Estar con un hombre 20 años menor

Reportajes y Entrevistas

Estar con un hombre 20 años menor

Por Alejandra Osorio / Ilustración Gertrudis Shaw

“Cuando conocí a Jose, él tenía 23 y yo 43. Nos vimos por primera vez en la piscina en la que los dos entrenábamos. Yo iba todos los días y él iba a veces. Nos mirábamos de repente, pero para mí él solamente era el chico guapo. Después de un tiempo empezamos a saludarnos y luego a conversar a la orilla de la piscina. Ahí supe que estaba en penúltimo año de kinesiología y que tenía 20 años menos que yo. Un día, en modo de broma,  le dije que cuando egresara me podía pedir el celular y eso le encantó. Me confesó que después había averiguado en qué horarios iba a nadar para toparse conmigo.

Al principio conversábamos sobre nuestros intereses o cosas banales, del tipo “qué bien nadas” o “qué lindo es tu traje de baño”. Así estuvimos por casi un año, hasta que un día se atrevió a invitarme un café un mes antes de dar su examen de título, tal como lo habíamos acordado. Me empezó a esperar después de nadar, aunque yo me demorara una hora en secarme el pelo y estar lista. Sabía que estaba interesado en mí y yo lo encontraba muy atractivo, así que acepté sus invitaciones para ir a almorzar, al cine, a bailar, hasta que nos dimos un beso. Pensé que su interés iba a acabarse ahí, pero el hecho de que yo tuviese mucha más experiencia le gustó. Han pasado tres años desde esa primera vez y todavía seguimos juntos.

Lo pasamos muy bien. Y para mantener y cuidar la relación los dos transamos en el tipo de panoramas que hacemos. Yo lo llevo a ver la ópera y él a conciertos; lo invito a restaurantes más tradicionales y él me lleva a lugares más alternativos o nuevos. No voy a mentir, la brecha generacional es real. No entiendo ninguno de los memes que me manda y cuando estuvimos de vacaciones en el sur, mientras yo miraba el paisaje, él cazaba Pokemones. Pero nos reímos muchísimo y nos acompañamos. Nunca antes me había sentido tan cuidada. Mis relaciones anteriores en general eran malas, y cuando esa es la regla, uno lo naturaliza hasta que te das cuenta que no tiene por qué ser así.

Nos demoramos mucho en formalizar lo que teníamos, pero hace un año nos empezamos a ver todos los días y se tornó en una relación real. Todos mis cercanos fueron muy amorosos y se lo tomaron bien porque ven que estoy feliz. Hicimos dos compromisos en ese entonces: sería una relación exclusiva y que me avisaría si es que encuentra a alguien más. Es que yo siempre le digo que tiene que vivir, buscarse una pareja que quiera tener hijos -porque él quiere y yo ni a palos tendría otro ahora-, alguien de su edad. Reconozco que me hubiese encantado conocerlo en otro contexto, en otro cuerpo, quizás. Porque no quiero ser egoísta y quitarle esa etapa de su vida.

En general no andamos de la mano en la calle ni parecemos pololos, no porque lo hayamos acordado. Es algo tácito, para que no piensen que la mamá sacó a pasear a su hijo. Una vez en un restorán nos dijeron: “adelante, joven, adelante, señora”, y me piqué, pero al final terminamos riéndonos y él molestándome.

Aunque a veces odie las consecuencias físicas que dejan el paso de los años –y me eche cremas anti-arrugas más que nunca- me gusta mucho tener 47 mentalmente. De eso no reniego en absoluto. Muchas cosas que no hubiese hecho a los 30 ahora sí las puedo hacer, y por eso estoy tan tranquila con mi relación. Empecé a hacer mucho más deporte, a salir más, he tomado cerveza y bailado de esos reggaetones nuevos. Vemos los partidos de fútbol con sus amigos, cambié el taxi por caminar a todos lados y me ha presentado muchas aristas de la cultura pop que jamás pensé conocer. Estar con José me ha energizado física y emocionalmente. De manera inconsciente he ido olvidando todos mis achaques y cansancio. Y aunque no me proyecte, por ahora sólo sé que me hace muy bien su compañía”.

Alejandra Osorio tiene 47 años y es profesora de educación diferencial.

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