Javiera Parra: “Nunca he sido una guarra, pero he tenido una vida bien vivida”

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Javiera Parra: “Nunca he sido una guarra, pero he tenido una vida bien vivida”

Por Ximena Torres Cautivo / fotografías gabriel schkolnick

Hace tres años que no daba una entrevista, pero hoy en la flor de la edad, en la cincuentena, aceptó contar cómo vivió la muerte de Ángel, su padre, justo en el centenario del nacimiento de Violeta, su abuela, y las polémicas post mortem de su tío Nicanor. Centrada en sí misma, su hijo, su pareja y sus manualidades, esta es su revisión de 50 mil kilómetros.

“Pincho con todas las guaguas, les encanto. Me acerco, les hago ruidos. Me parte el corazón verlas en sus coches en el mall, mientras las mamás se prueban ropa. ¿Por qué las someten a esa lata? Tengo una marcada veta parvularia, nada que ver con la roquera”, declara Javiera Cereceda Orrego, que en mayo cumplió 50, edad en que, según su padre, Ángel Cereceda Parra, hijo de Violeta, se inicia la vida.

Dora, una perra quieta, blanca y esponjosa, flanquea el portón. En el antejardín, aunque hace un frío que congela el aliento, un niño lindo y frágil pesca hojas secas en la piscina con una caña de pescar. Es Gael Isacovitch, hijo de Javiera, nieto de Ángel, bisnieto de Violeta. Y adentro, donde todo es ampliado, vintage y acogedor, donde conviven fotos familiares, lámparas de diseño, objetos kitsh, artesanías, juguetes antiguos y arte contemporáneo, Javiera Parra acepta hablar tras tres años de completo silencio.

La muerte de Ángel Parra, en marzo, justo cuando se aprontaban a celebrar el centenario de Violeta Parra, en 2017, con una serie de conciertos y homenajes en América y Europa, y el deceso de su longevo tío Nicanor, a los 104, con el reguero de disputas entre los herederos, la han mantenido reconcentrada. “He desarrollado una energía desapegada de la competencia, que es maravillosa”, cuenta. Y luego dice, mirando a su niño pescador por la ventana: “Gaelito es mi vida, mi luz. Lo tuve a los 38 y como madre soy muy dedicada. Me cambió la vida, aunque a los 12 días de haberlo tenido ya estaba sobre un escenario. Y al mes, cantando en Argentina”.

¿Por qué no tuviste más si te gustan tanto los niños?
Mitad temas médicos, mitad temas de la vida.

“Yo quiero un niño, quiero un hermano”, interviene Gael, quien entró a la casa sin que nos diéramos cuenta y ahora pregunta si puede pescar en el acuario. “La semana pasada eras vegano y ahora quieres pescar un pez. ¿Quién te entiende?”, le responde, cariñosa, su mamá. Antes de irse, Gael cuenta que estuvo en Nueva York y en Tel Aviv con su papá, mientras Javiera y Manuel Lagos, su pareja, anduvieron en Portugal.

“Estuvimos cinco años con el papá de Gael y nos separamos al año de tenerlo, aunque él está muy presente en su vida. Es un metiche, heavy, y está bien. Todos los años lo lleva a ver a su familia a Israel y a Estados Unidos, por eso el niño habla hebreo. Ellos no son de religión judía y como el judaísmo se transmite por la madre, no es tema, por suerte, porque nosotros somos absolutamente agnósticos.

¿Por qué no resultó tu relación con el papá de Gael?
Por diferencias culturales irreconciliables.

Entre los 25 y los 40 la vida de Javiera fue “intensísima. La etapa más cerda de fama, viajes y experiencias increíbles, por eso iba para no tener guagua. Entonces la música se hacía de otra manera. Yo era muy exitosa en el ambiente de los sellos, con ventas de hasta 200 mil discos, con videoclips que se hacían en cine y costaban millones. Nada que ver con ahora. Hoy la gente tiene acceso ilimitado a la información y eso transforma los gustos y las cabezas. Gracias a Spotify y ese tipo de plataformas la democratización de la creación y del consumo es total. Puedes conocer la música de Mía de Sri Lanka, por ejemplo, y hacerte fanático de ella. No hay límite”.
Habla con entusiasmo de Mon Laferte -“además de componer y cantar, pinta y borda increíble. No me gusta tanto su música, pero me encantan su perseverancia y tesón”-, de Camilia Moreno – “talentosísima”- y de Denise Rosenthal -“divertida y aperrada”-. Opina: “Son bien reales estas cabras. Andan por la vida de divas, pero con zapatillas y espinillas. Opinan, se la juegan por causas. Me encantan, me enorgullezco de ellas”.

