Infieles en la mira

Reportajes y Entrevistas

Infieles en la mira

Por Por: Bárbara Riedemann / Producción periodística: Rocío Brito / Fotografía: Alejandro Araya

En Chile existen más de 400 empresas de investigadores privados cuyas áreas de acción son, entre otras, atrapar infieles. Hasta sus despachos llegan maridos desesperados y mujeres llenas de sospechas dispuestos a desembolsar, a veces, millones para obtener evidencia. Aquí, lo que ven, escuchan y concluyen los espías del corazón.

Paula 1245. Sábado 10 de febrero de 2018. Especial Amor.

Segundo jueves de enero. Santiago Centro. Intersección de las calles La Bolsa y Nueva York.

13 horas: sujeto esbelto de 54 años, trigueño, nariz aguileña y 1,78 m de estatura sale de un edificio de oficinas y camina hacia el norte.

13:10 horas: sujeto compra una caja de cigarrillos y un encendedor en el kiosco de calle Nueva York con Ahumada.

13:30 horas: sujeto entra a un edificio habitacional en calle Merced.

Hay 30 grados en la capital y, en la vereda de enfrente, está parado Alfredo (quien exige reserva de su apellido), un investigador privado que bordea los 60 y lleva 23 años espiando a adúlteros del centro. “Enero es temporada alta para los infieles porque abundan los viudos y viudas de verano”, asegura. Libreta en mano, registra con precisión la bitácora de su objetivo. Este es el séptimo de 10 días que se dedicará a espiarlo. El seguimiento partió a las 6:30 de la mañana cuando, arriba de su camioneta, esperaba al sujeto afuera de su casa en Las Condes.

Enfundado en un terno gris, con camisa blanca y corbata burdeos, Alfredo suda a la espera de que el sujeto abandone el edificio, pero pasa inadvertido en el enjambre de oficinistas que andan en colación. Se ubica a la sombra de un árbol y mastica un aliado jamón-queso que saca de su maletín, sin desviar la vista de la entrada del edificio al que ingresó el sujeto. Explica que los oficinistas del centro van a pocos moteles a la hora de almuerzo, pues están más lejos e ir en auto significa echarse una hora de taco entre ir y venir. “La solución en los últimos años son los edificios residenciales como este que, además, funcionan como apart hotel para turistas y parejas que los arriendan por hora o por el día. Cuestan entre 25 y 40 mil pesos”, detalla.

Cuatro cigarrillos después, comienza la acción.

14:30 horas: sujeto abandona edificio de Merced.

Con inusitada rapidez, Alfredo saca su Samsung Galaxy S8 y comienza a disparar. La secuencia: sujeto saliendo del edificio y, detrás de él, una rubia teñida en sus 30, con cintura de avispa; rubia caminando delante del sujeto; sujeto levantando la mano; y sujeto con su mano rozando discretamente el trasero de ella que mira hacia atrás con sonrisa pícara. “Siempre caen”, dice Alfredo con tono winner, mientras la blonda cruza la calle y el sujeto se dirige nuevamente a su oficina. En ese punto lo releva uno de sus siete subalternos, un agente varón de 37 años que antes trabajaba para una financiera y que Alfredo reclutó hace tres años. Él mismo fue uno de ellos: en su juventud trabajó para una empresa de cobranzas y tenía especial habilidad para encontrar a morosos que se hacían humo. Fue la petición de una colega la que lo hizo meterse en el rubro. “Me pidió que espiara a su marido y lo pillé compartiendo un cono de helado con una mujer. No vi nada más comprometedor, pero a mi amiga le bastó esa información para echarlo de la casa. Porque, bueno, ¿quién no se pondría celosa si su marido lengüetea un helado con otra?”.

Una semana más tarde, Alfredo está sentado a la cabeza de una larga mesa de reuniones en su oficina de Las Condes, que abrió hace década y media como sucursal de su oficina matriz en el centro. “Aquí capto al cliente ABC1”, dice. No solo se dedica a fisgonear infieles. También pesquisa a deudores y trabaja con multitiendas y corredoras de propiedades que espían a sus trabajadores y clientes.

Sostiene un sobre que dice “confidencial”, del que saca fotos a color en las que se comprueba la traición del infiel del centro. La más comprometedora: una de la pareja arriba de la Chevrolet Captiva de él entrando a un motel. A su clienta –la esposa del sujeto, con quien lleva 27 años de matrimonio–se las mostrará al día siguiente. “Esto verifica algo que ella ya sabía. La cifra es triste: 90% de los clientes que llegan aquí lo hacen con una sospecha fundada y en 90% de los casos se corrobora”, afirma Alfredo, quien está casado hace 35 años.

