El neo periodista

Reportajes y Entrevistas

El neo periodista

Por Catalina Mena / Fotografía: Sebastián Utreras / Producción: Sofía Oportot y Daniel Pacheco

Trabajador, educado y estiloso, sus temas son la música y el cine y los maneja con rigor científico. Ignacio Franzani representa a una nueva generación que se educó con internet, conoce las reglas del mundo globalizado y, en vez del pituto, practica la meritocracia.

Camisa de exclusivo diseño, peinado neo setentero, sonrisa Pep y zapatillas deportivas: así va Ignacio Franzani aplanando las calles de la capital de Chile. Se levanta a las 6 de la mañana para estar cerca de las 7:30 en el programa En boca de todos, de Canal 13, comentando sobre música y cine, junto a los periodistas Iván Valenzuela y Carolina Urrejola. Después del programa, queda adrenalínico y aprovecha el speed para leerse todos los diarios. Acto seguido, revisa su correo electrónico y vuelve a su casa de Nuñoa a dormir un par de horas más, hasta el mediodía. “Esa especie de siesta es algo bien psico”, dice Franzani. “Pero tengo que hacerlo para resistir hasta la noche. La segunda despertada del día es medio terrible”.

Cuando Franzani se levanta por segunda vez, empieza la jornada larga. Parte al canal Vía X y participa en la pauta del programa Cadena Nacional, que conduce en vivo todas las noches. Come algo y a las tres de la tarde está en la radio Zero. Ahí se prepara hasta las cinco y media, hora en que se inicia su programa Gran Capital, en el que habla de cultura, música y hace entrevistas. A las 18:30, cuando termina la sesión, corre de vuelta a Vía X y empieza la preparación final del programa de la noche. “Ahí el estudio es duro, porque tengo que preparar la entrevista principal y pensar las preguntas. Antes me jactaba de no meterme en la noticia diaria, de estar sumergido en las altas esferas de la música. Pero ahora tengo que entrevistar a un abanico amplio de personajes: políticos, economistas, empresarios, de todo. Tengo que informarme mucho, estar al día y ha sido muy estimulante”. El programa comienza a las diez y termina a las once de la noche. Después de eso, Franzani vuelve a la cama, excepto los jueves, viernes y sábado, que dedica religiosamente a ir al cine o a conocer nuevas bandas de música que tocan en sucuchos y subterráneos céntricos de Santiago.

Pura información

Aunque él lo niega, Franzani tiene su fan club y hasta hay un blog en internet donde se celebran sus gracias de “mino rico”. Con su cara de adolescente y su tono cultivado, seduce tanto a adolescentes como a cuarentonas, porque es realmente una enciclopedia con patas. Si habla de una película, se sabe de memoria el nombre del elenco completo, la historia del director y las anécdotas del rodaje. Y cuando habla de música, transita sin drama por todos los estilos con conocimiento de causa.

Uno de los leitmotivs de Franzani es reivindicar la cultura pop: “Trato de hacer un periodismo especializado, de hablar de una cultura popular y accesible pero que, al mismo tiempo, tenga un cierto nivel. En Chile, cuando se piensa en popularizar o en democratizar la cultura, se hace un evento en el Parque Forestal, queda la cagada, tocan hartas bandas y hay muchos borrachos. No hay una política continua, son como voladores de luz para el populacho”, afirma categórico.

–La tele abierta es re pop. ¿Cómo te has sentido en ella viniendo de la radio y el cable?
–Encuentro que el programa En boca de todos es de las cosas que se salvan de la tele abierta. Para ser de la mañana es un lujo. Yo llego y está sonando New Order, versus un matinal convencional donde suena reggaetón. Eso ya es una diferencia que me levanta el ánimo. Pero igual tengo que transar en un montón de cosas. De repente tengo que comentar discos que no me gustan para nada.

–¿Cómo qué?
–Onda Paulina Rubio, que no es ningún aporte, bajo ningún punto de vista. Pero sé que para mucha gente es importante.

