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28 diciembre, 2016
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Gonzalo Yáñez en cuatro acordes

A sus 33 años, y radicado en Chile hace casi 20, este cantante, músico y productor uruguayo lanzó a mediados de año su quinto disco, Vuelve a creer en mí, cuyos hits y otros éxitos tocará este 7 de enero en La Cumbre del Rock Chileno, donde también compartirá escenario en la última presentación en vivo de su gran amigo, Jorge González..

Por Bárbara Riedemann / Fotografía: Alejandro Araya / Producción: Carla Fogliatti


Paula 1216. Sábado 31 de diciembre de 2016.

Primer acorde: los inicios
“Nací en Montevideo y crecí rodeado de música: mi padre es un guitarrista muy ligado al folclor uruguayo; la familia de mi mamá es dueña del Palacio de la Música, la primera tienda de instrumentos musicales y discos de la ciudad, donde llegaban todos los músicos. Y mi padrastro, Alfonso Carbone –actual mánager de Jorge González–, es melómano total. Mi infancia estuvo musicalizada por Bob Dylan, Lou Reed, The Rolling Stones, David Bowie y The Beatles. Entonces, aprender a tocar guitarra se me dio muy natural. Esa destreza la mostré a los 9 años, cuando conducía un programa infantil de televisión y siempre al final tocaba un cover. Por esos años participé en otro programa para tocar con músicos invitados y así conocí a Guns N’ Roses”.

Segundo acorde: la experimentación
“Tenía 14 años cuando a mi padrastro lo trasladaron a Chile por trabajo. En esa época me creía una mezcla entre Jim Morrison y Kurt Cobain y me angustió llegar a un colegio donde mis compañeros se creían tortuga ninja. Me hice amigo de los de cursos más grandes y éramos los grunge del colegio. A los 16 no quería que mi futuro dependiera de la P.A.A.; yo quería hacer música. Fundé mi banda No Me Acuerdo, siempre con la idea de que fueran hits ultra pop. Fuimos nominados a los premios MTV y la canción Lentamente aún suena en la radio. La fama llegó rápido: las fans iban a la puerta del colegio, viajamos, ganamos plata, pero luego de tres años con la banda, yo componía todas las canciones y me dije: ‘¿por qué no lanzarme como solista?’”.

Tercer acorde: el ascenso y la bajada
“En 2004 lancé mi disco homónimo. Ese mismo año conocí a Jorge González. El mánager de No Me Acuerdo era Carlos Fonseca, mánager histórico de Los Prisioneros. Le mandé algunos demos a Jorge y él colaboró con sus arreglos y me invitó a participar como guitarrista en el álbum Manzana, tras la salida de Claudio Narea. Luego vino la gira por Estados Unidos, Canadá y México. Estando allá, mi single Volvemos a caer estuvo número uno en la radio, pero yo no estaba en Chile y esa ausencia repercutió en mi carrera y en los tres discos que lancé después. Me dediqué a Los Prisioneros y Jorge se convirtió en mi amigo, en una especie de hermano mayor. Tanto que, incluso en mis tiempos drogos, de mucho carrete, él me llamaba desde Alemania para aconsejarme y ¡viajaba a mis shows solo para hacer de corista! Su infarto cerebral es del tipo de cosas que le pasan al resto, pero cuando ocurre en tu entorno recién uno cae en cuenta de que le puede pasar a cualquiera, incluso a quienes uno ve como infranqueables. Ahora lo que me importa es cuidar su imagen, cuidarlo a él, acompañarlo. La gente me agradece lo que hago por él, pero así es la amistad”.

Cuarto acorde: la madurez
“También trabajo como productor. He compuesto para María Jimena Pereyra, Raquel Calderón, Denise Rosenthal y las canciones de Amango. Hace dos años nació mi hijo Julián, de quien Jorge es el padrino y le hizo una canción con su nombre que está en su último disco, Trenes (2015). Con él llegó la madurez: consolidamos la relación con mi pareja, con quien hemos tenido una historia de ires y venires desde los 17 años, y cambié el cigarrillo por uno electrónico. Nos fuimos a vivir juntos y nuestro segundo hijo viene en camino. Ser papá es experimentar esa sensación que tenía cuando era chico en Navidad: una mezcla entre nervios y felicidad extrema. Así me despierto todos los días. Con esa sensación pude crear mi último disco Vuelve a creer en mí. Estaba aterrado porque mi trabajo anterior siempre vino desde el infierno, en el estar perdido,en el caos. Este, en cambio, viene desde la tranquilidad para decirle a la gente ‘acá estoy, confíen’”.

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