El viaje de Chascas

Reportajes y Entrevistas

El viaje de Chascas

Por andrea hartung

José Ignacio Valenzuela se convirtió, hace dos meses, en papá de una niña a través del sistema de subrogación, más conocido como ‘vientre de alquiler’. El final feliz, tan esperado por el escritor chileno, no llegó fácil, sino que fue el resultado de un largo camino junto a su marido, el puertorriqueño Anthony Ortega: “Cuando miro a mi hija la felicidad es triple, porque ¡ay, que costó!”.

“Con el corazón saltándonos de felicidad en el pecho queremos contarles que @anthonyortegapr y yo hoy nos convertimos en padres. No nos queda más que agradecer a la maravillosa mujer que la llevó en su vientre, a nuestros padres, amigos y padrinos que nos guardaron el secreto. ¡Bienvenida Leonora, no sabes cuánto te hemos esperado!”. Con estas palabras, el pasado 30 de marzo el escritor José Ignacio “Chascas” Valenzuela anunció al mundo virtual el nacimiento de su primera hija con su marido, el puertorriqueño Anthony Ortega. En la foto de la publicación aparece la nueva familia de tres: Leonora en los brazos de Chascas envuelta en una manta rosada, mientras que su otro papá la observa ensimismado. “Le pusimos Leonora -nos cuenta- porque queríamos un nombre inequívoco, poderoso, asociado a mujeres fuertes e insurrectas”.

La búsqueda por Leonora y el recorrido que llevó a su nacimiento no fueron fáciles, entonces tanto para Chascas como para su marido su llegada fue más que una espera de nueve meses, fue el punto cúlmine de un camino lleno de humillaciones y peleas: “Con Anthony queríamos ser papás desde antes de casarnos. Llevamos alrededor de 16 años juntos y desde muy temprano en la relación empezamos a hablar de la paternidad, pero sabíamos que para una pareja como nosotros iba a ser complicado tener hijos, por los aspectos legales”. De hecho, la opción de usar un vientre de alquiler vino después de varios intentos fallidos por adoptar, en Puerto Rico y en Chile.

¿Cuándo empiezan formalmente a buscar un hijo?
Nos casamos apenas se pudo en Estados Unidos e inmediatamente iniciamos los trámites de adopción. Empezamos a ver que la cosa no era tan simple y contratamos abogados para explorar las posibilidades, y ¡las exploramos todas! Hablé con instituciones en Chile y muchas me cerraron las puertas incluso antes de revisar mi caso. Llegaron a decirme que mejor no insistiera porque era más fácil que una pareja extranjera adoptara antes que nosotros.

¿En Puerto Rico fue lo mismo?
Nos llegaron a decir que la única posibilidad que teníamos de adoptar un niño era si este tenía sobre siete años, porque tenía que saber hablar por si tenía que hacer una denuncia. Nos estaban diciendo que si violábamos al niño él tenía que ser capaz de acusarnos. Fue muy doloroso. Fue la piedra de tope. Recuerdo, y espero que no se me olvide nunca, haber sentido una rabia, una vergüenza propia y ajena, tan grande como no he sentido nunca en mi vida. Porque me di cuenta de que me veían como un pedófilo y nunca me había dado cuenta. Cuando me vi a través de los ojos de otras personas sentí un dolor, una humillación y una ira que no se me van.

¿Ahí es cuando empezaron a buscar nuevas alternativas?
La única otra alternativa era el vientre de alquiler, así que contactamos a una agencia en Estados Unidos que tiene 30 años haciendo esto, que es la misma que trabajó con Ricky Martin y Sarah Jessica Parker. Ellos trabajan con médicos que hacen fertilizaciones in vitro y con mujeres profesionales que deciden vender sus óvulos o rentar su vientre. Es un proceso muy largo, por eso cuando miro a mi hija ahora la felicidad es triple, porque ¡ay que costó! No fueron nueve meses, no fue una noche de pasión, fueron seis años. Niña más amada que ella no sé si hay.

¿Es un proceso muy engorroso?
Yo pensaba “qué complicado es para nosotros, mientras las parejas heterosexuales lo pasan tan bien teniendo hijos”. La palabra que se asocia a la creación de un hijo es placer, en mi caso fue todo lo opuesto. Una vez que se seleccionan los óvulos dejamos nuestro semen en una clínica de fertilización in vitro que trabaja con la agencia. Se fecundan varios óvulos y después se van viendo los que tienen mejor evolución. No sabemos de quién es Leonora, nos vamos a enterar en el proceso. Si sabe bailar salsa es de Anthony, si tiene el poto plano es mía.

¿Cómo es la mujer que tuvo a Leonora?
Fabulosa, generosa, encantadora. Es tecnóloga médica y trabaja en un hospital, entonces nos daba una tranquilidad enorme. Además tuvimos la suerte de que estaba en Florida, a tres horas en auto de nuestra casa. Eso permitió que fuéramos a todas las ecografías, que asistiéramos a todos los controles médicos. Pudimos ir cada vez que escuchaban el corazón de Leonora, incluso al tour del hospital cuando se acercaba el día del parto.

¿Qué sentiste en la primera ecografía?
Te voy a ser seperhonesto. A Anthony se le llenaron los ojos de lágrimas y yo tuve que fingir emoción. Me quedé un poco congelado, por esto de alguna manera fue un embarazo remoto, no había alguien embarazado en la casa.

Leonora tiene dos papás

Desde el 30 de marzo que el Instagram de Chascas es un collage de fotos familiares. Sale paseando el coche, haciendo dormir a su hija, o ella durmiendo en su cuna -siempre con el rostro cubierto-. Un día después del nacimiento publica una imagen donde se alcanza a ver que está intentando bañar a la niña. “No es fácil entrenarse como papá -escribe-, ¡la teoría no sirve de nada!”.

¿Te has sorprendido estos meses como papá?
Aprendí a mudar, a bañar, a alimentar desde el primer minuto y, sorprendentemente, soy muy bueno haciéndolo, porque me conecté con algo que no sabía que tenía. No concibo mi vida sin esta nueva realidad. No me acuerdo cómo era antes. Todo lo que te pueda decir suena a un cliché, y yo como escritor huyo de eso y me odio mientras digo estas cosas porque son puros clichés.

En Twitter te destacas por ser superconfrontacional. ¿Te suavizó la paternidad?
No quiero pedirle perdón a mi hija por haberla traído a un mundo de mierda. Veo a Trump, a Bolsonaro, a Piñera, a Mike Pompeo diciendo “qué bueno que se derritan los polos porque mejoran las rutas de comercio”. Y pienso “cresta, y yo trayendo a un niño a este mundo”. Entonces ahora la armadura es más pesada, tengo un motivo mayor de lucha. Si antes luchaba por ideales abstractos, hoy mi ideal es concreto, tiene nombre y apellido. Eso hace que mi grito sea aun más fuerte.

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