El infiel con Audi

Paula consultó como si fuera una suspicaz esposa a las 10 primeras agencias de espías que arroja la búsqueda “investigador privado infidelidad” en Google. En todas ellas la dinámica es así: se comenta el caso y la agencia entrega un presupuesto de acuerdo al número de personas implicadas que hay que seguir, si el asunto es en Santiago o regiones, días de seguimiento, agentes para la misión, viáticos. Los montos por espionaje van desde $ 400 mil por tres días con seguimiento en auto, moto y a pie. El valor puede dispararse hasta los 10 millones cuando incluye fines de semana, seguimiento 24 horas e instalación de dispositivos GPS o grabaciones de audio o video.

Luego, se agenda una entrevista con el investigador donde se escudriña hasta el más íntimo detalle de la relación marital y se hace un minucioso perfil del sospechoso. Pactadas las condiciones, se firma un contrato y se paga la mitad por adelantado; el resto, cuando se entregan los resultados. Un investigador serio siempre entrega boleta con su giro.

“Barato no es, pero, ¿cuánto vale tu tranquilidad emocional?”, se pregunta el fundador de Ainvest, empresa que opera hace 28 años y que funciona en una cómoda oficina a la salida del Metro Pedro de Valdivia. Por resguardo no da su nombre; es un investigador de 60 años y voz rasposa y asegura que el 70% de sus clientes son mujeres de Lo Barnechea y Apoquindo.

Cuando se trata de espiar a un marido, les recomienda instalar un GPS en el auto del esposo. “Les sugiero que lo lleven a un reconocido taller de Santa Isabel donde por $ 250.000 instalan el dispositivo dentro del tablero. Para hacerlo, tienen que desmontar esa pieza y volver a ponerla, por lo que jamás van a encontrarlo”. Con esto, dice, se evitan persecuciones a alta velocidad que exponen la vida del sujeto y del investigador al volante. “Los infieles que investigo tienen Audi y BMW, que son autos muy veloces”.

Por otro lado, la vigilancia fuera del domicilio es complicada porque hay sectores impenetrables, como Santa María de Manquehue o Lo Curro, con sus casas de altos muros, guardias para cada recinto y los autos de Paz Ciudadana que llegan apenas los llama un vecino. “Entonces tenemos que rotar los autos y los agentes. La vigilancia se hace con 4×4 grandes, que tienen esas típicas calcomanías de una familia pegada en el vidrio trasero para que piensen que es un vehículo de algún amigo”, cuenta.

El fundador de Ainvest asegura que es mucho más fácil seguir a un hombre infiel, porque es más torpe. “Siempre va al mismo motel y sigue las mismas rutas. Ellas, en cambio, dejan el auto estacionado en el supermercado, toman el Metro y después un taxi para encontrarse con el amante”, asegura. Según su experiencia el santiaguino es usuario habitual de moteles. No así los infieles de regiones.

Gran parte de las evidencias que recolecta son fotos o videos comprometedores. Asegura que solo toma fotos y graba en la vía pública o en lugares privados de uso público, como un mall o restorán. “Allí es típica la foto de la amante que pone sus pies encima de las piernas de él por debajo de la mesa. Trato de bajarles las expectativas a los clientes. Siempre quieren la foto en la cama y eso viola la privacidad de las personas”, explica. Por eso mismo, muchas veces le avisa a su cliente en qué motel o restorán se encuentra el o la patas negras para que vaya al lugar. “Una vez un cliente se llevó la ropa y le rompió todos los neumáticos al amante de su esposa”, recuerda.

Salir a fumar

Casado hace 25 años, Francisco Flores fundó su empresa Power Investigadores hace 20 años. Hoy, la empresa funciona en una amplísima casona de Macul, que alberga un estacionamiento donde hay 16 autos que ocupan sus 40 agentes de planta. Tiene, además, sucursales en Argentina, Perú y Uruguay. También a Miami. Aunque ofrece variados servicios para empresas (como averiguar si un trabajador está robando), el adulterio es uno de sus fuertes. “Gracias a las mujeres adúlteras, el negocio de la infidelidad se ha transformado en lo que es el pan o los cigarrillos en un minimarket: es la caja chica por donde entra el flujo”.

En su trayectoria ha visto de todo. “Los mineros viejos del norte tienen familias paralelas y en 25 años nadie se da cuenta. Últimamente también llegan novios y novias que mandan a seguir a su pareja para saber si son material digno para el casorio. Y también llega mucho la tercera amante, que quiere espiar a la esposa y a la segunda porque quiere ser la primera. Esas son peligrosas porque están dispuestas a todo, incluso a contarle la verdad a la familia del sujeto”, dice. Y sigue: “La rompe-hogares es la peor. Es la que justo se enamora del felizmente casado y que, además, es súper buen papá. Es una mujer soltera, de unos 30 años, independiente y obsesiva”.

