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4 diciembre, 2014
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Humedales en peligro

Desde que la sequía y la contaminación destruyeron los pinitos de agua con que se alimentan, los cisnes de cuello negro no han vuelto al humedal Laguna El Peral, en Las Cruces, y en Algarrobo otro de estos ecosistemas peligra al acecho de una inmobiliaria. De Huentelauquén a Santo Domingo, pasando por el mediático humedal de Tunquén, que acaba de ser declarado Santuario de la Naturaleza gracias al activismo de sus vecinos, este es un barrido por la crítica situación que viven en Chile estas valiosas reservas acuíferas que el resto del mundo está empeñado en proteger.

Por Bárbara Riedemann / Producción periodística: María Isabel Franzoy / Fotografía: Álvaro De la Fuente


Paula 1162. Sábado 6 de diciembre de 2014.

Preocupado. Así está José Luis Brito ante la inminente temporada estival. Y no es que no le guste el verano pero, desde su cargo como conservador y director del Museo Municipal de Ciencias Naturales y Arqueología de San Antonio, hace años que viene detectando un problema que lo inquieta. Para ilustrarlo, cuenta una historia: ocurrió a principios de noviembre, cuando encontró a dos pelícanos heridos en la costa de la V Región, uno se había enredado en una red de pesca y el otro, por los fuertes vientos, había chocado contra un edificio en el balneario de Santo Domingo. Tras rehabilitar a las aves en el museo, Brito se disponía a liberarlas en la desembocadura del Río Maipo, donde está el humedal del mismo nombre que se forma en el estuario y que es refugio natural de pelícanos y 132 especies de aves, algunas endémicas y otras migratorias, que llegan cada año buscando un lugar seguro para reproducirse. En eso estaba Brito, cuando vio tres enormes cometas de kitesurf alzándose sobre el agua. “Inmediatamente, una bandada de gaviotines sudamericanos y zarapitos comenzaron a revolotear desorientados, asustados por las velas”, cuenta.

Como todos los humedales, el del Maipo –que en su ribera sur colinda con Santo Domingo y en la norte, con San Antonio– es un ecosistema formado por aguas poco profundas, generalmente dulces, que permiten una biodiversidad única. El humedal del estuario y Río Maipo, por ejemplo, alberga 27% de la población de aves de Chile, por lo que fue declarado sitio IBA (Important Bird and Biodiversity Area) por el organismo Bird Life International. “El año pasado llegó una bandada de 37 mil gaviotas de Franklin que vuelan desde Canadá. Pero ¿cómo estas aves van a reproducirse si las están molestando? Las motos de agua provocan un oleaje que no las deja descansar, los perros y los niños las corretean y para qué hablar de la gente que sale a trotar que, cuando ve un grupo de aves, en vez de bordearlas, van directo a ellas, espantándolas. Entonces, se ven obligadas a huir. La mayoría migra al humedal más cercano, que es el de la Laguna Llolleo en San Antonio, al lado del puerto. Pero está tan contaminado que mueren atrapadas por la basura o las aguas servidas”, alarma Brito, que añade que a las amenazas de este humedal se suman los temibles 4×4, que con sus ruedas destruyen los huevos de las aves en las dunas del humedal: “Son aplastados por las cuadrimotos. Otras veces, cuando los polluelos logran nacer, se asustan con el ruido y se vuelven a esconder bajo la arena, corriendo la misma suerte”, cuenta el conservador del museo que, este verano, junto a la Municipalidad de Santo Domingo, está empeñado en poner carteles para restringir la entrada de perros y vehículos al humedal, así como en fiscalizar la realización de deportes acuáticos en la parte que colinda con la playa Marbella, donde por decreto municipal están prohibidos, ya que el mismo municipio nombró al lugar como Parque de la Naturaleza. A pesar de estos esfuerzos, este humedal y muchos otros en Chile siguen desprotegidos debido a un turismo no regulado y a una legislación ambiental que no los protege.

