El hijo perro

Reportajes y Entrevistas

El hijo perro

Por Gabriela García / Fotografía: Alejandro Araya / Producción: Álvaro Renner / Maquillaje: Carmen Botinelli

Ya no viven en el patio ni se comen las sobras, ahora son un integrante más de la familia y reciben cuidados similares a los niños. Sus amos los visten, les hacen facebook, les celebran los cumpleaños, los meten a sus camas y hasta los llevan a sesiones de aromaterapia si sufren de ansiedad, miedo o estrés. Aquí, cinco familias que tienen perros como hijos.

Paula 1131. Sábado 28 de septiembre de 2013.

6 AM en un dúplex de Ñuñoa. El despertador no ha sonado aún. Pero Sofía y Gaspar, de un año ocho meses, tienen ganas de jugar. Asoman sus cabezas desde el fondo de la cama matrimonial que comparten con Eduardo García (30) y Francisca Pérez (30). Se sacuden, se estiran, tratando de despertarlos. Como no lo consiguen, trepan por sus cabezas.

–Tuto mis guaguas–, les dice Francisca intentando acurrucarlos un rato más en su pecho. Pero es inútil. Hércules, León y Jacinta, que duermen en una habitación contigua, también despiertan. Los pequeños de seis meses brincan tratando de subirse a la cama. Como no lo logran comienzan a rodearla. Corren. Gimen. Hasta que Eduardo, ya despierto, los toma en brazos.

–Buenos días– dice la pareja turnándose para besarlos. Así comienza la rutina familiar. Eduardo se ducha con alguno de los cinco chihuahuas: les aplica champú antilágrimas, colonia de bebé y les seca el pelo con secador. Francisca elige una tenida para cada uno: collares de perlas, humitas, parkas y polerones con capucha son algunas de las prendas que llevan sus perros dependiendo del clima. Hoy hace calor.

–Échales bloqueador antes de que salgan al patio–, dice Francisca cuando Eduardo les abre el ventanal. A los chihuahuas les encanta tomar sol mientras la pareja prepara el desayuno: café para ellos, pechuga de pollo cocido con pellet para los chicos. Luego de dejarles sus huesitos de cartílago y peluches a la mano, Eduardo y Francisca se van a trabajar. Ella, como jefa de tienda en un mall. Él, como ingeniero.

–Yo vengo a darles el almuerzo hoy–, dice Eduardo antes de partir. En su celular, hay 3 mil 300 fotos de sus chihuahuas, en el parque, en el auto o la vez que llevó a Gaspar a volar en avión. También una aplicación que le permite ver imágenes de esta raza de perros posteadas en todo el mundo que incluye consejos de cómo cuidarlos. La pareja los sigue al pie de la letra. No tienen hijos todavía, pero la relación con sus perros, dicen, es el mejor ensayo para ejercer la paternidad. “Para mí esto es lo más parecido a criar. Ellos son mis niños y Eduardo se involucra igual que yo. De hecho, quisiera tener otro perrito, pero me contengo. ¡Es que lo pasamos tan bien!”, dice Francisca mientras busca desesperadamente un hotel en la playa que los acepte con sus cinco perros. Quieren tomarse unos días de vacaciones. “O vamos todos, o no va ninguno”, ríe.

“Supongo que los vas a vender”, le dijo su madre a francisca cuando sofía y gaspar, su pareja de chihuahuas tuvo tres cachorros más, y ella también les hizo espacio en la casa. “las personas que tienen cinco hijos, ¿los regalan también?”, le contestó categórica.

La familia de Francisca se ha armado velozmente. Al principio eran solo cuatro los integrantes en la casa. Tanto Gaspar y Sofía le pertenecían a ella cuando se emparejó hace nueve meses con Eduardo. La pareja se fue a vivir junta y le puso calzón de celo a Sofía, pero así todo se cruzaron con Gaspar. Entonces le compraron un vestido maternal y se prepararon para ese parto buscando material en internet. Es peligroso que los chihuahuas tengan cachorros por su tamaño. “La Fran quiso prevenir y le hizo una ecografía y una radiografía a la Sofi que nos indicó que venían tres perritos. El 12 de marzo pasado me vine especialmente de la oficina a asistir el parto y efectivamente se complicó, partí con ellos a urgencia y les salvé la vida. Desde ese momento somos una familia”, cuenta Eduardo.

