Libre

Reportajes y Entrevistas

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Por Andrea Moletto / Fotografía: Alejandro Araya / Producción de arte: Michelle Gravel

Francisco Melo, el actor intenso que representa a un empresario poderoso en la nueva teleserie nocturna de tvn, está decidido a ejercer su libertad. Más que con el amor, asocia el sexo con placer. Lo considera una investigación personal y lamenta no haber comenzado a experimentar antes. Su educación católica lo frenó por años, pero ahora cría a sus hijos adolescentes con permiso para probar.

Francisco Melo tiene la intensidad, la energía, el tono, los movimientos y la frescura de un tipo menor que sus 43 años. Quizás porque comenzó más tarde que otros a seguir sus propios pasos y no los que le impusieron la familia, el colegio y la culpa. Es el quinto de seis hermanos de una familia católica y tradicional. Estudiante del colegio San Ignacio y residente del barrio Providencia, Melo se crió en un hogar donde, dice: “Todo funcionaba. Todo era perfecto”. Cuando salió de cuarto medio entró a estudiar Ingeniería Civil, pero a los tres años se cambió a Teatro en la Chile. No fue la hecatombe, pero él cree que sus padres rezaron mucho por su futuro. Se casó con la actriz Patricia Velasco, tuvo a sus dos hijos, Florencia (15 años) y Vicente (13 años) y tras una década de matrimonio, se separó. Ese quiebre, confiesa, marcó el inicio de un proceso en el que poco a poco se fue liberando del peso que le significaba asumirse católico, ignaciano y perfecto.

Su trayectoria actoral comenzó en 1990, cuando debutó en Marat Sade. Desde entonces ha montado innumerables obras de teatro y ha actuado en 18 teleseries. Todo esto, además de mantener su propio programa de radio –Clásicos Universo, de lunes a viernes entre 9:00 y 13:00 horas– y apoyar a la Corporación Domos, una fundación que trabaja en el tema de la no violencia contra la mujer, y por cuya participación acaba de convertirse en el primer hombre en recibir el premio Elena Caffarena, que reconoce a aquellos que trabajan por la igualdad de genéro.

Pero el proyecto que a Melo más lo entusiama es Fiebre, una productora teatral que creó hace cuatro años junto a su hermano José Luis, al actor Felipe Castro y a Pablo Álvarez, y con la cual ha montado grandes espectáculos como El mercader de Venecia, Pancho Villa y Fuenteovejuna. Todavía no han ganado un peso –en 2007 casi se fueron a la quiebra, confidencia– pero han ido aprendiendo y este año, al menos, pudieron pagar la deuda del banco. Actualmente están dando Otelo, en el teatro Finis Terrae, con él mismo en el papel de Yago.

Melo es pudoroso: no le gusta hacer noticia por cosas ajenas a su trabajo de actor. De su vida privada quizás lo más conocido sea la relación que mantuvo con Amparo Noguera. Actualmente es pareja de la actriz Daniela Lhorente con quien, afirma, se siente casado aunque no tenga libreta.

Ahora está en la noticia por su papel como el poderoso empresario Raimundo Domínguez, cuya hija desaparece, en la nueva teleserie nocturna de TVN, ¿Dónde está Elisa?, del guionista Pablo Illanes. Para construir su personaje, Melo ha tenido que bucear en emociones duras: pensar en qué le pasaría a él si su hija Florencia, de 15 años, desapareciera. Y también recordar a Gerónimo Infante, hijo de un primo suyo, que estuvo desaparecido por meses antes de ser encontrado muerto en la morgue de Santiago. En su momento, Paula contó la historia de Gerónimo en dos reportajes. El primero, en que su familia aún esperaba encontrarlo con vida (Paula 907, julio 2004) y el segundo, en el que su atribulado padre, Patricio Infante, se despedía de él (Paula 912, octubre de 2004). El hijo había estado un año en la morgue de Santiago y su padre, aunque cada tres semanas iba a ver las fotos de cadáveres, no lo había podido reconocer ya que el joven estaba deforme por el efecto del agua. Gerónimo había caído al río a los pocos días de desaparecer su rastro.

