las primeras horas del sueño se produce la secreción de hormonas clave para la restauración de los tejidos que se dañan por la actividad diaria –la tiroxina (que regula los procesos metabólicos), la hormona de crecimiento, hormonas corticoidales (que controlan el estrés, las inflamaciones y regulan las secreciones de otras hormonas), además de hormonas femeninas y masculinas– y que esa primera etapa del sueño es vital para la restauración cardiaca y el balance electrolítico (el ordenamiento de iones ingeridos y eliminados por la orina, heces o sudor) que regula, entre otras cosas, la hidratación del cuerpo y el pH de la sangre, críticos para el funcionamiento de los nervios y los músculos. Después de esa fase, explica el doctor, se da el sueño REM (Rapid Eyes Movement o Movimiento rápido de los ojos), donde, además de los sueños, se producen las restauraciones a nivel mental y se organiza la memoria, archivando los eventos significativos, desechando los sin importancia.

Según la OMS, hoy existen 88 trastornos del sueño identificados. De ellos, según el especialista, los que más prevalencia tienen en Chile son el insomnio –primera causa de consulta en mujeres–, los ronquidos con las apneas –primera causa de consulta en los hombres–, los trastornos del sueño infantil, sonambulismo y bruxismo. “Aunque la lista sigue y es larga”, asegura.

“La mujer tiene eventos hormonales –ciclos menstruales, embarazo, menopausia– que pueden producir alteraciones del sueño. Pero a eso, en las mujeres entre 35 y 50 años hoy se suma una cosa muy mala: asumen cargas que son excesivas. Fuera de ser madres, tienen que trabajar, cuidar la casa. El exceso de preocupaciones las lleva a sufrir insomnio con mucha frecuencia. Es una enfermedad de la época”.

¿Qué les receta a esas mujeres?
Muchas veces, corrigiendo los trastornos hormonales mejora el sueño. Pero cuando están sometidas a un estrés por su situación laboral y familiar, el tratamiento consiste en que se den cuenta y acepten que requieren de más tiempo para sí mismas: ir al gimnasio, hacer yoga o simplemente relajarse. Para ello tiene que haber una buena comunicación con su marido, porque tienen que tomar decisiones en conjunto. Y eso cuesta. Si son separadas o solas, más aún, porque no tienen en quién apoyarse para tener tiempo.

¿Qué se gana consultando a un especialista cuando aparecen las primeras señales de trastorno del sueño?
Mejora en forma dramática la calidad de vida. Está demostrado que los ascensos profesionales están asociados a una buena calidad del sueño. Por el contrario, una persona que tiene mala calidad de sueño tiende a no avanzar, a quedarse en los mismos cargos, a no completar estudios, a no tener posgrados. Además, son personas que tienden a no participar en vida social, porque se andan quedando dormidos en todas partes. Eso, a la larga, facilita la aparición de depresión. Pero, como llegan tarde a atenderse, hay un punto en que no se sabe si el trastorno del sueño fue el que causó la depresión o la depresión el trastorno del sueño.

¿Se vuelve un poco sicólogo de sus pacientes?
No. Para ver esa parte trabajamos con sicólogas. Porque hacer que una persona cambie, cuesta. Es un proceso largo. Y eso es cada vez más grave en Chile, donde los hábitos de sueño son muy malos.

¿Han cambiado en el tiempo?
Sí, cada día para peor.

¿Cuándo lo notó?
De forma paulatina. Pero sobre todo desde que la sociedad se transformó en estar las 24 horas conectada a los smartphones. Eso cambió todo de forma radical. Los medios de comunicación, además, han cambiado a la gente: las personas que tienen entre 25 y 40 años están con las telenovelas que duran hasta las doce de la noche o más y se han obsesionado por eso. Entonces, el sueño es el que ha perdido con todo esto. Fuera de eso, la comida chatarra, que es el enemigo del sueño, es otro elemento negativo. Hoy en las casas se cocina poco y la gente come comida de peor calidad.

“Mantener el horario de verano fue errado porque los humanos somos animales visuales, estamos unidos al ciclo circadiano. Nos guiamos por la luz: nuestro cerebro está sincronizado con el sol”.

¿Qué paciente es el fiel reflejo del chileno de hoy?
Un hombre que trabaja en el ámbito comercial, que tiene discretamente sobrepeso, que se toma una o dos Red Bull al día para poder cumplir, que anda con sueño todo el día, que se acuesta muy tarde, que se queda haciendo cosas en el computador y que, además, es un roncador con apnea; cosa que él no sabe, pero la señora sí y por eso lo trae. Casos así me llegan a cada rato.

¿Cómo trata a un paciente así?
Es complejo, porque son muchas variables las que están mal. Y las personas no están dispuestas a aceptarlo. Por eso llegan a verme cuando la mujer lo ha amenazado con echarlo de la pieza o de la casa si no deja de roncar. Estudiamos su sueño y de acuerdo a eso le recomendamos algún tratamiento. Pero lo más complejo es hacerlo bajar de peso y cambiarle el estilo de vida para que mejore su calidad de sueño.

Considerando el ritmo de vida actual, ¿qué hábitos debería adquirir una persona para dormir mejor?
Tomar un desayuno bueno, almorzar, comer poco en la noche. A como dé lugar, hacer actividad física tres veces por semana, especialmente en la mañana y si es en la tarde, no más allá de las seis o siete. Luego, que cuide su sueño en una forma especial: que tenga un dormitorio sin televisor, que ponga música suave. Que el dormitorio sea un lugar agradable donde no discuta con su señora sobre plata, sobre los problemas de los hijos ni sobre las notas, sino que se converse sobre la vida cotidiana. Que sea un lugar donde tienen vida amorosa y duermen. Esto es muy importante porque estamos en una sociedad asexuada donde la gente pasa tres meses sin tener vida sexual, que es importante no solo para la vida matrimonial, sino también para una buena calidad del sueño.

