Enamorarse de tu mejor amigo

Reportajes y Entrevistas

Enamorarse de tu mejor amigo

Por Naomi Martínez / Ilustración: Gertrudis Shaw

Con Gonzalo nos conocimos en el colegio, cuando teníamos cuatro años, y desde el primer día fuimos amigos. Las profesoras nos sentaban juntos en esas mesitas grupales de pre kinder porque notaban que nos llevábamos bien. Con el tiempo nos dimos cuenta de que, en verdad, siempre nos gustamos. Pero al principio era algo muy de niños, teníamos un joteo muy inocente a través de los juegos.

Me acuerdo que en primero medio fuimos a un paseo de curso que nos unió aún más. Y nos volvimos unos inseparables compañeros de banco. Empezamos a salir a todas partes, carreteábamos, estudiábamos juntos, incluso lo invitaba a la playa con mi familia. En el colegio las profesoras nos molestaban y nos preguntaban si estábamos pololeando, pero de prekinder hasta cuarto medio fue un cariño que solo se expresó en amistad.

Siempre nos ayudamos en lo que el otro necesitaba. El verano de 2006, cuando teníamos 11 años, se suicidó una compañera del curso. Éramos muy cercanas y la muerte de ella nos afectó a todos. Gonzalo estuvo ahí para mi en todo momento. Me invitaba a hacer cosas para sacarme de la casa y distraerme. Cada vez que el otro tenía una ruptura amorosa nos tirábamos para arriba desde el humor. Él siempre me decía: “obvio que vas a enamorar a otro al tiro”. Y yo le decía: “ya, si le gustas a 20 minas más, puedes elegir”.

Nos dimos cuenta de que estábamos cruzando los límites de la amistad recién en cuarto medio cuando las citas que yo tenía le empezaron a molestar, a dar un poco de celos. Él insiste en que a mí me pasaba lo mismo, pero nunca me planteé tener algo más que una amistad. En un piyama party nos dimos nuestro primer beso, pero la situación se volvió incómoda y ahí decidí tomar un poco de distancia. Para los dos era raro pololear siendo compañeros. Después de salir del colegio tuvimos una pelea enorme que nos separó por dos años.

Ese tiempo que no hablamos me costó mucho. Lo echaba de menos porque desde niños hacíamos todo juntos, cualquier cosa me hacía acordar a él. Yo en ese tiempo estuve pololeando por un año y él también. Terminamos casi al mismo tiempo, y seis meses después nos reencontramos en el cumpleaños de una amiga. Ahí fue como si no hubiese pasado nada de tiempo, los sentimientos hacia el otro seguían ahí, pero habían madurado. Y nos dimos cuenta de que sí, de que efectivamente podíamos probar salir. Estábamos en otra etapa y podría ser un buen momento.

Actualmente llevamos 4 años de pololeo y una vida de amistad. Creo que ser mejores amigos desde tan chicos es un gran aporte para la relación, porque nos conocemos demasiado y en muchos aspectos de la vida. Prácticamente crecimos juntos. Cada uno pololeó por su lado, nos apoyamos en los momentos difíciles. También sabemos cuáles son las dinámicas con las familias, entonces ninguno se mete mucho en lo que sabe que al otro le puede molestar. Eso que pasa en otros tipos de relaciones, cuando vas conociendo a la persona y te das cuenta de cosas que no te gustan y te dan lata, no nos pasa. Nuestras memorias juntos parten hace 20 años atrás. Son muchísimas, en situaciones y contextos distintos; como pololos, como amigos, como mejores amigos y como compañeros de colegio.

El año pasado viajamos a Nueva York y Montreal. Cuando llegamos, la nieve nos llegaba hasta la cintura, y lo primero que hicimos fue hacer un guerra como dos niños chicos. Nos complementamos muy bien. Él se acordaba de las calles y siempre sabía para donde ir. Yo me encargaba de hacer los planes. Entendemos los gustos del otro, y nos repartimos los días. Dentro de 2 meses me voy a ir a Israel a hacer mi práctica profesional y conocer más de mis raíces judías. Es un viaje muy personal y me voy sola, Gonzalo se queda acá en Chile. No considero de urgencia vernos sí o sí entre medio. Cinco meses no es tanto. A los dos nos gusta mucho tener nuestro espacio y respetamos el del otro. El conocernos tanto, aporta muchísimo a la confianza. Creo que esta que va a ser otra etapa más en una historia que empezó hace veinte años atrás.

 

Naomi Martínez tiene 24 años y es estudiante de terapia ocupacional.

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