Javiera Díaz de Valdés: “Ser adulto es un alivio”

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Javiera Díaz de Valdés: “Ser adulto es un alivio”

Por IGNACIO TOBAR / FOTOGRAFÍAS PAOLA VELÁZQUEZ / MAQUILLAJE Y PELO YANI URBINA / ASISTENTE DE PRODUCCIÓN ANDREA CASTRO / ASISTENTE DE FOTOGRAFÍA MATÍAS ESCOBAR

A los 37 años tiene una hija de 10, protagoniza la teleserie “Verdades Ocultas” que camina a ser la más vista en el horario (después de almuerzo) y vive, románticamente, su segundo matrimonio, con el crítico literario Juan Manuel Vial. Cerca de las cuatro décadas, Javiera Díaz de Valdés aprendió a manejar por fin su timidez y tiene prioridades: “mi familia es el lugar donde mi corazón está calentito”. Acá cuenta cómo aprendió a quererse después que llegó de España el 89 y reflexiona: “en Occidente el joven es un ídolo y el viejo está acabado”.

Es difícil para un humano encontrar su sitio. Javiera Díaz de Valdés lo tiene: el jardín.
Como una metáfora de sus creencias más insondables, es el espacio donde parece conectarse con lo esencial. Con algo que se parece a la verdad.

“Para mí la naturaleza tiene todas las respuestas. Meterse ahí, estar en contacto, es primordial. Mientras más ligado, más enseñanzas encontrarás. Me gusta vivir en una casa porque tengo un jardín. Y yo, mi marido y la Jackie -que trabaja con nosotros,- jardineamos los tres. Podamos, removemos la tierra, plantamos. Meter las manos en la tierra te sirve para hacer paralelos con tu vida. Nunca tuve una religión, por suerte, mi familia es laica, nunca fui a misa el domingo. Creo en la naturaleza”.

Es mediodía y Javiera pide un americano en el Rawdical, el exquisito restaurante de Providencia donde todo se cocina con plantas. El café la despertará. Agustina Mackenna la hizo madrugar. Estuvo grabando escenas en la piel de la villana de Verdades Ocultas, la teleserie del almuerzo que protagoniza en Mega y que promedia 19.4 puntos de rating, camino a destronar a Amanda, la más vista en la historia de la franja.

“Me comería hasta el celular. Soy gozadora”, dice mirando la carta. Pero se queda con el líquido. No por culpa. A los 37 años el pecado se esfumó. “La culpa es lo más católico que hay. En algún tiempo la sufrí, pero hay que darle patadas y obrar correcto para ti mismo, no para los demás. Antes sentía que tenía demasiada suerte, que el mínimo esfuerzo significaba plata. Eso me atormentaba. Hoy me siento empoderada y sé que me esfuerzo mucho. Y en vez de sentirme culpable, agradezco los privilegios. Cambié la manera de pensar. Me encanta comer. Sólo la leche no la tolero. Igual como sano y hago ejercicio. Y me mido. Camino harto, hago yoga. Troto. Mi mamá es deportista a morir. En vez de ir al psicólogo hago ejercicio”, dice.

El trote es como la utopía, sirve para avanzar.
Sí, todo lo oscuro se ilumina. Yo fui una adolescente complicadita, pero me he hecho cargo; evolucioné.

La actriz que se separó de Pablo Mackenna en 2009, con quien tuvo a su hija Rosa (10), es una romántica sin vuelta. Hace un año se casó con el crítico literario Juan Manuel Vial. Y le dio en el blanco.

“Con Manuel me siento en casa. Es una confianza de hablar y decir, algo que nunca sentí. Mis relaciones eran tensas y con miedo. Ahora somos un nido. Él es puro humor, vida cotidiana, lee mucho. Lo que hacemos es jardinear, cocinar, pasear, comer. Somos muy domésticos. Nos encanta el hogar. Es lo que nos motiva cuando estamos libres: la casa, el paseo a la naturaleza, la playa, la chimenea. Y leo más. Ahora me regaló la novela El País donde Florece el Limonero (Helena Attlee), que trata de una mujer experta en jardines. Y habla del mundo de los cítricos, de dónde vienen, es pura belleza”, detalla.

