Jani Dueñas: un año soltera

Reportajes y Entrevistas

Jani Dueñas: un año soltera

Por Almendra Arcaya L. / Fotografía: Rodrigo Chodil / Producción: Paulina Wiegand / Maquillaje y pelo: Pati Calfio

El 2016 fue para la actriz un año turbulento: se murió su papá, cumplió 40, se le acabó la pega en radio Universo y en el canal Vía X. Y, como si fuera poco, terminó una relación de casi tres años. De esta crisis, que la tuvo tomando antidepresivos, salió el material de su último stand up: Ya no somos los mismos. Hoy, dice sin pudor: “Quiero enamorarme de nuevo”.

Paula 1218. Sábado 28 de enero de 2017.

“Cuando uno termina una relación larga, ocurre algo bien parecido a la muerte. Ayer estaba acá y ahora ya no. Desapareció. Y entonces alguien viene con esas frases de autoayuda, pero yo soy súper emo, de las que ve la mitad del vaso vacío; el tiempo no cura nada, los cambios no siempre son positivos, cuando se cierra una puerta no siempre se abre una ventana, el universo no siempre está tratando de decirte algo y a veces hay que pasarlo mal, porque la vida es así, mucho más miserable, egoísta e irracional. No me dio miedo quedarme sola, sino que desconocer lo que venía. Me pasé desde los 25 hasta los 38 años con un discurso de mujer moderna, soltera, súper chora, que no necesitaba un hombre, y en su momento fue verdad. Pero estar en pareja me gustó demasiado. No me da pudor decir que quiero estar en pareja y ser una señora con todas sus letras”.

“Incorporarme a las pistas de las solteras me tuvo mal. Después de una relación de casi tres años estás acostumbrado a un ritmo, a una intimidad, a una comunicación. Después de terminar mi relación me obsesioné con el amor. Me puse a leer teorías, sicología y bioquímica. También leí del feminismo en pareja. De la soledad y de cómo nos amenazan a las mujeres con que nos vamos a quedar solas, ‘no seái loca huevona, porque te vai a quedar sola’, nos dicen. Fue un cambio de paradigma. Dejé de pensar en frases como ‘no puedo vivir sin ti’. Sin ti puedo vivir perfectamente, pero quiero vivir contigo, no desde el lugar de la que depende, sino de la que elige. Encuentro bonita la idea de caminar juntos. Y, en vez de eso, tengo que salir a bares, emborracharme un poco y dar vueltas en ese ‘me cae bien, pero no me gusta tanto’. Volver a traer a la casa a un huevón con el que no siempre quieres tomar desayuno. Ser una mujer moderna es muy difícil, y así me la pasé hasta los 38. No tengo la energía para conocer a 6 personas distintas al mes y ver con cuál me quedo. Ojalá apareciera uno que me tocara el timbre”.

“Mi papá, con quien tenía casi un complejo de Electra, murió en abril de 2016. Un tiempo después terminaron conmigo. Fui a mucha terapia. Tomé antidepresivos por 8 meses y pastillas de dormir. Después de un mes resfriada, me dio fiebre y me vino una crisis de angustia. Nunca había llorado tanto en mi vida, fue de ese llanto ahogado. Una limpieza demasiado potente. Pensé: ‘tengo que hacer algo’. Me angustiaba pensar que no tenía de qué hablar, estaba vacía. Pero el vacío está lleno de oportunidades. Me podía ir al sur a hacer mermeladas o podía tomar la oferta del teatro Ictus para hacer un stand up unipersonal. Entonces me obligué a bajar toda esa pena a material. A lo Carrie Fisher, tome el corazón roto y lo convertí en arte. Deje de mirarme el ombligo y de hacer de todo un dramatismo profundo. Ahora que retomé los guiones para la segunda temporada, los leía y pensaba: ‘chucha que estaba cagada’. Me dan ganas de retroceder 4 meses y darme un abrazo. Muy titular de revista, pero hoy día soy una nueva versión de mí. De repente necesitas un zamarreo”.

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