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3 mayo, 2018
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El ministro en el diván

Constanza Michelson aguzó su ojo de sicoanalista para sacarle el rollo al ministro de Vivienda, Cristián Monckeberg. A sus 49, observó que le toca más cambio que crisis y que, pese al apodo de “tanquecito alemán”, decidió volver a casarse con la diputada Paulina Núñez. El evento es en una semana, para su cumpleaños 50. “Creo en el compromiso. Además, un ministro no va a andar con polola”, dice.

Por Constanza Michelson / Fotografía: Alejandro Araya


Paula 1250. Sábado 5 de mayo de 2018.

La misión que se me asignó fue hacer una “entrevista humana”. Cosa difícil con un político como Cristián Monckeberg, porque en la medida en que se tienen más jinetas en la solapa, más embarazado están de responder a través de la voz del cargo. Tuve 45 minutos, poco hasta para una primera sesión de sicoanálisis, donde incluso, se supone que el que consulta está dispuesto a decirlo todo.

Como una ventana en el tiempo, el Ministerio de Vivienda es un edificio en calle Serrano, que tiene esa elegancia antigua y señorial. La entrevista debía estar enmarcada en esa misma solemnidad, así que me hacen pasar con un asesor de prensa que anotaba como un actuario lo que hablábamos. Quizás para que quedara claro, que humana-humana no podía ser del todo la entrevista.

En la consulta, cuando entrevisto a un paciente nuevo, siempre es relevante cómo se acomodan. Algunos en el diván se tapan, otros se desparraman, otros incluso, se suben a pata pelada. Hay quienes no sueltan la cartera, mientras que otros dejan sus cosas sobre mi escritorio (ahí sé que todo irá mal). Bueno, ya que el ministerio tiene el semblante de los tiempos en que la política era ejercida por seres distantes al ciudadano común, la verdad es que quedábamos muy separados el ministro y yo, y peor, el ministro y la grabadora. Y fue él quien, entonces como un cable a la tierra de los tiempos que hoy corren, amablemente se pone mi teléfono (con el que grabo) sobre sus piernas, lo que lo obligó a estar toda la entrevista con las rodillas juntas. Vi al humano ahí.

Al final, de eso se trató la entrevista. De las yuxtaposiciones entre tiempos distintos. De un político que proviene de una familia conservadora, criado en dictadura y militante de un partido que en materia valórica se resiste al progresismo, pero que hoy se enfrenta a un mundo que se mueve más allá de las voluntades que dirimen en el Congreso. Tanto así, que se casa con la diputada Paulina Núñez (35), quien, al menos por su edad cae en la categoría de millennial. Reconoce que encontrarse con los cambios que trae el quiebre generacional, le gusta.

¿Cómo es ser ministro?
Es una pega bien intensa. Fui 12 años diputado y hace un tiempo ya había resuelto no seguir de parlamentario porque creo mucho en que los tiempos se agotan, y la intensidad con que uno parte y la con que uno termina es normal que no sea la misma. Yo era presidente de mi partido (RN) y trabajamos para conseguir volver a La Moneda. Fue un trabajo político súper importante, armamos una coalición, que es el Chile Vamos, del cual soy autor intelectual y creador de esa coalición.

¿Ah, sí?
O sea, de los primeros que se nos ocurrió sacarla adelante, fui yo y tres más que estábamos presidiendo los partidos en esa época. Estaba Felipe Kast, estaba yo, habían muchos más. ¿Por qué te cuento todo esto? Me perdí, como uno se pierde con las respuestas que no son las estereotipadas.

Preguntaba, ¿cómo es ser ministro?
¿Por qué me di esta vuelta tan larga por esto de ministro? Fascinado, fascinado, porque te tenía que contar un poco de lo que yo venía a lo que tengo. Esto es como loco, para llegar a estar en estos cargos hay que tener un cierto cable pelado, porque el riesgo es muy alto desde el punto de vista personal y laboral.

Claro, era eso o…
No iba a la reelección, el gobierno tampoco estaba asegurado que lo ganáramos. Soy abogado de profesión, lógicamente me puedo dedicar a otras cosas, pero a mí me gusta mucho esto, y si no, me quedaba fuera de escena. Evidentemente, la apuesta mía del todo o nada era lleguemos al gobierno, y de repente, quién sabe si el Presidente me lleva al gobierno. Me convoque.

¿Eso es lo que esperabas?
Siempre tienes esa ilusión, pero nunca la manifiestas, porque se quema la ilusión. Aquí hay ciertos códigos.

Uno no tiene que mostrar tanto deseo. Como en la seducción, estar disponible pero no regalado…
La ansiedad hay que frenarla al máximo. El peor error es salir diciendo públicamente “quiero ser ministro” o“quiero ser embajador”. Entonces, el Presidente me llama y me dice que asuma una cartera social que era el Ministerio de Vivienda y Urbanismo, lo cual me dejó en silencio un par de segundos.

¿Qué tanta ansiedad e inseguridad hay en la política?
Hay inseguridades, dramas, conflictos internos, discusiones familiares. Si sigo o no sigo en esta actividad, si vale la pena o no vale la pena.

