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15 noviembre, 2017
orla

Estela luminosa

Que es deslenguada, que es frontal, que intimida. Es la fama que arrastra Estela Mora, injustamente. Porque, pronta a cumplir 50, esta ex modelo, ex mánager de La Ley, ex mujer de Beto Cuevas y empresaria radicada hace 15 años en Estados Unidos, se revela más bien como una mujer reflexiva, trabajadora, metódica y siempre decidida a ser feliz. .

Por Rita Cox / Fotografía Javier Álvarez, desde Los Angeles, California


Paula 1239. Sábado 18 de noviembre de 2017. Edición aniversario 50 años.

“Cumplo 50 el 21 de marzo, pero me siento de 50 desde los 24, que me pegaron mal. Me casé a los 17, mi hija Martina nació cuando tenía 18 y luego Diego, a los 24. A esa edad, un amigo me dijo: ‘Ya no estás joven’. Recuerdo hasta el lugar preciso en que estaba: entre la cocina y el living de mi departamento en Kennedy. Ahí me sentí parte de un montón de gente que ya no era joven y me vino el viejazo mental. Decidí dejar se der modelo, que nunca me gustó, y abrir la agencia Bookers junto a Claudia Guzmán”.

“Cuando sos joven, tenés que demostrar que sos buena, que no sos tonta, que se te dieron las cosas porque te las merecías. A los 30 dices: ‘Bueno, lo que hice lo hice y lo que no, no’. Los 40 son un cagadero de risa y los 50 espero que sean más”.

“Creo que me veo bien, porque soy feliz y la felicidad la elegís, igual que el pensamiento positivo. Cuando eres joven, es un día más que estás viviendo. A esta edad, es un día menos. Entonces, ¿a quién le voy a dar mi día?, ¿cómo lo voy a vivir?, ¿qué quiero para hoy? Y lo que no me funciona, se cambia. La gente puede decir: ‘¡De qué habla esta pelotuda!’. Bueno, lo hablo porque voy a cumplir 50 años y si no lo hablo ahora, ¿cuándo lo voy a hablar?”.

“El dolor te toca y el sufrimiento se elige” es un dicho que me representa. Por supuesto que hay cosas que te duelen, pero el duelo tiene un tiempo. Hay gente que elige sufrir y ser una víctima. Yo no”.

“Después del duelo de la separación con el Beto, descubrí que me gusta estar sola y que tengo derecho a estarlo. No es lo mismo estar sola que la soledad. Estar sola es poder tomar yo las decisiones de mi vida y lo que quiero hacer, sin que alguien me diga: “Hoy tenemos una comida”, “mañana el cumpleaños de fulano”. Estuve en pareja desde que me casé con mi primer marido, tuve hijos, me volví a casar y nunca más estuve sola. Ha sido bueno reencontrarme con mi individualidad”.

“Me encantaría tener un novio, pero que entienda que eso no significa renunciar a estar sola. El problema es que Los Angeles es el mundo de los dating y a los seis meses se quieren casar. Aquí todos se casan rápido y se separan rápido”.

“Con Beto estoy trabajando, diseñando sus shows. Somos amigos, hermanos. Viajamos muchísimo juntos, nos reímos, viene a la casa o salimos a almorzar con los chicos, hablamos de nuestros novios, nos contamos las cosas y decimos que, a lo mejor, cuando seamos viejos, nos vamos a tener que cuidar. Nos adoramos”.

“Nunca muy zafada. La gente creía que como Beto es rockero y yo trabajaba en moda, mi casa era un quilombo, una casa hippie. Todo lo contrario. Siempre fui estricta con los hábitos y con los estudios de mis hijos. Preocupada de los menús, de los horarios de las comidas, de que la ropa estuviera perfecta, de participar en sus actividades. Siempre tuve muy buena gente que trabajó con nosotros, entre ellos profesores particulares para apoyarlos en las tareas, que me ayudaron a que ellos sean lo que son hoy. Sin ellos y sin familia cerca, no hubiese podido”.