–Supongo que los vas a vender o regalar. ¡Qué vas a hacer ahora con cinco chihuahuas!, le dijo su madre a Francisca cuando llegó con los cachorros a la casa. Pero ella fue categórica: “Las personas que tienen cinco hijos, ¿los regalan también?”. Su madre se tuvo que conformar con este rol de abuela fuera de lo común. Su nieta regalona es Jacinta, la más traviesa.

ANSIEDAD POR SEPRACIÓN
Tratar a los perros como hijos es una tendencia que comenzó en Chile hace 10 años pero que en los últimos tres ha explotado con fuerza. Es un fenómeno global. En Estados Unidos 46 millones de ciudadanos se han apegado tanto a sus perros, que estarían dispuestos a trabajar más horas si su mascota estuviera con ellos, según indica un estudio de la Asociación Americana de Productos para Mascotas. Y en España, la Fundación Affinity, acaba de publicar que el 80% de la población considera que su perro es un motivo para levantarse cada día.

“La estrechez del vínculo los ha humanizado. El perro ya no vive en el patio ni se come nuestras sobras. Ahora duerme con nosotros, es un integrante más de la familia. Esto tiene relación con algunos cambios sociales: la gente ya no se casa joven, primero se independiza, y para no sentirse solo en una ciudad que crece, adquiere una mascota. Luego se empareja y ya no tiene cinco hijos, sino uno. ¿El hermano quién es? El perro”, dice Paula Ibáñez. Veterinaria de profesión, Ibáñez abandonó la medicina tradicional para dedicarse a las terapias naturales para perros (flores de Bach, aromaterapia) hace tres años, cuando los dueños de perros comenzaron a consultar patologías que antes solo se veían en humanos. “Al ingresar al círculo familiar el perro empezó a tener beneficios pero también a somatizar los trastornos del amo, como su estrés, su insomnio o depresión. El nuevo perro, ese que viaja en la cartera con su ama, y al que le celebran el cumpleaños, puede sufrir ansiedad por separación cuando lo dejan solo, igual que un niño cuando la mamá lo deja con la nana o lo lleva por primera vez al jardín”, agrega la autora de Aromaterapia para mascotas (Catalonia).

Son cada vez más los dueños que solicitan ayuda profesional para abordar los problemas de comportamiento de sus perros. Carmen Luz Barrios, una de las pocas etólogas clínicas que existe en Chile, lo ve a diario. Los etólogos, en palabras simples, son como los siquiatras de los animales, los medican y hacen terapias conductuales, una disciplina que data de los años 70 pero que en Chile se instaló en 2005. “Ahora que vivimos en departamentos, que las mujeres trabajamos más, y nos demoramos más en hacer familia, los perros son como niños. Tener una mascota es bien visto. Sirve como facilitador social: es como salir con una guagua, siempre habrá alguien que se acerque a hablarte”, afirma la etóloga que está a cargo del área de perros y gatos de la Unidad de Investigación de Etología y Bienestar de la Universidad Mayor, la única institución en Latinoamérica que tiene un diplomado que profundiza en el comportamiento de los animales domésticos.

Mi pareja me reta porque me gasto la plata en ella, o porque no quiero carretear para no dejar sola a mi gorda. Pero es que ella es mi niña, mi todo”, cuenta Nelsie Hinojosa. Su gorda es una maltés a la que lleva en scooter a la estilista. Su pololo José es quien maneja.

Algo que afuera viene abordando hace rato la destacada editorial de libros de medicina y literatura científica, Elsevier. A través de diversas publicaciones como The Veterinary Journal, Journal of Reserch in Personality y Journal of Veterinary Bahaviour se ha instalado el debate: los perros forman lazos de apego estables con sus dueños, similares a los descritos entre las madres y los hijos. Los humanizan a tal nivel que se habla de los perros velcro: aquellos que no pueden estar sin sus dueños porque sufren trastornos obsesivos compulsivos. Si hace 10 años era impensado creer que los perros sentían, en 2012 la propia comunidad científica de Cambridge lo confirmó: los animales son seres pensantes, tienen conciencia. “Ya no es mero parasitismo, tanto él como tú se necesitan”, dice Carmen Luz.