LOS RIÑONES DE LA TIERRA EN PELIGRO
Tal como los bosques son los pulmones del planeta, los humedales se consideran sus riñones. Participan en el ciclo del agua y son capaces de depurarla gracias a su vegetación que elimina sustancias tóxicas que provienen de plaguicidas, derrames industriales y actividades mineras. Son verdaderas “zonas húmedas”, de baja profundidad, cuyos suelos se inundan de forma permanente o temporal. Estas reservas de agua permiten la vida de flora y fauna, y generan recursos hídricos para el consumo agrícola y humano, además de controlar inundaciones y sequías.

Algunos se forman con las lluvias, otros se nutren de napas subterráneas, de deshielos o incluso de las mareas. Hay humedales grandes y chicos, desde el pequeño y desconocido humedal de Puerto Oscuro, al norte de Los Vilos, hasta las extensas lagunas altiplánicas que generan en su entorno ecosistemas tan relevantes como el del Salar de Atacama, donde el flamenco andino tiene su centro reproductivo más importante a nivel mundial.

Según estimaciones de la Convención Ramsar, tratado internacional que vela por la conservación de los humedales, se calcula que estos cubren una superficie cercana a los 778 millones de hectáreas en el mundo. Algo así como 9% de la superficie global. El gran problema es que 50% de ellos se ha perdido en los últimos 50 años y todo indica que la cifra seguirá en aumento mientras sigan creciendo las ciudades y la actividad industrial: según la misma convención, las razones de la desaparición de los humedales tienen que ver con que históricamente el crecimiento urbano los ha transformado en vertederos y se han drenado ilimitadamente sus aguas para consumo humano, agrícola y minero. Además, el cambio climático no ha hecho más que empeorar la situación.


Los 4×4 son el terror de los huevos en las dunas del humedal del Río Maipo.

Es lo que pasó con el humedal El Canelo, en la playa Piedras Negras de la comuna de Las Cruces. “Aquí antes había una laguna que se formaba por el estero El Canelo, pero la falta de lluvias, la intervención de su caudal y la extracción de arena hicieron que se fuera secando de a poco. Y, para peor, el proyecto inmobiliario Bahía Las Cruces hizo excavaciones de aguas subterráneas y pasó máquina por encima. ¡Se perdió casi todo!, solo queda 20% de lo que antes era una gran laguna”, reclama Paul Morales, uno de los voceros de la agrupación ambiental Las Cruces No Se Vende Caramba, que surgió precisamente para evitar que se repitieran eventos como este y que hoy está a la espera de la resolución de la Corte de Apelaciones de Valparaíso para salvar lo poco que queda del humedal. Por mientras, el proyecto inmobiliario se sigue construyendo y ya tiene 95% de su primera etapa vendida, según anuncia su página web.

Dada su relevancia para la biodiversidad planetaria, los humedales tienen fecha en el calendario: el 2 de febrero, día que conmemora la firma –en la ciudad iraní de Ramsar– de una convención que fue adscrita por varias autoridades mundiales en 1971, y que es el único de los convenios medioambientales actuales que se focaliza en la protección y conservación de un ecosistema específico. Desde su creación a la fecha hay 176 países firmantes, entre ellos Chile, que adhirió al convenio en 1981 y cuenta con 12 sitios Ramsar, distribuidos de norte a sur y que suman un total de 358.989 hectáreas (ver mapa).

Que un humedal sea declarado Ramsar –iniciativa en la que deben tomar parte el Ministerio de Medio Ambiente y el de Relaciones Exteriores, entre otros– significa que queda protegido a través de un plan de manejo y fiscalización constante para que no se realicen actividades que dañen al humedal, como el camping, la caza y ciertos deportes. De los 12 sitios Ramsar declarados en el país, nueve forman parte del Sistema Nacional de Áreas Silvestres Protegidas del Estado (SNASPE). Es decir, ya estaban protegidos por formar parte de un parque nacional, una reserva o un monumento natural. Los tres restantes, aunque con participación del Estado, fueron declarados sitios Ramsar por iniciativa privada. El resto de los humedales protegidos, que no llegan a la decena, están en zonas declaradas Santuario de la Naturaleza por el Consejo de Monumentos Nacionales, dependiente del Ministerio de Educación.

