El terremoto de Denisse

Reportajes y Entrevistas

El terremoto de Denisse

Por Ximena Riquelme / Fotografía: Francisca Cornejo

El 27 de febrero de 2010 la periodista Denisse Quezada partió caminando desde Santiago a buscar a su hijo que estaba a 400 kilómetros, muy cerca de Cobquecura, epicentro del terremoto. No tenía noticias de él y si no lo encontraba vivo había decidido suicidarse. Caminó buena parte del trayecto y también hizo dedo hasta que se pudieron juntar. Siete años después, lanza el libro Mi27F, con esta historia que dio la vuelta al mundo.

Paula.cl

Habían pasado ya varias horas desde el terremoto de la madrugada del 27 F de 2010 y la periodista Denisse Quezada (39) no lograba comunicarse con su hijo Mathías (hoy de 15 años y entonces de 8) que estaba veraneando con sus abuelos en Chovellén, una localidad ubicada a 55 kilómetros de Cobquecura, epicentro del terremoto. Desesperada, en Santiago, le dijo a su pareja de ese entonces que fueran a buscarlo, pero él se negó y tampoco le pasó el auto que ambos compartían. Trató por varios medios de que alguien la llevara –las líneas de buses estaban interrumpidas–, pero no lo consiguió, así que comenzó a caminar. Eran 400 kilómetros los que debía recorrer para tener alguna noticia de su hijo.

“Tenía súper claro que si no encontraba a Mathías, me metería al mar y me mataría. No había otra opción”, dice hoy.

Tomó un rosario, la figura de un querubín, su celular, 40 mil pesos que le prestó un vecino –porque no había cajero para sacar plata–, una mochila con una parka adentro y se fue por Providencia rumbo al encuentro con el que entonces era su único hijo. Llegó caminando a la Ruta 5, donde una pareja la llevó en camioneta hasta Hospital. Ahí, otro auto la dejó en San Javier, desde donde caminó de noche 77 kilómetros hasta Cauquenes. Después, otra camioneta la trasladó hasta Chanco. Finalmente, se fue a pie hasta Pelluhue, y Carabineros la acercó hasta la casa en que estaba su familia. La historia de ese trayecto se convirtió en el libro Mi27F, que lanzará este martes 25 de julio.

Fue arriesgado lo que hiciste.
Sí. Me podrían haber violado, porque hubo varios ataques sexuales en los días del terremoto; podía haber muerto en el camino desmayada porque estaba deshidratada y con hambre. Me subí a autos de desconocidos. Me pudieron haber atropellado porque tampoco había luz y los autos y camiones que pasaban no me veían porque estaba vestida de negro y solo la luna iluminaba un poco el camino.

¿Te dio mucho miedo?
No, nada. Ningún miedo. Ahora leo el libro y sí me da miedo, pero en ese momento no sentí ni cansancio. Después me di cuenta que tenía los pies con heridas, tenía lleno de ampollas, pero antes no sentí dolor.

Tu historia salió harto en la prensa en esos días, ¿cómo se enteraron de que ibas en camino?
Algunos apoderados del colegio de Mathías empezaron a avisar a los medios de comunicación que una mamá del curso tenía a su hijo desaparecido. Supieron que yo había partido caminando y se empezaron a mover. Se dividieron y fueron a los canales y a las radios a pedir que dijeran mi nombre y descripción al aire para que el que me viera en el camino me ayudara.

¿Con qué te encontraste?
A medida que avanzaba iba viendo que era como estar en una guerra. Muertos, heridos. Los carabineros no daban abasto, los militares estaban preocupados de que efectivamente se vendieran cinco litros de bencina por persona y no más; de que la gente no robara, cuando podrían haber estado haciendo otras cosas. El país estaba en caos.

“¿Para qué va a seguir caminando si allá no hay nada? Está todo en el suelo y todos muertos”, le dijo un señor en el peaje justo antes de llegar a la zona más dañada por el terremoto, pero siguió caminando y luego, justo antes de llegar a Chovellén, en una camioneta de Carabineros, que la estaban ayudando, Denisse se encontró con su prima Karina que había ido desde Chillán a ver a Mathías. Ella le dijo que estaba bien en la casa de su bisabuela en Curanipe. En el momento del terremoto su hijo se encontraba en Pelluhue dentro de un auto muy cerca del mar. Con sus abuelos alcanzaron a arrancar al cerro. Luego vino la ola.

Después del encuentro con su prima, Denisse llegó a la casa donde estaba Mathías. “En ese momento no pude controlar mi llanto, que era desgarrador, lo apretaba fuerte, no lo quería soltar, le tocaba la cara y lo miraba una y otra vez”, cuenta en el libro. “¡Mamá!, yo pensaba que tú estabas muerta”, le dijo su hijo cuando se vieron. Esa noche durmieron juntos y la mañana siguiente partieron a Santiago.

Mi27F parte diciendo que te robaron el computador donde tenías la primera versión del libro, ¿cómo fue eso?
A tres años del terremoto escribí mi historia. La tenía guardada en carpetas en mi computador, pero no me había dado el tiempo de mandar el libro a editoriales. Simplemente estaba ahí. Un día que jugaba Chile fuimos al supermercado a comprar un vino y una carne. No pasaron más de 20 minutos y cuando volvimos al departamento habían robado todo. El computador, la tele, el playstation de mi hijo, los celulares. Todo. Perdí el libro.

¿Paraste el proyecto por un tiempo?
Sí, pero a los seis meses, Leo, mi actual marido, me dijo ‘vuelve a escribirlo porque se tiene que publicar’. Ahí empecé de nuevo. Ya estaba embarazada de mi segundo hijo Clemente –hoy de 3 años y medio–, y fue complejo porque me di cuenta de que todavía yo no estaba tan bien. Pero creo que escribirlo por segunda vez que fue lo mejor. La primera estaba menos preparada y fue hecho más periodísticamente.

¿Mathías leyó el libro?
Sí. Durante un tiempo estuvo en terapia con sicóloga y grafóloga, y en un momento, ambas me dijeron que ya podía hablar del tema. Entonces lo entrevisté, y le pregunté con detalle todo lo que había pasado. Parte de esas conversaciones están en el libro. Después de que lo leyó me abrazó y me dijo ‘Mamá, qué bacán, no lo puedo creer. ‘Todos mis amigos me dicen que tú eres bacán por lo que hiciste’. Yo lo volvería a hacer mil veces.

*Denisse tiene una nueva pareja con quien vive en Arica, donde trabaja como periodista en la Universidad de Tarapacá. Esa misma institución la apoyó con parte la primera edición de Mi27F (Pehoé ediciones), libro que es parte de la red Yatichaña, por medio de la cual se ha convertido en lectura obligatoria en algunos colegios del país. La segunda camada de ejemplares es la que estará a la venta en todas las librerías del país a partir del sábado 22 de julio.

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