Por eso, cada vez hay más gente dispuesta a invertir en sus mascotas y las que le han tomado el pulso a esto son las marcas de alimentos. Francisca Angerstein, consumer marketing manager superpremium, Nestlé Purina Petcare, cuenta que un estudio de 2010 realizado por Ipsos, compañía de investigación de mercado, contabilizó 3,4 millones de perros en Chile. 50% de esta población son razas de tamaño pequeño a las que se les dan cuidados especiales. “Por eso han surgido mejores alimentos y servicios, como los hoteles pet friendly, o los restoranes que permiten ingresar con perros. Tener un perro es cómodo. Requiere menos cuidados que un hijo pero, sin embargo, las personas pueden compartir con él muchas actividades como hacer deporte, jugar, salir de paseo”, dice Francisca Angerstein.

Erick Lucero, veterinario y miembro de la Sociedad Chilena de Etología, sin embargo, advierte: Humanizarlos puede hacerles daño. “Los dueños, por lo general parejas jóvenes, sin hijos, les ponen parka, traje de huaso para el 18, los tratan como un chiche sin saber que por ponerle zapatos pueden recalentarlos porque por sus patas sudan. Los problemas conductuales en las mascotas se están viendo cada vez más por lo mismo. Porque sus dueños piensan que son personas. Si mi perro quiere dormir conmigo está bien, pero como a los niños, también hay que ponerles límites”, dice Lucero, que atiende a 1.200 perros, –50% más que hace dos años–, en el Centro Integral de Bienestar Animal.

BONNIE, LA MOTOQUERA
Cada tres semanas, Nelsie Hinojosa (32), le pone los lentes y el traje negro acolchado de motoquera que consiguió por internet a Bonnie Blue, su perra maltés de dos años, y parten desde su casa en Renca hasta el Centro Socialipet, un servicio prémium en estética canina, ubicado en Las Condes que ha visto incrementado sus clientes de 80 a 150 en dos años. Famoso entre los clientes que crían y cuidan a sus mascotas como sus propios hijos, les ofrece a las perras como Bonnie servicios de spa, masajes de relajación, teñido, lavado y peinado con productos importados.

El viaje hasta allá lo realizan en la scooter de la hermana de Nelsie que maneja su pololo, José, con Bonnie en las rodillas. Durante dos horas a la perra le hacen hidratación capilar, le aplican champú con aceites de visón, y le alisan el pelo. “Dicen que el perro en la casa tiene que ser el último en la jerarquía pero en mi caso no es así. Ella es a la primera que saludamos y damos las buenas noches. Yo babeo con ella”, dice Nelsie mientras muestra el  infinito ropero de Bonnie: ocupa dos de los cinco cajones de su cómoda. Hay, además, otra treintena de trajes colgados en ganchos en miniatura: de pascuera, mapuche, buzo de fórmula uno o de la vaquera de Toy Story con los que Bonnie asiste a las reuniones del Club de Razas Pequeñas que se realizan en el Parque Araucano.

Fotos de estos eventos sociales se encuentran en el facebook que Nelsie creó con el nombre de Bonnie. Ahí la perra a la que le celebran el cumpleaños con gorros, torta y serpentinas, y a la que alguna vez le pintaron el pelo verde para una fiesta de Halloween, cuenta con más de 300 seguidores. “Mi pareja me reta porque me gasto la plata en ella, o porque no quiero carretear para no dejar sola a mi gorda, pero es que ella es mi niña, mi todo. Cuando ve que salgo se pone a carraspear y a mí me da pena”, cuenta Nelsie mientras su conviviente la mira celoso. José preferiría, dice, ser papá.

Nelsie se sincera: “Creo que estoy más conectada con la Bonnie que con las ganas de tener un bebé. No me gustan los niños. Esta es mi guagua”, dice mientras Bonnie duerme sobre su falda.

PERRA HERMANA
Cuando Catalina Mena (28) quedó embarazada de su primera hija, Olivia, hoy de 10 meses, sintió culpa. Desde hace tres años todo su amor había sido para su perra Amara, una salchicha que había conocido por webcam cuando cachorra y de la que se enamoró tanto que viajó desde Santiago a Concepción para adoptarla. “Tenía algo en la mirada que me hizo pensar ‘ella es’. La Amara desde ese momento fue mi guagua. La eduqué con los métodos del encantador de perros, le di un baúl enorme con juguetes y pasó conmigo el terremoto de 2010 en brazos, por eso cuando estaba esperando a mi hija me dolía pensar que la podía dejar de querer. No sabía si sería capaz de compartir mi cariño”, cuenta.