Pese al compromiso de proteger los humedales que adquirió el Estado chileno al firmar la Convención Ramsar hace más de treinta años, en Chile nadie sabe cuántos de estos valiosos ecosistemas existen ni en qué situación se encuentran. La autoridad oficial al respecto Alejandra Figueroa, jefa de la División de Recursos Naturales y Biodiversidad del Ministerio del Medio Ambiente y coordinadora de la Comisión de Humedales, señala: “No se puede cuantificar a ciencia cierta cuántos hay. Por ello, urge reconocerlos para saber su estado de conservación y darles prioridad de protección”.


El humedal del estuario del Río Maipo alberga al 27% de las aves de Chile y cada año llegan a él especies migratorias como la gaviota de Franklin (en la foto). Aunque el municipio de Santo Domingo lo nombró Parque de la Naturaleza, todavía se realizan cerca del humedal deportes acuáticos que espantan a las aves.

Y en eso ha estado el Ministerio del Medio Ambiente, que en 2006 creó el Comité Nacional de Humedales, integrado por distintas instituciones como Conaf, Subsecretaría de Pesca, Dirección General de Aguas, entre otros trece organismos públicos que recién estudian un plan para su conteo. “Estamos conscientes de que falta fiscalización y coordinación entre los distintos actores, lo que ha llevado a la pérdida de estos ecosistemas y a que sean las mismas personas las que actúen como fiscalizadores”, dice Figueroa, quien cuenta que se están elaborando herramientas de monitoreo para detectar el estado de los humedales. “Sabemos que hay un gran número, entre grandes y pequeños, en terrenos públicos y privados, que siguen desprotegidos. Y para avanzar en su conservación nos falta una cultura de sustentabilidad. Esto comienza por sensibilizar a las personas que hacen uso de estos espacios para generar un cambio de conducta, que no significa restringir el acceso o esperar a que alguien ponga un letrero que diga ‘prohibido botar basura’”, declara Figueroa.

Pese a que chile firmó la Convención Internacional Ramsar hace más de 30 años, en el país nadie sabe a ciencia cierta cuántos humedales hay, mucho menos, cuántos urge proteger.

VECINOS AL RESCATE
“Esperar a que la autoridad haga algo por conservar los humedales solo ha llevado a su desaparición y a la acción impune de quienes los destruyen. Si no somos nosotros mismos, quienes habitamos cerca de estos lugares, los que nos movilizamos, entonces, ¿quién?”, se pregunta José Luis Brito, el conservador del Museo Municipal de Ciencias Naturales de San Antonio, quien trabaja junto a la Municipalidad de Santo Domingo y la Fundación Mar Adentro para que el humedal de la desembocadura del Río Maipo sea declarado sitio Ramsar.

En Las Cruces, el vocero de la agrupación Las Cruces No Se Vende Caramba, que está tratando de salvar de las retroexcavadoras al pedacito de humedal que queda en este balneario, reflexiona: “nosotros, los ciudadanos, nos sentimos como palitroques porque no somos partícipes de la toma de decisiones sobre los proyectos que se instalan en nuestra comuna. Y nos enteramos de ellos cuando el daño ya es irremediable y cuentan con la mirada cómplice de las autoridades”.

Mientras las autoridades se ponen de acuerdo para iniciar un catastro de los humedales en riesgo, son los vecinos de estas zonas los que están llamando a la acción.