Pide un segundo americano y entra en un silencio profundo. Se revuelve el pelo y dice con los ojos fijos en la taza: “yo antes era cero mañosa, pero por culpa de los lácteos me convertí en esos que van a un restaurante y preguntan si la salsa tiene mantequilla o yogurt. Incluso si pudo haber ¡contaminación cruzada! Una latera. ¿Qué atroz la edad? Es muy de la edad eso.

Después de los 35 aparecen cosas raras.
Es cierto, aunque yo me sentía más vieja antes. La cabeza me pesaba mucho y no conocía mi cuerpo. Cuando te haces cargo la vida se tempera.

O sea, pasó tu época de tímida asumida.
De chica era patológico. Andaba escondida, no me salía la voz. Cuando te haces mujer tienes otras armas y te pones rebelde o lo que sea. Pero el otro día pensaba que a pesar de haberlo superado, sigo siendo tímida, pese a que me desenvuelvo muy bien, socialmente pa’ qué decir. Me acuerdo que cuando entré a estudiar teatro no era capaz de hacer una disertación. El teatro me ayudó. Por eso fui más de pololeos, más de un partner que de un grupo de amigos.

¿Aún te estigmatizan como la cuica bonita?
Este país es un poco así. Yo llegué a los 8 años de España y noté muchas diferencias. El clasismo agudizó mi timidez. Llegué en diciembre del 89, saliendo de la dictadura. Me sorprendió el mal trato a las nanas, cómo se separaba al hombre y a la mujer en todo, la violencia contra el distinto. A mí me molestaban porque hablaba como española, toda la diferencia era discriminada y eso es lo más facho que hay. Y yo venía de España que era súper libre. Mis papás tenían amigos gays y no era tema. Acá me asusté y me protegí. Tenía compañeros de curso discriminados por ser más humildes, mientras otros defendían a Pinochet con las venas infladas. Fue violento y, claro, ese estigma nos queda aún. Eso de “¿tú de dónde eres?”.

En la escuela de teatro te decían “pituca”.
Me decían “usted no es cuica, mi amor, usted es pituca”. Y yo me reía, porque en mi familia no son platudos ni nada, todo lo contrario.

Al menos hoy tu hija vive en un mundo más parecido a la Barcelona de tu infancia.
En parte. Ella está en un colegio laico, yo no hice la comunión, ella no ha sido bautizada ni ha hecho la comunión tampoco, desde ahí hay una libertad de pensamiento y de no vivir a través del miedo. Me preocupé que no fuera de derecha ni de izquierda. Estoy feliz porque ella se expresa en su colegio, cultiva el respeto a la diferencia, nadie es mejor ni peor.

 

No eres católica, pero tienes fe.
Sí, porque la fe no es propiedad de la iglesia católica. La iglesia católica es nociva. Su origen es el abuso de poder a través del miedo, y de ahí en adelante hemos actuado como “poderosos” o “sometidos”. Por lo mismo no participo de sus ritos. No quiero inculcarle a mi hija moverse desde ese lugar. Que crea que existe un cura con el poder de la verdad y el castigo, la penitencia y el poder de salvación. No. Han ido en contra de la naturaleza y yo creo en la naturaleza. Por suerte mis papás tuvieron como prioridad un colegio laico para mí.

A cada rato hablas de tus papás.
Es que los amo. Igual que a mis abuelos. De ellos heredé el tema de los jardines y la naturaleza. Mi abuelo vive en una casa en Cachagua donde carpinterea y jardinea todo el día. Tiene noventa y tantos años y se baña en el mar, lo vieras, es lo más sano que hay. Y también toma su copete, que es bueno, porque nadie es dogmático ni beato, son libre pensadores. Yo voy a esa casa y mi corazón siente calor y calor. En verano se queja y dice “ya llegaron los momios”, jajajá. Lo amo, es tan auténtico y simple. Así es mi familia.

