Hervi y sus amores

Reportajes y Entrevistas

Hervi y sus amores

Por Ximena Torres Cautivo / fotografías Carolina Vargas

Acaba de recibir un importante premio en España “por su trayectoria de más de medio siglo y su contribución a la difusión de la cultura a través del humor gráfico”. Hernán Vidal, autor de la caricatura diaria de la página editorial de La Tercera desde hace 18 años, sabe contar la vida en viñetas. Aquí, nos cuenta la suya en palabras con ayuda de Ana Crónica, su segunda y definitiva mujer.

Si Hernán Vidal Martínez hubiera nacido en 1993 y no en 1943, hoy sería cineasta, y no una de las glorias del humor gráfico nacional y mundial en que se ha convertido. Recién acaban de otorgarle el Premio Iberoamericano de Humor Gráfico Quevedos 2018, que tiene un nada despreciable premio de 30 mil euros y una invitación por todo lo alto a recibirlo en España, en la Universidad de Alcalá de Henares.

El pope de la sátira política ilustrada es un hombre dulce, divertido, sencillo, capaz de conseguir sin más proselitismo que el de su aguzado lápiz y cerebro, discípulos espontáneos que han llegado al extremo de tatuarse su firma en las muñecas: Hervi.

Eso es lo que hizo Rodrigo Salinas, más conocido como el “Guatón Salinas”, talentoso dibujante, además de escritor, actor, guionista y comediante. Hervi se manifiesta impresionado con el tributo: “Creo que Rodrigo está un poco loco, que exagera su admiración… Por otra parte, me siento muy honrado: un artista múltiple como él, con tantos talentos, llegar a esos extremos…”.

Él, en lo personal, no es amigo de los tatuajes. Tiene la piel impoluta de marcas, salvo, claro, las que ha ido imprimiendo sobre ella con el paso del tiempo. Cree que el tatuaje es tan definitivo y el cuerpo, algo tan inviolable, que jamás se le ocurriría intervenírselo. Por eso, cuando el Guatón Salinas le mostró sus muñecas firmadas, estuvo mucho rato restregándoselas, incrédulo de que fueran indelebles. Pero lo eran; yo misma las he visto, cuando Rodrigo Salinas en una ocasión me habló de su colega más admirado y me las mostró.

Hervi, por su parte, celebra la multiplicidad de áreas creativas en que se desenvuelve su fan y, por eso, se imagina que si él hubiera nacido en estos tiempos sería, además, cineasta. “No sé de qué género. Tendría que estar en los zapatos de ese hipotético cineasta, en sus circunstancias, en sus momentos. Pero, sin duda, sería crítico de algo o tal vez muy detectivesco, haría películas con mucho crimen atroz. De los cineastas chilenos me gusta mucho Pablo Larraín. La amplitud de su filmografía va desde el thriller, como Tony Manero, hasta el drama oscuro de El Club. Y de los cineastas extranjeros, admiro a Terry Gilliam, por su estética barroca en el diseño de escenarios y el humor fantástico de sus guiones”.

Solo para ubicarnos, Gilliam es el celebrado director de Brasil, además de Las aventuras del barón Munchausen, Miedo y asco en Las Vegas y El imaginario del doctor Parnassus, por nombrar algunas de sus películas, donde el uso del humor y la ironía es lo que seduce a Hervi, editorialista gráfico del diario La Tercera desde el 1 de enero de 2001, aunque por historia y capacidad ha sido fichado en todos los medios importantes del país y en varios del extranjero, como revista Jueves de España, Playboy de Italia y España, Paparazzi de Suecia, por mencionar algunas.
Con 75 años recién cumplidos, ha dividido su vida entre las caricaturas y la arquitectura. Una arquitectura más bien utilitaria, sin grandes pretensiones: casas, instalaciones industriales y mineras. “Ninguna obra que me haga aparecer en las revistas de papel cuché ni que merezca premio. Son proyectos a escala humana. Como arquitecto, soy una especie de médico de barrio”, se define.

Fue la dictadura militar la que truncó sus felices funciones de director de arte en la ya legendaria editorial Quimantú. “Gracias a la ‘beca general Pinochet’ , tuve que retomar los estudios de arquitectura que no había terminado”, ironiza. Aunque pensó que no dibujaría nunca más, su talento lo impulsó a sobreponerse al miedo y a hacer crítica política gráfica desde la revista Hoy durante el régimen militar. Su personaje Supercifuentes era un antihéroe, que -albergado en la revista cultural La Bicicleta-, interpretaba a la mayoría silenciosa de los años 80, marcada por la cesantía y la represión, luchando por la justicia sin muchos resultados.

En la cocina, se cocinó de todo

A los 9 años, Hervi fue becado en la Escuela Experimental Artística. Y, a los 13, cuando aún vestía pantalones cortos y el centro de Santiago era su radio de acción, entró al edificio del diario El Mercurio con sus caricaturas bajo el brazo. A poco andar, ya dibujaba para la revista Mampato, que no era la de Themo Lobos, sino la que tenía a un auténtico caballo enano como protagonista.

Luego impresionó con sus dibujos a René Ríos Boettiger, Pepo, padre de Condorito, quien se convirtió en su maestro y mentor, pese a sus evidentes diferencias políticas. Paralelamente, creó para la revista La Voz, del Arzobispado de Santiago, uno de sus primeros personajes, el angelito Malaquías. “El cura a cargo me pidió que viniera con mi mamá a cobrar el sueldo la primera vez, porque no era poca plata y no correspondía que yo la recibiera”, cuenta, apurado y transpirado, después de posar para la foto de estas páginas, mientras “Ana Crónica”, seudónimo de su segunda mujer, le grita: “¡Rico, guachón, mino!”.

