Emergente: Andrés Montero

Reportajes y Entrevistas

Emergente: Andrés Montero

Por Victoria Misito / Fotografía: Paloma Palomino

A sus ocho años ya decía que quería ser escritor. Esperaba todas las tardes a su papá para contarle historias que él mismo inventaba y, junto a sus dos hermanos, hacía una revista que vendían por mil pesos a sus tíos. En quinto básico, se presentó en un concurso de su colegio, y lo ganó. Esa experiencia lo empoderó y desde ahí, Andrés Montero no paró. Hoy, diecisiete años después, a sus 28, su nombre suena en los medios como el ganador de uno de los premios más importantes en literatura.

“Un momento clave en mi vida fue cuando saqué el primer lugar en un concurso de cuentos que hizo la universidad Andrés Bello, porque me di cuenta que sí podía dedicarme a esto”, dice. Sin embargo, pese a que su pasión eran las letras, decidió entrar a estudiar historia al año siguiente. Pero cursó dos semestres y se retiró. Andrés quería darle una oportunidad a su pluma. El 2012, cuando tenía 21 años, publicó su primer libro de cuentos llamado “La inútil perfección y otros cuentos sepiosos” (LOM) y optó por estudiar literatura. “No me gustó. Sentía que podía aprender mucho más por mi cuenta porque perdía tiempo en ramos que no me interesaban. Como quería enfocarme en lo que me gustaba, congelé y me fui a viajar por Sudamérica. Buscaba dedicarme a contar cuentos, que es mi otro oficio”, comenta.

A la vuelta de su viaje, junto a Nicole, su pareja, formó la ‘Matrioska’, compañía de cuentacuentos que se dedica a narrar historias para niños, jóvenes y adultos, y con la que ha llevado funciones, charlas y talleres a diversos espacios culturales y festivales de Chile, Argentina, Perú, Uruguay, Brasil, México y Estados Unidos, entre otros países.
Paralelo a eso, Montero también se ha dedicado a la escritura. El 2016 fue un buen año para él. Publicó el libro juvenil ‘Alguien toca la puerta. Leyendas chilenas’ (Ediciones SM), -galardonado con el Premio Marta Brunet, del Consejo de la Cultura, y el Premio Municipal de Literatura en el género infantil- y ‘Tony Ninguno’ (La Pollera) que recibió en México el Premio Iberoamericano Elena Poniatowska, uno de los más importantes del rubro.

“El libro había pasado súper piola. Yo pensaba que la iba a romper porque me había ganado una beca del Consejo de la Cultura para escribirlo y además fue finalista de los Juegos Literarios Gabriela Mistral de la Municipalidad de Santiago y del premio Clarín de Novela en Argentina. Pero solo aparecieron un par de reseñas”, comenta el autor.
Sin embargo, dos semanas después de que decidiera ‘dar vuelta la página’ porque pensaba que la novela ya había tenido su momento, recibió el llamado del secretario de Cultura de México para darle la noticia de que había sido el ganador del Premio Iberoamericano Elena Poniatowska. “Cuando me dijeron, yo estaba en clases de un diplomado y pensé que era una broma, no podía creerlo. Es un reconocimiento súper importante para los escritores, y admiraba a los que se lo habían ganado antes. No podía asumir que estaba a esa altura”, recuerda.
La novela, que narra la historia de una joven trapecista que luego de sufrir una lesión decide memorizar las historias de Las mil y una noches, fue el resultado de un proceso de cinco años. “Al principio quería que se tratara de un señor que le contaba historias a las mujeres en el metro, pero que dejaba en suspenso el final. Les pasaba su número y las que lo contactaban para saberlo, eran asesinadas. No sé cómo terminó por convertirse en la novela de un circo. Ahí cambió bastante el libro. Tuve que conocer cómo funcionaba el mundo circense, leer y estudiar harto. Además, le fui pasando los borradores a mis amigos para que opinaran”, dice.

Andrés recuerda que no fue fácil encontrar una editorial. Contactó a dos grandes. Una, sin respuesta y, en la otra, le comentaron que encontraban que su historia era muy poco comercial. Hasta que, gracias a una amiga que había publicado recientemente un libro, llegó a La Pollera. “Ahí me apoyaron de inmediato y la novela creció un montón gracias a ellos”, cuenta.
Reconoce que haber sido galardonado con ese premio cambió bastante su carrera. “Fue increíble, porque se me abrieron muchas puertas. Ahora está publicado en Italia y en poco tiempo más sale en Dinamarca. Se vendieron mil libros de una. Las bibliotecas públicas compraron montones y en algunos colegios es lectura obligatoria. Pasé a ser un escritor que nadie conocía a uno que igual les suena”.

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