¿Te pasó?
Uno permanentemente se lo cuestiona. Pero es tan fuerte, en el caso mío, la necesidad y las ganas de estar en lo público, no solo por el servicio público, es porque uno tiene poder acá en el buen sentido de la palabra: de tomar decisiones, de ayudar, de resolver, de cortar el queque. De influir.

Ya, ¿pero te pasó la cuenta en tu primer matrimonio?
No, no. Creo que sería injusto con la política responsabilizarla de problemas, errores o fracasos que haya tenido para atrás. Sí, bueno, quizás por de pronto la exposición. Tengo 3 niños y ellos se acostumbraron a saber que el papá es conocido y, por ejemplo, la responsabilidad que tienen ellos respecto de su actuación diaria, yo lo noto, es mayor que otros niños.

¿Y los hijos sienten que tienen que pensar parecido por lealtad?
Ah, no, viva la libertad. Las lealtades, que tengo que pensar lo mismo que tu papá o tengo que pensar lo mismo que tu marido o que tu señora, no.

Y con tus padres, ¿no te ocurrió? Vienes de un entorno conservador.
Eso era antes, las cosas han evolucionado mucho. Antes el papá roncaba y hacía y deshacía en la mesa y nadie decía nada. Mi papá murió hace muchos años, pero era de una relación de libertad total, igual que con mi mamá. Ella tiene 82 años y es de educación en la libertad total.

¿Qué significa educación en la libertad?
Por ejemplo, mi mamá es muy católica y nunca nos obligó a ir a misa, pero sí entendíamos el valor y la importancia de la misa.

¿Tú ibas a misa cuando chico?
Lógico, y ahora sigo yendo, pero por opción, no por obligación. Esa educación en libertad es la que también he tratado de llevar a cabo. Hoy los niños están mucho más en esa lógica, están mucho más potenciados, tienen su opinión, no tengo idea ni de por quién votan. Vuelvo a decir, viva la libertad.

Pero estás en una coalición donde no son tan “viva la libertad”.
Desde el punto de vista político, cuando construimos esta coalición dimos directrices y aprovecho el espacio para poderlas repetir nuevamente. En lo valórico, pretender tener una sola posición es dinamitar una coalición o un partido, porque lo valórico viene tan de la cuna, tan de cómo te formaste y llegaste a ciertas convicciones, que si quieres cambiarlas, por mucho que me den mil argumentos o me presionen, no lo vas a hacer. Lo que hay que hacer en materias valóricas es permitir el debate con cierto respeto y, finalmente, que cada uno decida en libertad de conciencia.

¿Y un político puede cambiar de opinión?
Ah, lógico que pasa. Por ejemplo, el acuerdo de unión civil no me convencía mucho. Siempre en campaña dije que era un tema que había que discutir, que tenía ciertos puntos que para mí eran favorables, pero no había tomado una decisión total porque no se conocía bien el proyecto de ley. Cuando se conoció, llegué a la convicción de que había que avanzar en él.

¿Qué dudas tenías?
Dudas propias de una sociedad más conservadora, no la mía, sino que en general. Chile es una sociedad conservadora, ¿no cierto?

Hoy no tanto la verdad…
Más que otras, y ha ido evolucionando. Porque somos isleños, estamos más abajo, muy escondidos, no nos llega nada.

El amor mueve montañas… y tanques

Las relaciones amorosas sacan distintas versiones de uno. Ahora que te vas a casar de nuevo, ¿qué se ha removido?
Buena pregunta. Uno en la conversación más bien personal, con personas que saben de esto, te dicen que cualquier nueva relación que inicies tiene que ir de la mano con conocer bien qué es lo que hiciste antes, cómo lo hiciste, qué errores tuviste, para no volverlos a cometer, aprender de eso.

¿No me vas a contar cuáles fueron tus errores, cierto?
No, no, pero hay muchos errores que uno conoce, que tienen que ver con cómo uno se relaciona con otras personas. Los afectos, los cariños, las amistades. Hay un montón de cosas que uno dice “¿por qué me va mal?”. Lo importante es diagnosticar eso y ser capaz de…

Eso suena muy técnico.
Soy una persona de pocos afectos, de muy buenos amigos, pero de pocos afectos exteriorizados, ¿cachái? Me cuesta hacer esto. Eso es afecto exteriorizado.

¿Con “afecto exteriorizado” te refieres a tocar, abrazar?
O decir. Entonces, ahí tienes un ejemplo. Uno tiene que evolucionar y tratar de mejorar esas cosas, porque la gente quiere afecto, cariño.