Hace años, Hervi apareció en una revista femenina contando su caso de padre separado que se quedó no solo con sus hijos biológicos tras el quiebre matrimonial, sino con los dos mayores, que eran de su ex esposa y él había criado como propios. Fueron ellos los que escogieron quedar bajo su tuición. En total, se hizo cargo de 5 niños, que hoy son adultos y a los que ha sumado un sexto, el hijo de Ana Crónica.

¿Quién es Ana Crónica en tu vida? ¿Te complica la diferencia de edad, porque ella se ve que es harto más joven que tú?
Ana Crónica no es “en” mi vida; ella es mi vida. Puede parecer un cliché de canción romántica, pero no sé qué sería de mí sin ella. Sería otra cosa. Es todo, psicóloga, humorista, escritora, diseñadora, comadre paleteada, organizadora, jardinera, compinche, agricultora, campesina de Colbún, comandanta en jefe de aire, mar y tierra, coleccionista múltiple, artista plástica, cantante… Y, además, es muuuuuy linda. La diferencia de edad me habría complicado a mis 40, eso habría sido pedofilia, pero ahora no. Ella está más madura, y yo, cada vez más mañoso, como un cabro chico. Nos acercamos.

Patricia Salgado Middleton, Ana Crónica, es sicóloga retirada y empresaria agrícola de la zona de Colbún, porque “mis papás tuvieron la mala idea de morirse y me dejaron un campo lleno de problemas y deudas. Pero, como era del abuelo de mi papá y tengo un Diógenes enorme, lo asumo, lo cuido y lo trabajo”.
Mientras fotografían a Hervi, Ana Crónica me cuenta la prehistoria y la historia de su amor.

“La Pía Barros tuvo la culpa. Esto fue hace como 20 años. Ambos estábamos en sus talleres de escritura, pero no en el mismo curso, y ella decidió que teníamos que conocernos y casarnos. Nos presentó y salimos. Lo pasamos chancho. Nos hicimos íntimos amigos. Él a mí me gustaba más como ser humano que como macho alfa. Por eso, cuando trató de seducirme, no le resultó. Ahí, como que se picó y partimos cada uno por su lado”, explica.
Ella se embarazó (“Fue inseminación natural”, bromea) y, justo cuando estaba pariendo, se enteró de que Hervi se había comprometido. “Se había puesto las argollas con una señora de Mendoza”, dice, aún perturbada.
Ahí termina la prehistoria de amor.

Cuando Damián, su hijo, tenía 5 años, Pía Barros -nuevamente- la invita a su fiesta de cumpleaños. Ella va con el niño y en la cocina se encuentra con Hervi. “Ahí se cocinó todo”, dice. Lo primero que nota es que él no tiene argolla. Se van juntos de la fiesta. Él con el niño dormido al hombro. No se separarán más.
Ahí parte la historia.

Hoy, Ana Crónica asegura que el más parecido a Hervi de sus 6 hijos, es el suyo, Damián. Y el único que heredó su talento para el dibujo. ¿Y la genética? “¡Pamplinas”!

De pepo al roto

“Lo de Damián es la manga japonesa. Además, está estudiando japonés”, comenta Hervi sobre los talentos de su sexto hijo, que ya tiene 18 años. También cuenta cómo ha evolucionado el humor gráfico desde que él se inició hasta el presente.

“Ha cambiado en la misma medida que se ha transformado la percepción del entorno. Ya no se puede hacer chistes de caníbales africanos cocinando exploradores blancos en una gran olla ni de chinos fumando opio. El respeto por la diversidad de todo tipo hace más desafiante todo para no caer en el chiste fácil. Con el observatorio omnipresente de las redes sociales es cada vez más difícil reírse de algo. Cada grupo se siente ofendido y se defiende a las patadas. Se estrecha el cerco, solo nos van quedando los políticos -material eterno e infinito, competencia desleal para cualquiera otra temática; véase Parlamento, Donald Trump, Piñericosas-, el cambio climático y los deportes.

Las redes sociales han hiperdesarrollado la libertad de expresión y cualquiera tiene la posibilidad de opinar. El problema es que se han exacerbado los insultos, los malentendidos, las interpretaciones tremebundas de cualquier cosa. En 2016 me acusaron de estar validando la pedofilia por hacer un chiste con la expresión ‘las secundarias’ por las alumnas de enseñanza media. La falla en la comprensión de lectura está llegando a las caricaturas. Si dibujas a un gordo, eres gordofóbico, y si lo haces flaco, flacofóbico”, dice desafiado, pero no derrotado.

¿Quiénes son los grandes maestros chilenos del humor gráfico?
Pepo, desde luego, el más cercano por haber trabajado con él tantos años; Themo Lobos, genial creador de universos fantásticos; y Vícar, Víctor Arriagada, el único en el mundo que supo recrear la mejor versión del Pato Donald, entre otras cosas. Maestros de fuera, ¡hay tantos! Quino, con una obra monumental, incluyendo su Mafaldita, ejemplo universal de sabiduría precoz; Saul Steinberg, notable caricaturista e ilustrador rumano-americano, inventor de una gráfica única, un Picasso del dibujo humorístico; y OPS o El Roto como firma ahora en El País de España, un crítico social profundo con un estilo gráfico que ha evolucionado del surrealismo al simplismo máximo; dice todo en pocas líneas muy expresivas.

Hervi no se nombra a sí mismo. Pero debería; eso al menos creen los especialistas españoles que le entregaron el Premio Quevedos 2018 y que quizás tengan tatuada su firma en las muñecas.

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