*
3 diciembre, 2016
orla

Gálvez, a secas

La noticia que se conoció esta madrugada sobre la muerte del diseñador Pablo Gálvez a los 40 años producto de una leucemia, enluta al mundo de la moda nacional. Aquí, la entrevista que dio a revista Paula en septiembre de 2015. .

Por Rita Cox / Fotografía: Nacho Rojas / Producción: Álvaro Renner


Diseñador, peluquero, maquillador y responsable de los looks de Carolina de Moras en el Festival de Viña del Mar, en los estelares y en el matinal de Chilevisión. Pablo Gálvez es muchas cosas porque, dice, en Chile haciendo ropa apenas se sobrevive.

Paula 1182. Especial Moda, sábado 12 de septiembre de 2015.

Antes que diseñador, Pablo Gálvez (39) fue junior, garzón en un restorán de comida italiana y recepcionista de un hotel. Y es que después de egresar del Liceo José Victorino Lastarria, y consciente de que trabajar sería la única vía de escape a las restricciones que vivió en su casa de Maipú (su madre es asesora del hogar y su padre técnico obrero), toda pega era buena. Hasta que cumplió 24 y, movido por un impulso imparable, se compró una máquina de coser Toyota Multiuso por 80 mil pesos. Gálvez retomaba así un interés que se manifestó desde niño, cuando dibujaba vestidos, deshacía ropa vieja para transformarla en los trajes de las muñecas de su hermana y peinaba a su madre mientras ella veía teleseries.

Estudió con la mítica costurera Laura Rivas, con quien aprendió la vieja escuela de la alta costura. Para pagar las clases, sirvió café y aprendió a cortar y a peinar en una peluquería de barrio. Maquillador autodidacta, trabajó en cine y publicidad, y en unas cuantas producciones de moda de revista Paula junto a los entonces principiantes fotógrafos Simón Pais y Nacho Rojas. En 2003 se integró al grupo de diseñadores de Hall Central, la primera tienda multimarcas de diseño de autor en Chile. En esos años, Gálvez ya se perfilaba como lo que es hoy: un diseñador de ropa de hombre y de mujer, con especial interés por la sastrería. Cultor de líneas simples y elegantes; de pantalones, abrigos, chaquetas, camisas y vestidos que llevan la etiqueta Gálvez. “Gálvez, a secas”, dice.

A diferencia de una buena parte de los diseñadores chilenos, no haces colecciones. ¿Por qué?
Mi desarrollo como diseñador ha sido ensayo y error. He estado buscando la manera para que diseñar no solo satisfaga al “artista interior” (dice con ironía), sino que sea un buen negocio. En Chile no es un buen negocio tener una tienda con colecciones colgadas y hechas con un crédito de consumo. Funciono con mi taller en la casa, con unos seis clientes, mujeres y hombres, y punto. Eso me permite sobrevivir, como hacemos todos. No conozco ningún diseñador chileno, de ninguna generación, que diga “estoy nadando en plata, estoy comprándome casas como loco”.

Tampoco te interesan las semanas de la moda.
No me interesa trabajar seis meses para ir a la Semana de la Moda de Nueva York, hacer un saludo a la bandera y volverme con toda la ropa. Invertir millones solo tendría sentido si es que hubiese un apoyo real por parte del Estado y que puedas contactarte con compradores. Pero tampoco eso basta. ¿Qué pasa si me contacta la gran tienda Bergdorf Goodman y me pide doscientos abrigos? ¿Respondo que no tengo la tela? Porque esas son las limitaciones en Chile. Yo hago una colección solo si está financiada.

Gálvez se refiere a la colección otoño-invierno 2015 que mostró en la pasarela de Ropero Paula, en mayo pasado, en colaboración con la marca de esmaltes Essie.


Colaboración para Essie, invierno 2015.

O sea, ¿según tú en Chile no hay una expansión de la moda?
Hay muy buenos diseñadores, pero el sistema se sigue moviendo como en los 80. Puros petardos. Se habla de moda en algunos programas de televisión, salen los peor y mejor vestidos en otro lado, pero como diseñador no me sirve de nada estar en un Santiago Fashion Week si la gente que va y se sienta en primera fila con cara de interés, jamás va a comprar un vestido mío, porque no entiende nada de lo que está mirando.

Que programas como Maldita Moda o los diarios se comenten los looks de la gente de televisión, ¿es un aporte a la moda nacional?
Me muero de la risa cuando veo el programa o leo los diarios; y si hacen bolsa a uno de mis vestidos, es parte del juego. Pero no considero que allí se hable de moda. No hay información de referencias, tendencias, colores o siluetas. Hay unos chicos reality o algunas actrices, no siempre muy bien asesoradas, que no tienen idea de lo que están usando. También hay mucho rostro que te llama para que le prestes ropa. Yo no hago beneficencia.
En febrero cumplirá su tercer año como encargado de los looks de Carolina de Moras en el Festival de Viña del Mar, a quien también viste para los estelares y el matinal de Chilevisión. Las tres plataformas son, dice, un espacio para mostrar sus creaciones y visión de la moda, pero también para oficiar de curador, integrando a otros diseñadores.

Con su trabajo con De Moras, Gálvez retomó la tradición que tenía el Festival de Viña de mostrar diseño chileno, interrumpida por la opción de Tonka Tomicic de usar vestidos de diseñadores internacionales.


Campaña Invierno 2014 con Bianca Hassler y Matías Miño. Foto de Noli & Provoste.

¿Por qué optaste por el diseño nacional?
Hice toda la tarea. Visité todas las tiendas que había que visitar y, aunque hay muy buenas cosas de afuera, no se ajustaban a lo que se necesita en televisión. Una cosa son los colores, los brillos y los volúmenes en una alfombra roja, y otra es en pantalla, con luz led, por ejemplo. En ese contexto, diseñadores como Mansilla y su sentido del espectáculo; Matías Hernán y sus materiales raros; y Rodrigo Valenzuela, que tiene la escuela de Rubén Campos, funcionan perfecto.

¿Te defines como asesor de imagen?
No. Odio ese término. Soy un diseñador que hace las cosas a su manera.


Campaña Verano 2013, con Francisca Benedetti.Foto de Noli & Provoste.

Deja tu comentario