Una bella promesa

Reportajes y Entrevistas

Una bella promesa

Por Bárbara Riedemann / Fotografía: Rodrigo Chodil / Producción: Paloma Salas / Maquillaje y pelo: Elisa Broussain / Agradecimientos: Adolfo Domínguez, Dulce Amor y Swarovski

Cada cierto tiempo surge una figura escogida para destellar en las pantallas. Ahora la apuesta es una modelo de 23 años que debutará como actriz en la próxima teleserie de Canal 13, Soltera otra vez, en 2012. Con ustedes Josefina Montané.

Esta es la historia de una niña que soñó con un ángel, con ser madre y con ser actriz. Y lo bueno es que, cuando despertó, el sueño se le había cumplido. Es la tercera de cinco hermanas y de todas, Josefina Montané siempre fue la más rebelde y desordenada. Cuando chica prefería jugar en el barro y treparse a los árboles, en vez de jugar con muñecas. “Le decía a mi hermana: ‘Juguemos a pegarnos, pero la única condición es que no se puede acusar a la mamá’. Y yo le aforraba”.

“Era un machito de verdad”, dice. Es que, a diferencia de otras niñas, nunca soñó con ser princesa ni menos con casarse. Pero sí con ser madre. “Siempre fantaseé con la idea de ser mamá. Quería experimentar el privilegio que tenemos las mujeres de tener nueve meses a una persona dentro, con quien generas una conexión tan profunda. De repente me pasaba el rollo que me decían ‘No puedes tener hijos’, yme daba una pena tremenda”, dice.

Otro de sus sueños infantiles era protagonizado por un ángel: un niño que la visitaba mientras dormía y la llevaba volando a mundos mágicos. Cuenta que una vez la llevó a ver a su abuelo que había muerto y otra, a ver al viejito pascuero. “Era mi partner de los sueños. Fueron como siete años que soñé con él, hasta que un día, cuando nació mi hermana chica, dejó de aparecer”, dice.

Estudió en el colegio Apoquindo, donde salió elegida dos veces mejor compañera. Allí entrenó atletismo y gimnasia olímpica. Acumuló medallas en los campeonatos hasta que en la adolescencia prefirió dejar el deporte para no descuidar sus estudios. En ese mismo periodo fumaba a escondidas con sus amigas en el colegio y, cuando estaba en clases, llenaba los cuadernos de dibujos en lugar de anotar las materias. Su primera gran decisión llegó en cuarto medio: “Quería estudiar Teatro, pero pensaba cómo iba a hacerlo para interpretar a otros personajes, si todavía no tenía muy clara cuál era mi personalidad. Todavía estaba en búsqueda de mi propia identidad”, reflexiona. Optó por postergarlo y se metió a estudiar Diseño Gráfico en la Universidad Diego Portales, primero, y en la Universidad del Desarrollo, después.

Madre precoz

Y, aunque no estaba en sus planes, otro de sus sueños pendientes se precipitó: a los 21 años, con el pololo que traía desde el colegio, tuvo a su hija Colomba, que en febrero cumplió 3 años. La inesperada noticia la obligó a congelar la universidad y nunca más volvió. “Yo encuentro que quedar embarazada fue adecuado para mí. En comparación con mis amigas, yo ya había experimentado muchas cosas por todo esto del modelaje y, como siempre he trabajado, iba a asumir la responsabilidad ciento por ciento.

Además, el papá de Colomba está muy presente en nuestras vidas”. Estaba tan feliz con la noticia que no dudó en compartirla con sus amigas. “Siempre pasa que cuando las niñas de mi colegio, que son más conservadoras, se quedan esperando guagua, todos andan cuchicheando y rumoreando. Yo, en cambio, junté a mis amigas y les dije: ‘Cuéntenle a todo el mundo porque es lo mejor que me ha pasado. Estoy feliz y no quiero que sea un rumor’. Me paseaba en Cachagua con bikini y una guata de nueve meses y todas las viejas comentaban ‘Ohh la niñita embarazada’, y yo pensaba: ‘¿Qué tanto?’. Siempre ando con la frente en alto”.

Con su hija, Josefina comparte una pieza en la casa familiar. “Al principio la acostaba en su cuna y a la mañana siguiente amanecía en mi cama. Ahí me di cuenta que era yo, media sonámbula, que la iba a buscar. De ahí no nos separamos más. Somos una familia dentro de otra familia”, dice Josefina.

Arribo fortuito

Fue durante un verano en Cachagua, cuando Josefina tenía 14 años, que sus amigas la inscribieron sin preguntarle en la agencia Elite, que estaba reclutando nuevas caras. “Yo no sabía nada del mundo del modelaje ¡Cómo iba a ser yo modelo, si era un niñito!”, dice. Así de rápido como entró al modelaje, comenzó una ascendente carrera que incluía firmar contratos, viajar, tener tarjetas, boletas de honorarios y manejar su propia plata.

La independencia le encantaba, pero no así las exigencias del oficio. “Lo primero que me dijo una persona cuando empecé fue: ‘Siendo modelo no puedes opinar sobre si te ves bien o mal o si la ropa que te ponen te gusta o no. Debes andar siempre depilada, con la manicure hecha, con el pelo y la piel perfectos. Siempre debes andar con un calzón color piel y un colaless negro y otro blanco’. Yo miraba las puntas partidas de mi pelo y mis calzones de abuela, y era un desastre. Aunque nunca me quejé, y seguí las reglas al pie de la letra. Pero yo no soy un maniquí. Esto del modelaje, aunque me gusta, no es lo mío”, dice.

Afortunadamente, y del mismo modo azaroso que llegó al modelaje, se metió en el mundo de la actuación. A principios de este año, estaba un día en Canal 13 –para un posible trabajo en el matinal Bienvenidos–, cuando se le acercó Herval Abreu, director de Soltera otra vez, la nueva teleserie de la estación. Le propuso que fuera al casting. “Tenía que dar un beso y yo le preguntaba a la gente cómo hacerlo, porque no tenía idea. Estaba nerviosa”, dice. Pero sus nervios no la traicionaron y obtuvo el papel. Desde abril hasta ahora ha filmado múltiples escenas, donde le toca interpretar a una mujer que se mete en una relación amorosa y la lleva al quiebre. “Estoy consciente que pueden haber prejuicios porque no estudié Teatro, pero en realidad me tengo fe”.

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