En Algarrobo –donde se pretende construir un complejo inmobiliario sobre el humedal El Membrillo, justo en el último terreno libre de construcciones sobre la costa de este balneario– los vecinos reunidos en la agrupación Algarrobo Primero, se movilizaron frente a las autoridades para que este anteproyecto sea sometido al Sistema de Evaluación Ambiental. “Los humedales son un bien nacional de uso público, porque aunque estén en terrenos privados, el agua es de todos. El problema que ocurre con frecuencia es que estos no están delimitados, entonces el propietario vende sin definir el área del humedal y eso permite que se pueda edificar donde sea”, advierte Peter Kennedy, presidente de la fundación que formó hace diez años para proteger los humedales y que apoya a varias organizaciones de vecinos de la V Región que están luchando por su conservación. “Lo que queremos es que se defina el área que se considera humedal. Una tarea que tiene que hacer Bienes Nacionales a través de la Dirección de Obras Hidráulicas”, explica.

Al sur de Algarrobo, también en la V Región, otros vecinos movilizados por los humedales son los de la junta de vecinos de Playas Blancas, que trabajan junto a la Conaf y la Fundación Kennedy en un plan de recuperación del humedal Santuario de la Naturaleza Laguna El Peral, en la comuna de El Tabo, cerca de Las Cruces, gracias al fondo concursable Blue Water, del Royal Bank de Canadá (RBC).


El siete colores (Tachuris rubrigastra) es considerado por muchos ornitólogos como una de las aves mas bellas de Chile. Aquí, captado entre los juncos en el humedal del estuario del Río Maipo.

Hace dos años, los vecinos de este humedal denunciaron que sus aguas emanaban un olor pestilente. “El agua se puso verde. El olor a putrefacción era insoportable, se llenó de moscas y zancudos”, cuenta Doris Mena, vecina del lugar.

“Entre 2011 y 2012 en la zona prácticamente no llovió. Esta sequía propició que la laguna perdiera parte importante de su superficie de agua”, explica el biólogo Carlos Medina, quien además es director de la Fundación Kennedy. “Hubo un proceso de eutrofización del agua, que hace que proliferen microalgas que al morir producen un ambiente anaeróbico –sin oxígeno– que termina matando las plantas acuáticas y deteriorando la biodiversidad de aves del humedal”, explica. Estudios indicaron que, además, a la Laguna El Peral se arrojaron aguas servidas, lo que provocó la emanación de gases tóxicos como metano y sulfuro de hidrógeno. “Con ello, desapareció el pinito de agua, una planta que oxigena las aguas y que es el alimento preferido de los cisnes de cuello negro, los que abandonaron el humedal por la falta de comida, dejando a sus crías a su suerte”, añade. La caótica situación obligó a Conaf a cerrar temporalmente el lugar –donde habitan 96 especies de aves, 55 de ellas acuáticas–. Con las lluvias de 2013, lentamente la laguna ha logrado alguna recuperación. “Pero los cisnes de cuello negro todavía no vuelven y sus aguas siguen turbias”, advierte Medina.

TUNQUÉN Y HUENTELAUQUÉN
De antepasados campesinos, Ricardo Rojo ha vivido toda su vida en Huentelaquén, donde se forma un gran humedal del mismo nombre, en la desembocadura del Río Choapa, en la comuna de Canela. Rojo es uno de los directores de la Comunidad Agrícola de Huentelauquén, que reúne a 343 comuneros y asegura que, además de la sequía que aqueja a la zona, la captación de agua del río por parte de una empresa minera, a 5 kilómetros del humedal, ha producido cambios profundos en el ecosistema. “Cada vez son menos los comuneros con terrenos de riego que no tienen donde cultivar por el cambio de humedad en la tierra”, cuenta. Paradójicamente, él mismo, al igual que muchos otros comuneros que antes se dedicaban a cultivar sus fértiles tierras, ahora tiene que emprendérselas a diario en faenas mineras como fuente de subsistencia.