Hoy, Melo reflexiona sobre su sobrino, su personaje y el hecho de que en el Chile de hoy un joven pueda, de pronto, desaparecer sin ser encontrado.

¿Crees que los casos de desapariciones como la de tu sobrino o la que cuenta la teleserie ¿Dónde está Elisa? –que son casos de clases acomodadas– tienen más impacto justamente por eso?
En ¿Dónde está Elisa? el hecho que esto le pase a gente con mucho poder, potencia la curva dramática. La caída de Raimundo Domínguez es mucho más estrepitosa porque es un hombre acostumbrado a tener el control de todo.

En Chile hay personas que desaparecen y la mayoría de esas familias no tiene cómo dar a conocer sus casos…

Sí, es distinto para la gente con poder. Si me llega a suceder, por ejemplo, yo puedo usar mi fama. Es lo que me pasó con mi sobrino. El Pato, mi primo, me pidió ayuda. Me dijo, “Ya no me pescan en el Aló Eli. ¿Me puedes ayudar a que repitan un reportaje?”. Y lo hice. Pero cuando me llamó, yo dudé.

¿Dudaste de qué? ¿De usar tu fama?
Sí. Me parecía muy raro estar yo al frente diciendo. “Hola, se me perdió un sobrino”. Reconocí el dolor y la angustia del Pato, pero también pensé: “¿Servirá?”. “¿Me pescarán?”, me sentía incómodo hablando con los de SQP, usando mi nombre…

Te daba pudor.
Sí.

Tuviste dudas, pero sirvió lo que hiciste. Ayudaste a instalar la desaparición de tu primo en los medios.
Sí. Ayudó.

Toda esa experiencia con tu sobrino debió servirte ahora para construir tu personaje del padre de Elisa…
No tanto. A mí lo que más me ayudó a trabajar fue la sensación de que me sucediera a mí.
…Con tu hija Florencia.
Sí. A eso fue lo que recurrí. “¿Qué pasa si ahora voy a buscar a la Florencia y me dicen que no llegó? ¿Y si voy al colegio y me dicen que no está?”. Y uno siente un vacío que es un abismo.
Las teleseries nocturnas han estado bastante asociadas al sexo, a la sangre y a la violencia. ¿Qué crees que va a pasar con ¿Dónde está Elisa? En ella el sexo no tiene un rol muy importante. ¿Crees que eso puede afectar al rating?
¿Que haya menos rating porque hay menos pechuga? No. Porque está el morbo del secreto escabroso. El thriller funciona muy bien y la historia se va enredando y poniéndose cada vez más sucia. Y también está el tema del poder, insisto. Raimundo Domínguez es como el más poderoso de Chile. Es como… como el que murió quemado…
Gerardo Rocha…
Sí, Rocha. Tiene más que ver con eso. Es una historia sórdida. Por eso va a funcionar.

Los hijos, las drogas, el sexo
Tus hijos están en una edad complicada, ¿cómo manejas con ellos temas como el alcohol, el sexo y las drogas?
Ayer hablamos de eso con mis hijos. Ellos quieren experimentar. Y yo no voy a estar las 24 horas del día diciéndoles: “¡Oye, no vayái a fumar un pito porque… si te pillo..!”. Lo que puedo decirles, desde mis 43 años, es que yo puedo fumar un pito o jalarme una línea, pero tengo conciencia del peligro al que me estoy exponiendo. Porque puede ser que te guste fumarte un pito de vez en cuando, pero también que haya una falencia en la historia de ellos y que el pito implique llenar un espacio. Y entonces la cosa se complica. Otra alternativa es fumar con ellos.
¿Y eso?
Puede ser una posibilidad, pero yo no la voy a provocar. Lo que he hecho es decirles que me gustaría que, cuando decidieran fumar un pito, lo hicieran conmigo o que me cuenten. La idea es dejar la puerta abierta.
¿Qué les dices a tus hijos sobre el sexo?
Que tienen que tener la sensación absoluta de libertad para probar, y que es algo muy privado. Que yo sé mucho más que ellos con respecto a cualquier duda que tengan. Y que nada, nada, me va a espantar.
¿Pero les asocias el sexo al placer o sólo al amor?
¡Al placer! Es un tema personal de investigación con respecto al placer. No al tema de amor.
¿Haces la diferencia?
Sin duda, porque yo tenía muy marcada la relación entre el sexo y el amor, y no sólo eso, sino sexo con matrimonio y los hijos.
–Era un combo.
Sí, y yo lamento que nadie me haya dicho que el sexo tiene que ver con una cuestión de placer personal. El tema del sexo y la libertad me ha hecho mucho sentido mirando hacia atrás. He entendido que todo está permitido en la medida que uno se sienta libre de hacerlo.

