El eterno retorno de Katherine Salosny

Reportajes y Entrevistas

El eterno retorno de Katherine Salosny

Por Álvaro Díaz / Fotografía: Pin Campaña / Producción de arte: Inés Picchetti / Maquillaje: Gema Canessa con productos Bodyography.

A los 44 años, la animadora goza de una inesperada nueva fama tras conducir por un mes el matinal de TVN. Es otra vuelta de su vida, marcada por la temprana fama, las decisiones tajantes, las separaciones y el caos familiar. Según ella, es el camino que le tocó andar, y que ahora recorre sin las ansiedades de antaño. “Le he quitado ambición y control a las cosas, ahora dejo que sucedan”, dice.

A finales de los ochenta, la guerra de las colas llegó a su punto de mayor beligerancia con una agresiva campaña publicitaria llamada Pepsi Challenge, que consistía en darle de probar a la gente de la calle un sorbo de una botella de Pepsi y otro de su enemiga, la Coca Cola, ambas cubiertas por un cucurucho de papel, y preguntarle cuál era mejor. Por razones lógicas, y aunque la elección parecía transparente, el desafío siempre lo ganaba la Pepsi. En Estados Unidos, el rostro de la campaña era la cantante Paula Abdul. En Chile, una desconocida joven de rostro encantador llamada Katherine Salosny. Su entusiasmo al comprobar que una gaseosa era más rica que otra no dejaba ver las huellas de una vida dura, marcada por las separaciones, el desarraigo y el caos familiar.

“Me fui a vivir sola a los 19 años”, recuerda frente a una taza de café, mientras intenta que su gata Blanca no la interrumpa. “Mi familia estaba absolutamente desestructurada y el sentido de supervivencia actuó. Tenía una necesidad de estar sola y hacer mi camino sola. Siempre he sido bastante apartada, desconfiada, de pocos amigos y muy mala para pedir ayuda. Empecé a trabajar donde podía, vendiendo cosas en una tienda, de promotora. Quería estudiar Teatro. Un amigo me tomó unas fotos y las repartió en varias agencias. Me llamaron para hacer comerciales. Hice uno de Jumbo, otro de Carozzi, hasta que llegó la campaña de Pepsi. Como fue una campaña súper fuerte y polémica, me hice conocida como la chica Pepsi. Gracias a eso me llamaron de canal 11. Primero trabajé en un programa que animaba María Graciela Gómez que se llamaba Extra mujeres extra y después conduje durante seis años el Extra jóvenes”.

Katherine tiene hoy 44 años. Desde hace 25 la paran, la saludan y la señalan con el dedo en la calle. Después de ser el rostro juvenil por excelencia durante una década emprendió un largo retiro donde cumplió su obsesión de estudiar Teatro.

Volver a la televisión no ha sido fácil. Pero al revés de los rostros que quedan relegados para siempre a los infomerciales de condominios para la clase media y programas de factura nacional perdidos en el cable, sus bonos ahora están en alza, tras un inesperado reemplazo de apenas un mes a Tonka Tomicic en el programa matinal Buenos días a todos, de TVN.

La píldora en la tele

Rompiste la lógica del rostro que sirve de joven y luego es de-sechado para el resto de la vida.
Pienso que es por mi falta de ansiedad. Nunca ha sido mi afán estar en un espacio protagónico en la tele, y eso me ubica en un lugar distinto, y me ha ayudado a permanecer y funcionar.

Pero en la televisión se triunfa o se fracasa. En eso, es un medio implacable.
Por supuesto, y por eso, si ahora tengo algo de éxito debo aprovecharlo, porque tengo otros super objetivos, como pagar el dividendo de mi casa o que funcione mi proyecto de pareja (desde hace seis meses está con Rodrigo Luco, uno de los dueños de La Vinoteca). Mis objetivos no nacen del ego, que igual opera, porque yo como que nací para estar en el escenario. Pero para mí es súper importante tener un arraigo afectivo e intelectual en otros lados. Me encanta la televisión, y creo que es una buena señal que a los 44 años todavía me estén pasando cosas en ella.