“Este es el humedal costero más grande de la Región de Coquimbo y, al estar en una zona árida, reviste una gran importancia que urge conservar tanto para la comunidad, como para los 180 vertebrados que allí habitan, como coipos, chungungos y el chorlo de invierno, un ave migratoria que llega exclusivamente a invernar desde la cordillera a este humedal, donde hemos contado más de 250 ejemplares”, dice el biólogo de la Universidad de La Serena Carlos Zulueta, que junto a los comuneros intenta conseguir la declaratoria del humedal como sitio Ramsar, que incluiría una zona con cerca de 4 mil hectáreas con dunas, llanos, quebradas, playa y la desembocadura del río.


Así luce el contaminado humedal de la Laguna de Llolleo, al lado del puerto de San Antonio. (Foto: José Luis Brito)

Entre todos los humedales bajo amenaza y que necesitan urgentemente ser protegidos, uno de los más famosos es el de Tunquén, que hace pocos meses alcanzó notoriedad mediática, en parte, porque entre sus defensores está el animador Sergio Lagos y también porque se trata de un balneario donde tienen casa personalidades como la periodista Mónica González, el actor Francisco Reyes y hasta la Presidenta Michelle Bachelet.

Este verano, tanto los propietarios como los turistas que lleguen a Tunquén encontrarán un cartel de madera que anuncia “Santuario de la Naturaleza”, símbolo del mayor triunfo de Tunquén Sustentable, organización de vecinos liderada por Consuelo López, hija de Sara Romo Strange, dueña de las 107 hectáreas donde se encuentra este humedal formado en la desembocadura del estero Casablanca, hogar de 57 tipos de aves como el pato jergón y la garza grande; y de 168 especies de flora, como la violeta, en peligro de extinción.

El camino no fue fácil. Consuelo López cuenta que a pulso tuvo que reunir estudios, juntarse con los vecinos, buscar aliados, contactar expertos, conseguir fondos y un sinfín de tareas que involucraban tiempo y plata. Tanto, que había días que no podía trabajar en su empresa de adiestramiento de animales. “Se ve lindo que uno quiera proteger un lugar, pero es tortuoso. Uno mismo tiene que pagar por miles de estudios que demuestren la importancia del sitio. Me sentí desamparada por las autoridades, que en lugar de ayudarte te tramitan y eso que esto lo estamos haciendo por el bien de todos. ¡El humedal no es solo de Tunquén, es de Chile y del mundo!”, dice Consuelo.

A diferencia de otros balnearios cercanos, Tunquén es la única playa del litoral central donde aún no hay grandes condominios. Tampoco hay estacionamientos. Ni hablar de restoranes, cajeros automáticos, bencineras o supermercados. En Tunquén se respira calma. Por eso, cuando los vecinos se enteraron de que el humedal estaba amenazado se movilizaron para protegerlo. La alarma se encendió hace algunos años, cuando supieron que el condominio Santa Augusta de Quintay, al norte de Tunquén, extraía agua de las napas subterráneas cercanas al estero, lo que podría provocar la sequía del humedal. También supieron que el Ministerio de Obras Públicas planeaba la construcción de un puente que asentaría parte de su estructura sobre las aguas del humedal. Y que a poco más de un kilómetro, se construiría el proyecto inmobiliario Arenas de Tunquén, ante lo cual presentaron una denuncia a la Superintendencia del Medio Ambiente para que el proyecto se sometiera a una evaluación de impacto ambiental. Junto a ello, tras una petición extendida en 2013, en septiembre pasado los vecinos lograron que el humedal sea declarado Santuario de la Naturaleza, con lo que el humedal de Tunquén pasó a ser el último de los 10 humedales protegidos bajo esta figura, que implica que aquí se prohíbe realizar cualquier actividad sin que antes sea sometida a una evaluación de impacto ambiental.

La alarma sobre el humedal de Tunquén se encendió hace algunos años, cuando vecinos del lugar se enteraron de que un condominio cercano, en Quintay, extraía aguas de las napas subterráneas cercanas al estero.