Un padre autoritario
¿Tu papá te habló de sexo alguna vez?
No, nunca.
¿Nada de nada?
No. Nada.
Ni siquiera algún comentario del tipo “Qué guapa esta chiquilla”.
No. Nunca.
¿Y de drogas?
¡Ni por casualidad!
Pero, ¿qué cosas te dijo tu papá. Qué advertencia, qué cosas tienes grabadas?
(Piensa mucho rato) No tengo la frase… Siento que él siempre hablaba de cosas muy importantes. Eran temas en el plano muy general, de comportamientos éticos. La forma en que mis hijos se relacionan conmigo no tiene nada que ver con como yo me relacioné con mi padre.
¿Cómo te relacionaste con él?
Fue una relación de mucho respeto y gran poder. Él era bastante inalcanzable. Había demasiada autoridad. Con mis hijos, más bien repetí el modelo de mi madre: el afecto, el tocar, el regaloneo, el guatero. Meterme a la cama de mi mamá, era obvio. A la de mi papá, era raro. Yo soy muy mamá con mis hijos.
Cuando comparas la relación que tienes con tus hijos respecto a cómo fue la tuya con tu padre, ¿qué sientes?
No me lamento ni tengo tristeza, porque fue lo que me tocó. Pero cuando lo miro digo: “Qué lástima”. Lo mismo me pasa con mi experimentación sexual. También digo: “Qué lástima no haber empezado antes”. Pero así fue.
¿Y no piensas “¡Pobre mi viejo! No me sabía tocar, no me sabía querer”?
Con el tiempo uno deja de decir “pobre” y mira para adelante. Hoy no siento pena ni rabia. La sentí. De repente veía cómo la Florencia y Vicente se metían a la cama de mi papá… y yo lo miraba y decía: “¿Cómo?”. Y mi papá así. (Hace un gesto en que estira los dos brazos y envuelve con cada brazo a una persona y sonríe). Y le dije… “¿Perdón? ¿Y yo?”.
¿Se lo dijiste o lo pensaste?
Le dije que me había sorprendido, y que me había llenado de alegría darme cuenta de que mis hijos tenían la misma libertad de meterse en la cama de la Tita que en la del Tata. ¿Yo, besar a mi papá?, ¡era imposible! Y al decírselo fue como ir cerrando esas puertas abiertas que uno va dejando atrás. La relación con él es un proceso que he tratado de mejorar con el tiempo y me interesa resolverlo antes de que él se muera.
Tus padres eran muy católicos
Muy católicos. Muy católicos.
¡Ah! Entonces el tema de la culpa era…
…¡Fueeeeerte! ¡Enorrrme! ¡Gigante!
Tú estuviste en el San Ignacio y después de salir del colegio seguiste muy ligado, pero en un momento cortaste ese vínculo ¿Pasó algo?
Un ex compañero me dijo el otro día: “¡Oye, hueón, tenemos que hacer la reunión de los 30 años del colegio!”. Y pensé “¡Qué lata!”. Con el tiempo se fue estirando el cordón umbilical que tenía con el colegio. Y hubo un corte importante cuando decidí no meter al Vicente ahí. A la larga el colegio no fue bueno. El único discurso del colegio que se mantuvo algo en mi vida, más que el tema religioso, ha sido el de la educación social. El discurso jesuita: “Entramos para aprender y salimos para servir”… el Padre Hurtado y Un Techo para Chile y ¡Vamos compañeros!
Y ese discurso ignaciano social, ¿tampoco te hace sentido ahora?
Me hace sentido, pero no con el peso que tenía. También quiero liberarme de eso.
¿De qué?
De tener que ayudar a todo el que lo necesita. Quiero sentirme libre de decirle que no al huevón que pide monedas. Siento que ya es suficiente este mandato de tener que decir que sí a todo, ¡siento que lo tengo aquí! (hace el gesto de tener algo atravesado en el cuello). Y me voy liberando.