Catalina, sicóloga, y su pareja, Luis Cereceda (48), oncólogo, recibieron comentarios que los preocuparon. Según sus cercanos, Amara podría ponerse celosa y atacar al bebé. Catalina, atemorizada, decidió consultar con un veterinario esta situación. Este les aconsejó preparar a Amara para la llegada de la guagua. Si lo hacían, iban a hacer inseparables. “La hicimos partícipe del embarazo. Durante los nueve meses, la Amara durmió pegadita a mí, sentía las pataditas de la Olivia y le pasábamos ropa con el olor de la colonia que le pondríamos a la guagua para que lo fuera familiarizando. Cuando armamos la cuna, la primera en subirse fue la Amara: movía la cola, feliz”, cuenta Catalina.

–Amara, ella es la Olivia, tu hermanita, le dijo Catalina al volver a la casa con el bebé en brazos. La salchicha la olfateó suavemente y se acurrucó a su lado. “Su gesto fue de una humildad tan preciosa que me emociona. Desde ese día la cuida día y noche, y si la Amara escucha que la Olivia tiene la respiración extraña, me avisa. Cuando llora, mi guatona va y le langüetea las lágrimas y el pelo como si fuera su cachorra”, cuenta.

Parecen dos niñas chicas jugando en el suelo. Olivia y Amara comparten la misma sala de juegos. Catalina las saca a ambas a pasear: una va en el coche, la otra con correa. “Las primeras risas de mi hija fueron con mi Amara, ahora está aprendiendo a gatear para poder perseguirla. Puede ser loca mi relación con mi perra, pero la siento como una hija”, dice Catalina.

FELICIA, LA SOBREVIVIENTE
Denisse González (38) y Julio Guerra (29) se casaron hace un año y siete meses. Poco después, en junio de 2012, llegó a sus vidas Felicia, una yorkshire. Denisse, que nunca había tenido una mascota, no pensó que la llegaría a amar tanto, porque lo que deseaba era ser mamá, pero hasta entonces no ha sido posible. Por eso, su perra se transformó en el blanco de todo su amor. “Felicia es fundamental en nuestras vidas. Nos alegra el día. Pesa solo 1,2 kilos y no mide más de 20 centímetros. Es como una guagua mi peludita”, cuenta Denisse.

Por eso fue tan duro cuando el 3 de febrero de este año fue atropellada. Tiritando, Denisse la tomó en brazos y la llevó, rauda, al Hospital Veterinario de Santiago, donde le dieron oxígeno y le tomaron radiografías. Los doctores dijeron que si se salvaba era difícil que volviera a caminar: tenía nueve fracturas en las caderas. “Fue una noche atroz, no dormimos nada. Los próximos días los pasamos completos en el hospital”, cuenta Denisse.

A Felicia tuvieron que ponerle unas plaquitas en sus caderas y patas traseras. Mientras, Denisse organizó por facebook cadenas de oración para que la operación saliera bien. Ese día la pareja estaba a las 8 AM en la Parroquia San Francisco de Asís, rogando porque se salvara. Ocho días después del accidente le dieron el alta. “Hicimos todo para que saliera adelante. Limpiarle los puntos, tomarle la temperatura, darle sus remedios. Para que hiciera reposo, Julio le hizo un corral. Reclamaba, pero era lo mejor para ella”, señala Denisse.

De a poco, la pequeña volvió a caminar. El 27 de febrero pasado Denisse compró dos vestidos para ella en una boutique canina, mandó a hacer una torta en la misma pastelería que fabricó la de su matrimonio y celebraron su primer cumpleaños. “Pensar que se pudo morir fue tremendo. Su recuperación es un milagro”, afirma.

El  sicólogo clínico Felipe Vallejo interpreta así lo vivido por Denisse: “Los perros pueden ser más empáticos que los propios hijos, son capaces de leer nuestras emociones y reaccionan de acuerdo a ellas. Como sucede con los hijos, podemos proyectar en los perros nuestras metas no cumplidas o compensar a través de ellos vacíos y carencias. Algo un poco egocéntrico, pero que no es anormal si el perro no es afectado en su bienestar mental y físico”.