Pero que el humedal esté hoy protegido no es garantía y los tunqueninos esperan con ansias la resolución de la Superintendencia del Medio Ambiente ante la denuncia que interpusieron contra la inmobiliaria Punta de Gallo, a cargo del proyecto Arenas de Tunquén, que contempla 190 parcelas de 1.000 m², con casas de dos pisos y 400 estacionamientos. “Existe una figura, el principio de entorno adyacente. Aunque la construcción esté lejos del humedal, a más de un kilómetro como ellos dicen, ¿quién nos asegura que a largo plazo esto no va a afectar al humedal?”, se pregunta el abogado Christian Lucero, miembro de Tunquén Sustentable. Y agrega: “No es que estemos en contra de su construcción. Pero es necesario que se hagan todos los estudios para asegurar la sustentabilidad del proyecto”.

Recorrer el humedal de Tunquén toma unas cinco horas a pie. Consuelo se sabe de memoria el circuito y mientras avanza esquiva con destreza obstáculos como ramas de arbustos en la zona boscosa y enormes rocas en el área costera. La acompañan el biólogo Salvador Donghi y el abogado Christian Lucero. Mientras caminan por una planicie, el biólogo se detiene y extiende los brazos para contener el paso: “¡Por aquí no podemos pasar!”, alerta. El terreno está lleno de pequeños hoyos en la arena. “Son las casitas del cururo, un pequeño roedor nocturno en peligro de extinción que se oculta durante el día”, explica Donghi, quien ha ido una decena de veces al humedal a sacar muestras de agua y a hacer catastros de la flora y fauna para presentarlos ante el Consejo de Monumentos Nacionales.

Gracias a la acción de Tunquén Sustentable el humedal de este lugar fue declarado Santuario de la naturaleza.

Parte de los integrantes de Tunquén Sustentable. De izquierda a derecha: Alejandro Manríquez, José Fliman (quien hace 16 años organiza una minga anual entre los vecinos para limpiar el humedal), Sergio Lagos, vocero de la agrupación, Cecilia Contador, Christian Lucero, Salvador Donghi, Consuelo López, Sara Romo y Gabriela Barrientos.

“Los límites del humedal corren por ese cerco de madera hacia el oriente y al sur por donde se ven esos cipreses a lo lejos”, apunta Consuelo con el dedo, desde la cima de un cerro. Ella es de Viña del Mar, pero desde niña iba a Tunquén a ver a sus abuelos. “Soy tunquenina, este es mi lugar”, afirma. También a lo lejos, en el horizonte, se divisa uno de los enormes edificio triangulares del condominio San Alfonso del Mar, en Algarrobo. “Es una pena. Eso es lo que no quiero para Tunquén. Este es uno de los pocos sitios que van quedando libres en la costa de la V Región”, dice. Y por eso mismo asegura que varias inmobiliarias les habían hecho ofertas por el terreno, incluso una que pretendía rellenar las tierras del humedal para secarlo y transformarlo en estacionamientos para la playa.

Con la temporada de verano ya encima, Consuelo trabaja, junto a un grupo de expertos y otros miembros de su agrupación, en un plan de manejo para el humedal. Una de las primeras cosas que harán es entregar folletos informativos que generen conciencia a los veraneantes que lleguen esta temporada. “Mantener este lugar como santuario es tarea de todos. Esta lucha trasciende el cuidado del humedal de Tunquén, integra a muchos otros humedales a lo largo de Chile que están dando la pelea producto de una frágil ley medioambiental que no los protege”, concluye.

1. SALAR DE SURIRE, COMUNA DE PUTRE. Sitio Ramsar (1996) y Monumento Natural (1983). Superficie: 15.858 ha. Lagunas altiplánicas donde crece flora endémica vulnerable como la llareta y la queñoa. Es punto de nidificación de flamencos y en sus inmediaciones habitan mamíferos en peligro de conservación, como el gato colocolo y el quirquincho de la puna, cuya caparazón se utiliza para fabricar charangos.