¿Sus pacientes le cuentan que no tienen vida sexual por tanta tecnología y preocupaciones?
Claro. El televisor es el mejor anticonceptivo que hay.

¿Por qué la vida sexual repercute en un buen dormir?
Una vida sexual placentera lleva a relajarse y a tener una noche con un sueño de buena calidad. Ahora, eso puede tener dos efectos: ser muy relajante o generar insomnio después de. Algunos tienen que saber que les va a provocar un estado de excitación que va a persistir y ahí tienen que hacer alguna relajación como darse una ducha tibia y después irse a acostar. Mientras otros se van a quedar dormidos altiro.


“Estamos en una sociedad asexuada donde la gente pasa tres meses sin tener vida sexual, lo que es importante para la vida matrimonial, pero también para una buena calidad del sueño”.

SÍNDROME DEL SUEÑO INSUFICIENTE
En el sitio web del Instituto del Sueño, el doctor Avdaloff advierte sobre un problema que es cada vez más frecuente tanto en hombres como en mujeres: el llamado Síndrome del Sueño Insuficiente; personas que, voluntaria o involuntariamente, reducen mucho sus horas de sueño sin recuperarlas.

¿Por qué lo describe como “un desorden de nuestro tiempo”?
Porque es un fenómeno contemporáneo que se da en las grandes ciudades, donde en promedio se duerme dos horas menos. La mayor causa son los horarios de trabajo y el tiempo que se pierde en el trayecto. Este síndrome lo sufren todas las personas que reducen sus horas de sueño porque tienen que quedarse trabajando, estudiando, cuidando a algún pariente enfermo o viendo televisión. Y en vez de ocho horas, duermen cuatro. Eso se puede hacer varios días sin mayores consecuencias, pero hay un plazo de una semana, máximo 10 días, para recuperar las horas perdidas. Cuando pasan diez a quince días y no se recupera, el cuerpo pierde el beneficio de esas horas de sueño para siempre.

¿Qué riesgo corremos si eso se vuelve crónico?
Primero, a un envejecimiento precoz, porque como el órgano que se reproduce con mayor rapidez es la piel, las personas que duermen poco comienzan a mostrar signos de envejecimiento rápidamente. Ahí vienen las ojeras, las arrugas, la piel poco fresca, marchitosa. Luego comienzan a aparecer alteraciones de memoria, porque la fase del sueño más sensible a esta pérdida de descanso es el sueño REM. Y, por supuesto, la sensación de fatiga, somnolencia y decaimiento durante el día. Si esto se mantiene por muchos años, lleva a una condición que es dramática: la muerte súbita.

¿Y el número de muertes en Chile por esto ha aumentado?
Sí: 20 por ciento desde 2005 y no estamos siendo conscientes de esto. Vivir muertos de sueño ha pasado a ser normal.

¿El Estado puede hacer algo?
Sí, pero no con políticas erradas como la que se tomó este año de mantener el horario de verano. Ese horario funciona bien en el verano, cuando los días son más largos. Pero parece que a los expertos se les olvidó que los humanos somos animales visuales, no olfatoreos ni gustativos; es decir, no somos tigres ni gatos. Estamos unidos al ciclo circadiano que es el ciclo luz-oscuridad. Nos guiamos por la luz: nuestro cerebro está sincronizado con el sol. Por eso, en la medida que la luminosidad se reduce, la calidad del sueño se echa a perder y con ello nuestra productividad se reduce. Acá las consultas durante el invierno se disparan.

¿Qué podemos hacer por mientras?
Lo primero es educar sobre la importancia del sueño. Es lo mismo que cuidarse los dientes. Si el sueño no se cuida desde niño, sí o sí la persona va a desarrollar una patología.

“El órgano que se reproduce con mayor rapidez es la piel, por eso las personas que duermen poco comienzan a mostrar signos de envejecimiento rápidamente: ojeras, arrugas, la piel poco fresca, marchitosa”.

INSOMNES ENVEJECEN ANTES
¿Cuánto se envejece por no dormir bien?
Muchos años. Una persona que tiene un insomnio crónico grave envejece tres, cuatro o cinco años en uno solo.

¿Por qué el sobrepeso produce trastornos del sueño?
Porque lleva a una mayor cantidad de episodios de apnea, donde se deja de respirar en la noche. Las personas que lo sufren no se dan cuenta: lo advierte la persona que duerme a su lado. En Chile es un problema en aumento, porque se han disparado los índices de obesidad. Hoy veo a muchachos de 18 a 20 años que tienen apneas.

Y a la inversa, ¿dormir bien ayuda a mantener el peso?
Sí, porque mientras dormimos el cerebro produce orexinas, responsables de mantener el nivel de alerta en una persona despierta y de acelerar el metabolismo. Eso ayuda a mantener el peso e incluso a bajar. Así que dígales a sus lectoras que se pongan a dormir bien.

¿Usted ha tenido problemas para dormir?
Sí, claro, como todos. Tener problemas ocasionales del sueño no es un problema. El problema es tenerlos crónicos.

¿Y aplica el camino largo que les recomienda a sus pacientes?
Sí, por supuesto. Hago deportes todos los días. Voy al gimnasio y juego tenis. Tengo una vida familiar agradable. Con mi señora cenamos juntos todas las noches a las nueve. Veo un poco de tele en una salita. Luego leo. Escucho música. Bueno, y tengo paciencia para quedarme dormido.

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