LA AGUAGUADA Y EL AGRANDADO

Javiera y ‘Angelito’, su hermano, hicieron el duelo por su padre cantando juntos a Violeta todo el 2017. “Fue muy doloroso hacer todo lo que habíamos planeados hacer con él… sin él. Canté en Francia, en el Teatro de la Ville, que es como el Municipal de París, y esa tocata era con mi padre. Y en el Municipal de Santiago, con el coro del Teatro, en el día del sindicato de los empleados. Impresiona que, pasados cien años de su nacimiento, la Violeta siga entrando al Municipal por la puerta del sindicato”.

“Con mi papá estuve en París poco antes de su muerte, tomando champaña y hablando de la muerte, así es que estaba preparada, a diferencia de lo que sucedió con mi madre, Marta Orrego, que murió el 2009, cuando se le reventó una arteria en la guata. Gaelito tenía tres años y ella me lo cuidaba cuando yo iba de gira. Fue algo repentino y me dejó muy mal. Mi papá, en cambio, llevaba tres años en quimioterapia, aunque nunca perdió un pelo ni exteriorizó su dolor. Él era así, porque tuvo una niñez muy dura, pero mágica. Una vida parreana, que es más que garciamarqueana. Así fue como con el Angelito nos quedamos huachitos”.

¿Cómo es tu relación con tu hermano Ángel?
En algún momento nos separó el rock. He sido roquera toda mi vida y hubo una etapa en que estábamos en sensibilidades muy distintas. De niños fuimos pegotes, compartimos pieza hasta los 12 años míos. Nos acompañamos mucho cuando nuestros padres intentaban no separarse y la relación era muy difícil. Finalmente, nos vinimos con mi mamá a Chile desde el exilio y nos criamos con los Orrego, al alero de mi abuela Marta Matte. Después Angelito tuvo una etapa hardcore, como él mismo ha contado. Hoy vive en limpieza absoluta. No toma ni fuma. Hace 4 años nos reencontramos y somos muy cercanos.

Marta Orrego, militante socialista, casada con el biólogo Patricio Sánchez, se enamoró en los 70 de Ángel Parra, que provenía de un mundo social y político en las antípodas de su familia y era 11 años menor que ella. “Pero mi papá se los echó a todos al bolsillo. Era el hijo de la Violeta, era atractivo, con onda y talento, incluido a Patricio Sánchez, de quien fue muy amigo después. Yo viví eso: ser una modern family”.

¿Qué eres más: Parra u Orrego?
Me crié con los Orrego. Veía al tío Nicanor, al tío Lalo y al tío Roberto a veces, pero vivíamos en una casa preciosa en Providencia, con los Orrego, una familia estructurada total, y con una madre maravillosa, que nos hablaba de Violeta y su obra. Mi papá nos mandaba religiosamente plata desde Francia, pero hubo unos 8 años en que no lo vimos. Él estuvo mucho tiempo preso del alcoholismo y fue el amor de Ruth, su mujer franco-alemana, lo que lo salvó hace como 40 años. Quizás por eso y porque siempre fue picaflor, ella era muy posesiva.

¿Cómo has visto las peleas que se han desatado post mortem de tu tío Nicanor?
Con mucho respeto, porque cada uno sabe dónde le aprieta el zapato. Yo no tengo ni un derecho a zapatear en esa fonda, solo espero que las cosas se resuelvan con mucha conversación, entre cuatro paredes y no por el diario.

Volviendo a tus padres, ¿a cuál te pareces más?
Soy muy parecida a él. De look, en los gestos, pero tengo mucho de ella. Mi mamá no me dejaba pasar una. Era analítica e incisiva. Una mujer nacida en el año 35, pero cabezona, adelantada a su época, ‘feministísima’. Pertenecía a un mundo donde las mujeres no eran más que dueñas de casa. Pero se separó a los 30 y se casó con un hombre menor, de otra clase. Luego volvió del exilio con dos niños e hizo de todo. Fue artesana, orfebre, tía de la liebre, siempre estaba generando su platita. Hacía un trabajo espiritual potente, se preocupaba de evolucionar. Leía desde Gurdjieff hasta Lao-Tse. La gente que la conoció sabe lo parecidas que somos.

Javiera nació cuando su mamá tenía 37, la misma edad con que ella tuvo a Gael. Y la tuvo con Ángel Parra, un hombre 11 años menor que ella, los mismos que separan a Javiera de su pareja desde hace una década, Manuel Lagos, quien es además su mánager.