¿En esta vuelta, te encontraste con una televisión muy distinta a la que habías dejado?
Es distinto el cuento de la farándula, pero dentro sigue siendo todo muy parecido. Los canales tienen un ambiente súper familiar, bastante simple, y eso me encanta.

El regreso de Katherine Salosny a la televisión ha estado marcado por declaraciones en pantalla relacionadas con la prohibición de la píldora del día después, sentenciada por el Tribunal Constitucional. “Somos un país en democracia, por ende, un país pluralista y es como subestimarnos a todas las mujeres de Chile. Acá hay nueve personas que deciden por todas nosotras”, dijo al aire, incomodando al periodista Mauricio Bustamante y al animador Felipe Camiroaga, quienes hubieran preferido explayarse sobre algún bochorno de Kenita Larraín antes que dar su opinión sobre el polémico tema.

Parece que los temas de la calle todavía son difíciles de tratar en un medio que debería ser el espacio natural para debatirlos.
Después me preguntaban si siempre había sido tan frontal. Y eso no es ser frontal, simplemente es hablar de temas sociales que me interesan. A mí me importa lo que pasa, me indignan ciertas cosas y por qué no las voy a decir.

Aparece como que algo muy normal, como hablar de la píldora, en la televisión se transforma en algo complicado, extremo.
Parece un fenómeno. A mí me sorprendió que fuera portada de LUN. Me preguntaban si me habían vetado o retado en TVN, y yo me empecé a aterrar, “¿Qué hice?, ¿qué dije?”, y simplemente fue un ejercicio de diálogo súper entretenido, interesante, con opiniones contrapuestas. Es lo que ocurre a diario en las casas y que debiera ocurrir en la televisión.

Siempre está el fantasma de que por hablar de esas cosas te van a echar del canal, pero a la postre es más un fantasma que una realidad.
No sucede nada. Al contrario, fue algo súper respetado, algunos me felicitaron. Llamó demasiado la atención y yo digo: “Qué lata, ojalá fuera así todos los días”.

Hija de la tele

A los 20 años animabas tu propio programa, Extra jóvenes, en canal 11 ¿Cómo fue esa experiencia?
Lo pasé la raja. A mí el Extra jóvenes me salvó de varias depresiones que estaban ad portas, y a las que después tuve que hincarles el diente. Era un canal sin recursos, la cinta se trababa, los equipos eran una mierda, pero desde la precariedad, el proceso creativo se volvía maravilloso. Todo se aprovechaba, era de una improvisación eterna.

Era una televisión más arriesgada, pese a que se hacía en plena dictadura. De hecho, justo antes de Extra jóvenes daban Patio Plum, que era un programa para niños medio raro, que trataba a los niños como gente inteligente.
Y después daban Masamigos, del grupo Mazapán. Era la ventaja de estar en un canal chico y pobre. “Si total, nadie lo ve…”: ésa era la fama que tenía el canal. Cualquier cosa que dieran ahí no molestaba. De hecho, la primera aparición televisiva de Los Prisioneros (absolutamente prohibidos en los medios oficiales por la dictadura) fue en Extra jóvenes, y nadie lo podía creer.

Luego te hiciste famosa por aparecer en la campaña del Sí para el plebiscito del 88, cuando todos estaban con el No.
Me carga hablar de eso. Fue fuerte. Una es la que es con todos sus errores y siempre me va a afectar esa parte de mi historia. La verdad es que no me gusta referirme al tema.

Igual te convertiste en la estrella de un canal chico y te levantó la grúa.
Me llamaron del canal 7 y me costó mucho irme para hacer Ene TV. Soy súper comprometida con las cosas, muy apegada, y me cuesta separarme. La separación es un tema permanente en mi vida. Me costaba eso de pegarme el salto y negociar, ver lo de las platas. Yo, por elección, me habría quedado, pero la lógica decía que tenía que avanzar en mi carrera. Al llegar al 7, hasta la infraestructura me daba dolor de guata. Vivía con la sensación de que a todo llegaba tarde. Era una máquina enorme que funcionaba y a la que yo tenía que sumarme. A mí me cuestan mucho los procesos de cambio, soy híper sensible a ellos, y tenía que enfrentar un equipo enorme, donde, además, hacían sus primeras apariciones Alberto Fuguet, Iván Valenzuela, la Consuelo Saavedra, gente más vanguardista de la que había hasta el momento.