La tele
En marzo de este año TVN tuvo su propia teleserie. El director del canal “invitó” a dos ejecutivos emblemáticos de la estación a asumir “otras tareas claves en el canal”, según decía el comunicado de prensa. En resumen, el Vicente Sabatini dejaba el cargo de director de Programación y Pablo Ávila el de dirección de Contenidos. Además, se despedía a la gerente de Marketing, Cecilia Stoltze. Melo había trabajado por años con Sabatini y Ávila. El bombazo lo impresionó. “Fue fuerte. Se produjo un descalabro impresionante”, resume.
¿Pero qué te pasó a ti? A lo mejor pensaste que algo iba a pasar contigo. ¿Nada?
Honestamente…
¿No tienes ni una opinión? ¿Te parece raro? ¿No te parece raro..?
Uno, se pasa todo el día grabando en el piso menos dos, donde están los estudios del área dramática. Y la verdad es que desde allí, se tiene poco acceso a lo que pasa en el piso tres, donde se toman las decisiones. Pero no me parece muy raro que el director del canal tome la decisión de cambiar esos cargos. Me parece lógico dentro de la situación de que te está yendo mal.
¿Crees que ellos salieron porque TVN está tercera en el rating?
Tiene directa relación a la parrilla programática. Imagino que el jefe de ellos pensó que algo no estaba funcionando.
¿Tú crees que algo no está funcionando en la pantalla de TVN?
En general, algo no está pasando en las pantallas de la televisión chilena. Cuando miro, no entiendo. Lo que vemos en la TV es una majamama de chistes, de guatazos y de hueones disfrazados de época. Como que no sé a dónde vamos. Los canales faranduleros están más definidos. Pero con los dos canales íconos, como espectador, realmente no entiendo qué me están entregando.
Y en qué lugar está lo que tú entregas con ¿Dónde está Elisa?
En el lugar de la entretención.
Pero el guatazo también es entretención…
Sí, pero éste es un producto dramático y, como tal, en él hay más contenido. A mí no me molesta el guatazo en sí, de repente funciona, hay una consecución de guatazos, de pechuga, de competencia y de chistes de humoristas de la década del setenta, que te juro que no entiendo. Es como esos collages que uno hacía en el colegio.
El área dramática influye mucho en el rating de un canal. Tú estás metido en esto, quiero saber si tienes una visión con respecto a esto.
No. Y no me interesa. Mi responsabilidad es hacer lo más emocionante la escena. Y ellos ven cómo la mueven.
Igual eres parte de la majamama.
Sí, pero de una parte. Yo no podría hacer el trabajo de decir a qué hora ponemos esto o lo otro, entonces no me siento capacitado de dar una opinión.
Lo que ven los chilenos en la televisión no te importa.
–No. No me hago cargo. Así como decía Cara Cortada: “Nunca consumas lo que vendas”. @

[LECTURAS DE FOTO Y DESTACADOS]

“Cuando hablo con mis hijos sobre sexo les digo que tienen que tener la sensación absoluta de libertad para probar, y que es algo muy privado. Que yo sé mucho más que ellos con respecto a cualquier duda que tengan. Y que nada, nada, me va a espantar”.

“Quiero liberarme de eso, de tener que ayudar a todo el que lo necesita. Quiero sentirme libre de decirle que no al huevón que pide monedas. Siento que ya es suficiente este mandato de tener que decir que sí a todo”.

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