“Mi mamá es tremenda. Vive en Mendoza, pero viene a verme todo el tiempo. De ella viene la importancia que le doy a los hábitos. Cuando niña, en Argentina  no existía la doble jornada escolar, pero junto a mis hermanos en la mañana íbamos a un colegio donde estudiábamos todas las materias en español y en la tarde, las mismas materias en italiano en la Scuola Italiana. Teníamos un motón de libros en los dos idiomas. Salíamos de la casa a las 6 y regresábamos a las 6 a comer, bañarnos y dormir. Había poco tiempo para jugar, pero como estábamos todos en la misma, no era problema”.

“Aprender inglés es una de las primeras cosas que tuve que hacer cuando llegamos a Los Angeles. Iba a Berkeley, donde una profesora particular. Me tomó un tiempo, porque una cosa es ser matea y otra es hablar de negocios en inglés. Ahora he estado estudiando Marketing Digital, en una universidad, pero online, para aprender nuevas modalidades para generar negocios”.

“Llevaba años con La Ley cuando tuve que hacerme una cirugía en la rodilla. Un día llegaron y me dijeron que no querían trabajar más conmigo. Respeté la decisión, porque cada uno elige con quién trabaja. Hace dos años tengo una empresa de luces led. Trabajo mucho con China, donde compro los productos, y por las distintas horas debo quedarme hasta muy tarde haciendo llamadas o mandando mails. Vendo los productos en Chile, Argentina y México”.

“Cuando me separé, me puse a hacer collares y joyería. Terminar una relación en agotador y quise poner la cabeza en algo que me cambiara completamente el foco. En una etapa así, no te vas a poner de asistente social de gente golpeada”.

“Fui católica y muy creyente. Después estuve muy agnóstica. Hoy pienso en que lo importante es la endorfina que te produce creer que alguien o algo te va ayudar. Puede ser Cristo, Jesús o la cientología. Es contar espiritual y mentalmente con un ser que, al final, sos vos mismo, pero suena muy egocéntrico decir: ‘Soy yo el que me salvo’”.

“Hay gente que va a la iglesia, yo voy a pilates. Practico todos los días, hace cuatro años, para generar en mi cerebro más endorfinas y dopamina”.

“Aunque uso esta cruz en el cuello, porque me parece linda, creo que es el peor símbolo cristiano. La culpa de todo la llevas puesta. El nacimiento, Jesús en los brazos de su mamá, es mucho más lindo. También me gustan los santos. Me atrae que un tipo que nació igual que vos y que yo, haya hecho algo que ayudó”.

“Mis amigas de toda la vida están en Chile. Aquí he buscado otro tipo de amistades, más distantes quizás. No tengo ningún problema en estar todo un día sin hablar con alguien, porque siempre tengo cosas que hacer, y no tengo ganas ni energía para chismear, ni hablar mal de las personas, ni criticar”.

“Nunca me he sentido intimidada por un hombre. Ni trabajando como modelo, ni como mánager de La Ley, en una industria donde la mayoría son hombres. Tampoco como empresaria. Cuando tenía 18, tal vez, si un tipo se me insinuaba me podía afectar, pero no particularmente porque jamás he pensado que el problema sea mío o que haya sido mi culpa. El problema del agresor es del agresor. Quien trata de propasarse sabe con quién. En mi caso le bajo tres cambios al pelotudo y se acaba. Los hombres ven que puedo ser mucho más cabrona”.

“En los negocios he aprendido a ser menos dura. Yo era muy determinante en decir “sí”, “no”, “se hace como yo quiero”, y ahora estoy más dispuesta a negociar. También he aprendido a que a veces es bueno pedir ayuda a alguien que sabe más que vos, escuchar y aprender. Antes era más desconfiada”.

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