Ene TV no funcionó mucho.
Era un programa adelantado a su tiempo. A mí me encantaba, pero lo tildaron de seudointelectual. Era bien freak, tenía un sillón que hablaba y se llamaba Ludwig, era todo bien cabezón. Estuve ahí tres años, hasta que decidí salirme de los programas juveniles. Tenía 29 años.

La obsesión por el teatro

Katherine Salosny pasó a la banca. Le ofrecieron hacer teleseries, pero se negó por no ser actriz. Estuvo con Antonio Vodanovic en Siempre lunes y luego regresó al canal 11, donde hizo un matinal del que nadie se acuerda junto a Juan Guillermo Vivado y Felipe Izquierdo. “Ahí lo pasé pésimo, no tenía espacio para desplegarme, no estaba contenta”, recuerda. Fue cuando decidí definitivamente estudiar Teatro y cumplir mi antigua obsesión. Cuando me tocó renovar mi contrato en el canal, me dijeron: “El matinal o nada”, y yo les dije: “Nada”. Y me fui. Si lo pensaba mucho me volvía loca. Fue una renuncia a todo, a las lucas, a mi forma de vida, a todo”.

¿Estabas instalada? ¿Tenías auto, departamento, estabilidad?
No estaba tan instalada, el valor del dinero no estaba conmigo, porque nunca había faltado. Era como un sentimiento de omnipotencia. Nunca me compré nada importante, pero me lo viajé todo. La verdad es que me pasaron muchas cosas con la plata, es un tema en mi vida.

Y te metiste a estudiar Teatro. ¿Fue más por necesidad vocacional o por culpa?
Una mezcla de las dos cosas. Era una autoexigencia, una tarea pendiente, y las tareas pendientes hay que hacerlas sí o sí. Me metí a la escuela de Fernando González. Fui a conversar con él para que me dejara dar los exámenes. Yo era una persona conocida que tenía 30 años, y los que entraban tenían 18.

Ser conocido y tener 30 años es bueno para pedir un crédito, pero no para postular a una escuela de Teatro compitiendo con adolescentes. Suena más a pesadilla que a sueño.
Yo tenía que hacerlo nomás. No me importaban los otros. Si no lo hacía me iba a la mierda. Y pasé los nervios que tenía que pasar, hice los exámenes, me pusieron pésimas notas en algunos, al final quedé y entré. Conocí a mis compañeros que eran poquitos, y ya poh, había que hacerle frente a eso. Ha sido una de las mejores etapas de mi vida. Hasta el día de hoy somos íntimos amigos con mis compañeros de curso.

Como actriz apareciste en alguna teleserie ¿Cómo te trataban los otros actores?
Yo sé que generaba prejuicios, y lo entiendo perfectamente. Probablemente yo también los habría tenido, porque el mundo de los actores es híper sensible y bastante hermético, y yo comparto que sea así. Pero de nuevo fue lo mismo: si yo me quedaba pensando en lo que podía generar o si le ponía mucha tensión, no iba a suceder nada. Tenía que hacerlo nomás. Nunca fui protagónica, sólo hice papeles secundarios. Fueron tres teleseries en TVN. Cuando se me acabó el contrato, quedé fuera del canal. Fue otro momento de crisis, y tuve que empezar otra vez.