–¿Qué música te gusta?
–Escucho de todo. Me gusta mucho la música que viene de la escuela que generó Velvet Underground, la onda newyorkina, callejera. También rayo con los pilares del rock británico. En realidad la música que me interesa es la que trasciende y sigue teniendo influencia.

–¿Y de lo que se está haciendo en Chile?
–Lo que más me interesa es que, con las nuevas tecnologías, la gente ya no necesita de un gran aparato para crear y producir música. Eso ha permitido el surgimiento de muchos sellos independientes, gente que está haciendo las cosas fuera del sistema. Lo bueno de eso es que se corta todo el filtro comercial y sale una obra de autor, absolutamente auténtica. También salen hartas cosas malas, pero vale la pena el movimiento. En rock hay varias cosas interesantes, como el sello Algo Records, que tiene al grupo Guiso, y Quemasucabeza, al que pertenece Javiera Mena y Gepe. En electrónica me gustan músicos que viven fuera de Chile, como Ricardo Villalobos y Cristián Vogel.

–También has rescatado mucho del folclore…
–Eso sí que es el underground del underground, porque hay pocas oportunidades de desarrollo. En dictadura se nos mostró un folclore de postal, como Los Huasos Quincheros. Después, con la democracia, se abrieron ventanas que fueron bien aprovechadas por Álvaro Henríquez y esa gente. Ahí se destapó todo el tema de la cueca urbana. El disco desenchufado que hicieron para MTV fue una revolución.

–Otro tema que manejas es el cine.
–Lo que más me interesa son los cineastas independientes que tienen capacidad de autogestión. Eso es lo más importante que nos heredó el punk “Do it yourself”, hazlo por ti mismo. Ahora si tienes una cámara casera, una buena idea y ganas de hacerlo, ya está. Esos cineastas que son súper jóvenes ya tienen películas bajo el brazo que están recorriendo el mundo, lo que antes era imposible.

Navegar en los medios

La llegada de Franzani a los medios fue producto de su gran patudez, como él admite. Mientras estudiaba Periodismo en la Universidad Andrés Bello fue a ofrecer sus servicios a la radio Universidad de Chile. Los convenció de que sus conocimientos musicales y su desplante dejarían al público con la boca abierta. “Llegué así como ‘Oye, yo sé mucho de música, sería una inversión para ustedes tenerme acá’. Ahora me da vergüenza acordarme de esa anécdota. Deben haber pensado: ‘Qué barsa este pendejo’. Cuando era chico era más petulante, creía que me las sabía todas”, cuenta Franzani.

La cosa es que le creyeron, y, entre los años 2000 y 2005 hizo dos programas bastante exitosos: Chile música –con bandas en vivo y transmisión simultánea al aire– y Radiópolis, de entrevistas y crítica musical.

–Estás en la radio, en el cable y en la tele abierta, pero no eres un “rostro” todavía…
–Eso es lo bueno. Es el juego que me interesa.

–¿Pero no tienes ninguna fantasía de ser una figura más conocida? Porque siempre te comparan con Sergio Lagos y tienen cosas en común. Con la diferencia de que él realmente está en la cresta de la ola mediática…
–Con Sergio tenemos muy buena onda, pero a mí no me interesa que me comparen con él. Él tiene una productora, es músico, es animador de televisión. Mi camino es distinto, puede ser egoísta, pero funciono mucho más desde un mundo propio. No tengo ambición de ser rostro de tv o famoso. Ni siquiera me lo cuestiono.

–Pero es probable que suceda o que te lo ofrezcan…
–¡Qué miedo!

–¿Por qué?
–Porque en realidad yo hago sólo lo que me gusta y mientras no tenga bocas que alimentar no me voy a jugar la carta de meterme en cosas que no son realmente de mi interés.

