En el nombre del Padre

Reportajes y Entrevistas

En el nombre del Padre

Por Pilar Navarrete / Producción periodística: Constanza Rodríguez, Fernanda Undurraga y Cristina Durán / Fotografía: Alejandro Araya / Producción: Camila Letelier

Si el nombre tiene una carga emocional, un significado, este es mucho mayor cuando es el mismo que el del padre, el abuelo y, en algunos casos, hasta del bisabuelo. Estos chilenos recibieron por herencia un nombre que ha ido pasando de una generación a otra. Y, con ello, recibieron también el traspaso de una historia.

Paula 1175. Sábado 6 de junio de 2015.

 

Los Roberto Mercado y su pasión futbolera

“¡Gol ariqueño, gol ariqueño, gol ariqueño!”, se escucha al final de la cortina que da inicio a Roberto Mercado Calderón, el programa de fútbol que desde hace 29 años transmite de lunes a viernes la radio Primavera de Arica y Parinacota; la voz es del periodista deportivo del mismo nombre, quien fue su relator oficial y falleció en 2012. Hoy son su hijo Roberto Mercado Cabello (57) y su nieto Roberto Mercado Flores (29) quienes han asumido las distintas tareas del programa radial, considerado un clásico ariqueño; el primero es el productor y el segundo es el periodista del programa. “Creo que junto con el nombre, mi abuelo nos traspasó a mi papá y a mí su pasión por el fútbol”, dice Roberto Mercado Flores, el nieto, quien jugó en la selección de la sub 17 y sub 20 y hoy es profesor de educación física. Su padre, Roberto Mercado Cabello agrega: “Mi viejo siempre dijo que cuando él ya no estuviera, el programa se tenía que hacer igual. Y así fue”, dice.

Abraham y Rubén por tradición

Los Dueñas son judíos sefarditas y el primero que llegó a Chile, proveniente de Turquía, se llamaba Rubén; era el padre de Abraham Dueñas Strugo (90), el mítico relator de fútbol de radio Minería, quien posa en esta foto con su hijo Rubén Dueñas Santander (54) y su nieto Abraham Dueñas Sánchez (15). Fue él quien inauguró esta tradición familiar: intercalar, generación por medio, los nombres Abraham y Rubén. “Entre los judíos sefarditas existe un rito de llamar al primogénito con el nombre de la persona más sabia de la familia, en este caso el abuelo. De ahí nació esta costumbre nuestra”, explica Rubén Dueñas, quien le ha repetido hasta el cansancio esta historia a su hijo adolescente. “Está sonado”, explica entre risas, “porque la tradición se hereda y es importante mantenerla viva. Además, es algo simple de mantener. Y si ya somos cuatro generaciones en esto, ¿por qué no tener una quinta?”, agrega.

Manuel Montt, linaje presidencial

Esta es la descendencia directa del presidente Manuel Montt Torres, que gobernó entre 1851 y 1861: Manuel Montt Dubournais (72), abogado y profesor por más de 40 años de la Universidad de Chile, Manuel Montt Swett (47), que es agrónomo, y Manuel Montt Molina (11), que cursa sexto básico. “Ser descendientes del Presidente Manuel Montt es un orgullo y una tradición que la familia ha hecho perdurar: el primer hijo hombre de cada generación por obligación tiene que llamarse Manuel. Hasta ahora, nadie ha osado romper con la tradición”, dice el abuelo, Manuel Montt Dubournais. Su nieto dice que le gusta mucho su nombre y la historia que contiene. Pero, de momento, no sueña con llegar a La Moneda. Sueña con ser futbolista.

La leyenda de los Lister Rossel

El siquiatra Lister Rossel Gibbons (62) lleva un nombre que es una leyenda: el de su padre, un pediatra muy querido en Linares, en cuyo honor hasta bautizaron a un club de fúbol. El origen del nombre es científico: como el abuelo de Lister era masón y radical, bautizó a todos sus hijos con nombres de grandes personajes de las ciencias: Gutemberg, Milton, Edison, Darwin y Lister, el menor, cuyo nombre honraba al cirujano Joseph Lister, creador de la asepsia y la antisepsia en los pabellones. El pediatra Lister Rossel falleció cuando su hijo tenía dos años. “Crecí escuchando historias de mi padre. A veces es un orgullo, otras es un peso, porque él fue una figura tan recordada y notable que tengo el sentido de una tarea, de una misión”. Por eso le heredó su nombre a su segundo hijo: Lister Rossel Echague, que es músico y vive en Estados Unidos. “Le puse así porque, quizás, uno debe construir un tronco en la historia familiar: darle raíces a su historia, seguir con la identidad de la familia, que es la tribu. Repetir el nombre es poner un poco de memoria en las historias de cada uno”.