80% de los casos el o la amante es siempre un colega. “Ha aumentado desde que no se puede fumar al interior de las oficinas. Salen juntos a fumar y empieza el coqueteo que en cosa de segundos termina en agarrones o besos a la rápida. Los que más provecho le sacan a este momento son los trabajadores del sector salud, desde el auxiliar hasta el médico. Lejos, los más infieles entre colegas”, agrega el investigador de Ainvest.

Otro patrón que se repite entre los amantes son los antiguos compañeros o pololos de infancia que se reencuentran por Facebook. Lo sigue un familiar –la más típica es la cuñada– y en último lugar prostitutas. “Lo que sí ha aumentado durante la última década es el número de amantes del mismo sexo y, curiosamente, es lo que menos escándalo provoca en mis clientes. De alguna manera saben que contra eso no pueden competir”, dice Francisco Flores, quien al final de sus investigaciones entrega un informe que manda vía Chilexpress. En todos los casos, sus clientas mujeres –no así los hombres– siempre se comparan con la otra. “Quieren saber todo de ella, en especial si la amante es o no más regia. Y casi siempre lo es”.

Casados cazados

Los espías han visto reacciones muy diferentes cuando se constata la infidelidad. “Cuando pillan a un hombre casado, él se arrodilla, llora, pide clemencia, manda flores y jura no hacerlo más. Pero pasan 6 meses y lo pillan de nuevo”, dice Dante Yutronic, de La Casa del Espía. En estos casos, ha observado que sus clientas urden maléficos planes. “Extorsionan al marido y le dicen: ‘¿Qué dirían las niñitas si les muestro estas fotos?’ o ‘Se las voy a mostrar a tu mamá’. Entonces, les piden renovar el auto o que les compren una propiedad. Una mujer herida es cosa seria”, asegura.

Otras, aprovechan el periodo de investigación para vender patrimonios, cambiar las platas de cuentas y así, con la evidencia, van a tribunales para exigir un divorcio culposo, cuando el contrato del matrimonio se rompe unilateralmente ante la confirmación de infidelidad. Un recurso al que cornudos hombres también recurren cuando pillan a sus esposas.

Poco creen los investigadores en el perdón. De esto sabe Marcelo Altamirano, ex carabinero e investigador de Alfa, empresa que fundó hace 25 años. “Mi actual señora me contrató para seguir a su pololo y terminamos siendo amigos. Yo estaba casado, me separé y hoy tenemos 4 hijos”, cuenta. Gracias a los infieles, ha pagado universidades de sus hijos al contado y se compró una parcela de 5.500 m². A su juicio, jamás perdonaría una infidelidad. “Lo veo en clientes que, después de un año de perdonar, vuelven para que chequee cómo se ha portado el marido o la mujer. Yo les pregunto: ‘¿Cómo has pasado un año con dudas?’. Eso me demuestra que la confianza jamás se recupera”, dice. Y agrega: “Yo soy de los pocos que van quedando que creen en el amor para toda la vida”.

Diferente es la opinión de Alfredo. “Mis clientes me han enseñado que eso de ‘hasta que la muerte nos separe’ son puros cuentos de Corín Tellado. Y la gente se sigue casando porque de verdad los cree. Tarde o temprano uno siempre va a mirar la uva del vecino, tal vez no te la comas, pero, ¿no es eso ya una traición? El que esté libre de pecado, que tire la primera piedra”.

Hágalo usted mismo

El investigador Dante Yutronic (65) fundó La Casa del Espía en 1978, con servicios de seguridad personal y empresarial y como importadora de adminículos de espionaje. El hit: una micrograbadora de audio ($ 129.000), que no vibra, no suena, no tiene luz y puede registrar tres días de grabación ininterrumpida. “Les sugiero que la peguen debajo del asiento del auto con cinta de doble contacto. Así se han detectado horas de sexo telefónico”. Otro aparatito estrella es un enchufe para cargar celulares que tiene una microcámara de audio y video ($ 390.000). “Sugiero enchufarlo en un punto fijo: la oficina, por ejemplo. Como tiene wifi, el cliente ve en línea el encuentro de su marido con la secretaria”, explica. Por si fuera poco, para cónyuges extra desconfiados, el mercado ofrece sofisticada tecnología forense. Es uno de los servicios de Biogenetics, laboratorio acreditado por el Servicio Médico Legal, que por desde $ 190.000 analiza una muestra –calzón, toalla higiénica, preservativo, sábana– para detectar la presencia o ausencia de un fluido que no corresponde al del solicitante. De esta forma se acredita una infidelidad con un 100% de certeza.

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