–Pero si te hincharan mucho para que fueras “rostro” y te pagaran seis millones mensuales, capaz que lo hicieras…
–Es que me da pánico igual. Cuando veo tele abierta la encuentro tan mala, tan mala. Nada me gusta, nada me entretiene. Es todo tan homogéneo. Siendo un medio tan penetrante y tan influyente, todo es igual.

–¿Y qué no harías jamás?
–No lo tengo pensado de antemano, pero no quiero perder mi trinchera. Yo defiendo mi gusto por hacer un periodismo especializado y riguroso. Encuentro repudiable el tipo de periodismo que se mete en la vida privada de la gente. Me parece bastardo, tanto para el periodismo como para la persona que desarrolla esa pega. Me deprime enormemente.

–Pero ¿tienes ese rollo con “venderte”?
–No, para nada. Yo soy una generación posdictadura y eso lo conversé mucho con Alberto Fuguet a partir de su película Se arrienda. Él raya mucho con el tema de venderse o no venderse al sistema, de si trabajar o no trabajar en un lugar que es de derecha. Son reflexiones válidas, pero mi generación no se plantea ese tipo de cuestionamientos bajo ningún punto de vista. Hoy, con la cantidad de universidades que hay y con un mercado laboral que no tiene la capacidad de dar trabajo a todos, se da una actitud totalmente inversa. Yo estoy feliz de tener pega, porque veo a muchos de mis compañeros que están cesantes. El único problema ideológico es no traicionarme a mí mismo.

–¿Piensas que Chile se está moviendo por la meritocracia o sigue primando el pituto?
–Claramente el tema del pituto sigue primando, pero dentro de eso también hay una mayor movilidad. Ahora nadie espera que lo llamen sino que andan ofreciéndose. Como yo. Ésa es otra diferencia con generaciones anteriores, donde el circuito era más pequeño y todos se conocían.

–En ese sentido eres como más gringo. No te da vergüenza andar con el currículo debajo del brazo…
–Es verdad. Doy la pelea. Mi viejo siempre nos metió el rollo de pelear para conseguir lo que queríamos. Ha sido muy insistente en el tema del esfuerzo personal y eso me marcó. También creo que el nivel está subiendo. Si tomas en cuenta las nuevas plataformas tecnológicas, la gente que está saliendo de las universidades tiene niveles de información mucho mayores. Aldo Schiappacasse me decía que cuando él comenzó a hacer periodismo deportivo sólo veía fútbol internacional cuando había en Chile un encuentro relevante. Ahora un cabro rayado con el fútbol puede ver fútbol iraní, gringo, europeo, sudamericano, lo que quiera, porque el cable le provee de todo. Sale de la universidad con un conocimiento súper amplio y variado sobre el tema que le interesa y después, si tiene suerte, puede encontrar una plaza de trabajo en una radio comunal para cubrir a Santiago Wanderers. Esto puede sonar muy decepcionante, pero es así.

–¿Te sientes parte de un clan o como alguien que está solo haciendo lo suyo?
–Me siento parte de un clan, pero no de un clan ideológico, social o de estilo de vida. Mi clan es como un grupo de interés. Mis amigos son todos especialistas en música. Son muy críticos, malditos melómanos, criticones al máximo.

Caballero posmoderno

Ignacio es el tercero de cuatro hermanos y dejó la casa de sus padres para independizarse. Hasta los ocho años, Ignacio vivió en el norte, sobre todo en Calama. “La gente piensa que Calama es terrible. El mito dice que es una mezcla de schopería, mineros, putas y desierto. Pero yo tengo recuerdos notables. Estudiaba en Chuquicamata y hacía el viaje todos los días. También me movía muy libre por la ciudad. Agarraba mi bicicleta y tenía esa sensación de algo abierto. Era desértico, desolado, pero había paz. Llovía un solo día al año. Quedaba la cagada. Salíamos en bicicleta a mojarnos, se armaban como lagunas y era una fiesta”, cuenta Franzani.