El orgullo de llamarse Gonzalo Puerto

Gonzalo Puerto Baeza (62) siente que recibió de su padre, Gonzalo Puerto medina, un nombre con estilo. “Suena mucho mejor don Gonzalo que don Juan, la letra z del nombre le da un toque”, dice este ex chofer de la línea 1 del Metro, ex guardia y supervisor de seguridad en Canal 13 y hoy jubilado. Tanto le gusta su nombre que, a dos de sus cuatro hijos, los llamó así: Gonzalo Rodrigo Puerto Muñoz (31) y Gonzalo Sebastián Puerto Muñoz (27), que posa con él en la foto. “Además, significa guerrero en latín y yo he luchado harto para sacar adelante a mis hijos, que hoy son todos profesionales”, dice. Y asegura que tiene convencidos a sus hijos para que el primer nieto se llame Gonzalo. Pero tendrá que esperar: hasta ahora solo han nacido mujeres.

Juan Gálvez, dinastía de feriantes

“Nosotros éramos 10 hermanos. Mi papá miraba a sus hijos al nacer y si nos parecíamos a él, que era morenito y de ojos castaños, nos ponía Juan”, dice Juan Armando Gálvez Riveros (62), quien lleva el mismo nombre de su abuelo y su padre y, como ellos, también es feriante. Creció en los pasillos de La Vega Poniente y hoy trabaja en un puesto en la feria de Pudahuel con su hijo, el último de la dinastía: Juan Enrique Gálvez Fernández (42). “Todos los Juanes de la familia somos buenos para hablar. Somos bien machos y no nos mandonea la señora. Nos gustan las cosas correctas, somos amigables, bien católicos y de palabra”, remarca Juan Gálvez Riveros.

La suerte de llamarse Osiel

El nombre Osiel ha estado presente desde fines del 1800 en la familia González. Así se llamaba el bisabuelo y el padre de Osiel González Díaz (60). “De niño me contaron que era un nombre bíblico, que así se llamaba un poeta inglés y un pirata que visitaba Antofagasta a fines del siglo XIX. Había muchas historias sobre el origen de ese nombre”, cuenta. Él está convencido de que es un nombre afortunado. “Mi papá, siendo una persona con muy poca educación, llegó a ser agente del Banco Español de Antofagasta, y, luego, yo estudié para ser tecnólogo médico. A cada generación le ha ido mejor”, dice. En esta foto lo vemos con su descendencia: su hijo Osiel Luis González Abarca (37) y su nieto Osiel Santiago González Castaño (7). “La herencia no pasa por las cosas materiales, sino por heredar un sentido de identidad. El nombre es parte de eso”, dice el abuelo Osiel.

Jalil Riff: nombre reservado

Según cuenta la historia de esta familia, en el Líbano, de donde provienen, hubo varias generaciones de Jalil Riff, nombre que recayó en el primer hijo del inmigrante Jalil Riff Sfeir, que vino a Chile atraído por la bonanza del salitre. Al llegar, se estableció en la salitrera Pampa Unión, donde se convirtió en el dueño de la pulpería y formó una familia. “Ahí, en Antofagasta, nació en 1925 mi abuelo: Jalil Riff Harb”, dice Jalil Riff García (42), quien cuenta que cuando el boom minero se vino abajo, sus antepasados partieron a Valparaíso y se dedicaron a las telas. “Tenían un negocio que se llamaba Jalil Riff. Ahí, en 1944, nació mi papá que también se llama Jalil”. Por esa historia ha defendido su nombre a ultranza: cuando sus dos hermanos insinuaron ponerle Jalil a sus sobrinos, les puso mala cara. Hoy lo reconoce: “Es un nombre que tengo reservado para mi descendencia”. Y agrega: “Tener un nombre así me hace sentir especial, conectado con mis orígenes. Le agradezco a mi viejo habérmelo heredado”.

Los Pepe Tort, catalanes y tenistas

Acá están las tres generaciones de los Pepe Tort: el abuelo, José Tort Guitart (77); el padre, José Tort Lazzerini (46), y el nieto Tomás José Tort Fuenzalida (8), quien estuvo a punto de no llamarse Pepe y se perdiera el nombre de estos descendientes de campesinos catalanes. “Ya teníamos dos hijas y cuando supimos que nuestro tercer hijo iba a ser hombre, todos queríamos que se llamara José. ¡Pero mi señora se negaba!”, comenta Pepe Tort Lazzerini. “Fue un lío familiar, hubo mucha presión, porque la madre no quería llamar así a su hijo”, agrega el abuelo. Pero cuando el niño nació, la madre miró a la guagua y dijo: “Tiene cara de Pepe”. Y aceptó ponerle José como segundo nombre. Hoy los tres Pepe comparten, además del nombre, una pasión común: el gusto por el tenis.•

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