2. HUMEDAL DESEMBOCADURA DEL RÍO LLUTA, COMUNA DE ARICA. Santuario de la Naturaleza (2009). Superficie:300 ha. Principal sitio costero del norte de Chile para el descanso, refugio, alimentación y reproducción de aves migratorias. Aquí habitan 130 especies de aves, lo que representa el 30% de todas las especies de aves descritas en el país.

3. SALAR DE HUASCO, COMUNA DE PICA. Sitio Ramsar (1996), Parque Nacional (2010) y Santuario de la Naturaleza (2005). Superficie: 6.000 ha. Formado por bofedales y lagunas donde habita el karachi, un género de pez gato. Abundan aves como cóndor, flamenco y tagua, y en él varias comunidades de la zona crian ganado.

4. SALAR DE TARA, RESERVA NACIONAL LOS FLAMENCOS, COMUNA DE SAN PEDRO DE ATACAMA. Sitio Ramsar (1996) y Reserva Nacional (1990). Superficie: 96.439 ha. Hábitat de vicuñas y vizcachas, en esta laguna altiplánica nidifican dos especies en estado vulnerable de conservación: el flamenco de James y el chileno.

5. SISTEMA HIDROLÓGICO DE SONCOR, RESERVA NACIONAL LOS FLAMENCOS. Sitio Ramsar (1996) y Reserva Nacional (1990). Superficie: 67.133 ha. Está en el Salar de Atacama y consta de lagunas interconectadas donde el flamenco andino, especie en riesgo, tiene su mayor centro reproductivo mundial. Desde Canadá y EE.UU. llegan aves migratorias como el pollito de mar tricolor.

6. SALAR DE PUJSA, RESERVA NACIONAL LOS FLAMENCOS. Sitio Ramsar (2009) y Reserva Nacional (1990). Superficie: 17.397 ha. A 4.530 metros sobre el nivel del mar, además de ser uno de los sitios más importantes para la conservación de los flamencos, aquí encuentran alimento y descanso aves migratorias como el pitotoy chico y grande y el playero pectoral. Es un área patrimonial de uso indígena compartido por las comunidades atacameñas de Toconao y Talabre.

7. SALAR DE AGUAS CALIENTES IV, COMUNA DE ANTOFAGASTA. Sitio Ramsar (2009). Superficie: 15.529 ha. El humedal es una reserva de agua para la fauna que habita en el Parque Nacional Llullaillaco, que colinda con el salar. Lo conforman lagunas altiplánicas donde se alimentan y reproducen importantes especies de avifauna endémica en peligro de extinción como el suri y el piuquén, y mamíferos como la chinchilla.

8. COMPLEJO LACUSTRE LAGUNA DEL NEGRO FRANCISCO Y LAGUNA SANTA ROSA, COMUNAS DE COPIAPÓ Y TIERRA AMARILLA. Sitio Ramsar (1996) y Parque Nacional (1994). Superficie: 62.460 ha. Sitio altiplánico dentro del Parque Nacional Nevado Tres Cruces, formado por dos lagunas, tres bofedales y dos vegas. Es hábitat de guanacos, vicuñas, flamencos y aves como el chorlo.

9. SANTUARIO DE LA NATURALEZA LAGUNA CONCHALÍ, COMUNA DE LOS VILOS. Sitio Ramsar (2004) y Santuario de la Naturaleza (2000). Superficie: 34 ha. Es el único sitio Ramsar protegido y administrado por una empresa privada: Minera Los Pelambres. En las aguas de este humedal costero nadan pejerreyes y puyes y es hogar de aves como el chercán y el picaflor gigante.

10. EL YALI, COMUNA DE SANTO DOMINGO. Sitio Ramsar (1996), Reserva Nacional (1996). Superficie: 520 ha. Complejo de lagunas, ríos y riachuelos formado por el entorno del estero El Yali. Es uno de los humedales costeros más importantes de las zonas Centro y Norte, con dunas y juncos, donde viven aves endémicas como la tenca y en peligro como el cisne coscoroba.