Después la familia se instaló en Santiago y él entró al colegio inglés Trewhela’s. “El aterrizaje fue traumático. No hablaba inglés y tuve que encerrarme con un profesor particular. Además, cambié de la libertad de pueblo chico y de una casa grande, espaciosa, por un departamento en Santiago. Ahí empecé a ver mucha tele, porque no había nada que hacer. Ahora lo analizo y lo pasé re mal. Hay fotos en las que salgo ojeroso, pálido”. Como sus papás vieron que el chico era sensible, lo cambiaron a un colegio donde sufriera menos y lo pusieron en el San Agustín. Pronto se mudaron a una casa más grande, en Ñuñoa, y a Franzani la vida volvió a sonreírle. Aunque le puso empeño, no logró que le gustara el fútbol, pero desarrolló con obsesión su melomanía. No sólo escuchaba todo lo que llegaba a sus oídos, sino que también se interesó por aprender de los músicos, las épocas y las discografías. Sus referencias culturales eran la radio Rock & Pop, la revista Extravaganza y el suplemento Zona de contacto. Su periodista ícono era Hernán Olguín. “Hablaba de los temas más complejos de una manera didáctica y entretenida”, admite.

Cuando terminó el colegio, ya sabía que lo suyo era el periodismo y tenía un cierto entrenamiento verbal, que hoy lo distingue en la radio por su hablar correcto de eses bien pronunciadas.

–Nunca dices garabatos, jamás te comes letras y en vez de decir “¡qué bakán!”, dices “¡qué notable!”.
–Eso me viene desde siempre. Mi papá es como don biblioteca. Cuando éramos chicos, mi viejo contaba algo y entre medio tiraba una palabra rara. Todos quedábamos colgados y partíamos a investigar qué significaba. Eso se me quedó grabado en el disco duro. Es un juego súper atractivo.

–Eso también te distingue de la onda coloquial que ahora se ve en muchos programas de radio, en donde cualquiera dice cualquier cosa, sin mucha información y sin ningún rigor en el lenguaje…
–Esa fórmula la impuso la Rock & Pop. Ellos popularizaron el estilo coloquial, más suelto, y funcionó genialmente, porque llevaron a la radio la conversación del joven de la calle y eso produjo mucha identificación. Pero ese formato se vició y ahora hay demasiados programas que son flaites, que son puras chuchadas. Yo he tratado conscientemente de ir en contra de eso. Puedo ser un pendejo, puedo ser relajado, decir “cachái”, pero igual manejo un vocabulario que sube un poco el nivel. De repente se ríen porque dicen que soy muy engolado, que soy siútico. Pero a mí me entretiene jugar con el lenguaje.

–También tu estilo tiene que ver con el respeto.
–Absolutamente. A mí me gusta el respeto. Hay un dicho que me enseñó un gran jefe: “La ignorancia es insolente”. Todos los días me encuentro con gente ignorante que tira la pachorra. Yo trato de no perder nunca la capacidad de asombro, de escuchar antes de tirar la pachorra.

–Eres como sofisticado, te vistes con estilo, tienes onda con el diseño…
–El tema del diseño viene por la casuística de haber trabajado en eso con mi ex novia, que es diseñadora de vestuario y me hace las camisas. Yo antes lo encontraba banal, pero después me di cuenta de que lo que ella hacía era arte. Hay todo un trabajo con la tela, con los motivos, con la estética. Todo el fashion del desfile de moda tiene un nivel de trabajo y de creatividad sumamente respetable.

–Y ahora ¿cómo ves el tema de las relaciones de pareja?
–Prima más el desarrollo personal y laboral y eso ha atrasado el proyecto de pareja o matrimonio.

–¿No tienes ningún interés en el matrimonio?
–Tengo un rechazo medio patológico a la familia. Tengo un modelo de familia súper bien consolidado, pero no quiero imaginarme casado, con hijos, un auto, una casa y un perro. El formato de familia chilena constituida me aburre soberanamente. Quiero sorprenderme con una vida distinta.

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