Siempre estás de regreso, volviendo a empezar.
Es una forma de vida, porque me estoy revisando permanentemente, sé que hay cosas inconclusas. Ahora, cuando termino por aceptar que las cosas no son tan controladas o tan estables, los resultados son bastante más amables. Tal vez por darles demasiada importancia, algunas cosas no me resultaron, como mis relaciones de pareja; y tal vez por eso hoy me resultan, porque ya no las pongo en un sitial. He aprendido a quitarles ambición y control a las cosas, a dejar que sucedan. Siempre hablo de un súper objetivo, la completación de un anhelo utópico. Nunca voy a llegar ahí, pero por lo menos los caminos que hago tienen que ver con eso. Por ejemplo, el tema de la pareja ha sido una utopía para mí. ¿Lo lograré algún día?

El padre abusador

El 31 de mayo de 2005, la 48 comisaría de la familia recibió la denuncia de una mujer contra Simón Salosny Hubner, un hombre de 69 años. Lo acusaba de haber abusado sexualmente de su hija de 8 años. El denunciado, que es obligado a pasar un mes en la Penitenciaría, era el padre de Katherine. “Yo no tuve padre”, declaró la animadora en una entrevista ese mismo año. “No tengo ningún vínculo y no me interesa. Él es un personaje que me hizo demasiado daño. Para mí, hay cosas que son imperdonables”. Katherine y su hermana tuvieron que ir a los tribunales a declarar por el caso y admitieron haber sufrido acoso paterno.

¿Qué puedes contar ahora de estos hechos?
Hay cosas que lamentablemente se filtran por la prensa y que no tienen nada que ver con el espectáculo. Es un tema personal y que está judicialmente resuelto. Hay pudor de mi parte. En el momento que esto se supo fue súper violento, porque en este país no hay altura de miras para hablar de estas cosas, que son más comunes de lo que la gente cree. Se estigmatiza. Me cuesta hacer público lo que siento y me pasa, y me gustaría que no fuera así.

¿No sientes una responsabilidad frente al tema por ser una figura pública?
No confío en los medios todavía. Qué ganas de no tener tantas aprensiones, porque podría aportar desde algún lado, pero me da susto lo que pueda suceder. Sobre todo ahora que la cosa mediática está tan heavy. ¿Qué haré yo con esto en el futuro? Es un tema pendiente, porque no le puedo quitar el poto a la jeringa.

Esta misma situación hace que tu vida hasta los 19 años sea un misterio.
Tengo una historia bien desestructurada en términos familiares, llena de cambios, separaciones, padrastros, madrastras. Viví en Argentina muchos años con mi mamá y su segundo marido. Cuando habíamos alcanzado a armar algo allá, nos vinimos de vuelta. Todo eso me fue mermando. Pero por más atroz que sea lo que yo haya vivido, siempre hay cosas que rescatar. Siempre me ha acompañado un optimismo frente a la vida, que ha sido el recurso básico para sobrellevar un montón de cosas.

Eres una persona solitaria. ¿Te imaginas con hijos y familia?
Ahora siento que todo es posible. Me estoy haciendo una casa en La Reina, que para mí es muy simbólica, más allá del anhelo de la casa propia. Cuando estuve en mi peak, pude haber pagado una casa en Providencia y haber tenido otra en la playa, pero no lo hice. Me he negado al arraigo, al compromiso. He tenido que hacer muchas reparaciones para poder vivir. Cuando aposté a hacerme la casa se me revolvió el estómago. Y no tiene que ver con que si es un buen o un mal negocio. Es algo que quiero y que necesito. Y eso que arriesgo mucho, porque al momento de comprarla no tenía la seguridad de que podría pagarla. Pero tenía que hacerlo, era un acto de confianza importante en mí.

A los 44 años se es joven, pero ya se piensa en la vejez.
Yo estoy en la memoria colectiva como la “extra joven”. Ser mujer y figura pública en Chile es re jodido. Ojalá nunca tenga que promover la cirugía plástica. No tengo nada contra las que se la hacen, pero me da terror como queda una, se nota tanto… Es mejor envejecer como hay que envejecer. Yo creo que se me notan mis 44 años. Puedo ser cabra chica y cagarme de la risa, pero ya me han pasado hartas cosas y tengo algo que decir.

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