A empoderarnos (también) de nuestro cuerpo

Reportajes y Entrevistas

A empoderarnos (también) de nuestro cuerpo

Por Patricia Morales

Las mujeres sabemos poco de nuestra salud reproductiva. Así al menos lo demuestran las cifras de mujeres que entrando en la etapa del climaterio desconocen sus síntomas -más allá de los bochornos- y que existe una manera de tratarlos. Se trata de la terapia de reemplazo hormonal (TRH), que fue muy desprestigiada en 2002 por un estudio mal formulado que decía que podía provocar cáncer, pero que posestudio la evidencia científica ha demostrado que bien aplicada no solo mejora la calidad de vida, sino que puede prevenir enfermedades.

Después del cuarto parto de María Dolz (62) muchas amigas le dijeron que probablemente con los años tendría que operarse de un prolapso uterino, que ocurre cuando los músculos y los ligamentos del suelo pélvico se estiran y se debilitan, por lo que dejan de proporcionar un sostén adecuado para el útero. Esto puede afectar a mujeres de cualquier edad, pero en mayor medida a mujeres posmenopáusicas que tuvieron uno o más partos vaginales, y uno de los síntomas que lo evidencian es la incontinencia urinaria. “Cuando me empezó a ocurrir, hace aproximadamente siete años, lo primero que pensé fue que tenía que operarme, era lo que había escuchado. Fui a mi doctor, y para mi sorpresa la indicación no fue una cirugía sino que una terapia de reemplazo hormonal para mujeres en el período del climaterio”, recuerda. En ese momento María ni siquiera había escuchado de este tipo de terapias, y si bien lo encontró raro porque no tenía ninguno de los síntomas que ella asociaba a la menopausia como jaquecas o bochornos, confió en su doctor y comenzó el tratamiento. “Era un gel que tenía que ponerme en la noche en el brazo o en la pierna. Al poco tiempo de usarlo la incontinencia se me quitó, tanto así que después de un par de años con el tratamiento me lo suspendieron”, cuenta.

La confusión de María es bastante habitual en las mujeres latinoamericanas. Así lo explicó el doctor y profesor asociado de la Universidad de Chile Juan Enrique Blümel en su exposición “Deterioro de la calidad de vida en el climaterio”. Allí el especialista reveló que de todos los síntomas climatéricos, los bochornos están recién en el noveno lugar de recurrencia, a pesar de que, según dijo en su exposición, las pacientes lo reconocen como uno de los principales junto con las palpitaciones (taquicardia) y los dolores de cabeza. Los principales son: dolores osteoarticulares, fatigabilidad, trastornos de ánimo, problemas de sueño, irritabilidad, sequedad vaginal, trastornos de sexualidad, ansiedad, bochornos, molestias urinarias y palpitaciones, en orden de prevalencia.

 

El impacto de una ‘fake news’

Menopausia y climaterio son dos conceptos que suelen confundirse. “La menopausia es el último período menstrual de la mujer, en cambio el climaterio es el período previo y posterior a la última regla y se caracteriza por una disminución de la función gonadal femenina. Esto ocurre en un rango que se considera normal entre los 45 a los 55 años”, explica el médico ginecólogo especialista en endocrinoginecología Patricio Barriga. Y agrega: “Este período va acompañado de diversos síntomas que alteran la calidad de vida y para combatirlos la mejor opción es la terapia de reemplazo hormonal (TRH)”, como su nombre lo indica, un tipo de tratamiento que consiste en tomar hormonas para prevenir o tratar ciertas afecciones médicas.

Desde 1968 hasta el 2002 era común que las mujeres usaran estas terapias, pero ese año se publicó el estudio Women’s Health Initiative (WHI), realizado por el National Institutes of Health del Gobierno de Estados Unidos, en el que se indicaba que las mujeres que usaran la THM tenían un 30% de posibilidades de contraer cáncer de mama. La noticia se expandió por la prensa mundial y el WHI alejó a las mujeres y a los médicos de la terapia. “Ese estudio estuvo mal formulado ya que se realizó a mujeres mayores de 65 años que ya tenían otros factores de riesgo”, explica el doctor Barriga. Posterior a esto, dice, hay mucha evidencia que demuestra que este tipo de terapias no solo no aumentan el riesgo de cáncer sino que disminuyen el riesgo de otras enfermedades, además de mejorar la calidad de vida de las pacientes. Antiguamente las mujeres vivían solo durante nuestra etapa reproductiva, de hecho a comienzos del siglo XX la esperanza de vida era de entre 50 y 65 años, pero hoy esa cifra es mucho mayor (en Chile supera los 80 años). “La evidencia ha demostrado que este aumento va de la mano con otras enfermedades: se infartan más, hacen diabetes, hipertensión, entre otras; muchas de estas patologías son prevenibles con una terapia hormonal siempre y cuando se aplique en el momento indicado y de manera individualizada. Es importante elegir la terapia correcta para cada paciente porque no sirven todas las terapias para todas las mujeres; es lo mismo que la anticoncepción”, advierte el especialista.