Mujeres de ‘toy boy’ tú y tu mamá -la embromamos.
Javiera se ríe y responde: “Yo soy la girl en esta relación. Manuel ha sido siempre un agrandado, desde que murió su padre y tuvo que hacerse cargo de todos sus hermanos (lo que incluye al conductor de televisión Sergio Lagos) ha sido un hombre grande. Yo soy la aguaguada; él, el agrandado.

LO QUE DIJO TONKA

Se declara feliz del espacio ganado por las mujeres en materia de abusos de poder y acoso sexual, pero dice que ella nunca padeció nada ni siquiera parecido. “Ni un beso cuneteado. Quizás por mi crianza, por las mujeres ultra-power que me blindan, mis abuelas Violeta Parra y Marta Matte, nunca tuve que bancarme una experiencia así. Me ha tocado negociar en mundo de hombres, siempre viajé con hombres, músicos y técnicos, pero nunca me pasó nada malo. Frente a gente que me tiraba ondas raras o me ofrecía cuestiones turbias, salvé con humor o parando carros. Agradezco ser de una casta de mujeres contestadorazas”.

¿Acoso callejero tampoco?
Me han dicho ordinarieces. Cuando estaba en el colegio me tocaba pasar frente a un regimiento y un par de veces me dijeron alguna rotería heavy, pero contesté: “¡Qué te creís, pelado, que por andar vestido así y con metralleta te tengo susto”. A mí el piropo amoroso de un maestro me parece simpático, nada aberrante. Por eso creo que hay una delgada línea entre el acuseteo y la denuncia seria y consciente de acoso o abuso. Existen mujeres de personalidad histérica que pueden hacer mucho daño y tienen un poder enorme ahora.

Se ríe de “locuras como cuerpas, en vez de cuerpos. No comulgo con esos excesos; amo el idioma que tenemos. Esto no quita que me parezca maravilloso que hoy se pueda destituir a un profe por abusador, machista, discriminador”.

¿Eres pro aborto libre o solo por las tres causales?
Estoy de acuerdo con el aborto libre. Pero no se trata de andar inmolándose como Juana de Arco. Hay que darle tiempo a esta sociedad para que asimile los cambios. Existen muchos métodos anticonceptivos que permiten ser inteligentes con la sexualidad, pero las cifras del sida están disparadas, por lo tanto no se pueden pedir todas las libertades cuando se las está cagando en los mismos ámbitos. Los jóvenes deben demostrar que están capacitados para administrar los derechos que demandan.

Cree que tan grave como que te griten una obscenidad en la calle es que te tiren el auto encima. “Uno recibe mierda todo el día. La agresividad abisma. A mí me parece gravísimo que la conductora de un matinal declare que es bueno que se torture a los presos en la cárcel y siga en pantalla. Que nadie la sancione por su descriterio. Eso me asusta de mi país. ¿Dónde están la civilidad, el respeto, la cordura, el amor al prójimo?”.

Javiera se prepara para actuar en Concepción, junto a Café Tacvba, banda de la que es amiga desde los años en que fue pareja de Álvaro Henríquez. Aunque no tienen ningún contacto, siguió atenta los detalles de su trasplante de hígado y de su recuperación.

Pero más que la música lo que de verdad la entusiasma es un nuevo negocio con su amiga Anamaría Matta, que la ha vuelto experta en una técnica de transferencia de impresiones láser a viejos muebles de madera. “Siempre he vivido rodeada de maestros que me han ayudado a remodelar mis casas, la oficina de Manuel y todo tipo de cosas. Esa afición por los muebles y el reciclaje se juntó con lo que hace Anamaría y me tiene en máximo nivel de felicidad. Amo los oficios y estoy dedicada a lijar, pintar y llenar de conejos y flores una banqueta, una cómoda. Es una pequeña pasión que me alucina. En septiembre tendremos un showroom”.

Pasaste de roquera a artesana.
Dedico 5 horas de mi día a hacer estos objetos inspirados en imágenes de fábula y me siento plena. Hoy me visualizo haciendo uno o dos shows al mes, no más. Me hice la revisión de los 50 mil kilómetros, porque tengo alergias y a veces me duelen las articulaciones, aunque no tengo ni una dolencia grave. A los 50, la energía no es la de los 20, pero hago yoga todos los días y eso me mantiene y me obliga a callar durante una hora diaria, lo que es bacán. Aunque soy roquera, siempre fui la primera en irme a acostar en los carretes, me gustan las casas ordenadas, las cosas lindas. Nunca he sido una guarra, he tenido una vida bien vivida, y ahora, a los 50 años, que es cuando, según mi papá, se inicia la vida, me siento plena en mi pequeño limbo.

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