11. PARQUE ANDINO JUNCAL, COMUNA DE LOS ANDES. Sitio Ramsar (2010). Superficie: 13.796 ha. Área protegida privada, perteneciente a la Comunidad Kenrick Lyon, entre los 2.500 y los 5.000 metros sobre el nivel del mar. Comprende esteros, humedales, glaciares y en ella viven especies como la lagartija de Fitzgerald, ratoncito andino, cóndor y perico cordillerano.

12. LAGUNA EL PERAL, COMUNA DE EL TABO. Santuario de la Naturaleza (1975). Superficie: 46,35 ha.Aquí habitan 99 especies de aves, entre ellas, 55 acuáticas, como el cisne de cuello negro, pimpollo, picurio y huala. El humedal está afectado por la sequía y la contaminación de sus aguas, lo que ha provocado la migración de estas aves a otros lugares.

13. HUMEDAL DE TUNQUÉN, COMUNA DE ALGARROBO. Santuario de la Naturaleza (2014). Superficie: 107 ha. Es hábitat de más de 57 especies de aves y 168 especies de flora, de las cuales 40% son endémicas, que solo se dan en este lugar.

14. LAGUNA TORCA, COMUNA DE VICHUQUÉN. Reserva Nacional (1985) y Santuario de la Naturaleza (1975). En tramitación por Conaf para ser declarada sitio Ramsar. Superficie: 604 ha. La laguna posee juncos, batros y totorales en las orillas y una avifauna compuesta por patos, taguas y cisnes de cuello negro, además de peces como pejerreyes y lisas.

15. HUMEDAL DE RELOCA, COMUNA DE CHANCO. Santuario de la Naturaleza (2005). Superficie: 394 ha. Hábitat de aves acuáticas como gaviotas, pelícanos y patos yeco.

16. PENÍNSULA DE HUALPÉN, COMUNA DE TALCAHUANO. Santuario de la Naturaleza (1976). Superficie: 2.622 ha. Iniciativa privada. Zona de matorral costero y bosques donde nidifican aves migratorias entre roqueríos y acantilados.

17. SANTUARIO DE LA NATURALEZA CARLOS ANWANDTER, COMUNA DE VALDIVIA. Sitio Ramsar (1981) y Santuario de la Naturaleza (1981). Superficie 4.877 ha. Hasta 2004 esta zona fue considerada como la principal y más importante área de reproducción del cisne de cuello negro a nivel mundial, pero la instalación de una planta de celulosa causó la muerte y migración masiva de las aves, causando un intenso conflicto medioambiental a nivel nacional e internacional. Hoy, este humedal es parte del Registro de Montreaux –nómina que forma parte de la Convención Ramsar– que vela por la conservación de los humedales amenazados en el mundo.

18. PARQUE PUMALÍN, COMUNA DE HUALAIHUÉ. Santuario de la Naturaleza (2005). Superficie: 288.689 ha. Pertenece a la Fundación Pumalín. Contiene bosques lluviosos, fiordos y al menos 12 cuencas hídricas donde habitan cisnes coscoroba, torcazas y choroyes, además de mamíferos como pumas, comadrejitas trompuda, huemules y pudúes.

19. BAHÍA LOMAS, COMUNA DE PRIMAVERA, TIERRA DEL FUEGO. Sitio Ramsar (2004). Superficie: 58.946 ha. Humedal costero en la boca este del Estrecho de Magallanes, en la costa norte de la isla de Tierra del Fuego, con influencia del Atlántico. La marea baja supera diariamente los 7 kilómetros, dejando grandes extensiones de arena. Es considerado el sitio de invernada más importante de América del sur del playero ártico (Calidris canutus rufa) y en épocas de invernada se han visto hasta 64 mil aves de diferentes especies. Es un sitio de gran valor cultural debido al asentamiento de los pueblos selknam originarios de Tierra del Fuego.

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