Es lo que se conoce como ventana de oportunidad, un concepto médico que se refiere a que hay un tiempo ideal para comenzar esta terapia que por lo general es previo a los primeros síntomas. “Si nos pasamos de ese tiempo, no es que no podamos tratar a la paciente, pero si deberíamos ser cautos, porque después de cierta edad (aproximadamente 60 años) hay más morbilidad desde el punto de vista cardiovascular, y en ese caso puedo aumentar el riesgo, pero ahí no es problema de la terapia, sino que está mal elegido el paciente, como ocurrió en el estudio publicado en 2002”, explica el doctor, y aclara que “si la mujer está sana y yo le estoy mostrando con evidencia que los beneficios superan los posibles riesgos y que tarde o temprano la insuficiencia gonadal le podría afectar su calidad de vida, obviamente es una buena decisión tomar la terapia”, agrega.

 

Por más mujeres informadas

Claudia (64 años, cambiamos su nombre porque no quiso revelar su identidad) comenzó con los primeros síntomas muy temprano, a los 45 años. “Lo primero fueron fuertes dolores musculares, en algún momento me dijeron que probablemente tenía una fibromialgia. Pasé por muchos doctores, distintas especialidades, pero no lograba sanarme. Recuerdo que una vez un doctor me dijo que lo más probable es que tuviera una fuerte depresión porque además andaba irritable y tenía insomnio. Hasta que un día, en un control ginecológico de rutina me hicieron completar una ficha de calidad de vida relacionada con el climaterio. Lo primero que pensé fue ¡nada que ver! Si a mí me faltaba mucho para la menopausia, además que jamás había tenido un bochorno y la regla me llegaba bien todos los meses. Empecé a completar la ficha y claro, tenía casi todos los síntomas. Estaba entrando al climaterio y seguramente si no me hubiese enfrentado a ese papel nunca me hubiese enterado”.

Así como Claudia, casi el 70% de las chilenas desconocemos los síntomas de dicho periodo y, más aun, la posibilidad de contrarrestarlos con una terapia. Solo el 30% de las mujeres acceden a una TRH. En 2014 se comenzó a utilizar un instrumento de medición de la calidad de vida en el climaterio (MRS), que es el que completó Claudia y que se debería entregar a todas las mujeres sin esperar que consulte porque tiene un síntoma. Pero muchas veces no se hace. “El gran enemigo de las TRH es el desconocimiento. Yo invito a las mujeres a preguntarle a su doctor o a quien le diga que una terapia puede provocar enfermedades, ¿en qué se basan para decirlo? Si hablamos de empoderamiento de la mujer, este es un tema en el que se tienen que empoderar. Deben exigirle a la autoridad mejorar su calidad de vida (…) Si todas las mujeres menopáusicas o premenopáusicas salieran a la calle, hicieran una marcha exigiendo a la autoridad de turno que deben ser tratadas porque solo 3 de 10 pueden hacerlo por un tema de recursos, seguro lograrían el efecto”, dice el doctor Barriga.

Porque según el experto no es que los tratamientos no estén; es más, muchas veces los productos se vencen antes de ser distribuidos y los tienen que desechar. “Aquí lo que falta es voluntad política. Hoy el sistema es desigual, a pesar de que estamos hablando de una meta sanitaria, como lo es una campaña de vacunación. Todas estas son cosas que las mujeres deberían saber, aprender de su salud reproductiva y tomar el control”, agrega.

El miedo se funda en el desconocimiento

Entre las principales razones para no usar THM están: no tener síntomas, que el médico no lo indique, preferencia de terapias alternativas, temor al cáncer y otras como temor a subir de peso. “Todos estos son mitos. La evidencia ha demostrado que muchas patologías son incluso prevenibles con un correcto tratamiento, por ejemplo enfermedades cardio o cerebrovasculares, osteoporosis, diabetes, además de mejorar la salud genital, bajar la incidencia de prolapso, de incontinencia urinaria y tener un impacto positivo en la sexualidad que no termina con la menopausia”, dice el doctor Patricio Barriga. Y respecto al peso, explica que hay más posibilidades de bajar que de subir porque la terapia mejora la actividad de la insulina, que tiene que ver con la distribución de la grasa corporal. “Cualquier terapia tiene potenciales efectos no deseados y eventualmente riesgos muy bajos, por eso toda terapia también requiere de supervisión. Hay pacientes que comienzan la terapia y se sienten tan bien que no vienen más, y resulta que a los 4 años les aparece un bulto en la mama y resulta ser cáncer. No es que la terapia le haya provocado un cáncer, es que dejaron de controlarse y se enteraron tarde. De hecho, la mayoría de las mujeres que tienen cáncer no están en terapia hormonal. Por eso insisto, el miedo se fundamenta en el desconocimiento, y es tarea de nosotros los médicos y de las mujeres educarnos para eso”, sentencia.

Seguir leyendo