TENENCIA COMPARTIDA
Desde que los perros forman parte de la vida íntima y familiar,  han surgido nuevas preguntas. ¿Quién se queda con el perro cuando la pareja se separa? ¿Es posible la tenencia compartida de la mascota o fijar una pensión alimenticia para sus gastos?

Claudia Reyes, jueza del Segundo Juzgado de Familia de Santiago dice que, aunque suene divertido, en dos oportunidades le han pedido pronunciarse sobre la tuición de un perro. Una de ellas fue en 2007. “La situación me sorprendió bastante porque no se había presentado antes, pero finalmente las partes llegaron a acuerdo de manera amistosa. En otra oportunidad la mujer alegaba que luego de la separación, el marido, por crueldad, no la dejaba visitar a su perro, lo que le había causado gran dolor. Esta pareja no había logrado tener hijos”, recuerda.

El problema no es resuelto en la ley en forma específica. Sin embargo, los artículos 27 y 55 de la Ley de Matrimonio Civil señalan que cuando los cónyuges se separan o divorcian deben acordar por escrito un acuerdo que regule en forma completa sus relaciones mutuas, y entre ellas podría llegar a considerarse la mascota común. “Si ese acuerdo no se logra, serán los mediadores, el consejero técnico o el mismo juez quienes resuelvan la disputa, en la que podrían tener en consideración cuál de los cónyuges tiene mayor vinculación afectiva con el perro”, precisa Reyes.

A la terapeuta Paula Ibáñez le tocó asistir un caso así, en el que una de las perras enfermó repentinamente justo cuando sus dueños tomaron la decisión de separarse. “Vomitaba sin razón. Había bajado bruscamente de peso pero los veterinarios que consultó Cristián no lograban llegar a un diagnóstico concluyente sobre uno de sus dos shih tzu. La hembra, Canela, temblaba, tenía las orejas hacia atrás. Desesperado, llegó hasta mi consulta”, relata  Ibáñez. Tras observar al amo y a la perra en esa sesión, concluyó que la enfermedad de Canela había empezado el mismo día en que Cristián había decidido separarse de Tomás, su pareja por seis años. Desde entonces, la mascota estaba somatizando.

“A la Amara la eduqué con los métodos del encantador de perros, le di un baúl enorme con juguetes y pasó conmigo el terremoto de 2010 en brazos. Cuando quedé embarazada, me dolía pensar que la podía dejar de querer. No sabía si sería capaz de compartir mi cariño”, cuenta Catalina Mena. Hoy, Amara y Olivia son como hermanas.

“Me contó entre lágrimas que se fue a vivir fuera de la ciudad y que tenía temor de perder a los perritos ya que era el único tema en el que no habían podido llegar a acuerdo con su ex pareja. Hasta ahora se habían turnado. Un tiempo, Tomás se llevó a los dos, después cada uno se quedó con uno, pero esto había sido peor, porque Canela, al estar lejos de su ‘hermanito’, empezó con los vómitos, por lo que ya no pudieron separarlos. Cristián estaba en un camino de dolor. Y Canela era su reflejo”, cuenta Ibáñez.

La ex pareja optó por establecer un plan de visitas. Cristián, que estaba más tiempo en Santiago se quedó con ambos perros. Y Tomás, que vive fuera, se hizo cargo de todos los gastos. Semana por medio pasaría a buscar a los shih tzu y saldrían a pasear. El cuadro digestivo de Canela fue pasando de a poco. “Cinco meses después vinieron ambos, Cristián y Tomás, para chequear su salud. No estaban juntos como pareja pero sí unidos para decidir qué hacer con el tratamiento de Canela. Para las parejas gay los perros son lo más cercano a un hijo”, explica Ibáñez. Canela siguió solo con aromaterapia, hoy el propio Cristián le prepara las esencias florales. En el verano de este año los perritos pasaron las vacaciones con Tomás en el sur de Chile, mientras que él aprovechó de salir en un crucero. En ese viaje conoció a su nueva pareja.

–Estoy feliz porque mis niños lo aceptan–, le dijo a la terapeuta la última vez que se encontraron.

Seguir leyendo