Iguales, después de la marcha

Reportajes y Entrevistas

Iguales, después de la marcha

Por Catalina Mena y Lorena Penjean

Luis Larraín y Pablo Simonetti, voceros de la Fundación Iguales Chile, anticipan cuáles son los próximos pasos de la recién creada entidad, tras la marcha por la igualdad sexual que sacó el tema a las calles de Santiago.

Sorprendieron. No porque no hubiesen ya defendido públicamente la causa del acuerdo de vida en común o el matrimonio homosexual. Luis Larraín (30, ingeniero civil) fue el rostro de la campaña de Piñera en la que el hoy Presidente se comprometió a legislar para regular la convivencia de las parejas gay. Pablo Simonetti (49), como escritor respetado, ya había trasparentado su condición. La sorpresa estuvo dada porque, como rostros influyentes y pertenecientes al segmento social más alto del país, aparecieron de pronto constituidos en una fundación de amplio espectro – La Fundación Iguales Chile- invitando y convocando a una marcha ciudadana que resultó masiva y superó las expectativas de los organizadores iniciales, el Movilh.

Simonetti y Larraín, junto a los otros directores de la fundación (el arquitecto y profesor de la Universidad Católica Sebastián Gray; el abogado Antonio Bascuñán, especialista en derecho penal y profesor de las universidades de Chile y Adolfo Ibáñez, y la abogada de la Universidad de Valparaíso Daniela del Campo) consiguieron instalar el debate sobre el derecho de las minorías sexuales en un lugar donde no había estado antes con tal visibilidad: el barrio alto.

Semanas después, anuncian sus próximos pasos: “Nuestra finalidad es trabajar por la igual dignidad de todas las personas en Chile y el reconocimiento legal del amor”, resume Simonetti. Y enumera: “Tenemos tres objetivos: hacer campañas de difusión, conseguir financiamiento para proyectos y contribuir al debate legislativo”. La propuesta ha generado una insospechada respuesta transversal. Como parte del comité asesor, Simonetti menciona a la diputada PPD Carolina Tohá, al empresario Jorge Errázuriz, al diputado DC Aldo Cornejo, a la jueza Karen Atala y a el ex ministro de Hacienda Andrés Velasco. “Ellos contribuirán a definir los lineamientos. Después vamos a tener un grupo de asociados comprometidos en el día a día y seguiremos con comisiones en distintas áreas. Estamos recién comenzando”.

“Sabemos que somos muchos”, acota Larraín, “y el hecho de que nosotros tengamos contactos, influencia, relación con los segmentos del poder, pone este tema en otra dimensión. Tenemos un capital mediático de cuyo valor estamos conscientes y que vamos a usar”.

Dice Simonetti que han tenido reuniones con la Comisión de Constitución, Legislación y Justicia del Senado. “Nos quedamos con la sensación de que hay un amplio margen de senadores –Alvear, Espina, Walker y Chadwick– abiertos a legislar a nivel de acuerdo de vida en común y registro civil”.

¿Por qué creen ustedes que la sociedad chilena está discutiendo ahora estos temas que antes no se ponían sobre la mesa?
“Creo que la sociedad chilena dejó de ser conservadora hace tiempo. Los que han estado rezagados son la clase política y algunos sectores conservadores más ligados a la Iglesia”, aventura Larraín. “También influyen internet, la globalización… hay más modelos”, acota Simonetti. “Y está el hecho de que este gobierno planteara el tema en su campaña”, interviene Larraín: “Suena paradojal que sea en un gobierno de derecha cuando más se ha puesto el tema en el tapete, pero también es cierto que a las coaliciones les resulta más fácil ir en contra de sus propios espíritus. Es como cuando se decía que el de Lagos era el gobierno de los empresarios. Era tanto el temor de que un socialista llegara al gobierno, que Lagos se dedicó a coquetearles a los empresarios. Aquí ha pasado un poco lo mismo: Piñera puede darse el lujo de ser más duro con el empresariado porque a nadie se le va a ocurrir que él es anti-libre mercado, y así mismo se ha abierto a temas, como los derechos de igualdad sexual, que se asocian más a la ‘izquierda’”.

¿Y no lo son?
“Para nada, esta es una causa muy amplia”, refuta Larraín. “Es que el tema del acuerdo de vida en común tiene que ver con el amor”, añade Simonetti, “con asumir que todos amamos de una misma manera, que nos gusta comprometernos en pareja y formar un hogar, tengamos la orientación sexual que tengamos”. “A mí, por ejemplo”, interviene Larraín, “me da mucha rabia cuando me dicen que este es un tema ABC1, que solo nos importa a algunos. No creo que sea así. Yo tengo educación, una carrera, recursos. Me puedo desenvolver aunque me rechacen. ¡¿Pero la pobre persona en Pitrufquén?! Esa sí que la pasa mal. La discriminación puede ser muy dura, y sobre todo con la gente de más bajos ingresos”.

¿Quieren decir que fue debido a su situación privilegiada, que ustedes se sintieron llamados a asumir un rol más protagónico?
Concluye Simonetti: “Te obliga. Claro que sí. No sabes a cuánta gente la paraliza el miedo”.

Seguir leyendo