En una entrevista leí que tu novia decía que ella es muy de piel. ¿Cambiaste a conciencia o se dio nomás?
Es que uno está más maduro, tiene más experiencia, más tiempo. Una relación a los 35 no es lo mismo que una relación a los 20 o a los 15, porque has vivido mucho. Tratas de sacar lo mejor de ti y hacerlo de mejor manera. A eso me refiero. Afecto, piel, cariño, esas cosas son importantes. Entonces uno se pregunta: “¿cómo se formó uno?”. Tengo una formación muy alemana. Monckeberg Bruner. Más bien pragmático, como me dicen mis amigos, “pareces un tanquecito alemán”. Andrés Allamand siempre me decía: “tú pareces un tanquecito alemán, le dai pa’ adelante, le echas, empujas, lento, pero vas, le das y le das, empujando ese carro”. Y, claro, el tanquecito tiene que ir de la mano de ciertos afectos y uno tiene que pararse a mirar, “¿por qué cometí errores?”, “¿por qué me fue mal?”.

El tanquecito alemán no era muy bueno para estar en pareja…
Claro, necesitaba una tanquecita alemana, pero ahora conseguí una tanquecita española, nortina, pero no tiene nada de tanque, se va a enojar conmigo, porque es bien flaca. Es más como una moto (se ríe). No vamos a decir que es una tanquecita.

Ella es menor que tú, o sea, no es tanto…
Tiene 14 años menos. No es 40 y 20, pero…

Pero hay un quiebre generacional.
Hay un quiebre generacional por las épocas históricas que nos tocó vivir en Chile, porque a lo mejor en 15 años más uno de 49 con una de 35 a lo mejor va a ser distinto, no va a ser tan diferente. Pero, hoy día, hay un quiebre generacional.

¿Con qué te has encontrado en esta relación?
Más decidido, más igualdad, enfrentar los temas en conjunto. Además, coincidimos en lo que nos gusta, es lo mismo, lo público. Eso ayuda mucho.

¿Les funciona lo de trabajar en lo mismo?
Cuando te apasiona un tema, claro que ayuda. Y, por lo tanto, si una persona llega a las 12 de la noche un día, no es porque ande carreteando, sino porque había una reunión y había un grupo de dirigentes que tenía que conversar contigo y había un comité de vivienda o porque había una reunión en tu zona, en Antofagasta. El otro lo comprende. Para otras personas es más incomprensible. Me pasa mucho con personas, mujeres y hombres, que nosotros los invitamos a ser parte de la actividad política y nos decían que su señora o su marido no les daban permiso. Entendible y legítimo, no lo hacían porque no entendían este mundo.

Oye y cuando uno empieza a pinchar con alguien en el Congreso, ¿primero se oculta?
En cualquier actividad, sobre todo con los años y por cómo uno se ha educado, uno no anda expresando y exteriorizando estas cosas por todos lados. Nunca me vai a ver de la mano en el pasillo del Congreso caminando como…

¿Tenían algún temor, de que vinieran los prejuicios de afuera?
Siempre hay dudas. ¿Qué van a decir o qué van a pensar? Que esto era por conveniencia, para mostrarse más… Claro.

¿Qué dicen en tu entorno?
Los amigos te aplauden.

¿Sí?
Lógico, porque generalmente las personas que no le han apuntado en su vida afectiva, les cuesta reinventarse, relacionarse de nuevo con otra persona.

¿Te aplauden porque es joven y bonita?
(Se ríe) Algo bueno tendré yo también. Lógico, sí, evidente. Es inteligente, es entretenida, es buenamoza, además es power, intensa, que a mí me acomoda mucho. Eso ayuda mucho.

¿En qué?
En lo personal po’, sí. Es muy distinto andar con una persona que arrastra los pies al lado que con una persona que es intensa.

¿Qué te pasa con casarte otra vez?
Es loco, por de pronto es distinto. El matrimonio lo organizas tú, cuando tienes 20 años te lo organizan los papás e invitan a sus amigos, es la fiesta de los viejos. Esta es la fiesta de uno: más chiquitita, la familia es acotada y uno invita a sus amigos porque lo quieres pasar bien.

¿Por qué casarse de nuevo?
Creo mucho en el compromiso y un ministro no va a andar con polola.

¿No? No le vendría.
No, no.

Pero igual son otros tiempos.
Una parlamentaria tampoco va a andar con pololo. El pelo se empieza a poner blanco, se empieza a caer y los años van pasando. Eso es un tema. Y lo segundo, lo más concreto, es el compromiso. Yo creo mucho en el compromiso, en la validación, en que las cosas se concreten, y si puede ser de acuerdo a la ley, bien po’.

Leí que quieren tener guagua.
Para qué te voy a decir. Todos los matrimonios quieren tener niños, y, por lo tanto, ahí veremos qué pasa. Es un tema súper personal y si llega, llega a una etapa súper distinta de la vida. No es lo mismo tener niños a los 25 años que tener niños a los 49, 50, 51, 52, no tengo idea. Pero los niños siempre son bienvenidos, o las niñas, hablemos de niños como genérico. No me gusta usar el niños y niñas, vecinos y vecinas…

A mí tampoco.
No tiene mucho sentido. Los niños son bienvenidos y si llegan, feliz.

Bueno, lo último. Supe que te casabas pa’ tu cumpleaños 50, ¿es así?
Sí. El 2×1. Pragmático po’.

El asesor de prensa indica que es hora de terminar la sesión.