Viniendo de un seno de libre pensadores: ¿desde dónde te paras en el feminismo?
Practico el feminismo a diario. Más allá que debe haber igualdad de sueldos, de derechos, y del derecho frente a nuestro cuerpo, a mí me da miedo cuando no hay matices ni diálogos en las conversaciones. Cuando la gente sigue discursos como rebaño. Cuando no hay grises. Hay que reeducar a muchos hombres y mujeres. Por ejemplo, me encanta que para las nuevas generaciones no sea tema ser gay. Y en ese sentido pienso que en vez de ir a las marchas mejor vamos un paso adelante y dejemos de ser protagonistas. Practiquemos el “haz lo que quieras”. A mí la forma me importa mucho, cómo uno se manifiesta en una red social o en la calle, es tan relevante como el fondo. Cuando la gente es muy violenta en su discurso, deja de tener importancia lo que dice y pasa a ser la persona lo principal. Eso es peligroso.

¿Te pasó eso en redes cuando protagonizaste el accidente de tránsito en Peñalolén en mayo de este año?
No, fueron súper amorosos. Sentí mucho cariño y empatía, me sorprendió. La verdad es que no estaba pensando en eso cuando sucedió (el accidente en el que su auto colisionó con una moto, dejando a un herido grave y otro en riesgo vital. Por ello la actriz fue formalizada por cuasidelito de lesiones graves en calidad de autora). Sólo pensaba en los heridos, en cómo remediar. Pero me sentí apoyada…porque, bueno, fue un accidente. Pasé una noche presa, lo único que sentía era entregarme a lo que venga, con mucha angustia. Y mi abuelo que me llama y me dice “fortaleza”. Y yo repetía esa palabra en mi cabeza. Pero por respeto a las otras personas no quiero hablar mucho del tema.

Tu hija usa redes sociales.
Pero se le perdió el iPad y cagó, jajajá. Aunque la verdad yo no soy paca en eso y debiera serlo. Ella es una niña, puede estar cuatro horas mirando YouTube así como yo me quedaba pegada en la tele. Tengo que tener esa energía de poner límites, pero me cuesta. Sobre todo que hoy los niños son tiranos, dueños del auto, de la casa, de todo. Aunque la Rosa no es así, tengo el egoísmo suficiente para que no sea tirana. Creo que le estoy haciendo un bien. Me da susto que los padres dejen de tener vida. Postergarse.

¿Cómo es tu relación con el papá de Rosa, ahora que estás en un nuevo matrimonio?
Buena. Pablo saca lo mejor de él con la Rosa. Con él somos como hermanos, nos peleamos, pero hay un cariño familiar.

¿Las peripecias de los personajes de Verdades Ocultas ocurren en la vida real?
Una vez en diez años. Lo bueno de esta teleserie es que es un género y está todo permitido: la operación de cara, la hermana gemela que desapareció, el robo de la guagua. Todo. Hay que entrar a ese juego sin cuestionarlo.

Tu marido, con su ojo crítico, las debe odiar.
Está viendo una teleserie conmigo ahora y está muy metido. Y él es cero teleseries, pero se enganchó y a veces estamos echados en la cama mirándola. Nos reímos.

Ya eres mamá en la tele: ¿no sientes que hoy se es viejo muy rápido?, ¿que vivimos en la tiranía de los veinteañeros?
En Occidente el joven es un ídolo y el viejo está acabado, a diferencia de los orientales que valoran la sabiduría. Más vieja eres, más liviana eres. Cuando era chica y estaba espléndida, estaba llena de tormentos. Ahora estoy feliz, segura, sé lo que me gusta.

Una pregunta robada del cuestionario de Proust: ¿cuál es tu ideal de felicidad?
¡Ay, esas preguntas!… Mi ideal de felicidad es la familia, mi familia para arriba y la que formé yo. Mi perro, todo. El olorcito de mi casa, de las naranjas tostándose por la mañana. Todo eso es la atmósfera y el mundo que estás creando, el que le das a tu hijo. Mi familia es el lugar donde mi corazón está calentito. Esto que te digo es muy de los signos cáncer. De adolescente yo no me gustaba, era demasiado insegura, era una cosa de la edad, no me sentía cómoda. Creo que la vida, tener hijos, enfrentarse a problemas, todo va ayudando a poner las cosas en su lugar.

Estás grande.
Estoy adulta, qué alivio, es un alivio ser adulto ¿no?, hay que agradecerlo. Ahora voy a los eventos sociales pero no tomo. Carreteo una vez al año. Prefiero estar en mi casa, en mi jardín.

 

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